Desesperanza, miedo y angustia. Es lo que se percibe en los centros donde están recluidos los capturados en el régimen de excepción. YSUCA conversó con algunos de los capturados de manera arbitraria que salieron libres, porque la Fiscalía no pudo comprobar que pertenecían a grupos criminales. En otros casos, sus familiares narran las historias, entre una mezcla de rabia, decepción y tristeza.
YSUCA también habló con personas que por distintos motivos han ingresado a los penales y han sido testigos de las condiciones en las que se encuentran los detenidos.
Estos son algunos de los testimonios…
Era mediodía del 30 de abril de 2022 cuando capturaron a Jorge. Fue en las cercanías de la 75 Avenida Norte, de la Colonia Escalón, de San Salvador. Los agentes de la PNC lo capturaron cuando se encontraba limpiando parabrisas de los vehículos que transitaban por el lugar. Lo entrevistaron y lo llevaron a una delegación policial cercana, haciéndolo firmar un documento, cuyo contenido Jorge no conocía. Luego de firmar, lo dejaron en libertad.
Pero ese mismo día, a las cuatro y media de la tarde, los policías regresaron y de nuevo lo detuvieron, ahora bajo el argumento de ser acusado de agrupaciones ilícitas, por ser colaborador de pandillas, por lo que fue remitido hacia las bartolinas de “El Penalito”, siempre en San Salvador.
Lo tuvieron en ropa interior, no le permitían el ingreso de agua ni alimentos. “Después supimos que lo habían trasladado a un centro penal, pero no sabíamos a cuál. Fue varios días más tarde que nos enteramos que estaba en el Penal de Izalco, cuenta uno de sus familiares.
Desnudar a hombres y mujeres y tocar sus genitales con el argumento de buscar droga o instrumentos que puedan ingresar a los penales, es lo más común. Sucede antes de entrar a los centros, es parte del protocolo. Lidia también lo vivió, cuando fue víctima del régimen.