“Señor, soy un terreno con una zapata buena, pues eres tú mi cimiento. Ven y ayúdame a construir un edificio lleno de tu Espíritu Santo. Que en cada pieza brote tu amor, tu paz, tu perdón, tu misericordia, tu alegría, fortaleza y dominio propio. Cada día pongo buenas piezas aunque también hay algunos materiales que sobran, ayúdame a darle mantenimiento continúo para mantenerlo habitable y acogedor. Amén.”