
Sign up to save your podcasts
Or


Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de aventuras, edición Deja el llanten y Muevete:
Historia Roja
Hoy te traigo una historia sin guion, y puede que estas notas cuenten esa historia mas adelante, por hoy, dale play.
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Ayer, en medio de la celebración del fin de la vida laboral y el comienzo de la vida laboral autogestionada me entró un mareo brutal. Terminé en el hospital, por eso de comenzar esta nueva vida con el pie derecho y con un jalón de orejas, como siempre… Historia Chinita
Bitácora de aventuras, edición El Fin y el Comienzo, papelón incluido
Historia Chinita
Tengo la buena / mala costumbre de que cuando voy a hacer algo me voy de casco y lo hago tan bien como es posible dentro de mis capacidades. El problema viene cuando quiero estirar un poco de más esas capacidades. Eso lo hago con frecuencia. Andaba toda contenta de cerrar un capítulo, pero por el otro lado, me preocupaba un poco (pensaba yo que era un poco) el hecho de que por primera vez en casi 20 años no tendría un ingreso externo asegurado. Yo siempre he sido muy buena administradora, y siempre tengo suficientes ahorros para estar casi un año sin trabajar. Sin embargo, esta vez, a diferencia de otras veces, tengo una familia. Si soy yo, agarro la caseta de campaña y me voy a vivir a la finca hoy mismo, pero con 2 niños de 6 y 7 años no es tan sencillo hacer ninguna transición de un día a otro.
Como siempre, mi cuerpo habló lo que yo no quería aceptar, y justo en los últimos días, empecé a sentir sensaciones extrañas. Como no me tiraban en la cama ni me incapacitaban, lo seguí de largo y seguí con mi rutina normal. Te abundo un poco más sobre los síntomas en específico en el episodio 8 del otro podcast, Sanando con tu Duende, pero en resumen, mi cuerpo estaba tratando de hablar por medio de los síntomas.
Empezando mi semana, y mi primer día de consultoría con 2 proyectos que tengo, me hice la agenda semanal exactamente igual a la que hacía con mi antiguo trabajo. Sin mucho tiempo para detenerme a pensar, acaparando cada día un momento para adelantar tareas.
Rewind a diciembre del año pasado…
Una de las razones principales por las que ya no quería seguir en ese trabajo era porque había entrado en un punto en el que trabajaba todos los días; se suponía que serían 4 horas diarias así que dije, bien, no necesito días libres. Estaba equivocada, no estaba bien, también me equivoqué al pensar que realmente serían 4 horas diarias, sabiendo que siempre surgen imprevistos. Todos necesitamos un descanso, parar de vez en cuando. No lo estaba haciendo, y eso me drenó y me llevó a querer abandonar por completo algo que en cierto punto disfruté mucho, en un espacio y con personas a las que adoro. Cuando renuncié, me prometí a mi misma que me organizaría para nunca volver a cogerle repelillo a algo que me gustara tanto. Y aquí estoy, mirando mi agenda y riéndome de mi misma porque lo volví a hacer. Y lo más gracioso es que en verdad no lo hice igual, lo hice peor, con menos tiempo libre y sin ningún día libre.
Así somos, criaturas de hábito, para bien o para mal…
La buena noticia es que mi cuerpo se encargó de enviarme el memo por medio de las batiseñales, literalmente batiseñales… eso lo vine a entender hoy.
Fast-forward al lunes….
Me levanto sintiéndome como culo, pensando yo que tengo como una monga desde el miércoles pasado, que les contaba en el live. Llevo varios días así, como cansada y con mucha alergia y congestión, pero como es algo que me pasa todos los años para esta fecha, y "como tengo muchas cosas que hacer", lo ignoro, y me visto para salir. Esa mañana se le añadió ardor al orinar a los síntomas, pero también lo ignoro y tomo mucha agua para "curarlo". Llego al sitio de la reunión de la consulta que tenía, y de inmediato encendí el chip de "estoy bien, momento de trabajar", y como es algo que disfruto, hasta bien la pase y no sentí absolutamente ningún síntoma estando allí. Salgo de esa reunión y le digo a Miguelo que fuéramos a almorzar, por eso de celebrar "el fin de la era laboral de casi 13 años en ese lugar", antes de dirigirme a la segunda reunión, de un segundo proyecto de consulta que tengo. Tú sabes, me conseguí 2 trabajos empezando justo el primer día de "libertad", porque así soy, obstinada.
Tan pronto llegamos al sitio a almorzar, mi cuerpo se empezó a volver todo loco, me dieron escalofríos, cabeza ligera, náuseas y todo lo que te puedas imaginar que me envió mi cuerpo para decirme: "hola, estoy aquí, deja de ignorarme". Guardé la mitad del almuerzo, cancelé la segunda reunión del día, y llamé a teleconsulta, jurando que me dirían que me llamaría un médico como ha sido en el último año. Al evaluar los síntomas me mandaron a ir a sala de emergencias. Yo tengo un PTSD malo con las salas de emergencias, por todas las veces que tuve que ir sabiendo que me dirían: no sé lo que tienes, maneja los síntomas. Fui más veces a sala de emergencias en esos 2 años de enfermedad misteriosa que en los últimos 15 años. Eso, y que por la pandemia he tratado de no usar espacio en el hospital si no lo considero de vida o muerte. Allí me atendieron, y cuando salieron las pruebas, los números de los laboratorios estaban bien a lo loco. Una vez tuve una infección de orina que me llegó casi a los riñones, de esa semana en cama salió mi dreadlock, Raulito, del que te he contado en otros episodios. Pero ni siquiera en esa ocasión los números estaban tan altos. Había un resultado que debía estar en 1,200 y estaba en más de 6,000; otro que debía estar en 9 y estaba en 21; y otro que debía estar en 44 y estaba en 770. Una infección en esteroides, tú sabes, mi cuerpo cuando se enferma se va de casco. Resultó que la "monga" que tenía era simplemente que estaba tratando de combatir la infección y me bajaron las defensas.
Cuando venía de regreso del hospital, yo decía, ¿cómo es posible que tienes esos números, que llevas días sintiendo pequeños síntomas, y ni te enteras? ¿Cómo es posible que aun con esos números, por poco sigues ignorando y minimizando los síntomas? ¿Cómo no te enteras de lo que te va diciendo tu cuerpo? Estás a lo loco Natalita. Lo más triste es que no es la primera vez que pasa, pero al menos me propuse que sea la última.
Cuando estaba por quedarme dormida anoche, Augusto me levantó para recordarme dos imágenes que me había hecho mirar justo después de salir del lugar al que fuimos a comer: stickers y diseños de Batman en el carro estacionado al lado de nosotros y stickers de Batman en un carro frente a nosotros en la autopista de camino al hospital. Le dije que estaba tratando de dormir, que hablábamos al otro día, y me trajo la imagen de mi amigo Jorge, el esposo de una buena amiga al que le encanta Batman. Cuando vi su cara le dije: "ok Augusto, Batman, ya entendí que quieres hablar de él, ahora dime qué es para poder acostarme a dormir". No me dijo nada, y me acosté a dormir. Por la mañana cuando abrí los ojitos me dijo: "estabas ignorando las Batiseñales de tu cuerpo", y me miró con cara de "pues, que vamos a hacer contigo" seguido de su clásica sonrisa de cuando está todo emocionado y a punto de decir: "¿o quieres quieres dejar x cosa atrás?" Es una de mis sonrisas favoritas en el mundo, y se parece a la de la escena del Grinch transformándose en el empleado del front desk del hotel en la película de Home Alone 2. No sé por qué esa escena marcó tanto mi vida, si no sabes cuál es, te dejé el video colgado en las notas. Yo la revivo cada vez que Augusto me hace esa invitación.
Acepté la invitación, como en tantas otras ocasiones, y decidí tomar la mañana de hoy libre, y separar unas horas en la noche para cambiar por completo mi nueva agenda de trabajo semanal, que a petición de Augusto, será 100% lo que me dé la gana, y 100% diferente a todas las anteriores, incluyendo añadir mi hora de caminata y yoga diaria.
30 de marzo de 2021
Interesante comienzo de la "nueva vida" que he tenido, te cuento esta historia acurrucada en la cama y disfrutando los beneficios que la tecnología nos regala, de poder escribir acostada, también por eso de acostumbrarme a hacer las cosas de una manera realmente nueva, y no traerme prácticas antiguas que vengan a dañar esta nueva aventura de trabajar por mi cuenta.
Hace 10 días fue el primer curso, Conecta con tu Duende, y la pasamos tan bien que estoy que no quepo de la emoción por empezar en 12 días la segunda parte del curso, que estoy preparando, de la mano de Augusto como siempre. Esta segunda parte, será un acompañamiento de 4 semanas, para ayudar a incorporar lo aprendido a la vida diaria, y a convertirlo en un hábito. Si no te pudiste apuntar en el curso esa primera vez, ¡te tengo buenas noticias! Lo estaremos haciendo de nuevo el sábado, 17 de abril, así que si te apuntas a conectar con tus guías, allá te espero, estaré honrada de guiarte en tu proceso.
Si te interesan los temas de sanación, te invito a escuchar el episodio de hoy del podcast Sanando con tu Duende, en el que profundizo en esta enfermedad que estoy pasando, desde el punto de vista de la sanación integral que se trabaja en las sesiones.
¡Y otra noticia antes de irme! Me invitaron a hacer una colaboración en otro podcast, y como era de esperarse, esto que estoy viviendo me está ayudando a preparar lo que estaremos compartiendo la próxima semana. Ya pronto te iré dejando más detalles.
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
https://www.youtube.com/watch?v=9-EXnXoZQaM - Minuto 2:20
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Esta semana me llego una invitacion de parte de Naelia, una hermosura de muchacha que me regaló el mundo del podcasting, a contarles 8 cosas que no saben sobre mi, y a eso vamos hoy…
Bitácora de aventuras, edición 8 cosas que no sabes sobre mi:
Historia Marron
Lo primero que pense al recibir la invitacion fue pichar, obviamente, como siempre hago, y despues me recorde a mi misma que ando en un proceso de soltar mis patrones de pichaeras de esos tipos, o al menos minimizar la frecuencia…
Para contarte esta historia, quiero invitarte a sumergirte en este mundo mio al que le llamo La Princesa y de paso contarte un poquito de cada una de las versiones de mi misma.
Por si eres nueva en este espacio, te cuento que La Princesa es un mundo fantastico, en el que tengo aventuras con mi duende y guia, El Gran Augusto. Cada una de estas historias esta impregnada de la sabiduria de este guia que me acompana, y llevaba un par de anos recopilandolas en un libro que un dia que no sea hoy pienso publicar. En lo que ese dia llegaba, un dia decidi compartir fragmentos a traves de podcast, por eso de ir inspirandote en el proceso, en lo que conectas con tu duende. Si, tienes un duende, todos tenemos uno, y esta loco de que conectes con el.
Lista para sumergirte? Vamos por pasos, de 8 en 8 para ser mas exacta en la cantidad de pasos.
Natalia, en su version mas completa por llamarle de algun modo, que es marron
Natalia, que es Roja:
Natalita, que es Amarilla:
La pequena Natalita, que es Azul:
Versiones chinita, verde y violeta:
La Princesa:
Y eso, creo que me emocione y me pase de las 8 cosas. Espero que esto te ayude a conocerme mas. Gracias Naelia por la invitacion, y por ser parte del hermoso grupo de colegas podcasters que me han ayudado a romper unos cuantos de mis cascarones sociales. En las notas del programa les dejo sus podcasts, por si quieren escuchar podcasts en 3X… Mentira, que voy a dejar esa ansiedad atras y a escuchar en 2X
Antes de irme, te doy las gracias por acompanarme en esta aventura de compartir la sabiduria de Augusto, y meterte en La Princesa con nosotros. Tambien quiero invitarte a nuestro primer curso, que sera el sabado, 20 de marzo de 2021, en el que te ayudare a conectar con tu duende. En los enlaces del programa te dejo todos los detalles que necesitas para inscribirte
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado.
Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas!
Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa.
Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación.
Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí tienes un duende.
Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias.
En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy.
¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado.
Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas!
Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa.
Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Esta pasada semana fui visitada por La Muerte, la hermana gemela de La Vida, y como cada vez que me visita, me salí al jardín a mirar las plantitas. Hablando con ellas andaba, y recordé esta bitácora, que escribí el verano pasado, y que andaba esperando a ser contada… Historia violeta
Bitácora de aventuras, edición el Poder de Creación:
Historia Violeta
Hace unos años mi mente se impregnó de la necesidad de sembrar. Era lo único que anhelaba, tener muchas plantas, cantarles y preparar la cena con ellas. No es que nunca me hubieran gustado, quizás fue más el por fin tener mi propio espacio y poder decidir lo que quería. Soñaba con llenar la terraza del apartamento que alquilaba de plantitas. Unos meses después, me mudé de allí, sin concretar ese deseo, aunque siempre se quedó presente.
Hoy sé que era Augusto susurrándome al oído que lo hiciera, que me traería felicidad. En esa época me creía demasiado ocupada, y no le hacía caso a todas sus sugerencias, como sí hago hoy. De haber entendido lo bien que la pasaría lo hubiera hecho antes, pero bien, la vida te manda todo en el orden adecuado. Todo empezó con 5 tiestos, hoy no cabe la gente en el balcón de tantas que son, pero así lo prefiero.
Con el tiempo me fui dando cuenta de la responsabilidad que conlleva sembrar un jardín, sobretodo si lo haces en un lugar en el que tu presencia es necesaria para cuidar de él, a diferencia de, digamos, un bosque, que se cuida solo.
Un jardín es una oportunidad.
De crear.
De hacer algo que no estaba, que no existía.
Un buen amigo siempre dice que es casi como ser alquimista, y no podría coincidir más con él. Es sembrar una chispa para hacer magia.
Mirando en retrospectiva, tener este corillo de plantitas cerca es lo que me ha ayudado a sobrellevar la pandemia y todos los cambios que han venido con ella.
Un jardín te ayuda a ver las posibilidades, a soñar con ellas. Al imaginarlas y soñarlas, inevitablemente, creamos esas posibilidades. Es una forma bien tangible de explicar nuestro poder creador, que podemos aplicar a todo aspecto de nuestra vida, aunque aun no lo podamos ver así. Desde niña le he cantado a las plantas, mi teoría era que me escuchaban y me entendían, hoy tengo una explicación que podría parecer más alocada, y es que hasta los tiestos escuchan esas canciones, y me ayudan a cuidar del jardín. Al final del día, según nos cuenta la física cuántica, todo en este mundo son partículas, y cada partícula se comporta según el espectador. ¿Qué diferencia habría entre una "viva" y otra que ante nuestros ojos no lo está?
Quizás estoy loca, quizás no, pero si algo te puedo asegurar, es que soy una loca feliz, y que estoy decidida a que mi mundo y mi realidad sean lo que me dé la gana que sean. Como mi jardín.
1 de agosto de 2020 / 19 de junio de 2020
Siempre que alguien está enfermo o tiene alguna petición, tengo la costumbre de sembrarle una plantita, ponerle su nombre, y enviarle todo lo bueno a la persona, a través de mis cuidados a ella. Hace dos semanas me volví loca sembrando albahacas, quizás en mi misma desesperación de no saber cómo ayudar a una familia muy hermosa que conozco, y a varios de sus miembros, que luchaban por sus vidas en el hospital a causa de complicaciones por el virus. A diferencia de otras veces, ninguna semilla brotó de inmediato. Eso me desesperó más, y sembré más. Decidí parar, y darles tiempo. Seguí saliendo a cantarles y darles amor, para que ellas lo devolvieran, con la esperanza de que tuvieran más tiempo con nosotros. Dos de ellos ya no están en este plano, y justo el día que se fue el primero, vi los primeros brotes de las nuevas albahacas. No era que no me escuchaban, simplemente no era lo que tocaba, y nos toca a los que nos quedamos aceptarlo, y continuar. Siempre es difícil una partida, pero me consuelo pensando en lo que siempre dice Augusto: La Muerte es la hermana gemela de La Vida, son casi lo mismo, pero al revés. Algún día, los alcanzarás al otro lado.
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación.
Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí tienes un duende.
Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias.
En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy.
¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Cuando me levanté el día de mi cumpleaños 35, lo primero que recibí fue un mensaje de Michelle, la valiente que una vez se fue de viaje conmigo, y con quien viví la aventura de la mariposa llamada Gahel del episodio 15, que te dejo los enlaces en las notas del programa para que lo escuches. Me alegró un montón, lo vi mientras trabajaba y me trajo una sonrisa grandota. Por alguna razón, me recordó una anécdota específica del viaje, que te cuento ya mismo…
Bitácora de aventuras, edición La gente, las alergias y la alergia a la gente:
Historia amarilla
Un día estábamos en la capital de Tailandia, y decidimos salir de noche a comer. Traté como mil veces de decirle al mesero sobre mis alergias, no hablaba mucho inglés, así que entre dibujitos y un app de traducción, hice mi mejor intento. Al parecer, nunca entendió, porque a mitad de camino de un eggroll delicioso, un camarón me saludó.
Yo me levanté casi sin pensar de la mesa, porque ese día en particular había dejado mis pastillas de alergia. Juré que le explique a Michelle, pero no estaba segura. Solo me paré y salí corriendo casi del restaurante, porque no me daba break de explicarle al mesero, que no había entendido que los mariscos me daban alergia, que tenía una reacción alérgica, y necesitaba pagar para poder buscar la medicina; y le dije a Michelle caminando a la salida: "no puedo esperar, quédate a esperar la cuenta".
Salí corriendo a la avenida y busqué en mi celular una farmacia cercana. Para mayor bendición, mi celular funcionaba en ese país, así que pude usar el internet para buscar en el mapa de google. Más o menos identifiqué una, y pegué a caminar.
Los letreros estaban en tailandés y los negocios estaban bien juntitos unos de otros, así que, obviamente, me perdí y entré en dos o tres negocios que no eran. Ya empiezo a sentir la piquiña en la garganta, pero la ignoro lo más que puedo, mientras sigo de negocio en negocio usando google translate para pedir "pastilla, alergia, mariscos, muerte", que eran las 4 palabras que me parecieron más adecuadas para la ocasión.
Finalmente llegué a una farmacia, y entre una cosa y otra, logré explicarle a la persona del counter, y me recomendó una medicina que nunca había visto y que tenía mil letras que no entendía, pero dije bueno, todo va a estar bien, me trajeron hasta aquí. Me la tragué con saliva porque hasta el agua dejé con la prisa.
Traté de regresar lo más rápido posible, porque la muchacha de la farmacia me dijo con google translate que la medicina daba mucho mucho sueño, ya después de que me la había tomado, y estaba sola, lejos del restaurante. Tú sabes, todos los powers del papelón, como me distingue.
Finalmente, llego al restaurante y Michelle me ve y corre hacia mí con una mezcla de llanto con insultos y 20 "¡puñeta me asustaste, no estoy bien!" Yo no sabía que le daban ataques de ansiedad y justo le provoqué uno, y ella también había dejado el medicamento que la ayudaba, pero no se atrevía a moverse esperando a que yo regresara.
Después de 20 perdones, y explicarle dónde estaba y qué había pasado, y ella contarme los 20 escenarios que imaginó, me di cuenta de lo fucking insensible que puedo ser a veces.
Yo vivo en mi pequeña burbujita, y como tengo la certeza de que todo va a estar bien, improviso mucho, sin pensar que los demás no viven dentro de mi burbujita y no leen mis pensamientos, y que muchas veces simplemente no me explico bien, y asumo que todos me entienden todo lo que pienso, digo y hago. Aprendi un monton en ese viaje…
Del dano que he hecho sin querer…
A abrirme a otros…
Y a entender, que el mundo entero no funciona como funciona dentro de mi burbujita...
O que al menos debo meter a la gente dentro de mi burbujita antes, para ser más considerada. Después de que cada una dijo las 20 cosas que tenía que decir, nos morimos de la risa por el sendo papelón innecesario que acabábamos de vivir, pero qué te puedo decir, son los mejores recuerdos siempre.
Michelle no toma alcohol, yo en ese momento de mi vida andaba con una cerveza o un palito, de lo más feliz, a donde quiera que fuera, no era un problema, creo. Cuando pedí mi cerveza, ella se montó y pidió la suya. Obviamente, en la emoción del brindis porque todo salió bien, se me olvidó la nota que apenas empezaría a subir en mí por el efecto de la pastilla, y no estábamos cerca del hotel. Nos dimos la cerveza, terminamos de comer y tuvimos una de las mejores cenas del viaje. Nos montamos en un tuk tuk de regreso. Justo ahí, la nota me explotó.
Esa ciudad tiene muchas luces, y en todo el camino yo lo único que podía ver era el rastro de los neones, que formaban dibujitos con el pasar del tuk tuk. Fue una de los recorridos más hermosos de mi vida, parecía de película. En medio de mi nota, me alegré tanto de tener a alguien conmigo, y poder estar vulnerable sin preocuparme, porque había alguien ahí. A mi me costó tanto aceptar la invitación de hacer esa parte del viaje juntas, a mi me encanta estar sola, para mi todo es más fácil sola.
Justo en ese momento, empecé mi nuevo viaje hacia aprender a compartir más mis experiencias, y a compartir con otras personas más a menudo. Ese viaje me hizo ser mejor persona. Y creo que no hubiera logrado ser una novia hecha y derecha como soy ahora si no hubiera sido por esa compañía.
15 de enero de 2021
Ese mismo día de mi cumpleaños hicimos un par de cosas que necesitábamos hacer Miguelo y yo, y cuando terminamos, decidimos ir a Piñones, un lugar hermoso en la playa en Puerto Rico, en donde hacen las mejores frituras del planeta. A mi me encantan las frituras. Para variar un poco, ese día nos sentamos en una mesa a comer, siempre compramos las frituras y nos vamos al mar, pero ya era tarde y decidimos quedarnos. Me traen mi alcapurria, y a mitad de camino la miro bien y me doy cuenta de que era de jueyes. Estaba tan fucking deliciosa y tenía tanta hambre que yo ni me detuve a mirarla. Llamé a la muchacha rápido y le pregunté si era de jueyes y me dijo que sí. Miguelo sin pensarlo casi me dijo: "ay dios mío, como el día de Michelle, ¿que hacemos?" Y antes de que él terminara de hablar, yo saqué mi potecito de benadryl de la mariconera, que va conmigo a todas partes a petición de Michelle y me empepé rápida y debidamente. Tuve un cumpleaños ennotado, fue interesante. Me dio mucha gracia, lo último que pensé al cerrar los ojitos por la nota fue que augusto, y el combete de guías, a manera de recordatorio de aquel hermoso día, me hicieron empezar y terminar el día con Michelle, por eso de confirmarme, que abrirse y dejar entrar a otros no es tan malo na', y los beneficios que tiene para todos. Ese mismo día, rompí uno de mis grandes miedos a la gente, y me regalé de cumpleaños #35 hacer mi primer live. Lo grabé a través de Instagram y de YouTube simultáneamente, y tuve 20 papelones, pero me encantó. Una vez más comprobado, abrirse y darse, no es tan malo na'. Y hablando de regalos y abrirse, esta semana también lancé mi segundo podcast, Sanando con tu duende. Este año me aseguré de regalarme regalar conocimientos de Augusto por todas las vías posibles. Ya les iré contando.
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Episodio 15 - Una Mariposa llamada Gahel - https://bitacoradeaventuras.libsyn.com/015-una-mariposa-llamada-gahel
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de aventuras, edición Un espiral de decisiones:
Historia Verde
El otro día decidimos salir del encierro y nos fuimos a un parque que queda cerca. Una de las maravillas del Covid ha sido la soledad posible en espacios públicos gracias al virus. Debo confesar que ese detalle me ha hecho pasarla mejor de lo que podría haber pensado en este peculiar año.
Como no tenía mucho tiempo, fui directo a mi espacio favorito de ese parque: un gazebo en el tope de una montañita. Para subir a ese gazebo hay dos maneras, unas escaleras que cortan por el centro, y una rampa en espiral hasta el tope. Augusto y la pequeña Natalita de un brinco fueron a la rampa para subir por el espiral, y me les fui detrás, porque ellos son expertos en pasarla bien.
Dando vueltas en el espiral, Augusto y la pequeña Natalita se paraban a hablar y a saludar a cada florecita, y eran tantas, y yo tenía tan poco tiempo que me molesté un poco y les dije: "mano, dejen de distraerse tanto, que tengo poco tiempo antes de regresar al trabajo". Obviamente, me miraron con cara de "perdón, yo hago lo que me da la gana y me tardo lo que me da la gana", y siguieron oliendo y saludando a cada florecita. Seguí caminando, y cuando casi estaba llegando al gazebo para sentarme por fin (mi gran parada, mi momento de breve descanso en medio de un día más comprometido de lo que acostumbro y me gusta tenerlos), me tropecé con una florecita que crecía justo frente al escalón para subir a la plataforma que estaba al final de la rampa del espiral. Sentí que me miró, y que casi trato de pararse en el medio para no dejarme subir sin detenerme un momento a mirarla.
Me senté en el piso a mirarla, a olerla, y a hablar con ella. Me contó que nadie la miraba casi nunca, por estar tan cerca de la meta final. Era como si todo el que subía se cegaba tanto por llegar a la meta que se olvidaban de ella. Que de hecho, era la más linda de todas, la más grande, la que más tiempo llevaba ahí, la más llamativa. Escucharla decir eso me hizo reírme de mi misma, y de muchos antes de mi. Era tan cierto. Era absurdo que no la hubiera visto. Estuve un ratito con ella, y también me pidió que le tomara una foto. Primero me molestó, me resultó tan vanidosa, tan superficial con su pedido. Primero le dije mi opinión sobre su vanidad, y ella me dijo, una vez más, que estaba equivocada. Me pareció tan arrogante, que me levanté molesta y le dije: "pues mira a ver quien te toma tu foto, si me tratas así, ¿cómo esperas que te haga un favor?" No me contestó, solo me dio la espalda y se quedó en silencio.
En eso se acercaron Augusto y la pequeña Natalita a consolar a la florecita, y yo los mire como si fueran los dos más grandes traidores, al final, era ella quien había sido arrogante y vanidosa. Augusto me dijo: "Natalita, ¿te cuesta algo tomarle la foto?" Y le dije: "pues, no, la verdad no, pero no quiero alimentar su vanidad". Y me contestó: "Solo es vanidad en tu cabeza, ella realmente lo que quería era dejarte un recuerdo de esta conversación, a ella no le sirve de nada la foto, nunca la va a ver, la foto se queda contigo. En cambio tú, cada vez que mires la foto, recordarás esa vez en la que casi te pierdes de la florecita más bonita, en tu afán por llegar a la meta que te habías establecido".
Sentí que dentro de mi se ajustaron un par de órganos después de esa galleta emocional. Tenía razón, solo la juzgaba basándome en una opinión que había formado de ella al verla.
Que mucho hacemos eso... que mucho tiempo perdemos en eso...
De inmediato saqué mi celular y le tomé un par de fotos, de todos los ángulos posibles, y ella hizo más poses de las que pensaba que una flor podía hacer. Terminada la sesión de fotos, continué mi camino hacia mi meta original.
Llegué al tope, y me senté en el banquito que tanto me gusta. Desde allí se ve el parque completo, y el espiral que tiene alrededor se vuelve casi una muralla. Te hace sentir que estás en un castillo solitario. O al menos a mi, que siempre ando metida en mis mundos fantásticos. Me quedé pensando en la flor, y en capturar lo lindo. Tomé un par de fotos del parque desde allá, y muy diferente a todas mis costumbres, me tomé un par de fotos a mi misma en mi gran castillo también. Creo que desde ese día tengo más fotos de mi misma que las que he tenido en los últimos 10 anos. Cada vez que las vea, me transportaré a ese momento, en ese castillo de soledad, tanto que me gustan los castillos de soledad, que hermoso regalo, poder ver una foto y transportarte.
Me quedé un rato sentada, simplemente mirando el parque y el reguero de mariposas que había. Trataba de pensar en otra cosa, pero mi mente siempre se iba al reloj, ya casi es hora de regresar, no tienes mucho tiempo. Las mariposas se iban a un gazebo cercano, y volvían a donde yo estaba. Y volvían allá, y volvían a mi, era como si trataran de que las siguiera. Me reí y les dije que ya casi era hora de irse, que quizás otro día. Obviamente, en lo que decía eso, Augusto y la pequeña Natalita se montaron cada uno sobre una mariposa y se fueron volando con ellas hasta el próximo gazebo. Decidí dejar de pelear y pensar en el reloj, al final, tenía que ir a buscarlos allá como quiera, más me valía pasarla bien en el proceso.
Me paré en el primer escalón, si bajaba por las escaleras estaría allí en el mismo tiempo que me hubiera tomado nunca tener que llegar hasta allá. Mi mente calculadora. Lo calculo todo. Los minutos, los segundos, las horas, es una mala costumbre que a veces considero buena por la utilidad que tiene a la hora de trabajar. La realidad no me sirve para más nada, la vida no está para vivirla calculando el tiempo que tienes para vivirla. Se le va la vida a uno en eso. Justo antes de poner el pie en el piso, lo levanté, y me giré hacia el espiral, para bajar tal cual había llegado. Cada vez que mi mente se iba al reloj, me volteaba a ver una florecita mientras caminaba, para sacarla del reloj. En el camino me di cuenta de todas las flores que no había podido ver mientras subía, todas me saludaron y me tiraron besitos, lo más contentas y mirándome con cara de: ¡por fin!
Cuando llegué al final del espiral, miré arriba, a mi castillo, y pensé en todo lo que acababa de cambiar dentro de mí. En ningún momento del día planifiqué que algo cambiara en mí, quizás esos son los mejores cambios, los que llegan porque sí, así, sin pedirte permiso. Desde ese día casi ni miro ni pienso en el reloj. He fallado por primera vez a muchos compromisos, por quedarme un ratito más a jugar con los nenes unas veces, y otras sencillamente porque sí. Toma tiempo apreciar lo lindo, ese día no fuimos tan lejos, pero para mi pareció una aventura épica. Hubo que añadir tiempo para viajar en espiral hasta el centro, y luego viajar en espiral para salir. Creo que es así con todo, hay que ir adentro para poder salir, no se puede salir sin antes ir adentro. Quizás ese es el gran secreto que trataban de darme las mariposas y las flores.
17 de noviembre de 2020
Una de las lecciones más grandes que me ha regalado la madrastridad, ha sido bajarle dos a las exigencias, y agradecer lo que ya tengo. A veces se nos va la vida persiguiendo la próxima meta, y no aprovechamos los beneficios de las que ya alcanzamos. Salir corriendo a la próxima meta una vez se alcanza la anterior no necesariamente es la mejor opción, termina uno corriendo siempre, hasta de lo que le hace feliz. Augusto me regaló estas 3 palabras el otro día, mientras mi hijastra bloqueaba la entrada del cuarto para cobrarme "peaje de besitos" antes de dejarme regresar a trabajar: aprecia, detente, observa. Desde ese día, uso la cantidad de peajes que me cobra como métrica para saber cuándo es hora de dejar de trabajar.
Siento que en estas últimas semanas todo ha cambiado, y esos cambios me emocionan muchísimo. Cuando empecé este proyecto, solo pensaba compartir un par de historias de mis aventuras con Augusto, pero en el camino me di cuenta de que mi relación con Augusto y sus amigos iba mucho más allá de nuestras aventuras. Decidí estudiar sanación cuántica, para ayudar a otros en su proceso de sanación, de la mano de todos ellos, y debo confesar, que se ha convertido en mi nueva pasión, tanto así, que se ha convertido en mi nuevo trabajo. Sí, me estoy tirando de casco, y dejando el miedo en la gaveta, como tanto me ha dicho Augusto que haga.
Aprovecho para contarte la gran noticia que tan emocionada me tiene, y es que este podcast tiene su primer auspiciador: Sanando con tu Duende. Sanando con tu Duende es un proyecto que surge en medio de la pandemia, como respuesta a mi historia de sanación, bendición que actualmente comparto con otros en las sesiones de sanación que imparto. En las notas del programa te dejo los enlaces, si te interesa agendar una sesión con nosotros. Además de las sesiones, te invito a escuchar mi nuevo podcast: Sanando con tu duende, un podcast bisemanal en el que compartiré contigo todo lo aprendido con Augusto a través de nuestras sesiones, que estrena el próximo martes, 12 de enero de 2021. Y si te quieres aventurar más todavía, te espero cada miércoles al mediodía, comenzando este miércoles, 13 de enero, a través de nuestro canal de YouTube, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto.
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de aventuras, edición una de mis niñas eternas favoritas
Historia Azul
La primera vez que hablé de duendes fue con mi amiga Mónica y su amigo Laloux. Estábamos en Piñones, jugando a todo lo que se puede jugar. Si algo me gusta de ella es que puedo brincar de una a idea a otra, y de un juego a otro, y se monta en todo. Y no se pierde, que es el detalle más importante
Jugamos un ratito en la playa y nos metimos a un paseo tablado que está entre unos árboles de pino que te hacen sentir que ya no estás en Puerto Rico, si no en Irlanda o alguno de esos países nórdicos. Estábamos brincando de una tabla a otra, jugando a escondernos aquí y allá, cuando se paró un duende frente a nosotras. Fue el primer duende que he conocido que no hablaba, mira que a ellos les gusta hablar. Él solo volteaba a mirarnos y caminaba, y volvía y nos miraba como que vengan, síganme.
Seguimos el juego de esconder y de explorar el tablado a la misma vez que lo seguíamos, total, él no quería hablar, no se iba a sentir excluido. En un momento, él paró de correr y se sentó en el mismo medio del tablado. Como no decía nada, nos paramos frente a él, a mirar todo lo que había alrededor. Yo en lo personal me puse a contar las futuras uvas playeras que crecían en un racimo cerca de mi. Tratamos de cambiarnos de tamaño para llegar a las que estaban más altas, pero no pudimos. Cuando uno no se puede cambiar de tamaño a su antojo, es porque algún reto enfrenta, y justo en ese momento me di cuenta de que algo tenía que ver con el duende silencioso que estaba sentado frente a nosotros.
Unos minutos más tarde, decidimos sentarnos frente a él a pensar en silencio también, y un rato después se nos habían cerrado los ojitos, quizás un minuto, no más de eso. Cuando los abrimos, estábamos completamente rodeados de duendes. Nunca en mi vida había visto tantos juntos, y mucho menos tantos juntos en periodo de transición de compañía de persona. Todos se sonrieron, pero se quedaron en silencio. Empezaron a caminar en una filita, y luego se acomodaron en diferentes filitas. Era toda una organización, casi coreográfica, que parecían haber hecho mil veces de tan perfecta que estaba. Augusto se les unió, y me imaginé que era una danza antigua, porque él parecía haberla hecho mil veces también. Era como si la hubieran ensayado mil veces juntos.
Estaban haciendo dibujos con las filas que formaban mientras caminaban. Me trepé en una ramita para verlos desde arriba, y me di cuenta de que la filita de duendecitos se bajaba del tablado y se metía en el mangle. Pasaban, por debajo de las raíces unos, y por encima de las raíces otros. Los seguimos, y pasamos hasta el otro lado de la laguna. Finalmente se detuvieron en unos retollitos. Cada uno fue pasando por frente a ellos, y le decía algo, nosotros hicimos lo mismo. Después pasamos por unos niditos de pájaros, y cada cual susurró su mensaje. Después llegamos hasta la playa y llegamos a unos huevos de tinglar, y una vez más cada uno dejó su mensaje. Estaban llevándonos de un lado a otro sin hablar, solo se escuchaban los susurros de mensajes a cada criatura.
Se repente entendí qué hacían allí concentrados, no eran todos duendes sin compañía, unos sí lo eran y otros no. Todos los duendes de los que estaban de pasadía familiar se habían unido para encontrarse en el bosque y el tablado y ayudar a sanarlo, un susurro a la vez. Los duendes habían llevado a los olvidadizos hasta allí para ayudar con esa tarea. Cuidaban un gran centro de vida, uno de los portales de transición más importantes de este rincón de La Princesa. Hicieron un círculo, gigantesco y pequeño a la misma vez, todos cabíamos, todos estábamos cerca, era como si las dimensiones se escaparan y no tuvieran validez.
Una vez estuvimos todos en posición, se encendió una lucecita justo en el centro, y empezó a hablar y contar historias, así pasó una y después la otra. La más que me gustó, era de alguien a quien Augusto acompañó alguna vez, hace muchos años, me dijo: "a mí también me gustaba el mar", me tiró una guiña resplandeciendo y se fue. Siguieron saliendo y diciendo una historia en una sola oración, se veía el destello y se iban. Eran destellitos de luz negros, como negro tornasol.
De inmediato recordé el día que La Muerte, la hermana gemela de La Vida, me invitó a adentrarme en ella, y conocí tantos otros destellitos, y hasta fui un destellito. Aunque todavía no me toque tenerla a ella como guía, me alegra haber tenido la dicha de tener un adelanto de tan mágico lugar.
Le tocó su turno a Mónica, y se le acercó un destellito a hablarle, pero para nuestra sorpresa, no dijo nada. Solo comenzó a jugar con ella, giraba a su alrededor y la hacía correr de lado a lado. Lo único que se escuchaba era su risa, se reía tanto, y mientras más reía, más fuerte brillaba. Augusto, Laloux y yo nos quedamos viendo. Todos los demás destellos se despidieron, y uno por uno en filitas los duendes se fueron despidiendo y marchando. Solo quedamos nosotros, viendo el espectáculo de dibujitos hechos con brillo, y las risitas de Mónica y el destellito que la vino a visitar. Cuando llegó el momento de partir, el destellito le dio un beso en la frente, y se fue riéndose, alegre de haber jugado una vez más.
Mónica regresó a donde nosotros, triste y feliz a la vez. Hacía más de 10 años que no jugaba con ese destellito, y no sabía cuándo volverían a jugar, pero tenía la satisfacción de haber jugado una vez más, y eso era lo más importante.
Una vez Mónica me dijo: "el tiempo se hace", cuando intentábamos cuadrar agendas en un momento en el que tuvo como 3 trabajos a la vez y yo 2 y, en efecto, "el tiempo se hizo y compartimos". No he conocido en la vida una persona tan fuerte, tan especial, ni tan diferente a los demás, y a la vez tan similar a mi. Haberla conocido, es casi brujería para mi, y creo que gracias a haber encontrado una persona con quien jugar feliz fue que los duendes se nos mostraron en el camino. Con ella también aprendí a ser una loca feliz, y a soltar un poco la preocupación por la opinión de los demás sobre pensar, hacer y decir eso que nos hace felices.
1 de agosto de 2020
Y tú, ¿eres una loca o un loco feliz? ¿Me cuentas?
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de aventuras, edición Uno de mis niños eternos favoritos:
Historia Verde
Una de mis personas favoritas en el mundo es un agricultor, a quien quise y supe que estaría sin estar en mi vida desde la primera vez que lo escuché hablar sobre La Princesa (bueno, la tierra, no estoy segura si su duende le ha hablado sobre La Princesa con ese término exacto)...
Una de las cosas que nos define en esta vida es educar, y cómo educamos. Cada cual tiene su estilo, y todos lo hacemos, nos demos cuenta o no. Con cada acción (o no acción), educamos a alguien, pues cada cosa que hacemos tiene un impacto en la vida de los demás (aunque todavía no lo podamos ver así). Augusto dice que en La Princesa, toda criatura se dedica a enseñar, y que cambia lo que enseña cuantas veces quiera, según va aprendiendo de otras cosas que disfruta.
Hace unos 10 años, se plantó en mí la idea de regresar al campo, y digo regreso, porque aunque yo nunca viví allá, traigo en la sangre lo que vivieron mis abuelos y mis padres. Empecé pensandolo simplemente como una actividad para distraerme, y en el camino me di cuenta de que La Princesa / la tierra es, de más maneras de las que pude haber pensado, la explicación a todo. Todo lo que quería aprender, estaba ahí, tiene como un código la tierra, que si ves con ojitos bien abiertos, puedes leer y aplicar a todo lo demás en tu vida.
En ese reconocimiento estaba, cuando decidí aprender de otros que hubieran aprendido antes que yo, y busque y busqué agricultores, y todo lo que hacían, y todo lo que escribían, y todo lo que enseñaban, me lo metí por las venas y no hubo vuelta atrás. Estuve muchos años leyendo y aprendiendo sola, hasta que un día Augusto me dijo que estaba lista para ir a aprender de frente con alguien. Unos días después, estaba con un grupo de maestros, aprendiendo sobre agricultura.
No creo que haya compartido en la vida con tantos niños felices a la misma vez, por un periodo de dos años, visité y supe sobre más fincas llenas de niños felices de las que pensé que habrían en tan pequeño espacio como esta isla. Tengo esos dos años anotados en mi vida como los más felices de mi década de trentona, y que bueno que llegaron en esta década, en la que se suponía que comenzara a crecer, si seguía los planes de otros a mi alrededor. Esa presencia me ayudó a confirmar que mi destino era ser una niña feliz por siempre, y creo que por eso, un cantito de mi corazón siempre estará repartido entre ellos.
Una de las mejores enseñanzas que recogí en esos dos años fue una frase que dijo el día en el que profundizamos sobre la composta. Ese día, aprendí más sobre ese proceso, por el cual La Princesa / la tierra "comienza" su ciclo, regresando los nutrientes que una vez le dio a lo que en ella creció. Para mi, ese proceso siempre ha sido mágico, y me resulta loco que no todos estemos aprovechando las ventajas que usarlo nos trae, tanto en nuestros cultivos como en nuestro desarrollo en general. El observar ese proceso, me ha enseñado a esperar, y a entender que cada cosa en la vida tiene su momento.
Ese día, él nos enseñó varios métodos para hacer la composta, desde productos que puedes usar, hacer y hasta envases que puedes comprar para hacerla. La última foto que nos mostró, era de la finca en la que tomábamos la clase, y en la foto se veían varias pilas de materia orgánica, en los diferentes puntos de descomposición. Después de explicarnos el método que usaba (que era llenar unas semanas y luego mudarse a una nueva), nos dijo: "así que ya ven, pueden conseguir cualquier instrumento que necesiten, o pueden hacer una fucking pila, y continuar con lo próximo". Ese día confirmé que era un niño eterno que conoce a sus duendes (aunque no lo sepa).
Esa frase se me quedó más que todo el resto de la información que nos dio ese día, quizás porque en ese momento Augusto se fue a brincar en una pila y la pequeña Natalita en otra, y en eso estuvieron hasta que se terminó la clase, y me lo tomé como una señal. Desde entonces, yo que de por sí me considero sencilla, he estado atenta a esos intentos que uno mismo hace para complicarse. A veces no sé si somos masoquistas, y queremos más problemas de los necesarios, o si buscamos complicar las cosas para tener como excusa que son complicadas para no hacer nada. Cuando tengas la duda, pregúntale a tu duende, ellos son expertos simplificando, y recuerda la frase: "una fucking pila".
1 - 19 de agosto de 2020
Y tú, ¿haces una fucking pila o consigues 20 gadgets para cada cosa? ¿Me cuentas?
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
From the publisher's feed