Agonía, con Fernanda Tapia

Agonía, con Fernanda Tapia

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Agonía, con Fernanda Tapia episodes

  • 16 Fue música
    Una vez tomé 6 botellas de vino con una mujer, ella tenía la nariz perfecta, usaba lentes, y tenía un pecho que salía de su brassiere como si fuera un preso que pedía a gritos su libertad y por fin se la fueran a dar, apenas, después de la lenta espera a una condena injusta.
    12 min
  • 15 Un abismo
    La tarde se encontraba herida y todo era confuso. Quería salir de la vida que llevaba, aunque era buena y solitaria, y me había dejado más de lo que podía esperar, entre mujeres –mujeres bellas–, con algo de magia venida de su locura; entre el alcohol, botellas que no acababan y la lluvia que regresaba. Era una buena vida; pero había encontrado a una chica que me había ofrecido algo que nunca antes había tenido: Un abismo.
    21 min
  • 14 Hasta el final
    Comencé a amar a una mujer que no me amó, pero no fue brusca, fue amable. En cierta forma fue buena persona, y yo había viajado a la isla de la perdición y fui expulsado por descubrir que soy el hijo del diablo.
    Comencé a pensar que había salvación y que sería fácil encontrar paz con la mujer trigueña, casi virginal que no me amó.
    20 min
  • 13 El camino largo
    Pocas veces he visto el fin del mundo en los ojos de una persona, la mayor parte de las veces los he visto sólo en los de una chica, cuando está en cama y concibe el amor por primera vez, ese amor tan silvestre, que empieza con la ropa cayendo y madura en el abrazo de pechos desnudos, piel que invade el frío y la madrugada componiendo plegarias a las vigas de un viejo edificio.
    13 min
  • 12 Fragmentos
    Quizá sea que cuando debí tener pequeñas novias no las tuve, quizá sea porque en el tiempo en que debí subirme a una bicicleta no lo hice y me mandaron a vivir a otro lugar, lejos, con tíos y primos abandonados.
    Quizá sea porque cuando pensé que podía vivir tranquilamente en casa tomé un autobús y me fui lejos, a conocer la noche.
    12 min
  • 11 Perdidas cotidianas
    No se por qué recuerdo tanto ese camino de tierra, lleno de calor, con el mar a unos pasos y después… nada. La muerte silenciosa que te encuentra si te adentras lejos de la vista de las tortugas.
    No sé por qué recuerdo entrar a esos lugares, áridos, con gruesas gotas de sudor corriendo por la frente y el sol obligando a cerrar los ojos.
    18 min
  • Conclusiones anticipadas III
    Quizá sea que cuando debí tener pequeñas novias no las tuve, quizá sea porque en el tiempo en que debí subirme a una bicicleta no lo hice y me mandaron a vivir a otro lugar, lejos, con tíos y primos abandonados.
    Quizá sea porque cuando pensé que podía vivir tranquilamente en casa tomé un autobús y me fui lejos, a conocer la noche.
    Quizá sea porque fui un extraño en todos lados y cuando comenzaba a ser familiar me iba.
    Quizá, también, sea porque comencé a beber por enamorarme del sabor de la soledad y ese sabor nunca me abandonó. Quizá sea por todo ello, que ahora les escribo a ustedes.
    17 min
  • Conclusiones anticipadas II
    Antes que las cosas terminaran estuvimos algún tiempo llevando la noche a rastras, y reímos… sonrisa sincera, y las copas resbalaban por sus palabras y las mías. Aunque ella no quería besarme del todo, tenía temor a perder. Ya no éramos dueños de nada, pero ella hacía su mejor intento por conservar algo de lo que era antes; yo buscaba la perdición en un abrazo, llegar a casa destrozado.
    Conocía el camino sin retorno, lo conocía bien y podía andar en él a ciegas. Soy el lazarillo del diablo.
    12 min
  • Conclusiones anticipadas I
    Al principio, por supuesto, no nos importábamos, había cierta atracción en el mejor de los escenarios, o quizá ni eso. En cualquier caso no éramos indiferentes.
    Lo que sí había era la posibilidad de hacer algo que nos mantuvo cerca, como si nos hubiéramos buscado desde hacía tiempo sin saberlo, nada romántico, sólo hechos que ocurrían día tras día, incluso como si no quisiéramos encontrarnos, como si no estuviéramos preparados para ello, pero destinados, sin tener decisión en ello, en escoger la fecha en la que nos conoceríamos.
    Además, había una cantidad de impedimentos que amenazaban por complicarnos pero, por alguna razón, no lo fueron.
    Ahora que lo pienso no se presentó un problema de los que se acercaban, porque nos comprendíamos, nos manteníamos tranquilos juntos, tranquilos y en movimiento, como si supiéramos el lugar al que teníamos que ir sin decirlo, sin convencernos ni presionar, y ella bebía tanta cerveza como yo y, sobretodo, escuchaba buena música.
    17 min
  • Podcast Maldito III
    Animales sumisos ante el destino, animales al pié de nuestra propia espera, con paciencia ilimitada, esperando a que algo pase, aunque tarde años.
    Por ejemplo, yo he esperado 10 años –al menos– para que algo suceda; mientras tanto he vivido de casualidades.
    15 min

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