“Señor, gracias porque sé que no soy digna(o) de ti, pero te ha parecido bien darme el reino. No te ha importado mi pequeñez y mi debilidad, te has quedado a vivir conmigo. Sigue creciendo en mí desarrollando mi humildad, mansedumbre, sabiduría, inteligencia, conocimiento, dominio propio y caridad. Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras. Gracias por fijarte en mí. Amén.”