300 palabras para (des) aprender a vivir.

300 palabras para (des) aprender a vivir.

By Guillermo S. GiaquintaSociety & CulturePersonal Journals
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300 palabras para (des) aprender a vivir. episodes

  • Afecto

    Me parece que

    todos coincidimos en que los niños y las niñas son unos enanos tiranos,
    demandantes, inconformes y prepotentes. Y mientras más chiquitos, peor. Ok. Uno
    les agarra cariño porque, por algún mecanismo natural, sentimos que todos los
    cachorros de la naturaleza son adorables.

     

    La mirada Disney

    de la vida, que le dicen.

    (Veía en las

    redes a una mujer que quiso abrazar a un osito panda y a su madre.

    Bue. Así le fue,

    pobre. Imágenes sensibles, creo que avisaba Instagram.)

     

    Romantizar la

    niñez es, por lo menos, cínico.

     

    La niñez es una

    etapa de la vida de la que no se sale sin consecuencias.

    Lo más tremendo,

    es que estas criaturas no están diseñadas para entender que el mundo es
    injusto. Y que las carencias o las abundancias dependen solamente de la
    puntería de la cigüeña.

     

    Para colmo, la impiadosa

    sociedad de consumo les recuerda, varias veces al año que, por ser menores de
    12 años, tienen su momento para desear un regalo.

     

    Frente a la vidriera

    De una gran juguetería
    Hay chiquillos que suspiran

    Sus narices echan sueños de vapor

    Pero el vidrio va empañando la ilusión

     

    El dúo Vivencia,

    en los ’70, nos parecía cursi, pero hoy, con la gran mayoría de los niños
    argentinos pobres, suena a dato estadístico.

     

    Y se frustran y

    sufren y se ilusionan y se desilusionan.

     

    Afortunadamente,

    la niñez dura poco y el sistema se encarga de demostrarle que la vida no es lo
    que pidan sino lo que puedan.

     

    Escuchaba algo

    durísimo: en los años cuarenta, René Spitz, un psiquiatra, observó, que en
    orfanatos y hospitales, los bebés que no recibían afecto, tendían a dejarse
    morir.

     

    Criar a los niños

    y niñas “lo mejor que se pueda” no es una mala consigna.

    El piso mínimo,

    debería ser proveerles techo, cama, comida, educación y salud y, un ratito por
    día, sí o sí, un poco de afecto y comprensión. Si es posible, mucho.

     

    Al final, lo

    único que están pidiendo estos “enanos tiranos” es afecto y comprensión.

    De los regalos,

    ni se van a acordar.

     

    #afectoycomprension

    #vivencia

    #renespitz

    #hospitalismo

    #marasmo

     

    4 min
  • Grupo menos una.
    A esta altura,
    estoy convencido de que las mujeres son las más aptas para la superviviencia de
    la especie. Se adaptan, son solidarias y no se destruyen entre sí.
    Es más,
    sobrellevan en grupo los pequeños y los grandes dolores que la vida nos provee
    en este apasionante recorrido que es existir.
    Y tienen un
    enemigo en común que las aglutina: los hombres.
    Pero bue, ese es
    otro tema.
     
    Los tipos somos
    básicos y rudimentarios y auto destructivos y no creo que eso vaya a cambiar. Para
    el afuera, es posible que nos veamos casi a la altura de los tiempos, casi
    deconstruídos. Pero entre nosotros, no hay deconstrucción que valga. Al que le
    decíamos narigón o enano o gordo, hoy le decimos narigón o enano o gordo, por
    orden de llegada. Sos y serás el rasgo que te describe. No es bulling, es
    economía comunicacional. También nos decimos y en la cara, facho o zurdo o rata
    o garca, según lo demande la temática del conclave.  Esa honestidad brutal tiene su precio y se
    paga. A veces, con una disculpa. A veces con una distancia espacio- temporal
    irreversible. Pero las cosas se dicen.
     
     
    En un grupo de
    amigas, una llega a la juntada con un nuevo corte de pelo y otro color y todas,
    casi a coro, gritan de algarabía y elogian todo y la valentía del cambio. Ella
    dice que al marido no le gustó el corte y todas dirán que es un pelotudo. Pero,
    horas más tarde, y en el grupo de whatsapp que no la incluye, dirán que “cómo
    se le ocurre tan cortito con la cara redonda y gorda que tiene y que ese color
    es horrible y que ella siempre fue así, que nunca tuvo gusto ni para la ropa ni
    para nada y un etcétera demoledor de dos horas, que incluirá otros rasgos como amarreta,
    zorra, “mosquita muerta” o ridícula.
     
    Es muy probable
    que todas sepan que el resto tiene un grupo de whatsapp que no las incluye. La
    ecuación sería: Seis amigas, igual, seis grupos menos una.
     
    ¿Es hipocresía?
    ¿Es traición? ¿Es maldad? No. Es pura sabiduría.
    #grupodewhatsapp
    #grupodeamigas
    #grupomenosuna
    4 min
  • Hablar con los muertos sería una gran cosa. (Fantasmas. PARTE 2)

    Mucha gente que conozco no cree que

    después de la muerte haya algo más, ni tampoco les cierra mucho lo de la
    reencarnación. (Qué sentido tendría reencarnar en algo distinto, si no te
    acordás nada de lo que eras antes, ¿no?).

    Habiendo descartado al paraíso, al limbo

    y al infierno como lugares creíbles, solamente quedan las opciones que suenan
    poéticas.

    “Vivir en el recuerdo de los demás o

    vivir en el legado o vivir en la descendencia”

    Ok, en todos los casos, vivir ahí, pero

    muerto.

    También está la opción de quedar por acá,

    flotando como una rara energía. Lo que te convierte automáticamente en
    fantasma.

     Últimamente, ando escuchando mucho

    testimonio, en primera persona, de gente a la que se le sientan en la cama o
    les hacen ruiditos raros o les agarran el pie y otras partes también.
    Fantasmas, digo, obvio.

    Por qué será que nadie se anima a

    descreerle a nadie las historias de fantasmas.

    No sé qué les falta para que uno se las

    crea totalmente.

    Claro, primero, habría que conceder que

    después de la muerte hay un lugar, por acá cerquita, en donde están sin
    trabajar, ni sufrir; sin enfermedades, ni problemas económicos. Que realmente
    pasaron a una mejor vida, que le dicen.

    Poder hablar con los muertos sería una

    gran cosa. ¿No?

    Un alivio. Una puertita entreabierta.

    O, por lo menos, tener alguna certeza de

    que te escuchan.

    Eso sería más que suficiente, pienso.

     Lo sé, porque en una estadística amateur

    que hice, la mayoría se quejaba de haberse quedado con cosas por decirles y muchas
    más por escuchar.

     

    Algunos me han confesado que les duele

    haberse quedado con unas cuantas preguntas sin respuesta, que han terminado por
    convertirse en especulaciones incomprobables.

     

    Hace tiempo que decidí no ir a los

    velorios.  No los entiendo. (Justo ahora
    que la agenda se empezaba a poner movidita). Será por eso que, a veces, me
    parece ver de lejos, entre la gente, a algún amigo que hace mucho que no veo.
    Me alegro y después me acuerdo de que está muerto. Mejor así. Quién me va a
    creer que tomé un café con un fantasma y que, encima, manda saludos para todos.

    #fantasmas

    #relatosdefantasmas

    #hablarconlosmuertos


     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • ¿3 meses de vida?
    Siempre que me
    llegaba un mensajito de audio a las 7 am, yo sabía que era ella.
    De vuelta del
    gimnasio a su casa, ella escuchaba mi podcast y me hacía una detallada devolución,
    que yo agradecía tipo 11.
    Después del
    trabajo, ella hacía “escalada en el muro” y no sé cuántas veces por semana se
    entrenaba para alguna maratón.
     
    Cuando comentamos
    que era absolutamente increíble que un tumor cerebral se la hubiera llevado,
    joven y femeninamente musculosa, en menos de 3 meses, casi todos coincidían en
    que eso pasa porque habría que hacerse muchos más estudios médicos.
    Y casi todos,
    además, tenían, por lo menos, un caso para contar de gente sana y empecinada en
    serlo, que se había muerto sin corroborar los beneficios de hacer girar sus
    vidas alrededor del bolsito con el buzo y las zapatillas.
     
    Muy pocos
    comentarios sobre eso de estar vivos y después estar muertos.
     
    ¿Si nos dijeran
    que nos quedan 3 meses de vida, dedicaríamos el tiempo a correr a ninguna parte
    o caminaríamos despacio para ver todo lo hermoso que tiene adentro este mundo?
     Y pregunto, ¿quién nos aseguró que nos quedan
    más de 3 meses de vida?
     Ok.
    Convengamos que
    el bombardeo de data sobre qué comer y qué ejercicio hacer para vivir más, ha
    ganado.
     
    Una charla
    ocasional no puede dejar de tener algún tip para atrasar la inevitable artrosis
    o sobre lo bueno de tener un intestino bien evacuado.
     
     
    Ayer terminé de
    leer La sociedad del cansancio, del filósofo coreano Byung – Chul Han. Ta muy
    bien.
    Nos describe como
    la sociedad del rendimiento y cita a Niesztche para decir que como Dios ha
    muerto, la salud ha sido elevada a nueva diosa y dice:
     
    “La actual
    sociedad de la supervivencia, que absolutiza lo sano, elimina justamente lo
    bello. Y la mera vida sana, que hoy asume la forma de una supervivencia
    histérica, se trueca en lo muerto. Somos zombis de la salud y del fitness,
    zombis del rendimiento y del bótox. De este modo, hoy estamos demasiado muertos
    para vivir y somos demasiado vitales para morir.”
     
    #byungchulhan
    #sociedaddelrendimiento
    #estudiosmedicos
    #lasaludeslanuevadiosa
    4 min
  • Malas decisiones.

    Sigo escuchando,

    de gente muy diferente entre sí, una misma frase que no termino de entender:

    A este mundo, vinimos a aprender, dicen.

    Para empezar,

    ninguno de nosotros “vino” a este mundo. En todo caso, nos trajeron de prepo.

     

    Y, es verdad, uno

    puede aprender muchas cosas. Como a cambiar el cuerito de una canilla, a comer
    con la boca cerrada, a levantar la tapa del inodoro y tanta otra información
    valiosa que vamos acumulando.

     

    Lo loco es que la

    frase “vinimos a aprender” la usan, casi siempre, ante situaciones que jamás se
    van a repetir de manera tal que podamos aplicar lo aprendido.

     

     

    En las relaciones

    entre humanos, por ejemplo, todas distintas e irrepetibles, no hay aprendizaje
    que nos enseñe qué decisión tomar.

     

    Y si fue mala o

    buena, siempre lo será con el “diario del lunes”. Contrafáctica, que le dicen.

    Ok. La toma de

    una decisión, por definición, nos hace desechar las otras opciones.

    Para colmo, ya se

    sabe que las decisiones son 90 por ciento emocional y 10 racional.

    “Tamo en el horno”.

     

    Clarice Lispector,

    la escritora ucraniano-brasilera, tiene un poema, muy conocido, que enumera las
    malas decisiones de su vida.

    El poema aparece en

    internet con muchos títulos.

    Gugleen “Ya escondí un amor por miedo de perderlo, ya perdí

    un amor por esconderlo”.

    Con esa figura literaria, el quiasmo, que es dar vuelta la

    frase y darle otro sentido, enumera su vida.

    Es genial. Dice, por ejemplo:

    “Ya caí innumerables veces pensando que no me iba a

    levantar, ya me levanté innumerables veces pensando que no caería más. Ya mentí
    y me arrepentí después, ya dije la verdad y también me arrepentí.

    Y , casi al final del poema, dice:

    “No me den fórmulas exactas, porque no espero acertar

    siempre. No me muestren lo que esperan de mí, porque voy a seguir mi corazón.
    No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual, porque sinceramente
    soy diferente. No sé amar a medias, no sé vivir de mentiras, no sé volar con
    los pies en la tierra. Soy siempre yo misma, pero ciertamente no seré la misma
    para siempre”.


    #claricelispector

    #malasdecisiones

    #quiasmo


     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • Melquíades.


    Lo peor que le podía

    pasar a nuestros antepasados remotos, era quedar afuera del clan. Les iba la
    vida en eso. Solo, no se podía sobrevivir.

    Y ese es un miedo

    ancestral que tenemos.

    No ser aceptados,

    no ser incluídos, ser apartados.

    Uff. Es lo peor ¿Sí?

    Pertenecer es lo

    importante, era el eslógan de una tarjeta de crédito.

    Entonces, aparece

    como un gran consejo de sociabilidad, que te digan que no digas lo que opinás.

    Es gracioso.

    Porque ese consejo va sólo dirigido al que no opina como la mayoría.

    El resto, puede

    repetir “el misal del lugar común” con total y absoluta impunidad.

    El misal puede

    ser retro, progre o conserva. Da igual.

    ¿No fue lo nuevo,

    lo diferente, lo disruptivo – como se dice ahora-, lo que nos permitió liberarnos
    de mandatos familiares y religiosos y sociales?

    ¿No era

    maravilloso que a tu Macondo le llegara un gitano Melquíades con las nuevas?

    Con mis

    coetáneos, crecimos en un tiempo nefasto y en una parte del mundo que tenía
    como respuestas “eso no se hace, de eso no se habla, cuco, pichí, caca,
    tradición, familia y propiedad”.

    Hoy, con ésto de

    las redes, afortunadamente, se habla de todo y sin ningún tipo de freno
    inhibitorio. Todo des sacralizado.

    La tradición es sólo

    una atracción turísitica, la familia es la que te tocó y la propiedad depende
    de un crédito hipotecario, si te da.

    Y con tanta

    opinión sobre todo, como dice Fernando Savater, habrá que usar el cedazo –
    etimología de criterio– para ver con qué te quedás y con qué no. Y respetar el
    derecho a opinar, pero sabiendo que no todas las opiniones son respetables.

    Es muy lindo, cuando

    alguien del Clan se anima a largar una opinión polémica, una mirada nueva de la
    vida. Es muy lindo comprobar la cantidad de opiniones nuevas que los demás
    también tenían adentro.

    A los miembros

    del clan, la vida nos pasó por encima y ya no opinamos igual, de prácticamente
    nada, que cuando la vida estaba por delante.

    Lo triste es que

    cuando llegás a tu casa después de una reunión en donde todos opinan lo mismo,
    lo único que puede sacarte algo nuevo de adentro es un UVASAL.

    #miedoancestral

    #melquíades

    #macondo

    #cedazo

    #criterio

    #savater

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • ¿Trabajando?

    Un diario titula:

    Paul Mac Cartney tiene 1.260 millones de dólares, pero sigue trabajando
    a los 81 años.

    ¿Trabajando?

     

    No hace tanto, me enteré que la palabra “trabajar” viene de “tripaliare”,

    torturar, en latín. Deriva de un instrumento de tortura que empalaba a un tipo
    a dos palos en equis y el tercero, no pregunten dónde.

     

    Porque trabajar nunca fue una buena cosa para la “humanidad

    de abajo”.

    “Quien no fue mujer ni trabajador, piensa que todo tiempo

    pasado fue mejor”, dice la Walsh.

     

    Paul Mc Cartney no sigue trabajando a los 81 porque no

    trabajó nunca. El sistema lo hizo millonario por un talento que hizo millonario
    al sistema. Eligió ser músico para no tener que ir a trabajar al puerto.

     

    Igual, no sería justo que a Paul  se lo recuerde ni por trabajador  ni por millonario.  

     

    Descubrir lo que te encanta hacer y que el sistema te lo

    pague, es el secreto para vivir cien años. IKIGAI le dicen a eso, los
    japoneses.

     

    No es trabajo.

     

    Me gusta pensar que la supervivencia se divide en trabajos y

    actividades.

     

    Messi, cada mañana, le dirá a Antonella que se va a entrenar

    o a jugar. Si le dijera que se va a trabajar, Antonella le diría :  ponele…

     

    Otro artículo habla de los multimillonarios sub 30, hijos de

    todos estos nuevos mega millonarios,  y
    lo titula LA MERITOCRACIA SON LOS PADRES.

     

    Esos pibes que ni siquiera salieron a buscar el mango,  ¿se irán a auto percibir trabajadores?

     

    Me encanta ese chiste del pibe que va a una entrevista de

    trabajo y lo recibe el dueño y le pregunta si sabe inglés y el pibe dice: muy
    poquito.

    –     Y Excel?

    –     No sé qué es eso – dice el pibe.

    –     Trabajos anteriores?

    –     No, nunca.

    –     Tendrías disposición full time?

    –     No, no. Martes y jueves, hago tenis.

    –     Bueno, el trabajo es suyo – le dice el patrón.

    –     Gracias, papi, el lunes te juro que empiezo.

    –     Dale. A las 8 te quiero acá– dice el padre.

    –     A las 9.

    –     Dale. A las 9.

    #Paul Mc Cartney

    #trabajar

    #tripalliare

    #IKIGAI


     

     

     

     

     

     

     

    3 min
  • Así en la Tierra como en las redes.

    Dicen que la cultura comenzó cuando el

    hombre empezó a enterrar a sus muertos y 
    a nombrar  sus tumbas.

     

    Velas más, velas menos. Lápidas o

    mausoleos. Pirámides, Taj Mahales o fosas comunes, la cosa no ha cambiado mucho
    en los últimos  80 mil añitos.

     

    La idea es la misma: decir a los demás “éstos

    son mis muertos” porque a ellos ya no podemos decirles más nada.

     

     “Si no saliste en los fúnebres del Los Andes, todavía estas vivo” decía, en los

    ´90, un directivo del diario, que sacaba cuatro páginas sábana con fúnebres,
    por domingo, y muchísimas más si el finado era un afamado médico, un bodeguero
    o un político. Una cosa muy mendocina que, en esa magnitud, no se daba en
    ningún otro diario del país.

     

    Esta tradición necrológica parece que ha

    pasado al Facebook.

     

    Casi todos los días, algún mendocino

    postea el deceso o el aniversario de la “partida” de algún familiar o amigo.

     

    Hasta

    ahí, sería sólo un fúnebre online, sólo un paso del papel a la red.

     

    El tema es que Facebook  no se presta mucho para eso. Antes del fúnebre

    pueden haber posteado, en el mejor de los casos, un chiste y después también.
    Sumale la confusión de ponerle un “Me gusta” a un muerto. Pero bue.

     

    Lo

    realmente curioso es el estilo “elegía” del texto: ¡va dirigido al muerto!

     

    Le cuentan cosas cotidianas. Suben fotos.

    Le dicen cuánto lo extrañan y tanta otra cosa, como si el “ex viviente” tuviera
    una cuenta activa.

     

    Una interpretación liviana podría ser que

    los consuela hacernos saber a todos cuánto lo querían y cuánto lo siguen
    queriendo.

     

    Otra podría ser que piensen, realmente,

    que ese texto en la red va a ser leído por sus muertos. No sería una locura
    sino una cuestión de creencias.

     

    (Locura sería que les manden un WhatsApp

    y se queden esperando las dos tildes azules)

     

    Todo

    bien. La muerte fue, es y será negada por el bien de nuestra salud mental.

     

    Para

    colmo, Facebook  te sigue deseando que
    pases un feliz cumpleaños después de muerto. Ta raro, eso, no?

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • Too Much Information

    Ayer, escuchaba

    ese gran tema de Police, Too much information, Demasiada información. La letra
    repite las mismas dos frases.

    Demasiada

    información corriendo a través de mi cerebro.

    Demasiada

    información volviéndome loco.

    Sobre mi cadáver. Sobre mí. Sobre ti.

    Sobre todo el mundo, dice cantando, Sting.

    El tema es del ’81.

    Hace cuarenta y pico de años y solamente con gráfica, tele y

    radio, el exceso de información ya era angustiante.

    Imagínate hoy.

    Obviamente, guglié la etimología de información: instruir, enseñar, dar forma a la mente, disciplinar.

    Guau.

    ¿Dar forma a la

    mente y disciplinar son dos acepciones que dan miedito, no?

    Pero lo vienen

    logrando.

    Acá, me parece

    que el tema pasa por cómo la gestionamos, cada uno de nosotros.

     

    (Me da risa

    cuando te advierten sobre imágenes sensibles y aparece un león que se está
    almorzando un ciervito, como si los leones comieran tallarines)

     

    Gestionar desde

    los pequeños temas cotidianos hasta las grandes malas noticias sobre la gente
    que queremos o las policiales o las malas del país y el mundo, es una faena
    imposible.

    Y ahora, andan

    tirando la posibilidad de una tercera guerra mundial.

    Te diría que esa

    es la más digerible, porque son tan impensables las consecuencias y tenemos tan
    a mano tanta película distópica que se vuelve ficción. Y eso que dicen que es
    más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Pero bue.

     

    “Que no te turbe

    lo que no puedas solucionar”, dice el refrán.

    Lo que sí es un

    hecho es que ser humanos hoy y con tanta información mundial nos pone
    definitivamente en estado de cínicos.

    Y no nos hace

    malas personas andar más amargados porque se volvió a romper el calefón que por
    los misiles en Gaza.

     

    En todo caso, son

    muy poquitas las cosas que podemos modificar de este mundo delirante. (Te diría
    que nada, pero no quiero ser tan pesimista).

     

    Menos mal que el

    cerebro es astutamente permeable y no nos deja olvidar que la vida es mucho pero
    mucho más que lo que pasa afuera.

    #demasiadainformacion

    #police

    #sting

    #gestionarinformacion

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     


    4 min
  • Las hijas no quieren tener hijos/as.

    Éste no es un tema de todos.

    Es solamente de los que tenemos hijas que no quieren tener hijos o hijas o, de momento, la piensan y la piensan.

     

    Y el tema se empieza a volver problema, para nosotros no para ellas, porque son treintañeras y nosotros con el osito rosado a medio tejer…

    Entonces, arriesgamos diagnósticos sobre estos tiempos en los que les toca ser jóvenes fértiles.

     

    Todos ciertos, a medias. No se puede pensar como alguien joven, 40 años más tarde. Atrasamos.

     

    Casi que no nos podemos creer que estas pibas anden decidiendo, por sí solas y a contrapelo de las costumbres de la sociedad, no traer hijos a un mundo injusto, desastroso y autodestructivo. ¡Pero cómo se les ocurre!

     

    Hay gente que piensa que siempre todo estuvo mal, pero igual se trajeron hijos al mundo, sin pensarla tanto.

    Coincido en algo: casi siempre, los hijos se trajeron sin pensarla demasiado.

     

    Pienso, también, en todas esas parejas constituidas, de todos los tiempos, que tomaron la opción de interrumpir embarazos, porque entendieron que en “sus mundos” personales, reales y emocionales, no estaban dadas las condiciones.

    Claro que antes, de eso, no se hablaba.

     

    Pero bue. Siempre el mundo es el que tenés bajo tus pies, en tu cuero y con tus posibilidades.

    El otro, es un simple globo terráqueo.

     

    Hoy, las pibas tienen un mundo gigante delante de ellas, lleno de posibilidades y de imposibilidades y, además, saben mucho mejor que nosotros, que con un bebé en brazos y otro en el carrito, se complica bastante.

     

    “Si tenés hijos, no podés progresar”, dice Homero Simpson.

    Además, las pibas no tienen muy en claro qué parte les toca en eso de “formar una familia” o cuáles serían los beneficios, porque no estarían saltándoles a la vista. (No aclaremos que oscurece)

     

    Ok. Chicos van a seguir viniendo, aunque ellos no lo elijan, siempre.

    Las clases altas necesitan herederos y las clases desposeídas esperan darles un mundo mejor que el que tuvieron ellos.

    Y siempre será la clase media la que dé la nota. La que tome la vanguardia en todas esas tonterías que incluyen, programar la llegada de los hijos, divorciarse por falta de amor, ensamblar hogares, dar libertad absoluta a los hijes y preguntarse y re preguntarse, todo el tiempo, sobre el origen del “agujero del mate”.

    #natalidadprogramada

    #treintañerassinhijos

    #nosermadres

     

     

    4 min

About 300 palabras para (des) aprender a vivir.

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Nunca hicieron falta más de una o dos palabras para decir las cosas en forma sincera y, algunas pocas más, para abrir o cerrar capítulos enteros de nuestas vidas. 300 palabras parecen pocas pero son muchísimas si se ordenan, una detrás de la otra, y logran el objetivo de comunicarnos.