Existen dos tipos de bendición en las sagradas escrituras: Una es por favor o gracia inmerecida de parte de Dios a los hombres, y la otra es la bienaventuranza, que entendemos como una bendición provocada por nuestras acciones, según el salmo 1. Dichoso, feliz, satisfecho, provisto afortunado son algunas de las definiciones de la palabra bienaventuranza, por tanto es algo que todos deseamos obtener.
Las bienaventuranzas siempre aparecerán en la Biblia antecedidas de una instrucción divina: Los que creen sin ver, los humildes, los misericordiosos, los que no andan en consejos de malos, etc. Porque lo que hacemos provoca la bienaventuranza, por tanto es válido decir que nosotros podemos provocar la bendición en nuestras vidas.
La aplicación voluntaria de ciertos elementos claves, revelados en el salmo 1 causarán bendición en nuestras vidas, y llegar a un punto en que todo nos salga bien como declara el versículo 6.
Debemos aprender a ser selectivos en lo que escuchamos y con quien nos juntamos, pues la Biblia dice que quien anda con sabio y sabio será. Si queremos aumentar nuestra devoción a Dios debemos juntarnos con gente espiritual y no carnal.
Para alcanzar bienaventuranza es necesario aprender a permanecer en el lugar donde Dios nos ha enviado, dar fruto y emprender con fe lo que Él ha puesto en nuestro corazón. El salmo termina diciendo que todo lo “hagas” prosperará. No lo que sueñas, ni lo que anhelas, sino lo que haces.
Dios quiere prosperar y bendecir todo lo que hacemos, pero tenemos que aplicar Su Palabra a nuestras vidas.