300 palabras para (des) aprender a vivir.

300 palabras para (des) aprender a vivir.

By Guillermo S. GiaquintaSociety & CulturePersonal Journals
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300 palabras para (des) aprender a vivir. episodes

  • Ceros a la derecha.


    Sé de muchas

    historias de vida en donde alguien pasó de la opulencia a la miseria.

    Todos conocemos

    alguna. Vueltas de la vida, que le dicen.

    Más o menos, esas

    vidas se acomodan y, en el mejor de los casos, descubren que el lujo era vulgaridad,
    como decían los Redondos. Que, finalmente, la vida pasaba por otro lado o que,
    por lo menos, la vida sigue en libertad, que no es poca cosa.

     

    Me impacta, por

    muchas razones, la historia de un juez, enriquecido ilícitamente, que duerme
    desde anoche en una cárcel mendocina.

     

    Viajes, lujos,

    placeres y poder, (parece la promo de una película mala), y mucho poder, le van
    a quedar como un mal sueño. Porque cuando despierte, cada mañana, lo mejor que
    va a pasarle es acomodarse a la realidad, que se le presenta como bastante
    permanente, y empezar a entender sus días pasados como en un sueño. Porque
    ahora vive una pesadilla.

    Sin lujos, sin

    comodidades, la vida se complica para el que vivió entre lujos y comodidades.

     

    Me impacta porque

    con los gigantescos ingresos genuinos mensuales que tenía el tipo, quiso más.

    Qué loco eso, ¿no?

    ¿Ser insaciable

    será una patología?

    ¿Cuántos ceros

    querés tener en tu cuenta?

    ¿Cuánta guita es

    la suficiente?

     

    Me impacta porque

    las cárceles están llenas de gente que no encontró una forma socialmente
    aceptable de cubrir sus necesidades o por los que resolvieron las cosas de la
    vida de manera brutal y salvaje.

     

    Pero esta clase

    de pelotudos, no éste en particular, sino todos los que como él lo tuvieron y
    lo tenían todo pero querían más, ¡uf!, son incomprensibles.

     

    “Quién te quita

    lo bailado” es un dicho que no consuela a nadie.

     

    Me sigue

    pareciendo que la cosa no es haber sido “el gran piola” una vez sino un poco
    piola, todos los días de tu vida.

     

    De pibe me

    aprendí un versito que cada vez entiendo mejor.

    “La ciencia más

    acabada

    es que el hombre

    bien acabe

    Porque al final

    de la jornada,

    el que se salva

    sabe.

    Y el que no, no

    sabe nada”.


    #cerosaladerecha

    #corrupcion

    #ambicion

    #juezaprision


     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • De qué lado estás?


     

    La verdad es que, con el tiempo, uno aprende a aceptar que,

    casi siempre, alguien llega antes que vos. Y que el lugar que te toca es
    completamente accidental, en esta vida.

     

     

    El que está ahí, hace media hora, seguro que es cocinero de

    algún restorán.  Qué pesado! Él y su
    canasto. Y encima cambia las verduras que no le parecen “bellas”, y lo dice en
    voz alta, el pelotudo.

     

    Ahora, nos hemos juntado como diez en esta verdulería.

     

    Y no sé por qué, me siento observado.

     

    Ayer dieron los resultados electorales de mi provincia y

    resulta que 4 y medio de cada 10 de los que estamos acá, están de acuerdo con
    la compra y venta legal de órganos.

     

    Me acordé de ese documental de Nepal, que hablaba del “valle

    de riñones”, o algo así. Parece que un sismo destruyó una aldea de gente
    humilde y a algún “emprendedor” se le ocurrió ofrecerles 2 mil dólares por un
    riñón.

     

    Las imágenes de grandes y chicos con una cicatriz gigante en

    el costado son, como mínimo, amargantes. Pero más te asquea que algunos vecinos
    cuentan que les pagaron sólo 250 dólares y el informe dice que se venden por 10
    mil.

    Oferta y demanda, que le dicen. Baja el precio porque son

    muchos los que ven a esa aberración, como única salida y porque ya se ha vuelto
    una tendencia en los alrededores. Alrededores pobres, obvio.

     

    Sé, por mi oficio, que la decisión del voto no tiene una

    única razón.

    Sé también que las promesas electorales no están hechas para

    cumplirse pero sí para mostrar de qué serían capaces.

    Y que existe en nosotros ese necio sesgo de confirmación que

    no deja pensar libremente y tanta otra cosa.

     

    Pienso que, en un punto, la buena decisión de un voto

    pasaría por preguntarte, con la manito en el corazón,  de qué lado estás.

     

     

    Pero digo, en este tema de los órganos,  no se les ocurre pensar quién va a ser el

    comprador y quienes los vendedores?

     

    Yo, de momento, no me preocupo demasiado, porque me parece

    que, a golpe de vista nomás, no doy como donante de nada.

     

    A lo mejor, las zapatillas. 

    Escucho ofertas.


    #ventadeorganos

    #vallederiñones

    #dequeladoestas

    #sesgodeconfirmacion

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • Sin expectativas.

    Ayer, a la tarde, apareció en mi casa ese amigo que se toma

    dos mates y sigue viaje.

     

    (A esta altura de la vida, Amigo no es uno, ni único ni el

    mejor. Amigo no tiene otra categoría que alguien con quien te comunicás desde “las
    tripas”. Ni poco ni mucho. Con lo que hay ese día, arriba de la mesa. Pero con
    verdad.)

     

    No me hace muchas devoluciones sobre mis “buenísimas nuevas”

    pero sé que me escuchó, aunque él venía con ganas de contarme su agobio pero yo
    no lo dejé hablar primero. Así somos los que tenemos ataques de euforia, no?

     

    Se fue y me dejó pensando que la realidad que te llega desde

    las noticias de los medios te puede sacar de eje. A él le estaba pasando por el
    ánimo la guerra de allá, los pronósticos pesimistas de acá y el desconcierto de
    lo inseguro, improbable y poco auspicioso que es todo en este mundo y a esta
    altura de la vida, en donde no te enrolaría ningún ejército de nada y te
    sugieren sentarte a la sombrita y calladito, lo cual no me parece ningún mal
    plan.

     

     

     

    No vivimos en el mismo planeta?, pensé.

    Obvio! Si yo me pongo el chip apocalíptico y conspirativo,

    no me levanto de la cama.

     

    Tampoco creo que uno pueda vivir en el planeta “nube de pedos”

    porque pertenecés a la generación donde la palabra causa, salvo en el Scrabble,
    valía mucho más que individualismo.

    (Hoy, me lo pienso.)

     

    Mientras él se subía a su bici, yo le dije que teníamos que

    aprender a vivir sin expectativas. O mejor, partiendo del supuesto de que nada,
    pero nada de nada, en este planeta, es como querríamos.

    Como esa abuela que le decía a su nieta que arrancara la

    mañana sabiendo que “si estás preparada para la tristeza, la vida te sorprende
    con alegrías, cada día”.

     

    – Uh. Qué fácil! – me dijo – Vos porque andás enamorado.

     

    Andar enamorado. “No es mal planeta, ese”, me dije.

    .

    .

    .

    #sinexpectativas

    #scrabble

    #causa

    #individualismo

    #amistad

     

     

     

     

     

     

     

    3 min
  • Vidas comparadas.
    “Todas las
    familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un
    motivo especial para sentirse desgraciada”.
    Esa es la primera
    frase que usó Tolstoi en su Ana Karenina.
    Y yo no puedo
    dejar de leerla como una gigantesca ironía.
    Ahí, contaba el
    problemón que le acarreaba a los Oblonski una infidelidad descubierta.
    (Jodeme).
     
    Como buen hijo de
    padres separados que fui (y digo fui, porque ya estoy muy grande como para
    seguir siendo hijo, a pesar de que hoy, los hijos no se “destetan” ni a los 40);
    como buen hijo de padres separados, decía, creía que la cigüeña me había dejado
    en el peor de los hogares posibles. Que el barrio y el mundo conocido, estaba
    lleno de familias Ingalls y justo me tocaba a mí convivir con un matrimonio que
    no había resultado exitoso.
     
    Después, la vida
    adolescente te da esa oportunidad de entrar, sigiloso, a otras casas y a otras
    dinámicas y te apresurás a pensar que, la verdad, lo tuyo no estaba nada mal.
     
    O, por lo menos,
    comprobar que los Ingalls eran una pretensión naif.
     
    Ahora, los que
    tenemos la maravillosa suerte de seguir conociendo gente que quiere dejarse
    conocer y conocernos, nos rendimos ante la evidencia de que la vida es lo que
    has hecho vos con lo que hicieron de vos, como decía Sartre.
    Gracias o a pesar
    de tu familia.
     
    Y Familia se
    convierte en un sustantivo colectivo inevitable, lleno de errores y que,
    algunas, ni siquiera tienen el imprescindible acierto del cariño.
     
    Familia, se carga
    de tantos significados como familias haya y, desagregando, padre, madre,
    hijes, cuñades, primes, abueles, yernos y nueras, también.
    Cada uno las
    define con su propia experiencia.
    Pero bue. Tolstoi
    lo dijo muy bien y, en su tiempo, se animó a dividir a esa institución
    intocable, en felices e infelices.
    El único que se
    anima, hoy, a dar definiciones únicas, lacrimógenas  y universales, es el Facebook con su frases
    pelotudas. (léase, cursis e intrasferibles y llenos de ME GUSTA).
    #tolstoi
    #anakarenina
    #familiasfelices
    #familiasinfelices
    #sartre
    #vidascomparadas
    4 min
  • Locos como el clima.

    Hace mucho, mucho, mucho, de cuando el invierno era invierno

    y la primavera era primavera, leí una nota a Timothy Leary, un psicólogo
    militante de las sustancias psicodélicas, diciendo que había que imitar a
    algunas flores, que se cierran cuando el sol se va y vuelven a abrirse cuando
    el sol vuelve. Cocooning, le decía a eso.

     

    Yo era jovencito y creía que la sabiduría popular era sabia.

    Nada más falso, no?

    Esa sabiduría indicaba que, si estabas triste por un mal de

    amor, tenías que salir y divertirte. Otra, que un clavo saca a otro clavo. (Gran
    bolazo, ese! Intentalo).

    O que no hay mal que por bien no venga. Esa, creeme, no sólo

    nunca la entendí sino que tengo una “ponchada” de ejemplos de vidas que van de
    mal en peor y el bien no se estaría viendo venir.

     

    Pero aparecía este Timothy con eso del cocooning, del

    encapullamiento, hasta sentirte bien. Revelador.

     

    Lo que pasa con estas analogías con lo natural es que hay

    que aceptar que lo natural también es dinámico.

     

    Hoy, aunque con primaveras con días invernales y otoños

    asfixiantes de calor, lo natural es lo que hay.

     

    Así somos hoy los seres humanos de cambiantes y el clima nos

    acompaña.

    (Ok. A lo mejor tenemos el clima que nos merecemos).

     

    Ahora, querés estar triste en primavera? Aprovechá que se

    nubló.

    Querés generar grandes cambios en tu vida pero es invierno?

    Aguantá que ya sale el sol.

     

    Porque viste eso mágico que, a veces pasa, que el clima

    acompaña a los estados de ánimo. Bueno. Ahora no hay que esperar.

     

    Es cierto, también se dan cortejos fúnebres con soles

    esperanzantes y casamientos al aire libre con lluvias torrenciales. Pero bue.

     

    Alguien me contaba que su analista le recomendó no tomar

    aquella gran decisión de divorciarse hasta que llegara la primavera y que así lo
    hizo y que había sido “una intervención muy pertinente”.

     

    Un analista dando consejos meteorológicos?, pensé.

    No está mal.

    El tiempo está muy loco.

    Y nosotros también.

    .

    .

    .


    #locoscomoelclima

    #timothyleariy

    #cocooning

    #todoslocos

    #elclimaquenosmerecemos


     

     

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • Preguntas cursis.
    Cuando se dice Historia de Amor, todos entendemos lo mismo?
    Ok. Cada uno le puede poner a su experiencia, como quiera.
     Un subnormal indiscreto, subió a las redes un video de un
    momento,  muy íntimo, de un viejito de
    más de noventa llorando, en el hospital, la muerte de su también nonagenaria
    amada y diciéndole “te amo, esperame, ya voy”. Se viralizó, obvio.
     Tremenda historia de amor. O por lo menos, con final
    recontratriste.
     
    Pero, para los que no hemos llegado a los noventa ni hemos
    pasado tanto tiempo con una misma pareja, una Historia de amor, es algo que se
    define sólo cuando llega el final. Si no, no sería una historia.
     
    Aunque, por no dejar de aprender de la vida, nomás, pregunto,
    uno podrá darse cuenta en el mismo momento en que se la está viviendo?
    Puede ser.
    Pero con tanta dopamina y tanta novedad y tanto
    descubrimiento mutuo, se puede caer en un juicio prematuro. Temerario.
     
    Pero qué problema habría en pensarla así?
     
    “Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias. Se
    quedan ahí. Ni el recuerdo los puede salvar”. Dice Silvio.
     
    Las historias de amor tienen que tener dolor, tensión
    permanente, conflicto y final?
    O pueden ser serenas, fluyentes, amables y para siempre?
     
    Bueno, no lo sé. No importa. El tema es que, por definición,
    para ser historia, tienen que ser “acontecimientos y hechos que pertenecen al
    tiempo pasado”.
     
    Así que no podés decir que estás viviendo una historia de
    amor. No se puede. Vas a tener que esperar a que se termine o, como los
    casados, contar por enésima vez, cuando se conocieron.
     
     
    Cristina Peri Rossi, escritora uruguaya, tiene un poema, muy
    cortito, sobre una historia de amor y un final. 
    Se los leo.
     
    Salimos del amor
    como de una catástrofe aérea.
    Habíamos perdido la ropa,
    los papeles;
    a mí me faltaba un diente
    y a ti la noción del tiempo.
    ¿Era un año largo como un siglo
    o un siglo corto como un día?
    Por los muebles,
    por la casa,
    despojos rotos:
    vasos, fotos, libros deshojados,
    Éramos los sobrevivientes
    de un derrumbe,
    de un volcán,
    de las aguas arrebatadas
    y nos despedimos con la vaga sensación
    de haber sobrevivido
    aunque no sabíamos para qué.
    #cristinaperirossi
    #historiasdeamor
    #silviorodriguez
    #amorescobardes
    #salimosdelamor
    4 min
  • Nunca de cero.


     

    “Según nuestras investigaciones, un 61%

    de las personas prioriza tener experiencias por sobre la adquisición de bienes”.

     

    Con el “según nuestras

    investigaciones…” te zampan una consigna totalmente sesgada por los que
    pagan la nota, esto es, aerolíneas, hotelería, gastronomía y afines.

     

    Le bajan el precio a la idea de experiencia, la reducen al

    turismo,  y te marcan las prioridades.

     

    No sé muy bien quién

    es el que va cargando de nuevos significados a las palabras. Me parece que es, sencillamente,
    la vida.

     

    De chico, “experiencia” me quería decir que alguien tenía un

    conocimiento acumulado de algo. Era útil. Lo aplicaba. Lo tenía sólo la gente
    grande, obvio.

     

    Simultáneamente, Bonavena me clavaba la duda con eso de que

    “la experiencia era el peine que te dan cuando te quedás pelado”.

     

    Esto es, de útil a inútil, en dos minutos.

     

    Ok. La palabra experiencia adelante de plomero , cirujano o

    tarotista, es lo que te ayuda a definir la elección.

     

    Puede ser, también, que volar por primera vez sea toda una

    experiencia.

    O probar cerebro crudo de mono.

     

    Pero en las relaciones humanas, tu experiencia acumulada con

    humanos, aporta algo?

    O  levanta una muralla

    que tenés que voltear, ladrillo por ladrillo, si es que querés dejar que ese
    humano entre en tu mundo.

     

    Cada relación nueva empieza de cero?

     

    No! La puta experiencia no deja bajar la guardia hasta no sé

    que round.

     

    “Si yo pudiera como ayer, querer sin presentir”, dice el

    tango.

     

    Me parece que una nueva manera de encarar asertivamente a

    esas “casi siempre raras experiencias con nuevos humanos” es posible. 

    Se podría lograr con un pequeño cambio de verbos.

     Si usáramos el “estamos”

    en lugar del “somos”, podríamos llegar a confundir, por un rato, a las
    emociones pasadas.

     

    – Qué somos?– dice ella.

    – No lo sé. – dice él – Hoy estamos, que no es poco.

    #turismo

    #experiencia

    #nuevasrelaciones

    #cambiarestamosporsomos

    #Bonavena

    #elsignificadodelaspalabras

     

     

     

     

     

     

    3 min
  • Un lunes olvidable


     

    “Todos nuestros operadores están ocupados, pero aguarde en

    línea y será atendido en instantes”.

    Definime instantes, por favor!

    “Tiempo breve, casi imperceptible”, dice la wiki.

     

    El sábado denuncié una compra que yo no hice, en dólares, en

    mi tarjeta. Una chica con acento caribeño me sugirió un bloqueo preventivo y
    que el lunes lo comunicara en mi banco. Ok, gracias, dije.

     

    Qué rápido y qué práctico y qué lindo que es todo, hoy!

    También me dije.

    Milito eso de que el tiempo no se gana ni se pierde. Está

    ahí, transcurriéndonos.

    Te guste o no te guste.

    Hacer nada, no es perder el tiempo.

    Ver una serie, no es perder el tiempo.

    Estar tirado en un sillón con el celu, tampoco.

    Trabajar no es ganar tiempo, al contrario.

    Es ocupar mucho tiempo para ganar plata y no tener tiempo

    para gastar toda esa plata, dicen.

     

    Pero estar todo el día marcando un mismo número y siguiendo

    las mismas instrucciones y tratar de seguir con las cosas del día con el celu
    en la mano y esperando a que te contesten y que no te contesten es  desalentador. Es la metáfora del fracaso. Pior!
    Es regalarle tu día al que no se lo merece.

     

    Porque tu cabeza estuvo copada y ocupada por una tarea tan

    imbécil y tan poderosa que no te dejó hacer otra cosa que pensar en eso y sólo
    eso.

     

    En la fila de un trámite te podías leer medio libro y veías,

    de reojo, que, de a poquito, ese suplicio iba a terminar. No hay plazo que no
    se cumpla. La fila avanzaba. Hasta podías conocer gente. O encontarte una cara
    conocida y decirle: “Discúlpeme, no le había reconocido: he
    cambiado mucho”. ( Frase genial pero no es mía, lamentablemente. Es de Oscar Wilde).

     

    Estos tiempos homebanking y aplicaciones y todo online son

    maravillosos. Pero si algo se sale de protocolo, respira profundo.  

    Ya no se ve el cartel ese de “Atendido por sus propios

    dueños”.

    Y putear a los pobres pibes del telemarketing es hasta de

    mal gusto.

    .

    .

    .

    #aguardeuninstante

    #oscarwilde

    #telemarketers

    #ganareltiempo

    #perdereltiempo

    #regalareltiempo

     

     

     

     

    4 min
  • Recuerdos raros.


     

    Siempre que me acuerdo de algo, así, de la nada, busco el por

    qué se me vino esto a la cabeza y algo que vi o que escuché o que relacioné es
    la respuesta. Pero, ayer, no pude encontrar el motivo de un recuerdo muy viejo
    y muy gracioso que me llegó, con los primeros mates de la mañana, y me arrastró
    hasta mis 7 u 8 años o por ahí y me dejó tildado un hermoso ratito.

     

    (a veces me pasa

    que cuando me acuerdo de algo y no tengo a nadie al lado para contarle se me
    aparecen las imágenes como en una película).

     

    En la casa de mi tía/madrina, en una de esas largas reuniones

    de domingo y uno con los deberes sin terminar,  llegaba el numerito de ese al que le decíamos
    tío pero no era tío.

    Silencio. Alguien que ponía un disco de zarzuela con ruido a

    púa y muy fuerte y este tío que entraba con un clavel en la boca, un rulo en la
    frente y una mantilla española arriba de su camisa con corbata y empezaba a
    imitar a Niní Marshall.

     

    Todas las mujeres, en primera fila, se reían con ganas y yo

    me reía también, porque mi mamá se reía.

    Los tipos, más atrás, se reían pero sin mucho entusiasmo y

    hacían comentarios por lo bajo.

     

    El número terminaba junto con el disco y  aplausos y gritos y le pedían otra, otra y

    este tío que decía que no y que no y se acomodaba el pelo y la camisa y la
    corbata y se sacaba la mantilla y se ponía el saco. Me llamaba la atención cómo
    pasaba del histrionismo brillante a una formalidad incómoda. Como de alegre a
    triste. No parecía el mismo. Sin despedirse, desaparecía de la reunión.

     

    El era el más evolucionado de su familia de gente de campo.

    Era un contable, como se decía. Era fino, decía mi mamá. Era diferente, decía mi
    viejo y mi mamá lo codeaba.

     

    Este recuerdo tiene más de medio siglo. No creo que los

    diferentes de hoy se sigan ocultando adentro de un saco y una corbata. Sería muy
    triste, no?

    Pienso que no.

    #ninimarshall

    #recuerdos

    #salirdelcloset

    #serdiferente

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    3 min
  • Viejas/os asquerosas/os?

    Una mujer, de unos “sesentitantos”, viuda desde hace dos

    años, contrata a un “taxi boy” porque nunca, en su vida, ha tenido un orgasmo. (No
    estoy hablando de nadie que conozca). Es una película con Ema Thompson y no voy
    a contar más nada porque es una historia pequeña pero al guión no le sobra una
    palabra. Se llama Buena suerte, Leo Grande. Está en Netflix.

    Digo esto sólo. El pibe, en un momento dado, le dice que es

    una mujer muy hermosa y que muchos deben querer tener sexo con ella.

    – Sí, –le contesta, ella– pero son todos viejos…

     

     

    Se viralizó en las redes un testimonio de una españolita veinteañera

    que quería enseñar como “pararle el carro” a unos tipos “de más de 40 años”,
    dice ella, que, en la vía pública, le habían dicho cosas o algo así. Joder!

    La piba cuenta que se plantó, les dijo que qué les pasaba y

    los tipos se “fueron al mazo”. Remata su historia diciendo que “así hay que
    hacer con estos asquerosos, viejos verdes, callaos la boca, ya!”

    Me parece que en Argentina ya está instalado eso de no

    piropear u opinar sobre los cuerpos de nadie o, por lo menos, ya todos saben
    que eso no se hace.

     

    Ahora, pienso, qué faltaría por deconstruir?

    Tengo entendido que el deseo sexual no envejece y que el

    objeto del deseo es, más o menos para “todes”, el que nos dictó la naturaleza
    cuando lo único que quería era que 
    procreáramos . Lo deseable tiene una carga instintiva muy fuerte aunque,
    con lo cultural, uno decide qué, cómo, cuándo, dónde, con quién, y por qué.

    La atracción por los cuerpos jóvenes no convierte a nadie  en “Verde” sino en un simple humano veterano y

    deseante.

     

    “La tragedia de la

    vejez no es que uno sea viejo, sino haber sido joven”; escribió Oscar Wilde.

     

    Por otra parte, asqueroso/a sería un viejo/a que se saca los

    mocos o se tira pedos delante de la gente. No el que desea.

    Además, asqueroso/a es un adjetivo que siempre se llevó muy

    bien con el sexo.

    Ok. Opinable también, eso.

     

    #deconstruir

    #viejaverde

    #viejoverde

    #oscarwilde

    #orgasmoalossesenta

    #buenasuerteleogrande

    #netflix

     

     

     

     

     

    4 min

About 300 palabras para (des) aprender a vivir.

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Nunca hicieron falta más de una o dos palabras para decir las cosas en forma sincera y, algunas pocas más, para abrir o cerrar capítulos enteros de nuestas vidas. 300 palabras parecen pocas pero son muchísimas si se ordenan, una detrás de la otra, y logran el objetivo de comunicarnos.