300 palabras para (des) aprender a vivir.

300 palabras para (des) aprender a vivir.

By Guillermo S. GiaquintaSociety & CulturePersonal Journals
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300 palabras para (des) aprender a vivir. episodes

  • ¡Andá a lavar los platos!

    La charla estaba

    hermosa. Acalorados, discutiendo sobre qué angustiaría a los cavernícolas y si
    sería el mismo nivel de angustia que el del hombre de hoy.

    ¿Una boludez

    discutir por eso?

    ¡De ninguna

    manera!

     

    Acalorarse por ideas

    que te hacen sentir adentro de la condición humana, es maravilloso.

     

    Por supuesto, si

    el tema de la charla incluye los mismos tópicos de siempre,

    (qué rico todo, qué

    caro todo, las noticias del día y viste quien se separó),

    nadie se acalora

    y parece que todos pensamos lo mismo. Falso.

     

    Justo que mi

    amigo “el romántico”, el que sostiene que existen diferencias entre hacer el
    amor y tener sexo, justo que planteaba el crucial interrogante sobre si los
    cavernícolas tendrían sexo o harían el amor, una de las mujeres, profesional,
    académica, auto sustentada y empoderada, se levantó a lavar los platos.

     

    ¡Uy, cómo me

    molesta, eso!

    ¿Yo digo, no se

    pueden lavar mañana?

    ¡Que no! Saltaron

    todes. Que la grasa se pega, que es un ratito, que es horrible ver los platos sucios
    a la mañana.

    Te juro que la

    próxima vez que, en una reunión, alguien se levante de la mesa para lavar los
    platos, yo me voy a ir a limpiar los vidrios del auto.

     

    Si no entienden

    la diferencia entre lo urgente y lo importante, yo tampoco.

    Pero bue. Tranquilo.

    Lo que te enoja te domina, me dije.

     

     

    Me quedé hablando

    solo, tratando de argumentar que hoy nos angustiamos por muchísimas cosas más y
    más sutiles y más tontas, que aquel hombre que, de a poquito, se iba pareciendo
    menos a los monos.

     

    Ok. Comida, sexo

    y techo siguen ocupando el podio de las cosas que, si no las tenés, te
    angustian. Lo bueno y lo malo de la evolución está en cada uno de nosotros.

     

    Hoy, a la mañana,

    pensaba: aquella mujer de las cavernas que se quedaría cuidando las crías y
    alisando cueros y apaleando carne de mamut, es muy probable que se levantara a
    lavar los cacharros mientras los hombres contaban hazañas.

    ¿Nada nuevo bajo

    el sol? Puede ser, pero me resisto a pensar así.

     

    3 min
  • Piel de gallina. (Fantasmas)
    De un tipo muy serio, de esos que cuando hacen un chiste uno demora en reaccionar, escuché la
    primera historia paranormal, narrada en primera persona, que me puso la “piel
    de gallina”. Yo tenía unos 17 años y este señor andaría por los “cincuentipico”.
    Un viejo, pensaría yo. Era el padre de una noviecita y, en la cara de esa
    noviecita, yo comprobaba que el tipo no mentía.
    Parece ser, que al
    padre de aquel suegro, como estaba convaleciente de no sé qué, lo habían instalado
    en la habitación de la casa con más sol, que era la suya, y que él, junto a su
    hermano, dormían, provisoriamente, en la de los padres. Que llamaron al médico,
    de noche, porque el enfermo se había puesto muy mal. Que el médico empezó a
    sacar cosas del maletín mientras la madre les cerraba a los niños la puerta en
    la cara. Que él y su hermano, sentados, calladitos, en la cama matrimonial,
    vieron abrirse las puertas del ropero y cómo se movían las perchas con los
    sacos de su padre. Un par de segundos después, su madre que entra llorando a
    darles la peor noticia.
    El tipo lo
    contaba como algo real y concreto. Algo vivido. Sin agregar ninguna
    explicación. En todo caso, a él, no le hacía falta.
     
    ¿Quién no ha
    escuchado sobre cosas inexplicables?
    Una amiga, super mental
    y concreta, bastante ofendida porque yo trataba de darle alguna explicación
    normal por algo “muy paranormal” que le había pasado, hoy me dijo que le dieron
    el dato de una médium para consultar.
     
    ¿Una médium?, le
    pensé en la cara.
    “Las cosas son lo
    que son”, le dijo a mi cara.
     
    Todos los pueblos
    del mundo tuvieron y tienen sus milenarias versiones sobre lo inexplicable.
    Todos los
    explicadores tienen su librito, de dudoso autor, según la creencia del
    preguntador.
    Hasta la mismísima
    ciencia recopila los sucesos, pero no se expide.
    Yo, le pongo la
    cuota de incredulidad necesaria como para no dormir tapado con la sabana hasta
    la cabeza y creo que le creo al que me lo cuenta.
    Aceptemos. No
    todo tiene explicación, pero tampoco quiere decir que no vaya a tenerla.
    Igual, a la hora
    de lo inexplicable, las explicaciones importan muy poco.
    4 min
  • MIRAR LEJOS.

    Escuché que le

    hace muy bien a los ojos, a la vista, digamos, mirar lejos.

    Todo el tiempo

    con pantallas y pantallitas no sería bueno.

     

    Igual, de

    siempre, me encanta, bien de noche, mirar al cielo.

    ¡Eso es mirar

    lejos! ¿No?

     

    Para darle un

    toque existencial, hay que mirar tratando de superar ese telón negro lleno de puntitos
    brillantes y pensar que no es algo plano, que unos están más lejos y otros más
    cerca.

     

    Pero bué, cada

    uno mira al cielo con lo que tiene adentro.

     

    Unos pensaran que,

    en algún momento, van a estar ahí, cuando se mueran, sólo si se han portado
    bien. Y que sus seres queridos los miran desde el cielo, mientras esquivan los
    satélites de Elon Musk.

     

    Otros pensarán

    que el universo les está resolviendo los problemas de mañana mientras les
    prepara un gran plan para pasado mañana.

     

    Alguno verá una

    estrella fugaz y le pedirá un deseo, aunque estadísticamente, tengan el mismo
    índice de incumplimiento que las cadenas de oración.

     

    Pero otros, sin

    pensar a qué divinidad le están toqueteando el plan, miran al cielo con
    aparatos y hacen cálculos gigantescos y trabajan para descubrir, con tiempo
    suficiente, si se nos viene encima el cascotaso final.

     

     

    Ayer, leí una

    nota sobre la primera experiencia que se hizo, para chocar y desviar asteroides
    con sondas kamikazes. Desde la NASA lanzaron la misión DART, que es la sigla de
    un plan de redireccionamiento de asteroides. Parece que fue un éxito. Le
    pegaron y lo desviaron. No sólo eso. Antes del impacto, se desprendió una
    valijita del satélite, se abrió, salió una antena y transmitió en vivo.

    ¡Qué cerebritos,

    madre mía!

    ¡Sigan mirando

    lejos, científiques, no se distraigan!

     

    Es que estamos en

    una galaxia con miles de estrellas y hay billones de galaxias más y vamos
    viajando, a los “santos pedos”, en un cascotito que en cualquier momento se
    “estrola” y, encima, el universo ni se va a enterar.

     

    (Pensar eso puede

    angustiar un poquito y hasta puede marearte. Ok. También escuché que puede ser
    por las cervicales.)

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • Atención prestada.

    ¿Cómo se dice? ¿Celular,

    móvil, smartphone, teléfono? 

    Celular es una

    antigüedad. Teléfono es un absurdo, porque si hay algo que ya no se hace con
    ese dispositivo es hablar por teléfono. Móvil le dicen en España. Bueno, da
    igual.

     

    El caso es que estamos

    enojadísimos con el aparatito, porque todo el mundo lo prefiere antes que prestar
    atención a sus semejantes.

     

    Me impresionó

    entrar al living de una casa (living es viviendo en inglés, ¿no?; el lugar de
    la casa donde sucede la vida en común, sería) me impresionó entrar y ver al
    padre, a los niños, a la madre y a la cuñada, en silencio y metidos en sus celulares.
    Saludé, levantaron la cabeza, me saludaron y volvieron a las pantallitas.

     

    No está mal. Al

    contrario, es totalmente comprensible. Esos grupos familiares suelen estar
    aburridos de verse la cara y de escucharse lo mismo de siempre. La culpa no sería
    del celu sino de la poca onda que le están poniendo a la vida, pienso.

     

    Internet y las

    redes son muchísimo más entretenidas que escuchar gente aburrida y sin swing.
    De eso, no tengo ninguna duda.

     

    Me impresionó también

    que un amigo, como a las 3 de la mañana, en plena sobremesa, se sorprendiera de
    que ninguno de nosotros hubiera tocado el celular en toda la noche. ¿Raro? No.
    ¡Normal! Era muchísimo más interesante lo que nos estaba pasando que buscar en
    el celu, lo que le pasa a los demás.

    (Igual, mientras

    salía el cafecito del final, cada uno chequeaba silenciosamente su móvil.)

     

     

    “La atención es

    la forma más rara y pura de generosidad”, dice un personaje de LA HIJA OSCURA.
    Buena peli. 

    Me encantó esa

    idea.

    ¿Por eso se dirá

    que la atención se presta?

    ¿Para que te la

    devuelvan? Puede ser.

     

    En estos tiempos,

    habrá que comunicarse con el corazón. Porque los que quieran hablar de las
    noticias o de lo bueno que es para la salud tomar esto o aquello, están
    perdidos.

    El telefonito, lo

    hace mucho mejor.

     

    #lahijaoscura

    #prestaratencion

    #aburridos

    #hablarconelcorazon

    #atencionprestada

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • "Postagram"

    Soledad es sentir

    que todo lo bueno está pasando lejos de donde uno está. Algo así, dice Dolina.

    Será por eso que Instagram

    está provocando soledad o sentimientos muy parecidos.

    Y eso que sólo es

    una inofensiva aplicación, nacida y creada para compartir momentos felices y
    bellos, al instante.

    (Las cosas

    catastróficas o dramáticas o las Imágenes Sensibles te las provee la aplicación
    para tenerte morbosamente enganchado).

    Lo loco de esto

    es que a uno le aparecen, entre tanta cosa, los posteos de tus contactos. Y, a
    pesar de que Meta tiene un cuarto de la población mundial conectada, somos
    pocos y nos conocemos mucho.

    (Convengamos que

    nadie cuenta “la posta”.)

    ¿Una imagen vale

    más que mil palabras? Mejor no aclarar, ¿no?.

     

    Donde dice: “Aquí

    estoy, en la plaza, con mis dos nietitos”, debería decir: “Otra vez, me enchufó
    las criaturas la inmadura de mi nuera porque hoy tiene pilates y mañana nosequé
    y pasado nosequé.  No la soporto”.

     

    Donde dice: “Acá

    en el recital de mi hijo, el músico de la familia”, debería decir: “A ver si la
    pegás con un temita, che.  Porque por
    ahora veo más gente arriba del escenario que abajo y porque otra vez te pagué
    el taxiflet con todos tus instrumentos y los de tu banda y, encima, después los
    voy a tener que descargar en mi casa que, lamentablemente, sigue siendo tu casa”.

     

    Donde dice: “Viviendo

    el verano mallorquín a full”, debería decir: “Me vine un rato a apolillar a la
    playa, porque lavé copas hasta las 4 de la mañana y no me puedo ir a dormir
    porque comparto la habitación con un cordobés que tiene un olor a pata poderoso
    y envolvente”.

     

     

    Es verdad. El

    mundo funciona, como funciona, porque nadie dice lo que piensa.

     

    ¿Será porque los

    que dicen lo que piensan se arriesgan a quedarse solos?

    Puede ser.

     

    Instagram es una

    foto instantánea, pero no es la posta. Porque la verdad de las cosas, solamente,
    está en la película completa.  

    #Instagram

    #soledad

    #laposta

    #verdadesamedias

    #simular

    #dolina

     

     

     

     

     

     

     

     

    3 min
  • Gin Tonic.


     

    ¿Che, quieren un cafecito?

    Silencio.

    Los invitados

    somos mi amigo escultor y yo.

    Ellos son los

    dueños de casa y los que bien pueden decirnos que nos “vayamos yendo que ya es
    re tarde”. Ya se comió rico. Ya se tomó vino rico y mucho. Ya duraznos en
    almíbar, sin la opción de chantilly. “Si quieren me pongo y en un ratito hago
    la crema. Pero no tengo azúcar impalpable”, dice el anfitrión muy anfitrión y
    su mujer, con todas “aquellas” cualidades, propone un gin tonic.

    Yo, mientras,

    agrego que el azúcar impalpable se puede hacer metiendo en la licuadora azúcar
    común. Ninguno lo sabía. Lo aprendí en pandemia. Lo compartí. Tarde. Ya no va a
    haber crema. Llegó el Gin Tonic.

     

    Andábamos, a esas

    alturas, por los niveles de conciencia y las soledades y el ser y la existencia
    que lo precede y lo que existe y lo que no existe.

    Andábamos por los

    “siempre me peleas por lo mismo” y por las profundas ganas de que, esta vez,
    por lo menos, esta vez, no tengamos la razón y que alguien nos convenza de que
    tiene sentido ser sexagenarios y pretender encontrar una razón no hormonal para
    seguir viviendo.

    También hablábamos

    del amor, visto del lado de los que vivimos encontrándolo, rogando que sea para
    siempre y de los que lo encontraron, sólo una vez y para siempre. ¿Qué es
    mejor? Nadie tiene “la posta”.

    Y hablábamos de

    dudar. Por lo menos dudar. Dejar, de una p… vez, las certezas que fortalecen a
    los mediocres y arriesgarse al maravilloso reto de dudarlo todo.

    Y hasta, casi

    casi, que nos pusimos de acuerdo.

    Otro gin tonic.

    La mente juega

    en otras ligas si el alcohol ayuda a bajar las barreras de la estúpida cotidianeidad. Obvio. A nadie se
    le escapa lo que no tiene adentro. Pero todos somos buena gente. A ponchazos.
    Cada uno a su manera. Con dolores viejos y temores nuevos. Pero buena gente.
    Sin demasiados “muertos en el placar” y con el común denominador de sentirnos orgullosos de ser diferentes. No comparados con los genios sino con la chatura
    de los que sólo quieren conservarse en la hipocresía.

    La reunión termina risueña y tambaleante.

    Vernos así y entre amigos, suma. La vida acecha, afuera.

    Esta noche, nos hizo más fuertes.  

     

     

    #gintonic

    #sexagenarios

    #charlasexisteciales

    #nivelesdeconciencia

    #razonparavivir

     

    4 min
  • Ilusiones o esperanzas?
    (300 palabras)
    ¿Ilusiones o esperanzas?
    Inevitable.
    Diciembre. Final de un año.
    Que Cierre de un ciclo
    Que Comienzo de un nuevo tiempo
    Que Balances obligados
    Qué culpa tendrá el almanaque?!?!?!
    Ojalá fuera así!
    “Si un médico te diera 6 meses de vida,
    tendrías que matar al médico para que un juez te dé 25 años de cárcel”
    (chiste tonto pero suma)
    No te parece que el almanaque no tiene nada que ver
    con la forma en que nos pasa el tiempo por adentro.
    El aburrimiento, la alegría, el rencor, el entusiasmo, las ganas, la soledad,
    el amorrrrr y tanta otra cosa que nos atraviesa de pies a cabeza,
    ni se enteran de qué día es hoy.
    Pero bue. Año nuevo, vida nueva (¿?)
    A renovar las esperanzas?
    Ok. Las esperanzas, no las ilusiones.
    Son dos cosas muy diferentes.
    Esperanza: Estoy en la parada del bondi y espero que pase un bondi.
    Ilusión:  Estoy en la parada del bondi y espero que pase la limusina que viene con Madonna adentro  y me invite a subir.
    Todo bien con las ilusiones. No están prohibidas.
    “De ilusión también se vive” te dicen, por no decirte pobre iluso.
    El tema o, peor, el problema es cuando te comprás al pedo una frustración
    o un fracaso por llenar tus expectativas reales con ilusiones.
    Escuchaba, de prepo, a una mujer de unos sesentaipocos, decir que no podía sacarse el enojo de adentro y que esa rabia la estaba enfermando porque ella se había casado con la ilusión de que fuera para toda la vida y, parece, no fue así!!!
    Dicen que como uno verbaliza, piensa y siente.
    Que no nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede.
    Propongo: decretémonos nuevos tiempos cuando se nos dé la gana
    y renovemos la esperanza sin ser ilusos.
    Al almanaque, dejémoslo para los vencimientos.
    3 min
  • No era por eso!
    Vengo escuchando un montón de argumentos de muchas mujeres hétero, de más de 50, que están solas y me parece que todas tienen sus razones, pero incompletas.
    Les estaba faltando un dato muy importante.
    No era porque dejaron de depilarse y teñirse por la nueva estética empoderada y después volvieron a depilarse y a teñirse porque entendieron que el feminismo no pasa por ahí.
    No era porque entre todas llegaron a la conclusión de que todos los tipos somos unos pelotudos infantiles.
    Tampoco era porque juntarse siempre a hablar de los problemas propios y el de las pares tenían que ir rigurosamente acompañados por hidratos de carbono.
    ¿Era porque ganaron su libertad para divertirse sin aguantar a nadie y ahora siguen sin aguantar a nadie y sin nadie para divertirse?
    ¿Era porque el sexo en el matrimonio ya no existía y lo único que hacían era salir a comer y, ahora, los tipos que conocen sólo quieren sexo después de una prepizza con cuartirolo?
    ¿Era porque solas están muy bien pero cuando una del grupo deja de estar sola las hace sentirse más solas?
    ¿Porque las aplicaciones de citas son un fiasco?
    ¿Porque ya no compran ropa para mostrar sino para ocultar?
    ¿Porque el encanto que dicen haber perdido no es del físico sino el del goce?
    No. Tampoco era por eso.
    ¡El último censo, el 2022, dio por resultado que hay 1,6 millones más de mujeres que varones, que la población está feminizada y que, pa rematarla, viven mucho más que nosotros!
    Eso era.
    Desde que el mundo es mundo, las parejas se arman y se desarman.
    Es, como todo, una cuestión de suerte. Y si hay algo que caracteriza a la suerte, es su injusticia.
    Cuánta mujer soltera y cuánta con tres matrimonios.
    ¿Será que en esto de estar con alguien en la vida, es como aquel juego de la silla?. Empieza la musiquita y cuando corta, el que se sienta se sienta.
    Puede ser. Lo bueno es saber que la música sigue sonando.
    3 min
  • Los colectiveros tienen hijes Presidentes.


     

    Parece una

    coincidencia insignificante o, a lo mejor, es una coincidencia insignificante,
    pero las dos personas más amadas y odiadas a la vez, que llegaron a la
    presidencia de la Nación Argentina, tenían al padre colectivero.

    Puede ser,

    pienso, que el hecho de escuchar, en la mesa familiar, tanta terminología
    específica acerca del oficio de estos padres, los haya marcado.

    Si te fijás, esa

    terminología está en el lenguaje de estos políticos.

    Conducción,

    manejo, gente a su cargo, pegar un volantazo, frenar al borde del abismo, bajar
    un cambio, acelerar, llegar a destino, desacelerar y seguro que se te están
    ocurriendo las que a mí no se me ocurren, ahora.

    De chico, me

    angustiaba saber que ese tipo que me llevaba hasta la escuela, ya había pasado
    un par de veces por mi parada y lo iba a volver a encontrar pasado el mediodía.

    Era, para mí, el

    sumun de la monotonía. El trabajo más terrible que podía existir. Solamente
    comparable con los que hacen las rayitas en esas rutas interminables.

    Después te das

    cuenta de que todo lo que hagas en la vida también se puede volver rutina y
    tedio.

     

    Los colectiveros aprenden

    a no sentir culpa por los que no pueden pagar el viaje, ni por los que llegaron
    un par de segundos después, ni por los que no pudieron subir porque ya no hay
    más lugar.

     

    Los colectiveros

    saben que no pueden salirse del recorrido, ni proponerles a los pasajeros un
    día de paseo en esa hermosa mañana, en vez de llevarlos a sus trabajos y
    después traerlos cansados y amargados.

     

    Los colectiveros

    llegan a su casa y no tienen nada nuevo que contar, salvo alguna que otra desgracia
    ocasional. Esas de todos los días.

     

    Los hijos de los

    colectiveros pueden llegar a Presidentes de una Nación y eso es la democracia y
    eso es muy bueno.

    Lo que no me

    convence demasiado, es que hagan siempre el mismo recorrido para llevarnos siempre
    al mismo lugar.

    .

    .

    #elpadredecristinaeracolectivero

    #elpadredemileieracolectivero

    #trabajosmonotonos

    #monotonia

    #tedio


     

     

     

     

     

     

     

     

    4 min
  • Hacé la tuya.

    A veces,

    engancharse con una película de asesinos profesionales o de esas, es saludable.
    Tu cabeza y tu alma están ahí. No se te disparan para ningún lado. Alguien mata
    y alguien muere pero de mentiritas. Ojo, no hay que subestimarlas. Siempre, el
    guionista, va a “colar” una frase existencial que te deje dudando.

    Vi Asesino, con

    el actorazo ese, Fassbender. Del director de El club de la pelea, Seven y otras
    buenas. Mucho lugar común pero muy bien hecha.

    El asesino, en

    primera persona, va contando su método para ser infalible.

    En un momento

    dice algo así como que “El destino es un placebo. El único camino en la vida es
    el que ya recorriste”.

     

    Anoche, tomamos

    una cervecita con un amigo que vive en España y anda de paso por acá. Sexagenarios
    ambos, lamentablemente. Salió el tema de la vida, obvio.

    Hoy, aquí y ahora

    mismo, discretamente saludables (Ok, hasta que nos hagamos los próximos
    análisis).

    Para adelante,

    pequeños planes con grandes signos de pregunta.

    ¿Y para atrás?

    Brindamos por los

    vivido.

     

    El tipo, aunque

    haya jugado en las grandes ligas, (Sabina, Roth, Chuck Berry, Calamaro, Los
    enanitos), mira la vida como un músico que vivió de músico toda la vida y
    mañana también. Todo sin demasiado plan. Como siempre.

     

    Yo le digo que

    soy su fan, que también hice la mía y que no estuvo nada mal y que está bueno
    que la vida suceda. Y que nos siga sucediendo, sin plan.

     

    “El destino es

    un placebo. El único camino en la vida es el que ya recorriste”.

     

    Al asesino de la

    película, con método y precisión, las cosas no le salen como esperaba.

    No se puede

    tener el control sobre todo.

    Pero hacer la

    tuya, la que te sale fácil, la que no sabés si te hace tan bien como esperabas pero
    sí que no te hace nada mal, te asegura un balance parcial de vida maravilloso, quede
    el tiempo que quede.


    #elasesino

    #fassbender

    #calamaro

    #losenanitosverdes

    #joaquinsabina

    #hacelatuya

    #eldestinoesunplacebo

    4 min

About 300 palabras para (des) aprender a vivir.

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Nunca hicieron falta más de una o dos palabras para decir las cosas en forma sincera y, algunas pocas más, para abrir o cerrar capítulos enteros de nuestas vidas. 300 palabras parecen pocas pero son muchísimas si se ordenan, una detrás de la otra, y logran el objetivo de comunicarnos.