A Luisa le llevaron a su hijo, Juan Carlos, la misma madrugada de diciembre de 2018. Se dedicaba a cultivar hortalizas y luego las vendía. No se metía con nadie, ni siquiera salía a la calle, dice su madre. Ese día los policías buscaban armas, pero no encontraron nada.
Hubo contradicciones en el proceso, asegura Luisa, eso le han dicho los abogados. Cuando realizaron el careo se dedujo que no hubo participación de su hijo. Sin embargo, los documentos posteriores decían lo contrario, que su hijo Juan Carlos sí participó de la extorsión, pero vía telefónica. Pese a las inconsistencias, fue condenado a 15 años. Desde 2018 su madre no lo ha podido ver ni una vez, “ni siquiera una llamada”, se lamenta.
Mediante un grupo de WhatsApp se enteró que su hijo estaba ingresado en el Hospital Rosales porque ha desarrollado insuficiencia renal, una enfermedad que antes no padecía. A dos años y 10 meses de estar preso ya está recibiendo tratamiento de diálisis. Su enfermedad la padece bajo las rejas en el penal de Quezaltepeque.
La ausencia de Juan Carlos tiene triste a su hijo de 4 años que ahora cuida Luisa, su madre de 64 años,quien debe inventarse un cuento cada vez que el niño le pregunta ¿dónde está mi papi?