Esto le pasó a una de las arrestadas en el penal de Apanteos, donde fueron trasladadas, cuando cerraron la cárcel de Ilopango. Tomó unas quesadillas que llegaron en un paquete que era para otra persona.
Fue golpeada por el custodio, y hasta por el director del centro penal. “Le dieron una buena penquiada, hasta el director del centro penal, el señor Milpa le pegó a la muchacha. Le pegó un custodio, le pegó la custodia. La dejaron morada y le dijeron que andaría de sector en sector”. Ese fue su castigo, es una agresión bárbara, cuenta quien convivió con ella en la misma celda. La llevaron al cuarto de castigo y nunca la volvieron a ver.
Los golpes y la rociada del gas ha hecho que muchas mujeres que estaban embarazadas pierdan a sus bebés, de eso Lidia ha sido testigo. Otras mujeres no han soportado la presión a las que son sometidas en el penal y han ido a parar al hospital psiquiátrico. Otras en solo meses han desarrollado insuficiencia renal y taquicardias, otras pierden el conocimiento. Las madres, sobre todo, lloran al recordar a sus hijos, dice Lidia.
Cuando no están castigadas, para ir al baño salen en bloques de 20, de cada celda para usar los 15 baños que hay en ese centro penal. No pueden ir al baño cuando sienten la necesidad de hacerlo. Deben esperar su turno, que puede tardar muchas horas.
Todas estas condiciones tienen consecuencias graves.