Lo asegura Francisco Suárez Castro, profesor de Fisiología en la Universidad Rey Juan Carlos en un artículo publicado en la revista digital “The Conversation”. El artículo parte de la noticia de la detención la pasada semana del actor porno Nacho Vidal por su posible vinculación con la muerte del fotógrafo José Luis Abad, quien falleció el año pasado tras participar en un ritual en el que consumió una droga extraída del sapo bufo.
Escribe Francisco Suárez: “Sin salir de su ciudad podrá encontrar en cunetas, descampados y parques especies de plantas tóxicas o venenosas como la amapola, el estramonio y el mismísimo opio. La lista se amplía si nos fijamos en hongos y animales, y lo haría aún más si viajáramos a la Amazonia”. El sapo en cuestión produce una sustancia semejante a la DMT (dimetiltriptamina), que es el compuesto que aparece por ejemplo en la ayahuasca, una planta de origen amazónico que se ha hecho muy popular en algunos ritos chamánicos.
Iñaki Berazaluce es portavoz de la Plantaforma para la Defensa de la Ayahuasca. Nos cuenta que el uso de la ayahuasca es conocido desde hace siglos entre los indígenas de la Amazonia, que la utilizan con el objetivo de llegar a un mayor conocimiento de sí mismos. Se ha popularizado en Occidente en los últimos 30 años y el ritual consiste en la toma de un vasito de un líquido procedente de la planta, ritual que se prolonga durante toda la noche y que se acompaña de músicas ceremoniales.
Jacinto Antón, cómo no, tiene también su propia experiencia con el sapo bufo. Tuvo uno durante años en el jardín de su casa. Se lo compró a unos críos que lo estaban maltratando y lo incorporó a la nutrida colección de mascotas que hemos ido conociendo a lo largo de los años en esta sección.