Hace dos semanas escuché el último episodio que publiqué en mi podcast.
No dejé de llorar.
Lloré por Chris. Por el amigo maravilloso que fue. Por ese tipo de amigo que todos anhelamos tener: el que está, el que cuida, el que se convierte en familia elegida.
Chris fue más que un amigo: fue hermano, tío, confidente. Y recordarlo fue volver a sentir cuánto amor hubo.
Pero también lloré por otra razón: porque me di cuenta de que ya no estoy en ese lugar oscuro donde estaba hace unos meses.
No fue que “todo pasó por algo”.
Fue que entendí que la vida pasa.
Pasan los accidentes.
Muere gente que amamos.
Se terminan sueños.
Se desvanecen ilusiones.
Amamos cosas —y personas— que un día ya no estarán, o no sabrán amarnos como esperamos.
Y no es que eso nos pase a nosotros.
Eso es la vida.
Duele perder. Duele muchísimo.
Pero aprendemos a vivir con ello.
Y entendí algo más: recordar es vivir. Recordar es mantener viva a la gente que amamos.
Estoy a semanas de cerrar el negocio que amé durante 19 años.
Y aunque hay tristeza, también hay plenitud.
Viví mi sueño. Me siento agradecida. Y estoy emocionada por empezar de nuevo, porque sé que si lo logré una vez, puedo lograrlo otra vez.
Fui muy dura conmigo. Me hablé con crueldad. Me juzgué. Me negué amor propio por creer que había fracasado.
Hoy ya no lo veo así.
Este cambio no fue magia. Fue la suma de muchas cosas:
mi fe,
permitirme sentir sin esconderme,
educarme emocionalmente,
mantenerme activa,
rodearme de gente que me hace bien…
y aprender que a veces amar también es soltar, o amar de lejos.
Por un tiempo viví desde la victimización: sentir que todo me pasaba, que no me escogían, que no me apoyaban.
Hoy entiendo que el amor y la validación que buscaba afuera, tenía que dármelos yo.
Ya no espero mensajes.
Ya no creo historias que me lastiman.
Ya no me tomo todo personal.
Hago lo que nace de mi alma, sin expectativas.
Y si duele, duele… pero lo suelto.
Nada está bajo nuestro control,
excepto la actitud con la que elegimos vivir lo que pasa.
Y eso —para mí— lo cambió todo.
Keywords
año nuevo, sanación, duelo, aprendizaje, transformación, vida, reflexiones, crecimiento personal, resiliencia, emociones
Summary
En este episodio, Sindy reflexiona sobre la importancia de los años difíciles y cómo estos pueden ser transformadores. A través de su propia experiencia de pérdida y sanación, comparte lecciones sobre el duelo, la resiliencia y la necesidad de vivir en el presente. A medida que cierra un ciclo en su vida, también invita a los oyentes a encontrar esperanza y aprendizaje en sus propias experiencias.
Takeaways
Los años difíciles son los que más nos enseñan.
La sanación no siempre significa que todo mejore.
Recordar a quienes hemos perdido es una forma de vivir.
Sufrimos más en nuestra imaginación que en la realidad.
El duelo es el precio del amor.
Nada está bajo nuestro control, excepto nuestra actitud.
Los años difíciles no son años perdidos, son años de aprendizaje.
Aprender a soltar es parte del crecimiento.
La vida pasa, y eso es vivir.
Sanar es aprender a vivir con lo que fue.
Titles
Reflexiones sobre el Dolor y la Sanación
La Masterclass de la Vida
Sound bites
"La vida pasa, y eso es vivir."
"Aprender a soltar es realmente magia."
"Recordar es vivir."
Chapters
00:00 Reflexiones sobre el Año Nuevo y el Dolor
02:50 La Masterclass de la Vida
05:50 La Sanación y el Duelo
09:11 Aprendiendo a Vivir en el Presente
12:03 Cerrando un Ciclo: La Despedida del Negocio
14:55 Lecciones de Pérdida y Autovalidación
17:52 La Paz en la Adversidad
21:03 Manifestaciones de la Vida
23:56 Recordar es Vivir
27:01 El Duelo como Parte de la Vida
29:52 Cerrando con Esperanza y Aprendizaje