La medicina amarga que prometió el presidente Nayib Bukele, en junio de 2019, cuando tomó posesión de su cargo, parece ser una de las pocas promesas cumplidas a tres años de su gestión.
En tres años, la pobreza aumentó. En 2019 un 22.8% de los hogares se encontraban en pobreza; de estos el 4.5% en pobreza extrema. Para 2020 el porcentaje aumentó al 26.2% de hogares pobres y la pobreza extrema se duplicó a 8.6%. Los datos son oficiales y provienen de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples.
En 2021 El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) pronosticó que unos 478,000 salvadoreños caerían en la pobreza como resultado de la pérdida de empleo y la reducción de salarios.
La tasa de inflación a marzo de 2022 era de 6.7%, la más alta desde
1996. lo que significa el mayor aumento de precios de los últimos 25 años, según el Informe situación de país 2022 de la Universidad Francisco Gavidia. La deuda pública también se elevó en 248 millones al primer trimestre de este año y ha llegado a $24,617 millones, lo que equivale al 85.0% del PIB. Esto es un récord histórico, según el mismo informe.
La falta de ingresos y los efectos negativos en la economía de los salvadoreños se ha convertido en una dosis de la medicina amarga.
Aumento de la deuda y baja calificación crediticia empañan el gobierno de Bukele
Para el economista Cesar Villalona, Bukele se enfrenta a un panorama difícil. El pago anual de la deuda es muy grande y puede seguir creciendo. Solo entre este año y marzo del próximo, el Gobierno debe pagar 2 mil 600 millones. Esa cantidad supera el presupuesto del Ministerio de Educación y Salud juntos. Para poder pagar, el Gobierno deberá recortar otras áreas del presupuesto.