Señor Jesús, en este amanecer saboreando mi café siento que “estás conmigo siempre, gritándome en silencio lo que no quiero escuchar, iluminando mi camino de ojos cerrados y oscuridad, de desesperanza y frustración... Mi camino de Emaús.
Estás, acompañando, bendiciendo mi nombre, regalándome la paz, limpiando mis lágrimas, afinando mi risa, respetando mi silencio, atendiendo mis dudas, escuchando mis quejas, extrañándome en mi ausencia, esperando siempre a mi puerta... por si quiero invitarte a entrar. Estás purificando mi aire para que pueda respirar, pidiéndome agua, y un lugar para descansar, llenando de recuerdos que hagan volar el corazón, estrechándome en tus brazos, levantándome al caer, sosteniendo mi esperanza aunque no la sepa ver.
Estás, esperando una migaja del pan de mi poca fe, sonriéndole a mi alma para sanarla, sin porqués. Mendigando una mirada, extrañándome sin más, deseándome de vuelta, dándome la libertad, frente a frente ante mis defensas, esperando que al fin sienta tu presencia cercana y sanadora. Sé que siempre estarás en cada atardecer cuando te suplique: quédate con nosotros y comparte nuestra mesa humilde y necesitada. Danos tu amor y gracia que eso nos basta. Amén. Aleluya... Aleluya... Aleluya... PAZ Y BIEN.