Por su seguridad los nombres de las fuentes se han cambiado
A Santos Eliseo le faltaba solo un mes para conocer a su madre. Sería el tercer hijo de Vilma.
En medio de la pobreza y sin un compañero de vida que la apoyara en la crianza de su hijo, Vilma estaba contenta con su llegada. Sin embargo, a finales de marzo un giro inesperado cambiaría la vida de su familia y la de su hijo.
Eran las 12 del mediodía en el cantón San Pedro de Apastepeque, San Vicente. Unos 12 policías y militares llegaron a la casa de la familia de Vilma, una jóven de 24 años. En la casa viven 7 personas, la mayoría mujeres y niñas.
Los policías y militares patrullaban la zona cumpliendo la orden presidencial de arrestos, en el marco del Régimen de Excepción. Llegaron con prepotencia solicitando el DUI del hermano de Vilma de 32 años. El ruido de los agentes provocó el llanto de las niñas de un poco más de un año de edad que viven en ese hogar. Las niñas más grandes también se llenaron de miedo, dice Vilma.
Cristóbal, su padre, un jornalero de 52 años, descansaba un rato, acababa de llegar con un poco de leña. Al escuchar el llanto de las niñas se levantó y con voz firme les reclamó: “Yo hice cuatro años de alta y nunca anduve así”. Las palabras de Cristóbal bastaron para que lo golpearan y lo apresaran. Los agentes le dijeron que se lo llevaban por abusivo, cuenta Nora su esposa y madre de Vilma.