Que los vientos no frenen los pasos,
que de firmes van dejando huella,
una huella indeleble se quede,
en el tránsito de tu andar sin tregua.
Que no huya el amor a la tierra,
ni se rinda tu cuerpo a la pena,
que las penas con ser dolorosas,
son lecciones que la vida enseña.
De la dicha y el amor sinceros,
se desprende una luz ambarina,
una luz que sanando ilumina,
una lucha que nunca termina,
unos ojos, que de solo verlos,
hasta el odio en amor termina.
Que no quede la esperanza rota,
que no rompa la ilusión la inquina.