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Vergüenza infinita.
Lo de Pedro Sánchez es una afrenta continua contra los españoles.
«Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez», publicó su lacayo Óscar Puente a los dos días de la invasión, tras la visita exprés a Ceuta del marido de Begoña para luego irse de vacaciones. Pues, tras dos meses, la situación es un auténtico caos, agravado por la inacción del Gobierno, que ha abandonado a los ceutíes a su suerte.
Tanta inutilidad no puede ser de gratis.Y, ante la reiterada evidencia de que Pedro Sánchez no tiene límites éticos ni morales, solo nos queda pensar lo peor: que todo obedece a un plan.El marido de Begoña sabe que su inacción en estos ocho años en la Moncloa finalmente ha rebasado la paciencia de los españoles y que, si se celebraran unas elecciones, sería imposible revalidar la mayoría. Ni siquiera reeditando el Frankenstein que mezcla la izquierda y la derecha independentista vasca y catalana y la extrema izquierda con Sumar —o cualquiera que sea el nombre con el que vaya el Podemos 2.0—, ERC, Junts, PNV y Bildu.
No da pie con bola.
Pedro Sánchez se encuentra rumbo al desfiladero y no importa la cortina de humo que intente, sencillamente ya no puede ocultar la realidad ni engañar con el relato.
Y es que, como si no bastase con la corrupción de su Gobierno, su partido y su círculo íntimo, la carestía de la vida, el problema de la vivienda y el sanitario, apareció Ceuta. La invasión de la ciudad autónoma hace casi dos meses es una losa que sigue aplastando al marido de Begoña, que midió muy mal la dimensión de la crisis.
Que Pedro Sánchez no tiene límites éticos ni morales lo sabemos desde antes de que llegara a Moncloa, pero lo que hemos visto en estos últimos meses es una muestra de su capacidad para superarse.El abandono de Ceuta representa unas cotas difíciles de alcanzar y es, cuando menos, desconcertante en cuanto a cómo pretende sacar rédito político. Más allá de que provocar un estallido social en la ciudad autónoma puede ser «aprovechable» de alguna forma para alguien sin líneas rojas, lo cierto es que ha terminado de hundir su imagen tanto nacional como internacionalmente, como hemos visto con unos estudiantes de Harvard que lo han retratado.
Finalmente, los escándalos de corrupción del Gobierno, del PSOE y del círculo íntimo de Pedro Sánchez le están pasando factura. A ello se suma su nefasta gestión ante cualquier imprevisto o catástrofe.Aunque hayamos tenido que llegar al extremo de una invasión a territorio español y de los escándalos más aberrantes, propios de cualquier película de mafiosos, con elementos como prostitutas, empresas pantalla, oscuros empresarios y hasta contactos con bandas criminales para «asustar» a jueces.
Pillado.Pedro Sánchez no gana para disgustos.El presidente del Gobierno pensaba que, huyendo a Nueva York con la excusa de la Asamblea de la ONU, podría aliviar la presión de su responsabilidad por la invasión en Ceuta y la crisis política, social y económica que se ha desatado debido a su abandono.Durante 55 días, el marido de Begoña se ha preocupado más por limpiar la cara de Marruecos, quitando cualquier responsabilidad —ni siquiera mencionaba el in vigilando, que sería lo mínimo, al menos—, que por aliviar los males que sufren los ceutíes.
Con apenas unas horas de diferencia, la mujer de Pedro Sánchez y las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero conocieron que deberán ir al banquillo por los casos de corrupción por los que están siendo investigadas.Begoña Gómez irá a juicio con jurado por tráfico de influencias y malversación. El juez Peinado emitió un auto con la decisión tras su instrucción. Su asesora en La Moncloa, Cristina Álvarez, la acompañará por presuntamente haber participado en los chanchullos de la pareja de Sánchez. Se espera que el juicio se inicie entre septiembre y diciembre de 2027, después de las elecciones.
Cuando uno cree que el marido de Begoña ha llegado al límite de su capacidad, siempre encuentra una manera de superarse. Ahora, Pedro Sánchez ha encontrado una nueva burla a los ceutíes y al resto de los españoles: se va a la ONU para hablar de inmigración, con Ceuta en una crisis política, social y económica por la invasión ante la que el presidente del Gobierno no hizo nada, ni por impedirla ni por mitigar sus efectos.
No hay por dónde cogerlo.
El campamento en el puerto de Ceuta que el Gobierno de Pedro Sánchez, y Óscar Puente en particular, se ha empeñado en colocar no tiene ni pies ni cabeza.
Por un lado, y el más importante, es que se trata de una infraestructura crítica para la ciudad. Por el otro, es un asunto matemático, porque el refugio no podrá acoger ni siquiera a la gran mayoría de los invasores. Además, es una infraestructura especializada en el avituallamiento y repostaje de barcos.
Está acorralado.
Y recurre a la de siempre.
Cada vez que estalla una crisis, Pedro Sánchez aplica una serie de pasos que no fallan: negar el problema o restar importancia; después, afirmar que están trabajando en resolver el asunto; cuando ya está desbordado o se ha convertido en una bomba mediática, echarle la culpa a otro y entrar en el juego de las competencias para no afrontar su dejación de funciones.
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