ZARAGOZA TE HABLA

ZARAGOZA TE HABLA

By MANUEL ALCAINEHistory
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ZARAGOZA TE HABLA episodes

  • Zaragoza te habla - Santo Dominguito
    En el programa de hoy, segundo de esta temporada, y en estas fechas todavía cercanas al día de los muertos, me voy a referir al caso del niño Domingo de Val, más conocido como Santo Dominguito de Val, personaje cuya aberrante leyenda puede hacer sonrojar a quien se acerque al trasfondo de esta oscura e inquietante parte de nuestra historia cuya versión más difundida es bastante más reciente de lo que pueda parecer. Este santo, con tradicional presencia en el nomenclátor callejero, fue mitificado por la religión cristiana más retro, vivió un renacimiento durante el nacionalcatolicismo al comienzo de los años 50 del pasado siglo, y aún hoy tienen seguidores entre los grupos católicos más ultras.
    La historia de este personaje está absolutamente corrompida por la leyenda construida alrededor de él, de forma que resulta difícil discernir entre lo real y lo inventado. Lo que sí parece claro es que la leyenda que ha llegado a nuestros días está preñada del feroz antisemitismo que recorrió Europa en las últimas décadas del siglo XIX, y que todavía algunos reproducen si el más mínimo rubor. Este relato, de esta forma, se centra en las desventuras de un niño zaragozano de diez años llamado Dominguito que, siendo infantico de la catedral de la Seo, un aciago día del año de 1250 regresaba a su casa pasando por la calle del Talmud de la judería cuando fue raptado por unos malvados judíos que, encabezados por el rabino Mossé Albayucet, lo apresaron para que renegara de la “verdadera fe”. Ante su firme determinación de no hacerlo, lo clavaron en una pequeña cruz a cuyos pies instalaron una copa para recoger su sangre y beberla luego durante la llamada “Pascua de Sangre”. De esta forma, según una retorcida creencia este habría sido un ejemplo de los secuestros rituales de niños cristianos realizados por judíos para luego asesinarlos y beber su sangre y celebrar de esta enfermiza forma “la liberación del pueblo judío de la esclavitud a la que fue sometido durante su estancia en el antiguo Egipto”.
    Finalmente, y tras amputarle la cabeza y miembros, estos malvados judíos lo metieron en un saco y lo echaron al río Huerva con alevosía y nocturnidad un poco antes de su desembocadura en el Ebro, donde al día siguiente una “aureola resplandeciente” llamó la atención de los guardas del cercano puente de Tablas, que recuperaron el cadáver.
    Tuvieron que pasar casi cuatrocientos años para que esta atrocidad se convirtiera en la “tradicional devoción” del niño-mártir practicada en todo el mundo católico. Así, en 1671 se edificó una capilla en la Seo donde se depositaron sus huesos, y años antes ya la antigua calle del Talmud donde tuvo lugar su martirio recibió el nombre de Santo Dominguito de Val para recordar de forma perenne esta barbaridad. El 31 de agosto se convirtió en la festividad en que se conmemoraba esta rocambolesca y truculenta historieta que acabamos de reproducir, bien poco amable, que no era sino la zaragozana y decimonónica adaptación de una leyenda inglesa inventada cien años antes y orientada a la incitación fanática al odio racial y religioso de los no cristianos, en este caso, los judíos.
    La desaparecida gran casa de los Sora o Salabert, que supuestamente fuera domicilio de Dominguito, contó en su fachada, hasta su derribo en los años 30, con una destacable hornacina que representaba la imagen de este niño-mártir. En1949 el Rosario de Cristal de Zaragoza incorporó un nuevo farol dedicado a Santo Dominguito de Val donde entre otras imágenes se reproduce la escena idealizada del niño crucificado, a cuyos pies aparecen los instrumentos de su martirio (cruz de espinas, clavos, martillo…), tal como dicen que padeciera nuestro señor Jesucristo. Un par de años después y a iniciativa del Ayuntamiento de la época, se erigió un monumento a Santo Dominguito en la glorieta de San Lázaro, donde estuvo hasta que gracias a una remodelación de la zona fue discretamente retirado al lugar donde en esta ciudad se guardan las cosas que ya nadie ha vuelto a ver nunca más. A mediados de los años 60 y en el marco del renovador Concilio Vaticano II, la iglesia católica suprimió el culto oficial a este santo niño-mártir, aunque su rama más ultra mantiene hoy con fervor esta poco edificante devoción.
    Terminamos. Espero que la próxima vez que inopinadamente usted pase por la calle de Santo Dominguito de Val le vengan al recuerdo estas líneas, estas palabras, que nos conectan con una tenebrosa parte del pasado de Zaragoza más pesadillesco. Un cordial saludo, y hasta la próxima ocasión.
    7 min
  • Zaragoza te habla - 1710: La Batalla de Zaragoza
    Es posible que usted que ahora nos escucha haya paseado, ocasional o habitualmente, por esa gran superficie comercial que se localiza al sureste de la ciudad, limitando con la Z-40, y haya llegado a una plaza donde se encuentra una placa que recuerda que en el año de 1710 por esos andurriales tuvo lugar la denominada “batalla de Zaragoza”. Si no tuvo tiempo de leer la leyenda de esta placa, no se preocupe, que ahora me voy a referir a ella.
    El 20 de agosto de 1710 y en el contexto de la Guerra de Sucesión española dos ejércitos se enfrentaron en los montes de Torrero para disputarse el control de Zaragoza: las tropas del rey Felipe V y las del archiduque Carlos de Austria.
    ¿Qué había pasado para llegar a esto? Nueve años antes, en mayo de 1701, el duque de Anjou había sido coronado rey de España como Felipe V en cumplimiento del testamento del fallecido rey Carlos II, y en septiembre vino a Zaragoza a jurar en la Seo los fueros y privilegios del reino, partiendo luego hacia Cataluña para cumplir el mismo ceremonial. En paralelo a esta normalidad institucional supuso el relevo de la Casa de Austria por la de los Borbones, se había formado una alianza entre Austria, Inglaterra y Holanda que declaró la guerra a las aliadas Francia y España. Múltiples intereses políticos y estratégicos motivaron que esta alianza promoviera al archiduque Carlos de Austria al trono español, aunque llamativamente esta Guerra de Sucesión española comenzó a disputarse… en las plazas españolas de Flandes e Italia, y en 1702 el archiduque Carlos fue coronado rey de España… en Viena.
    Este Carlos “III” desembarcó en Barcelona en 1705, donde estableció su corte. Este hecho, y sobre todo, la presencia del ejército anglo-austríaco-holandés que le acompañaba, desencadenó la guerra abierta en la península y con ella la toma de partido de las elites locales a favor de uno u otro bando, originando lo que Melchor Macanaz calificó de guerra supercivil.
    Como respuesta a la venida en carne mortal del pretendiente austríaco, en 1706 Felipe V y su ejército fueron a Barcelona para enfrentarlo. El fracaso en esta empresa hizo tambalearse la fidelidad borbónica de Zaragoza, sobre todo cuando el ejército archiducal se aproximó a ella. En junio la ciudad mudó su lealtad hacia el austria. En abril de 1707 y tras la derrota en la batalla de Almansa la causa archiducal se desplomó: tras la retirada de su ejército las ganancias territoriales se desvanecieron como lágrimas en la lluvia, y Zaragoza fue nuevamente borbónica. Como tras cada mudanza de fidelidad, sucedieron episodios de represión sobre las cabezas visibles de uno u otro bando, aunque en esta ocasión aconteció una novedad en forma de real decreto que implantó la Nueva Planta, aboliendo los fueros, privilegios y la tradicional planta política y administrativa del reino, en un proceso ralentizado por la guerra.
    En 1710 desembarcó en Barcelona un nuevo ejército archiducal, que tras derrotar en julio al ejército borbónico cerca de Lérida cruzó el río Ebro por Osera y se ubicó a dos tiros de cañón de Zaragoza. Entre este ejército y la ciudad se situaron las tropas borbónicas para dar la batalla, que comenzó la mañana del 20 de agosto en una amplia zona del sur de Zaragoza que al este se extendía desde el camino del Puente del Virrey hasta las inmediaciones del río Ebro, y que al oeste llegaba hasta los Pinares de Venecia y el trazado más sureño de la actual autovía Z-40. Ambos ejércitos sumaban unos 45.000 soldados, y entre ambos el Barranco de la Muerte delimitó el campo de batalla, por lo que ésta también suele denominarse de esa forma. El combate fue rápido y desastroso para Felipe V, que a duras penas escapó por el camino de Alagón hacia Madrid, mientras el archiduque entró por segunda vez en Zaragoza. Tras la batalla, unos 6.000 muertos escenificaron el carácter internacional del conflicto: alemanes, austríacos, españoles, franceses, holandeses, ingleses, irlandeses, italianos, valones…
    En enero de 1711 un nuevo ejército borbónico desbarató a los archiducales en Brihuega y Villaviciosa y Zaragoza mudó otra vez fidelidad a Felipe V. La Nueva Planta, reformada, fue ahora aplicada como castigo por la infidelidad de la cabeza del reino, de la misma forma que Navarra y Vizcaya conservaron sus fueros y privilegios por respaldar al borbón. Mientras tanto, y ante la muerte sin descendencia del emperador de Austria, este Carlos “III”, que era su hermano, se convirtió en Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico. Sus aliados ingleses y holandeses que luchaban contra la hegemonía franco-española, no vieron con buenos ojos una posible nueva hegemonía austro-española, ya que Carlos se negó a renunciar al trono de España. Por ello, abandonaron su causa y comenzaron a pactar una paz por separado. Con ello, y a efectos prácticos, la guerra estaba sentenciada a favor de Felipe V.
    Aparte de la cartografía de Zaragoza realizada por ingenieros militares, y los dibujos y grabados que que ilustran la batalla de Zaragoza (todos realizados por cierto al norte de los Pirineos), poca huella memorialista de esta guerra puede rastrearse en la ciudad. Apenas la arboleda de Macanaz, que recuerda el nombre del intendente de Zaragoza entre 1711-13 que promovió la plantación de esta pionera zona verde urbana, y una placa que desde 2010 recuerda esta batalla en la referida plaza de la gran superficie comercial construida donde el ejército archiducal situó su flanco izquierdo. Mientras que la batalla de Almansa de 1707, de esta misma guerra, figura en el nomenclátor local desde 1964, la de Zaragoza de 1710 no ha encontrado valedor para hacerse un hueco en él, tal vez por aquello de que quienes la ganaron… perdieron luego la guerra, y a la inversa.
    Terminamos. Espero que tras estas referencias, cuando ustedes vuelvan a pasar por esta zona comercial de los montes de Torrero, tengan un minuto para pensar que están caminando por un importante escenario de la historia de Zaragoza, ni más, ni menos. Un cordial saludo, y hasta la próxima.
    9 min
  • Zaragoza te habla - Presentación 'Los inquietos años 20'
    José María Ballestín y Antonio Tausiet presentaron el pasado día 14 'Los Inquietos Años 20', novena entrega de su 'Memoria Visual de Zaragoza', editada por El Periódico de Aragón. Con ella continua y casi completa este interesante y atractivo recorrido visual a nuestra ciudad a lo largo de todo el siglo pasado. El libro saldrá la venta el próximo viernes, día 17 de septiembre.
    Nuestra felicitación y deseo de que continúen teniendo el éxito que su magnifico trabajo merece.
    7 min
  • Zaragoza te habla - Vaquerías urbanas
    Con esta de hoy cerramos la participación de “Zaragoza te habla” en la presente temporada radiofónica de “Siéntelo con Oído”, y para ello os propongo un último ejercicio de recuerdo sobre la antigua ciudad de Zaragoza poniendo el foco en un asunto del que seguro que más de uno y una conserva algún recuerdo: las desaparecidas vaquerías urbanas o de barrio.
    La primera “vaquería modelo” contemporánea de la ciudad fue establecida a mediados del s.XIX en la calle del Cinco de Marzo, cuando esta era una calle recién abierta, en principio como prolongación de la calle de San Miguel. A ella le siguieron otras muchas, de forma que en las primeras décadas del pasado s.XX el sector lácteo en Zaragoza estaba configurado por una densa red de vaquerías urbanas y semiurbanas, la mayor parte de ellas de tamaño pequeño, aunque también alguna más grande e industrial, como la Vaquería El Pilar sita en el camino del Puente del Gállego. El camino de las Torres destacaba por el número de estas instalaciones: la Vaquería Modelo o Moderna, vaquería de Martín Bel, de Luis Gavasa, de Juan Ramos Gracia, de Andrés Lausín Marín… Todas ellas, pequeñas o grandes, estaban supervisadas por un jefe inspector de vaquerías, y dos cooperativas distribuían parte de la producción: La Social Lechera, S.C., con 16 despachos o sucursales, y la cooperativa de la Casa de Ganaderos, con dos.
    En el antiguo barrio de Monforte, en el nº 15 de la calle de Vicente Monforte, tenemos testimonio gráfico de la vaquería de Carmelo Baile, que además nos da pie para describir mínimamente este tipo de establecimientos: una estancia de vacas, un almacén de pasto y forraje, la vivienda del vaquero y ocasionalmente un local para despacho de leche y sus derivados. La leche se expendía fresca, recién ordeñada, sin esterilizar, era leche natural, cruda, de producción adaptada al consumo local y de cercanía, orientada a la parroquia de las calles del entorno.
    Como decíamos al principio, seguro que hay personas que recuerdan alguna vaquería de su barrio. Mi recuerdo personal está asociado a una que se situaba en la calle del Privilegio de la Unión por donde volvía a casa tras salir de una “academia de repaso”. La impronta de sus olores, sonidos y cuando la puerta estaba abierta, el espectáculo de ver las vacas y la gente trajinando con sus lecheras metálicas, perdura desde entonces en mi memoria con claridad meridiana.
    Bastante antes de estos recuerdos, en Zaragoza tuvo lugar un hecho importante, como fue la creación en 1956 de Cluzasa-Centrales Lecheras Unidas de Zaragoza S.A., mediante la unión de la Cooperativa de Ganaderos, la Granja Victoria y la Granja El Pilar, debido a la entrada en vigor de una ley que regulaba la higienización y venta de leche pasteurizada y esterilizada en los municipios de más de 100.000 habitantes. Establecida en la calle del Molino de las Armas de la barriada de la Jota, llegó a ser la tercera empresa del sector lácteo de España, en una época en la que ese producto era repartido a domicilio desde las distintas factorías de origen. Cluzasa cesó su actividad en 1986, y sus instalaciones en el barrio de la Jota fueron luego derribadas para dar paso al Segundo Cinturón de ronda.
    Durante esos treinta años, la evolución del sector fue muy destacada, como ilustra el sucesivo cambio de los recipientes del blanco producto: de la tradicional botella de cristal reciclable, pasando por la frágil bolsa de plástico, hasta llegar a la práctica botella de plástico y finalmente el funcional tetra brick a principios de los años 80. En paralelo, fueron desapareciendo las vaquerías de barrio y también los antiguos “despachos de pan y leche”, para convertirse en un producto más, normalizado y apilado en los supermercados y grandes superficies comerciales junto a otras decenas de mercaderías.
    Tal vez por eso la memoria de las antiguas vaquerías, lecherías y despachos de leche de barrio, con sus olores, sus sonidos y sus ceremoniales tienen tanto agarre en los recuerdos de quienes vivimos esa realidad hoy desaparecida.
    17 min
  • Zaragoza te habla - Presentación 'Memoria Visual de Zaragoza. Industria y Cio. en el SXX'
    Queremos hacer reseña especial de la presentación del nuevo libro, de la serie “Memoria Visual de Zaragoza. Industria y Comercio en el Siglo XX”.
    Sus autores, José María Ballestín y Antonio Tausiet, amigos y colaboradores de este programa, junto con El Periódico de Aragón, su editor, lo han presentado en la Cámara de Comercio de Zaragoza.
    Se trata de una aproximación a la historia de la industria y el comercio en Zaragoza a lo largo del siglo XX, ilustrada con numerosas imágenes de instalaciones fabriles y establecimientos comerciales, acompañadas de comentarios redactados para la ocasión. Desde las pioneras harineras que impulsaron el progreso industrial en el pasado siglo, hasta las grandes superficies de consumo masivo que fueron surgiendo en su última década. Es el octavo volumen de la colección, tras Los grises años 50, Los prodigiosos años 60, Los convulsos años 70, Los flamantes años 80, Los sombríos años 40, Los cruciales años 30 y Los pródigos años 90.
    Felicitamos a sus autores por este gran trabajo, que no os debéis perder, al que deseamos mucho éxito de ventas.
    2 min
  • Zaragoza te habla - 'Culpable para un delito'
    “Culpable para un delito” (1966) fue la tercera película impulsada por la productora local Moncayo Films, que con aires de filme noir (género policíaco o criminal francés) contó con guión de Emilio Alfaro y José Antonio Duce, la dirección de este último y con música del recientemente fallecido Antón García Abril.
    Como informan los créditos iniciales de la película, los exteriores fueron rodados en Zaragoza entre los meses de enero y febrero de 1966, salvo unas escenas a la orilla del mar tomadas cerca de Barcelona, de forma que en este filme se nos ofrece un interesante catálogo de localizaciones urbanas de la Zaragoza de mediados de los años 60 que me dan pie para centrar el programa de hoy. Ojo, que como dicen los enterados ahora, a continuación hay spoilers para quien no haya visto esta película:
    1. La estación de ferrocarril de Campo Sepulcro o de Madrid aparece al principio de la película como escenario donde el protagonista (un desustanciado Hans Meyer, actor sudafricano famoso por protagonizar el comercial de un por ello recordado coñac) llega a una ciudad para visitar a un amigo. Al fondo y mientras pasean, se ve la reconocible fachada de la antigua fábrica de chocolates Orús.
    2. Ambos se dirigen luego a una boca de metro, que resulta ser una de las escaleras del paso a desnivel de Las Delicias, donde tiene lugar el asesinato del amigo que desencadena la trama de la película, ya que todas las culpas parecen recaer sobre el protagonista que evidentemente no fue el asesino.
    3. Como todas las evidencias parecen indicar, el protagonista es detenido y conducido para ser interrogado a una comisaría que resulta ser el edificio de la Confederación Hidrográfica del Ebro, del que vemos la zona exterior a un acceso entre la calle de Gil de Jasa y el paseo del General Mola.
    4. En una furgoneta, es trasladado luego a los juzgados que aparecen localizados en la antigua Universidad Literaria, en el Coso Bajo y plaza de la Magdalena.
    5. Los pasillos de estos supuestos juzgados fueron rodados en una localización diferente: el nuevo ayuntamiento inaugurado unos años antes en la plaza del Pilar.
    6. De forma sorprendente, el protagonista escapa por una ventana y lo vemos deambular por la ascendente calle de la Trinidad, en cuya esquina con la de la Universidad se sube furtivamente a una camioneta para escapar de los policías que le persiguen.
    7. Esta camioneta recorre algunas calles y desemboca de repente en la avenida de Navarra en dirección a la carretera de Logroño, donde se nos ofrece una vista panorámica de los modernos bloques de viviendas allí construidos durante el Desarrollismo.
    8. El protagonista se reencuentra luego clandestinamente con su antigua novia en el interior de una moderna iglesia que identificamos como la reciente del Carmen, construida en 1962 en el paseo de María Agustín.
    9. Mientras tanto, la policía sigue con su búsqueda, y se nos ofrecen unas escenas donde dos inspectores charlan en una cafetería localizada en el Pasaje Palafox, donde al fondo se ven las puertas de salida de los modernos cines Palafox y Rex.
    10. En varias escenas nocturnas, el supuesto culpable camina por un puente, que resulta ser el de Hierro, donde se ve acorralado por la policía y se tira al río (Ebro) para escapar. En realidad, y ante el accidente del especialista que debía protagonizar el salto, lo que se ve caer al agua es un muñeco que nadie se encargó de recuperar, de forma que la corriente se lo llevó aguas abajo hasta que días después fue descubierto por un campesino que dio aviso a la Guardia civil pensando que se trataba de un cadáver, provocando un pequeño lío hasta que se aclaró la situación.
    11. En la película, el protagonista sale luego del río por una zona escalonada que se corresponde con el Club Náutico abierto apenas un par de años antes, y aparece en otro puente, el del ferrocarril en la Almozara, donde casi es atropellado por un misterioso coche...
    12. Nos trasladamos luego al supuesto Barrio Chino de la ciudad ubicado junto al puerto de mar de la ciudad donde transcurre la trama, una zona llena de tugurios nocturnos, en uno de los cuales el protagonista se zampa unos bocadillos de calamares para recuperar fuerzas. Entre figurantes de baja estofa y tropa marinera con aires norteamericanos, conoce a una chica que le acompaña luego por las traseras del moderno Mercado de Pescados en la avenida de Navarra.
    13. Por medio de este paseo, nos trasladamos a una zona de mujeres prostituidas localizada entre unas callejuelas reconocibles en el entorno de la plaza del Ecce Homo y las calles del Paraíso y Felipe Perena, que ciertamente han sido unos de los espacios urbanos donde los prostituidores han ejercido su profesión en Zaragoza.
    14. Aquí, se deciden a entrar a un garito que resulta ser el interior del Cabaret Oasis, donde aparece actuando un grupo tailandés, algunas de cuyas escenas fueron censuradas en la versión estrenada entonces por su alto contenido en carne humana.
    15. A continuación, nuestra pareja paseante se dirige a una pensión que aparece regentada por un desabrido personaje interpretado por Manuel Rotellar, que aquí hace un pequeño cameo.
    16. Tras ser atracado y golpeado en esa pensión, el protagonista amanece en la orilla del mar magullado y sin una peseta, en unas escenas localizadas también en las pedregosas riberas bien del Ebro o del Gállego.
    17. Avanza la trama, y nos encontramos en la que es definida como “la catedral de la ciudad” donde tiene lugar el sepelio del amigo asesinado. Se trata de la iglesia de San Antonio Abad en el paseo de Cuéllar, de la que se nos ofrecen imágenes de los laterales jardines junto a su ingreso desde el paseo. El protagonista ve al misterioso coche que le había intentado atropellar antes, y cuando le ve huir a toda velocidad por el parque de Pignatelli, toma un taxi en la esquina con la calle del Maestro Estremiana, y le sigue
    18. Finalmente, la película llega a su desenlace cuando esta persecución les lleva a una zona de modernísimas viviendas unifamiliares que resulta ser el “poblado americano” conformado por las viviendas para oficiales y tropa norteamericanos de la Base Aérea que fueron construidas en la carretera de Logroño, donde la actual urbanización Torres de San Lamberto.
    El estreno de esta película tuvo lugar en el desaparecido cine Coliseo Equitativa el 10 de abril de 1967, y como estrategia publicitaria para fomentar su visionado se convocó un concurso local donde se trataba, precisamente, de localizar el mayor número de escenarios urbanos de Zaragoza que aparecen reflejados en ella. Dotado con un importante premio (10.000 pesetazas de la época), parece ser que no hubo aciertos al pleno.
    -José María Ballestín Miguel-
    10 min
  • Zaragoza te habla - Cines desaparecidos
    Cuando parece confirmarse la reconversión del antiguo Cinema Elíseos en un punto de distribución de comida rápida, vamos a dedicar el programa de hoy a recordar someramente la fortuna de decenas de espacios que hasta hace no demasiado estaban dedicados a la exhibición cinematográfica en el mismo centro de la ciudad, antes de que se impusiera su cierre, mientras nuevas salas se abrían al público a varios kilómetros de distancia, integradas en grandes superficies donde el consumo es el rey.
    Suele considerarse que la primera gran crisis del sector de la distribución y exhibición de cine tuvo lugar a finales de los años 70 del pasado siglo, en parte por la intrusión del vídeo doméstico y en parte por la gran crisis económica, lo que desembocó en una brutal reconversión del sector. De esta forma, en 1979 ya cerraron los cines Avenida, Actualidades, Latino y Dux. El caso del cine Latino, sito en la calle de los Estébanes, fue pionero al iniciar la senda de la transformación de algunas salas de cine en el próspero negocio que hacía furor en la época: el fomento de la ludopatía mediante la proliferación de los bingos. La década de los 80 se inició con el cierre de los cines Dorado, Gran Vía y Oliver, siendo éste último otro indicio de lo que estaba por venir: el cierre de todos los denominados “cines de barrio” que, aunque de categoría inferior a los del centro, y con proyecciones de reestreno, al menos llevaba este espectáculo a buena parte de la periferia de la ciudad. En 1981 y de esta forma, fue cerrado el cine Norte; en 1982 el cine Coso, y en 1983 el cine Torrero. El icónico año 1984 fue coincidente con la clausura de los cines Venecia, Rialto, Pax, París y Madrid. En 1985 le tocó el turno a los cines Roxy y Victoria; en 1986 al Teatro Argensola, que desde 1945 era fundamentalmente cine; en 1987 al Arlequín, y en 1989 al Palacio.
    Esta catastrófica tendencia se ralentizó, por pura supervivencia del sector, en los años 90, cuando también vieron echar el cierre el Salamanca en 1990, y el Coliseo Equitativa y el desgraciado Teatro Fleta en 1999.
    Mientras tanto, este zarandeado sector apenas vio abrir nuevos cines, que desde entonces lo fueron agrupados en la modalidad de multisalas o multicines, como los pioneros Buñuel en 1978 y los Aragón en 1980. Esta tendencia perduró en los años 90, si bien inscrita como un atractivo más dentro de las grandes superficies comerciales que desde entonces caracterizan el modelo de ocio y consumo en Zaragoza: los cines del Centro Comercial Augusta en 1996, los Multicines Renoir y los Cines Warner Lusomundo en 1997, los Yelmo Cines Plaza Imperial en 2008, los Cines Aragonia en 2009, y los cines de Puerto Venecia en 2012.
    Pero esta proliferación de multisalas no ha sido un sumatorio, ya que mientras tanto se seguían cerrando cines “tradicionales”, como el Don Quijote en 2002; el Goya, el Mola y los Multicines Aragón en 2005; y algunas de las recientes multisalas, como los Buñuel en 2007, y los Renoir en 2012. En 2014, fue cerrado el cinema Elíseos, abierto en 1944 en los bajos del gran edificio del mismo nombre que mantuvo el recuerdo de un singular espacio de ocio que desde 1875 albergó un jardín de recreo, un teatro e incluso una pequeña plaza de toros, y luego un velódromo. Ahora, tras la licencia condedida por el ayuntamiento, aquí se podrá degustar comida rápida con denominación de origen norteamericano y burbujeantes refrescos no menos saludables. Eso sí, en la fachada se mantendrá el tradicional cartel que anunciaba “Cinema Elíseos”.
    -José María Ballestín Miguel-
    29 min
  • Zaragoza te habla - La Aljafería
    El próximo día 12 se cumple un aniversario que posiblemente carecerá de repercusión en el actual estado ruidoso de las cosas: la inauguración en mayo de 1998 del Palacio de la Aljafería tras casi medio siglo de arduas labores restauradoras. Con este motivo, el programa de hoy voy a dedicarlo a este excepcional bien inmueble de Zaragoza que acumula casi 950 años de historia: la Aljafería.
    En una despejada zona al poniente de la ciudad, donde desde mediados del s. X se alzaba una poderosa atalaya en piedra rodeada de una pequeña fortaleza defensiva, a finales del s.XI se construyó el Qasr al-Surur o Palacio de la Alegría en tiempos de la poderosa taifa zaragozana de los Banu Hud donde la Medina Albaida Saraqustah era su capital. Este palacio fue construido al aire de los palacios omeyas de las llanuras de Siria y Mesopotamia, de planta cuadrangular, en feraz zona de huerta regada por la acequia de la Almozara, y tomó su nombre (al-Yafariyya) de su impulsor, el rey Abú Yaáfar Áhmad ibn Sulaymán ibn Hud al-Muqtádir bi-L·lah, que emplazó en este palacio una corte literaria y científica sin parangón en el occidente de la época.
    En 1110 Saraqustah fue conquistada por los almorávides, y ocho años después por los cristianos montaraces, que convirtieron a este palacio de la alegría en una parroquia. Sólo a finales del s.XIII, en tiempos del rey Jaime II, recuperó su función palatina y fue objeto de importantes reformas y construcciones que desfiguraron la traza original del palacio, que se convirtió así en un palacio mudéjar de la realeza aragonesa del que destacaban la Torre del Viento en el ángulo suroccidental y la majestuosa Torre Mayor o del Homenaje en su lienzo norte.
    A finales del siglo XV la Aljafería se convirtió en sede y cárcel de la Inquisición. Desde ella y en macabra procesión, numerosos reos de pena capital fueron conducidos hasta la plaza del Mercado, donde se les quemaba vivos.
    Fue también residencia real con ocasión de visitas de especial categoría, como los Reyes Católicos en 1498; la princesa doña Juana y su esposo don Felipe en 1502; el papa Adriano VI en 1522; la emperatriz Isabel en 1533; el emperador Carlos en 1537; el rey Carlos II en 1677…
    Durante este tiempo fue objeto de una radical transformación cuando a finales del s.XVI, en tiempos de Felipe II el palacio fue convertido en un bastión fortificado para defensa de la ciudad y también cárcel real o presidio filipino. El proyecto, de Tiburcio Spanochi y Juan Bautista Antonelli, le dotó por primera vez de un foso seco alrededor de la fortaleza.
    Con la entronización de la nueva dinastía de los borbones, la Aljafería cesó como sede de la Inquisición en 1706 y poco después fue uno de los escenarios de la Batalla de Zaragoza durante la guerra de Sucesión, con bien poca fortuna bélica, pues apenas resistió un par de horas el cerco realizado por las tropas del pretendiente austríaco al trono.
    Desde entonces permaneció como una dependencia militar en un estado más bien precario hasta que en tiempos de Carlos III se la dotó de unas instalaciones defensivas más modernas y acordes con su categoría de “castillo”. Durante los asedios franceses de 1808-09 los baluartes y la muralla quedaron destruidos, y luego los escombros fueron utilizados para rellenar el foso, que desapareció.
    En 1862, siendo reina Isabel II, la Aljafería pasó a jurisdicción del Ministerio de la Guerra, que la convirtió en cuartel, remodelando completamente su traza, construyendo cuatro torreones angulares y dándole el aspecto con el que llegó al siglo XX. En esta línea, en 1887 incluso estuvo a punto de acoger a la Academia General Militar. A principios de los años 30 del siglo XX albergaba a dos regimientos de infantería (Infante y Gerona) y en el lado norte y adosadas al muro había además varias dependencias que complementaban el carácter castrense de su entorno, y al oeste de la muralla se levantó un gran almacén de efectos militares, un polvorín, e incluso un “homódromo” o pista de maniobras para los reclutas.
    En 1935 los hermanos Albareda publicaron un adelantado proyecto de restauración del antiguo palacio para el que proponían como condición inexcusable sacar al palacio del negociado de la Guerra, y convertirlo en un espacio museístico y de cultura. Durante la guerra de 1936-39 fue convertido en un gran arsenal de municiones, y tras 1939 retomó sus funciones cuarteleras con tropas de infantería, artillería antiaérea, zapadores, transmisiones... Testimonios de quienes pasaron por allí durante esos años recuerdan los armeros apilados en el “salón del Trono”, la “mezquita” u oratorio convertido en depósito de bayonetas, y la torre Mayor como calabozo.
    En 1947 y con el impulso de Francisco Íñiguez comenzó poco a poco el efectivo impulso restaurador de la Aljafería. Aunque con una mezcolanza de objetivos dispares, como cuando en 1949 y desde el consistorio se propuso asumir la recuperación de los “dos palacios”, el musulmán para Museo Arqueológico, y el cristiano como residencia del Jefe del Estado en sus visitas a la ciudad…
    En 1951 se constituyó el Patronato de la Aljafería, y en 1954 el ramo de la Guerra le entregó la parte más claramente histórico-artística lo que dio comienzo a las obras de restauración.
    A finales años 60, despojado de su función de cuartel, comenzó a ser visitada en grupos de civiles, lo que poco a poco sirvió para dar a conocer las maravillas que todavía albergaba la Aljafería. En estos años se reconstruyó el lienzo oriental de la muralla, la torre Mayor, el oratorio musulmán, la capilla de san Martín, el patio de santa Isabel, y las salas de los Reyes Católicos.
    En 1978 y dentro de la operación cuarteles, la Aljafería pasó a ser propiedad de la ciudad de Zaragoza al módico precio de 24 millones de pesetas, y el Ayuntamiento se comprometió a restaurarla y a hacer un parque alrededor. Al año siguiente, la nueva corporación democrática asumió su propiedad.
    En 1982 murió Francisco Íñiguez, sustituido por Ángel Peropadre, que impulsó la recuperación del foso. En 1983 el Ayuntamiento cedió a las Cortes de Aragón un tercio de la Aljafería, el correspondiente con la parte no monumental, para instalarse.
    En 1985 Ángel Peropadre fue cesado y sustituido por el tándem Franco-Pemán que en varias fases culminarían su recuperación. En todos estos años hubo numerosos cambios en el proyecto, desde la prevista convivencia del Parlamento, la zona monumental y un auditorio, pasando por la inclusión de una biblioteca municipal (luego biblioteca de las Cortes), la sede del Justicia de Aragón, un Museo de Arqueología y Antropología, el Museo de Historia de Zaragoza, un Museo de la Guerra de la Independencia... Esto fue así porque Ayuntamiento, DGA y las Cortes tenían planteamientos en ocasiones divergentes lo que provocó sonadas polémicas, felizmente resueltas.
    Mientras tanto y en 1987 se celebró en la Aljafería el primer pleno de las Cortes, y esta institución acabó siendo la única depositaria de todo el recinto, incluyendo las zonas verdes que lo rodean (parque de la Aljafería).
    Terminamos nuestro recorrido como empezamos, cuando el 12 de mayo de 1998 el Príncipe de Asturias inauguró las obras de restauración de este maravilloso palacio recuperado, como sede de la soberanía popular aragonesa y como recinto que condensa la historia de la ciudad desde hace casi diez siglos.
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  • Zaragoza te habla - Patrimonio industrial
    En el programa de hoy me voy a referir al ingente patrimonio industrial desaparecido en la ciudad de Zaragoza, es decir y a grosso modo, el conjunto de los bienes muebles e inmuebles generados por el sistema económico capitalista surgido del proceso de industrialización que en Zaragoza comenzó a desarrollarse especialmente a finales del siglo XIX. Esto es así porque habitualmente las miradas nostálgicas al pasado de la ciudad, en lo que a patrimonio perdido se refiere, es decir destruido o arrasado sin contemplaciones, todavía suele centrarse en los elementos edilicios más recurrentes como iglesias, conventos y monasterios, viviendas nobiliarias y palacios, puertas monumentales y arcos… Sin embargo, parece que cuando se trata de una fábrica, un taller, una imprenta, una estación de ferrocarril, los sentimientos no son tan encontrados.
    Aunque como polo industrial a nivel estatal Zaragoza no es comparable con la pujanza de otras localidades, dentro de la región aragonesa y la propia provincia sin duda Zaragoza fue el principal escenario de desarrollo industrial de estos ámbitos, configurando además con su empuje el desarrollo urbano de muchos entornos que hasta entonces estaban escasamente integrados en la ciudad. O dicho de otra forma: precisamente el estudio y conocimiento del patrimonio industrial nos permitiría comprender mejor los procesos que han generado el desarrollo urbano desde mediados del siglo XIX.
    Sin embargo, todavía resulta muy complicado realizar ese viaje, en primer lugar por la desaparición de la mayor parte de las empresas que desde las primeras harineras fueron conformando el tejido productivo contemporáneo de la ciudad. Son muy contadas las que, aun con otros nombres, denominaciones y ubicaciones, perduran hoy en día. Como en el caso de la evolución natural de las especies, es legión la nómina de lo que se ha quedado por el camino. Siendo este, evidentemente, un proceso de selección no natural lo lamentable es que tampoco han quedado demasiados “restos fósiles”, por decirlo de alguna manera, para armar una historia industrial de Zaragoza, lo que también quiere decir una historia económica, urbana, en ocasiones de barrios enteros, y humana de la ciudad.
    El todavía muy reciente episodio de las instalaciones de la fundición Averly en el paseo de María Agustín, no es sino la punta de un iceberg industrial que en Zaragoza sigue escondiendo para el gran público la mayor parte de una historia económica que enriquece y complementa de forma esencial la historia tradicional de la ciudad, pues sin esta parte económica no es posible entender la historia social, política e institucional del último siglo y medio en Zaragoza.
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  • Zaragoza te habla - Años 70: derribos S.A
    En el programa de hoy os propongo hacer una rememoranza de los años 70 del pasado siglo XX, algo que seguramente está pasado de moda, pues ya hace tiempo que son los años 90 los que son objeto de punteras series y películas de esas que tienen a gala estar “ambientadas” en esa década. Por supuesto que nuestro acercamiento a esa época setentera no va a ser a propósito de cuestiones de moda, estilos musicales o películas producidas entonces. Ya sabéis que aquí de lo que hablamos es de la antigua Zaragoza, de lo que nos dice a través de los testimonios gráficos e imágenes. Y hay elementos visuales de la Zaragoza de los años 70 que son muy interesantes.
    Por ejemplo, hoy vamos a dar una vuelta por aquella ciudad que en los años 70 vivió una de sus épocas más tremendas en lo que a derribos se trata. Derribos de edificios no forzados, es decir, edificios que por su arquitectura podrían haber perdurado en el tiempo, tal como suele ser la voluntad de los arquitectos que los proyectan. Fueron, pues, derribos sin otra justificación que la erradicación de un pasado que se consideraba provinciano y vetusto, para dar paso a modernas construcciones que, en el lenguaje de la época, pusieran a Zaragoza en el lugar que se merecía dentro de las pujantes metrópolis de un país que estaba caminando del medievo a una modernidad a la española, es decir, adaptada a las rígidas costuras de una dictadura que lo tenía todo atado y bien atado.
    Fueron una ola de derribos que, al ponerme a escribir estas líneas, he revisado y sistematizado, y me he llevado una fuerte impresión, por la cantidad y la calidad de inmuebles que se tiraron para, en las más de las veces, sustituirlos por otros que apenas si disimulaban que lo único que buscaban era ganar espacio para aumentar las plusvalías y negocios de los especuladores y promotores que en aquellos años reforzaron las bases de un sector, el inmobiliario, que conoció un crecimiento meteórico, y que se configuró como una de las locomotoras más potentes de la economía española y zaragozana, por supuesto.
    Una pequeña selección de estos ejemplos nos puede dar cierta medida de la mutación que sufrieron las calles, paseos y avenidas de la ciudad de esa década en la que la democracia sólo regresó formalmente al ayuntamiento tras las elecciones municipales de 1979, por lo que los frenos para poner coto a tanta destrucción, a tanto urbanismo a la carta por parte del entramado económico y político que ha regido la ciudad durante décadas, sólo pudieron empezar a actuar en la siguiente década.
    Ya entrando en materia, podríamos dar una vuelta por el tramo medio del Coso para contemplar las moles que fueron construidas en esta década, por ejemplo en la esquina con la calle de Santa Catalina y en la manzana entre las calles de Rufas y Hermano Ibarra, que sumados a los de la década anterior, contribuyen a esa imagen deplorable de la que fue en su momento principal calle de la ciudad.
    En el paseo de la Independencia, la inauguración de Galerías Preciados sancionó positivamente el rupturista edificio del Sepu de la década anterior, y el fin del paseo como ese remedo local de la rue de Rivoli parisina que fue en sus orígenes.
    La plaza de Aragón fue objeto de un oscuro plan parcial que aceleró la desaparición de los tradicionales hotelitos que la singularizaban y su sustitución por moles de muchas alturas, algunas con porches, otras no, en función de no se sabe muy bien qué, llevando a su punto álgido el urbanismo a la carta en Zaragoza.
    El paseo del General Mola, actual de Sagasta, conoció un auténtico terremoto, comenzando con el colegio del Sagrado Corazón y su iglesia de la Madre del Salvador, que tras apenas 10 años abierta al culto, un enorme pelotazo urbanístico llevó a su derribo, y terminando en la esquina del paseo con el camino de las Torres, donde la Casa Faci fue arrasada. Entre estos dos puntos la nómina de derribos en este paseo da auténticos escalofríos: colegio del Sagrado Corazón, la casa de los Escoriaza, la de Pedro Marcoláin, la que fuera fábrica de esmaltes de Viñado, la casa de Palomar, la de Emerenciano García, Villa Dolores del doctor Arpal, la casa de Sánchez Ventura. Otras casas del entorno de este paseo que también fueron derribadas son Villa Teresa, en la esquina de las calles de Alar del Rey y Gil de Jasa, e incluso la original “casa del duende” tan famoso de Zaragoza, sita en la esquina entre las calles de Gascón de Gotor y Juan Pablo Bonet. En alguno de estos casos, como en el flagrante derribo de la admirable casa de Emerenciano García, hubo un tímido atisbo de protesta cívica que no sirvió para detener ni este no otros derribos. El paseo de Ruiseñores, como prolongación natural del de Sagasta, vio también cómo algunos de sus singulares hotelitos eran derribados en silencio.
    Tras este auténtico via crucis del derribo, vamos a referirnos a otros ejemplos en distintas partes de la ciudad: las casas de los Infantes en el paseo de Echegaray y Caballero; varias casas señoriales en el entorno de la plaza de Aso y la calle de Martín Carrillo; el convento de las Capuchinas en la calle de Manuela Sancho; la casa del Obispo en la plaza del Carmen; el convento y colegio de las Recogidas en la calle de Cádiz; el convento de las Adoratrices de la calle de Hernán Cortés; los conventos de Santa Lucía y de las Fecetas, en la calle de Santa Lucía…
    Mención aparte sería el triste final de la Capilla Cerbuna de la antigua Universidad de la Magdalena, que se dejó caer miserablemente por el titular de la misma, el Ministerio de Educación de la época.
    En esta relación también pueden añadirse edificios industriales, como el complejo fabril de Material Móvil y Construcciones que dio paso a la urbanización Parque Roma; o el edificio de Laboratorios Verkos en la esquina de las calles Cervantes y Gil de Jasa. No podemos olvidarnos tampoco de la manzana de viviendas entre las calles de las Escuela Pías y la de Cerdán; ni de la Granja Agrícola de Zaragoza, que aunque fue derribada para equipamientos educativos públicos, su pérdida no puede sino lamentarse profundamente; o la antigua estación de Campo Sepulcro, derribada sin remisión para dar paso a la moderna del Portillo, que ahora está también en tránsito hacia su derribo completo; o el gran complejo de la editorial Luis Vives en el paseo de Fernando el Católico, con su referencial atalaya. O el lavadero de la Balseta, en el último tramo de la avenida de San José.
    Y tampoco hay que dejar de considerar los edificios que se intentó derribar, y que finalmente no fue así, como el Mercado Central Lanuza, o el colegio de los Escolapios, ambos pretendidamente derribables, el primero dentro de la operación de apertura de la gran Vía Imperial, actual avenida de César Augusto y el segundo dentro de la operación colegios que trasladó varias instalaciones educativas privadas desde el centro de la ciudad hasta la ultraperiferia más alejada.
    Vamos terminando. Hemos visto hoy unos cuantos de los numerosos edificios fueron derribados en esta década, con argumentos que hoy sonrojarían a cualquiera con un mínimo de sensibilidad patrimonial. Así, la mayoría de estos edificios, muchos de ellos abandonados desde hacía tiempo, sin mantenimiento ni reformas, fueron considerados “caserones viejos”, con lo que parecía que se hacía un favor a la ciudad derribándolos y sustituyéndolos por otros más nuevos. Ni una palabra a que en muchos casos se trataba de edificios proyectados por arquitectos de renombre, algunos de los cuales prácticamente ya no tiene edificios representativos en la ciudad. Tal fue el tsunami arrasador de estos años setenta, una década terrible para la ciudad en lo que a pérdidas patrimoniales se trata. Y todo esto sin que hubiera ningún ejército enemigo asediando y bombardeando la ciudad.
    11 min

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