Bitacora de Aventuras

Bitacora de Aventuras

By Natalia Pujols RiveraHealth & FitnessMental HealthArtsBooks
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Bitacora de Aventuras episodes

  • 071 - Un Viaje en Pajarito II

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Un Viaje en Pajarito II

    Historia Azul

    El pajarito les gritó desde el aire que venía ya mismo, que quería volar un ratito más. El león se bajó de la estatua y se paró en el borde de la fuente, mirándolos fijamente.

    No mediaba palabras, solo los miraba, miraba el jardín, volvía y los miraba, y miraba la fuente, y regresaba la vista a ellos. Era del color de los ladrillos de la fuente, ese característico rojo anaranjado del ladrillo sin empañetar; sus movimientos eran bien lentos, al final era de esperarse, parecía estar hecho de piedra con color de ladrillo. Parecía estar aguantando la respiración, como si algo dentro de él quisiera salir. De repente, parado en la orilla de la fuente, soltó un chorro de agua desde su boca, la pequeña Natalita y Augusto no entendían en dónde había guardado tanta agua, pero después de todo, quizás era de esperarse, siendo un león que se bajó de una pared. Al soltar el agua su rostro cambió a uno de alivio, quizás eso era lo que no lo dejaba respirar. ¿Respiraba una estatua? No sabían, cada segundo llegaba con más preguntas de las que cabían en ese segundo.

    En un acto inesperado, les dijo hola, con la naturalidad de que las fuentes convertidas en leones de piedra se mueven y hablan, y de que todos deben conocer ese dato. Los saludó y se viró hacia la fuente. Después les gritó: ¡Sol! ¡Luna! ¡La plaza está vacía, es su momento! Y de inmediato las figuras del Sol y la Luna se salieron de la pared, y se tiraron a la fuente custodiada por el león.

    El león tomó con su boca un poco de agua de la fuente, les sonrió, se volteó hacia el otro extremo, a la entrada a la fuente larga, y apuntó al cielo. De su boca salió un rayo de agua larguísimo, parecía como el chorro de una manguera, que se extendió por todo el cielo que podían ver, asumieron que por todo el Viejo, y de repente, las gotitas comenzaron a caer lentamente, y luego más fuerte, y comenzó a llover. Las fuentes se llenaban de agua, y el león la volvía a recoger y lanzar por ratitos para mantener la lluvia constante.

    Entre medio de una de sus recargas de agua se presentó con la pequeña Natalita, y les contó que a las estatuas les encantaba jugar en sus fuentes, pero si había Olvidadizos cerca no se podía, porque enseguida los iban a querer mover de lugar para observarlos a ver si los podían hacer repetir el movimiento a su antojo.

    "No conocen nada de las estatuas que hacen, es como si no supieran que una vez hechas, las estatuas jugamos cuando queremos, no cuando alguien más lo pide", les dijo. Les tiró la clásica mirada de "Olvidadizos, qué se va a hacer", el Sol y la Luna detuvieron su juego para imitar la mirada también. Augusto y la pequeña Natalita se murieron de la risa, es verdad, a veces da tanto trabajo hacerles ver todo, que solo nos queda reírnos y aceptarlos como son.

    El león continuó: "en cierto punto decidimos que podíamos salir a jugar hasta de día cuando estuvieran de visita aquí, pues notamos que los Olvidadizos se volvían locos cuando llovía, era como si le tuvieran miedo a la lluvia, así que nos inventamos esa manera de crear lluvia para engañarlos a todos y poder salir a jugar, pues automáticamente salían todos a esconderse de la lluvia y vaciaban el lugar". Augusto y la pequeña Natalita se rieron, pensándolo bien habían notado esto también asomados desde el Balconcito de la Felicidad. A veces se sentaban en la orilla a ver la gente pasar y disfrutar sus días de visitas al barrio. Y casi como por arte de magia, una vez caía la primera gota de lluvia, todos corrían a esconderse. Todos menos ellos, ellos aprendieron hace tiempo a bailar cuando llueve y ya. Al final, la lluvia para otros es una bendición, sobretodo para sus amigas las plantitas del Balconcito de la Felicidad, verlas sonreír tanto cuando llueve los hizo aprender a hacer lo mismo.

    Jugando y lapachando todos con la lluvia y el agua de las fuentes, escuchaban al león, que siguió a contándoles historias, sobre todo historias de lo que había visto en los años que llevaba en esa fuente. Les contó que al principio veía muy pocas personas, pues esos jardines eran de la casa de unos Olvidadizos que en ese momento eran parte de La Familia Real, y que no sabían apreciar lo que tenían, tanta gente que hubiera deseado tener un jardín para pasear, y ellos lo tenían, y andaban solo pensando en conseguir otros lugares para hacer más jardines, quién sabe para qué, porque si no podían sentarse a apreciar uno solo, ¿qué iban a hacer con más de uno? Pero bien, cosas de Olvidadizos. De hecho, el león escuchó que en una de esas expediciones para buscar más tierras lejanas para hacer jardines en ellas, el dueño original murió, sin poder disfrutar ni este, ni los que esperaba tener.

    "Triste, como se le va la vida a un Olvidadizo, teniendo tanta vida de frente", dijo el León. "Jamás se dio cuenta de que éramos estatuas que jugábamos en y con el agua cuando nadie nos veía. Solo los menores de 5 Años y los Recordadores pueden notarlo, por eso nos mostramos frente a ustedes sin problema" terminó, con la misma expresión de frustración de hacía un rato.

    Antes de seguir con la próxima historia, les dijo muerto de la risa que lo más irónico de todo era que ese Olvidadizo de La Familia Real se apedillaba "de León ", hasta su nombre trataba de gritarle lo que aquí sucedería en unos años, y no logró escucharlo. Les contó un par de cosas que había presenciado; peleas, bodas, películas, reuniones de la Familia Real, la transición de abandono y recuperación de los jardines, el grupo de Mayores de 5 Años que habían abierto los jardines al público en general, y la felicidad que les había traído comenzar a ver a cientos de personas diariamente. Esto era lo mejor que habían visto en todos sus años allí, la belleza de la vida diaria, de los días "normales". Había una muchacha que venía de vez en cuando, traía una tacita de café, y se sentaba en uno de los bancos; a veces con una libreta, a veces con su celular, lo que no cambiaba era que siempre venía sola. Se sentaba en ese banco y escribía y escribía, o leía y leía, cualquiera de las dos, sin parar. Solo levantaba la vista cuando pasaban animalitos cerca de ella, los miraba sin decir nada, sonreía, y volvía a su lectura o escritura. Incontables veces presenciaron carreras de un lado a otro de la fuente, siempre de parte de Recordadores o de menores de 5 años. La vida diaria es mucho más emocionante que los días especiales, pues digamos, en una boda, siempre se sabe lo que va a pasar, con un pequeño cambio aquí o allá. Pero un día en el que una persona camina libremente por el Viejo, se tropieza con los jardines, y lo explora y descubre todo con inocencia y emoción, eso, eso no se compara con nada.

    Justo en ese momento, La Gran Reina, La Vida, se apareció al lado del león. No importa cuantas veces la hayas visto, verla siempre es un espectáculo de colores. No le falta ni un solo color, brilla tanto, y siempre aparece de la nada cuando menos te lo esperas. Además, cada vez que aparece, luce diferente, unos días tiene un afro, otros una trenza larga, y otras el pelo tan rizo como el de la pequeña Natalita. Hoy tenía un moño alto, y el pelo le daba la vuelta por todo el cuerpo, como una cascada de colores. A la pequeña Natalita esos peinados la distraían mucho, a veces casi no llegaba a escuchar todo lo que decía, supongo que le pasa a muchos, teniendo tanto para ver de frente. Se paró al lado del león y les dijo: "Así es, lo más importante, siempre será lo que se tiene de frente, el presente, por eso las actividades muy planificadas no son tan divertidas, se preocupa uno tanto por los desenlaces y por lo que aún no ha llegado, que no disfruta lo que pasa." Y así mismo como llegó, desapareció, tirándoles rayitos de luces de colores, que les cayeron sobre las naricitas y les hicieron cosquillas.

    En eso, el pajarito se bajó del árbol, no se habían dado cuenta, pero llevaba un rato ahí, jugando con la lluvia y viéndolos hablar. Se montaron en sus pezuñas, y se despidieron del león, que en ese momento aspiró con su boca y recogió toda la lluvia y la depositó en las fuentes, despejándoles el cielo para que pudieran ver mejor el camino. Las tres estatuas se regresaron a sus lugares, así como si no hubiese pasado nada.

    Una vez se montaron en la pezuña, el pajarito les contó que le había contado al león sobre las historias que contaban, y siendo un contador de historias, los quiso conocer, y le pidió al pajarito que los llevara allí. Como los leones tienen la fama que tienen, el pajarito prefirió no explicarles, para que no se cerraran a la oportunidad de conocer al león, solo por su miedo a los leones. Augusto le gritó al león mientras se alejaban en el camino de regreso al Balconcito de la Felicidad, que pronto volverían a donde él, para contarle unas cuantas historias, y para hacerlo parte de una.

    4 de abril al 21 de mayo de 2020

    Y a ti, ¿qué juicio te limita? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    12 min
  • 070 - Un Viaje en Pajarito

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Un Viaje en Pajarito I

    Historia Azul

    Un mes entrada en la cuarentena, para saciar mis necesidades "andarieguísticas", recurrí a escaparme a La Princesa con Augusto, y visitar mis lugares favoritos del mundo. Hoy, te comparto una de esas escapadas...

    Una tarde de abril, estaba la pequeña Natalita atendiendo una plantita de verdolaga en el Balconcito de la Felicidad, mirando las florecitas amarillas por si en unas horas ya no estaban, ellas son así, ahora están, orita no, hay que aprovecharlas. A su lado, Augusto sembraba unas semillitas de espinaca malabar, y fantaseaba pensando cómo iba a brincar de un lado a otro en la enredadera que pronto formaría, ¿o quizás se deslizarían enredadera abajo como si estuvieran en una chorrera? Cualquier plan era bueno, era cuestión de tiempo, pensaba.

    En eso, uno de los pajaritos, que normalmente ignoraban a todo el mundo y se paseaban por toda la casita a sus anchas, se paró a su lado y los saludó moviendo su piquito y su colita de un lado a otro. Les dijo que quería enseñarles uno de sus lugares favoritos, y que estaba seguro de que a ellos les gustaría también. Se cambiaron de tamaño de inmediato, por eso de hacer clara su aceptación a la invitación, y se montaron en las pezuñas del pajarito, listos para una aventura voladora.

    Volaron por encima de las calles del barrio, que se llamaba San Juan y como era el más viejo barrio en este rincón de La Princesa, le llamaban El Viejo. No siempre se tiene la oportunidad de ver el barrio desde el aire, o cualquier lugar desde el aire a decir verdad, así que aprovecharon la ocasión, y encontraron recovecos que no habían visto antes. Como siempre, las nuevas perspectivas te hacen ver cosas nuevas hasta en lo más cotidiano. Siguieron la calle San Francisco hasta el final, y doblaron a la derecha por una cuesta gigante en la calle del Cristo, luego giraron a la izquierda en la calle San Sebastián, y cruzaron el portón al final de la calle. De repente, el paisaje dejó de ser de terrazas de edificios coloniales y plazas escondidas entre medio de ellos, y se volvió jardín. Después de volar un rato sobre una casa blanca y el jardín que recién descubrían, el pajarito aceleró sin avisar. Voló super rápido, quizás por la emoción, era como si estuviera en una carrera, volando por encima de una fuente de agua bien largota, como una pista de aterrizaje, que estaba en medio de los jardines. Tan rápido voló, que la pequeña Natalita y Augusto se cayeron de su pezuña.

    Ellos se habían encogido al tamaño de una mosca, para hacer más fácil el vuelo al pajarito, pero al ser tan minúsculos, el pajarito al parecer ni cuenta se dio de que se cayeron, y cayendo, ahora sintiendo todo en cámara lenta, vieron como siguió volando de lo más feliz, mientras ellos volaron por el aire hasta caer adentro de la fuente que hacía un ratito les pareció una pista de aterrizaje.

    La fuente estaba llena de ranas, todas se paralizaron y se les quedaron viendo. La pequeña Natalita y Augusto estando del tamaño de moscas, probablemente fueron vistos como un delicioso almuerzo. La rana más grande de todas se les paró de frente, y justo estaba sacando su lengua para comerlos, cuando la pequeña Natalita tuvo una idea. Miró a Augusto, le pidió con los ojitos que le siguiera el jueguito, y comenzó a cantar una canción, una canción que se parecía a la canción de otra ranita que vive por aquí, el coquí. Augusto de inmediato se le unió, y repitió con ella CO - QUÍ, CO - QUÍ.

    La rana los miró confundidos, nunca había escuchado a una mosca hablar, mucho menos cantar. La rana se transportó a su niñez de inmediato, recordó a su mejor amiga, cuando era una niña, era una ranita coquí, y cantaba casi igual que las moscas que tenía frente. Cuando crecieron, tuvieron que separarse, pues al coquí le gusta la humedad pero no le gusta vivir dentro del agua, y a esa rana sí. Se despidieron sabiendo que era lo necesario, con la promesa de buscarse un día para saludarse y jugar un ratito. Ese día no había llegado todavía.

    Augusto y la pequeña Natalita aprovecharon que ya nadie intentaba comerlos, y les explicaron que no eran ni moscas ni coquíes, pero que sabían de un escondite cercano de coquíes, que vieron un rato antes en su vuelo en el pajarito. La rana se emocionó, y se preparó para seguirlos en la aventura de encontrar los coquíes, y ojalá que con ellos, a su gran y vieja amiga. Augusto se llevó un par de piedritas de la fuente, y le fue marcando el camino a la rana, para que pudiera regresar cuando quisiera a jugar con su amiga. Augusto dice que es bueno ayudar a los demás a conseguir algo, pero que es más bueno todavía enseñarles cómo hacerlo para que la próxima vez puedan hacerlo sin ayuda, así evolucionamos en conjunto (y también por si no logramos volver a verlos).

    Caminaron por los jardines, casi hasta el otro extremo de la fuente, y rebuscaron entre los arbustos hasta que llegaron al escondite secreto de coquíes. Augusto y la pequeña Natalita movieron las hojitas, y la rana entró. Para su sorpresa, justo en el centro, tal cual había estado ella en su estanque, estaba su amiga coquí. Se reconocieron de inmediato, y brincaron a abrazarse y a jugar. La rana era mucho más grande que el coquí, pero de alguna manera el coquí lograba brincar más alto que la rana, y siempre le llevaba la delantera cuando eran niñas. Ahora, la rana había descubierto nuevos trucos que podía hacer, y aprendió a dominar sus largas piernas. Tanta fue la euforia del juego que todos comenzaron a saltar como locos, y Augusto y la pequeña Natalita se unieron al brincoteo. Augusto siempre dice que tenemos electricidad en el cuerpo, y que el saltar hace que se activen todos los conductos, y que se creen nuevas conexiones entre nuestros circuitos, así que lo vio como la perfecta ocasión para recargar de electricidad.

    Se volvieron locos brincando e imitando a las ranas y a los coquíes, y se terminaron alejando del escondite de los coquíes y dejando atrás a la rana, lejos del estanque. La pequeña Natalita sugirió volver para ayudarla a regresar, pero Augusto le mostró el camino de piedritas que le había dejado para que pudiera regresar sola. Sabiendo que ella estaría bien, siguieron brincando y alejándose cada vez más del escondite, hasta que se tropezaron con otra fuente, justo frente a una pared gigante. En la fuente había tallado un león, a un lado un sol y al otro una luna. La pequeña Natalita se asustó, y Augusto le dijo que no había que tener miedo, que para levantarlo, solo había que acercarse y hablarle al oído. La pequeña Natalita se quedó viendo a Augusto confundida, intentando entender de qué manera despertar al león sería bueno para ellos, pero antes de que pudiera preguntar Augusto brinco hasta el oído del león y le pidió que se mostrara.

    La estatua dio un rugido que hizo que las hojitas del árbol más cercano se cayeran al piso. Augusto cayó de un brinco al lado de la pequeña Natalita, que lo abrazó y llamó al pajarito para que los viniera a buscar...

    Continuará...

    4 de abril al 21 de mayo de 2020

    Y tú, ¿a dónde te escapas? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    12 min
  • 069 - La tribu de JAN visita la tribu de NES para una celebración

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición la tribu de JAN visita la tribu de NES para una celebración:

    Historia Violeta

    Una tarde de septiembre, fuimos invitados por unos Mayores de 5 Años de la tribu de NES a una celebración un poco triste pero feliz a la vez: una de nuestras mejores amigas en el mundo cumplía 5 años. Es un momento difícil, pues a partir de ese momento se comienza a olvidar exponencialmente La Gran Ciencia del Balance, y temíamos mucho por ella, y lo que podría cambiar a partir de este momento. Decidimos disfrutar el momento y no temerle, a petición de Augusto, que siempre disfruta de una buena fiesta...

    Para hacer aún más amena la celebración, invitamos a dos de los niños de la tribu de JAN, y de camino cantamos, bailamos, y tuvimos terapia de gritos, ya ni recuerdo por que. Augusto me sugirió incorporar la terapia de gritos un día que nos vio a todos cansados y un poco molestos (cada uno por sus propias razones). Me dijo, Natalia, es importante vivir cada emoción, para poder soltarla, en esta vida hay que aprender a soltarlo todo, si es que uno quiere ser verdaderamente libre y feliz. Haciéndole caso como siempre, desde entonces, si hay molestia, nos montamos en el carro para no molestar a nadie más, contamos juntos en cuenta regresiva desde el 5, y sustituimos el 0 por un gran grito para dejar todo ir. Repetimos cuantas veces sea necesario hasta que podemos ver las molestias ponerse finititas finititas para caber por el pequeño espacio que hay entre las ventanas cerradas del carro, y luego llenarse de aire al salir del carro, convirtiéndose en globos volando por el cielo hasta llegar al espacio, en donde hay tantos recovecos para esconderse que ya no molestan a nadie, y ser libres también.

    Llegamos al cumpleaños, ya más ligeros habiendo dejado ir la molestia del momento. La celebración resultó ser en una cueva llena de obstáculos. La niña de la tribu de NES, que era la cumpleañera, disfrutaba mucho de las aventuras extremas y, aunque estaba muy pequeña para ir sola a tenerlas, los Mayores de 5 Años de la tribu decidieron llevarla a una cueva que tenía una ventana por la que se podían asomar, así se aseguraban de que estaba a salvo mientras exploraba y vivía una aventura extrema por su cuenta junto a sus amigos.

    Una vez abierta la entrada a la cueva, todos los Mayores de 5 Años se quedaron en la ventana, y los niños entraron, todos excepto la niña de la tribu de JAN, pues no pareció muy dispuesta a explorar, y se quedó en mi falda mirando a los demás por la ventana. Al ver lo divertido que se veía la cueva, quise obligarla a entrar, en el normal afán por vivir las experiencias por los demás, pero Augusto vino corriendo desde la cueva donde se había ido detrás de los niños para recordarme que cada individuo decide cuando está listo para vivir las experiencias, y no es nuestro lugar decidir por ellos. Nos tiró un besito a cada una y se fue corriendo a la fila de niños otra vez.

    La niña de la tribu de NES llevaba la delantera, era la gran líder de la expedición y reconocía su responsabilidad, exploraba cada recoveco antes de permitir que alguien la cruzara, y le daba pistas a los demás para que lo hicieran sin problemas. El primer obstáculo era un camino de tierra movediza, que tenían que atravesar para llegar a las montañas que luego debían cruzar para llegar al lejano manto volador. Para cruzar por el camino de la tierra movediza, la niña de la tribu de NES les pidió que se agarraran las manitas para hacer una cadena, pues se necesitaba la ayuda de todos para poder cruzarlo, porque de uno en uno se hundía más rápido la tierra. Se colocaron en línea, y fueron corriendo de la mano formando zig zags, para distribuir su peso uniformemente por todo el camino y conseguir con esto que la tierra no se hundiera. Se quedó en la orilla de la primera montaña, ayudando a subir a cada uno de los niños según iban saliendo del camino de tierra movediza. Quiso esperar al niño de la tribu de JAN, que se había separado de la filita, pero Augusto vino corriendo y le dijo que no se preocupara, que siguieran los demás, que él cuidaría del niño.

    El niño de la tribu de JAN había decidido lanzarse a otro camino más largo de tierra movediza, pues recientemente había aprendido a correr muy rápidamente, como sus muñequitos favoritos: Sonic y Kiriku, y quería usar sus habilidades. Prefería estar aparte para no tropezar con nadie, y probar cuán rápido podía correr y subir montañas de obstáculos. En su intento, se cayó en múltiples ocasiones, pero se levantó y lo volvió a intentar, cada vez. La niña de la tribu de NES le advertía en dónde podía tropezar, pero él no estaba muy atento a los avisos, estaba demasiado feliz de estar allí, no podía pensar en más nada que no fuera atravesar los obstáculos, y como sabía que Augusto corría a su lado y cuidaba de él, continuaba tropezando y volviendo a intentar feliz. A pesar de haber cumplido recientemente sus 6 años, el niño de la tribu de JAN, al contrario de otros de su edad, no comenzaba a olvidar exponencialmente, pues su mente y su desarrollo, eran más avanzados que los de muchos de nosotros, en resumen, él es de los pocos afortunados que son elegidos al nacer para no olvidar nunca.

    La niña de JAN permanecía en la orilla de las tierras movedizas, no quería participar, pero estaba anonadada mirando a todos esos valientes saltar de una montaña a otra. Ella siempre había sido una niña más calculadora, le gustaba ver a otros jugar primero y aprender viendo, para entonces decidir si jugaba o no, y a decir verdad la mitad de las veces le bastaba con mirarlos y entretenerse inventando su propio juego.

    Una vez llegaron a la gran manta voladora, los niños celebraron por llegar a la meta. Le llamaban la manta voladora porque con cada paso que dabas sobre ella salías disparado en el aire, y era casi casi como volar, mientras más fuerte pisabas, más fuerte te disparabas por el aire, así que como se imaginarán, todos brincaban fuerte para volar más alto. En ese brincoteo andaban, cuando Augusto salió corriendo hacia la ventana de la cueva. Augusto se había salido a hablar con los duendes de los Mayores de 5 Años que por la ventana miraban a los niños jugar, para que se encargaran de incitarlos a jugar en la carrera de obstáculos, aunque fuese un solo día. Ellos no tardaron en entrar a la cueva, y corrieron directo hacia los niños, utilizando todas las estrategias que los habían visto utilizar.

    Una vez en la cueva, encontraron una gran planicie, y decidieron jugar a las carreras de caballos. Los Mayores de 5 Años dejaron de ser Olvidadizos y miembros de la tribu de NES, y se transformaron de inmediato en veloces caballos. La pequeña Natalita y Augusto se quedaron de espectadores, hilando memorias colectivas en la gran base de datos de la red del aire, que solo los Recordadores pueden ver, y que está disponible para todos los Olvidadizos que estén dispuestos a recordar La Gran Ciencia del Balance, y a absorber todo el conocimiento que se ha descubierto, y el que está por descubrirse.

    Por cada niño, un Mayor de 5 Años de la tribu de NES se convirtió en caballo, y escogió a su jinete. Iba a comenzar la gran carrera de caballos, y decidí convertirme yo también en un caballo, a petición de la niña de la tribu de JAN, que por primera vez en el día se une a los demás. Mientras corríamos, me contó que no le gustaba la tierra movediza, pues cuando era más pequeña había pasado un susto, casi se hundía, y no había querido volver a atravesar un camino así. Habiendo visto la estrategia de la rapidez que usó el niño de la tribu de JAN para atravesarlo, estaba lista para hacerlo, ya no tenía miedo, estaba montada en un caballo, y las habilidades del caballo se le transferían a ella, ahora era rápida, era poderosa, era, definitivamente, invencible. Atravesamos el camino victoriosas, y todos gritaron de felicidad corriendo sus caballos, pero nadie gritó tanto ni río tanto como ella. Había conseguido superar su miedo, al parecer solo hacía falta un caballo.

    Mientras corríamos, me preguntaba cuál sería mi caballo, esa arma secreta para sentirme poderosa en las cuevas de obstáculos, y se me ocurrió que quizás La Vida se va pasando por etapas, y que por ahora la respuesta era ser el caballo, por si acaso no llegaban los caballos a cargarme.

    viernes, 4 de octubre de 2019

    Y tú, ¿tienes un caballo o eres tu caballo? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    12 min
  • 068 - Los Máximos y las Dualidades

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Los Máximos y las Dualidades:

    Hitoria Chinita

    A veces noto que la gente se me caga en mi madre cuando en medio del caos y su desesperación mi única contestación es: ¿estás dando tu máximo? Me resulta increíble cómo a veces uno integra frases a su interior y ni se entera, uno se automatiza, esa me la regaló Augusto. Es como cuando era más pequeña, que insistía en que no era como las demás "nenas", y me llevaba mejor con los "nenes", al punto de que más adelante en la vida me refería a mí misma como un "macho más dentro de mi grupo de amigos", y me resultaba totalmente ofensivo que me dijeran que era una "mujer"...

    He hecho la paz recientemente con todos esos términos, probablemente mi subconsciente comienza a entender que ni siquiera recuerdo ya por qué fue que me empezó a molestar ser como "las mujeres", aunque tengo la teoría de que solo lo repetí de mi mamá, porque en mis visitas de las últimas semanas me entretuve contando cuántas veces en un solo día hizo el comentario (3 - 4).

    Las ideas, las frases, la repetición, que fuente de poder más cabrona y peligrosa, y que a la vez puede ser tan edificadora; y pensando en retrospectiva a esta semana macabra y decisiva a la vez, me llena de terror y aliento a la misma vez. Y yo acá hablando de dualidades, y acabo de recordar "la fuerza" y sus balances, adecuado diría yo, en un 4 de mayo (bueno, en español no da tanta gracia), pero ya, enfoque Natalita, historias de "Jedis" para otros días.

    En honor a lo que se vive en el país fuera de mi pequeña burbuja de felicidad auto creada, esta semana, junto con miles de otros boricuas, salí a la calle, a dejar sentir mi voz, junto con la de ellos. Y estando en las marchas, y regresando de ellas me volví a topar con la misma conversación interna del poder de las frases y la repetición. Hoy, unos días después de caminar, cantar consignas y lamentablemente, esquivar gases lacrimógenos, finalmente puedo hablar en paz del tema, había andado un poco sentimental toda la semana a raíz de los desenlaces. Me puse a pensar en dos cosas principales: las consignas y los comentarios en redes sociales. Volvemos a la repetición y las dualidades. En una marcha, uno se une a un colectivo y canta consignas en conjunto, y a veces ni se da cuenta uno de qué está repitiendo, ni del poder que tiene esa repetición. En los últimos años, me he vuelto más consciente de las cosas que digo, y por ende, me vi repitiendo algunas consignas pero otras no.

    Luego de una marcha, desarrollé la costumbre de regresar a la casa, y ponerme a revisar qué estaban diciendo otros sobre la marcha (y diría yo que en estos tiempos al llegar de cualquier lugar, a veces revisamos hasta mientras estamos en los lugares). Creo que es una costumbre desarrollada en conjunto, a decir verdad.

    Entonces, uno encuentra videos y escritos que se han visto y compartido infinidad de veces. La mitad de las veces, esa repetición se da meramente por apoyo incondicional a alguna persona o causa, y esta vez no fue la excepción. Pude ver análisis y opiniones de parte de personas que no estuvieron ni cerca de los hechos, unos con tono de condena y otros con tono de aplauso, y la seguridad en su repetición me causó un poco de miedo, casi tanto miedo como estar en medio del grupo y repetir consignas con las que no estoy de acuerdo sin querer porque me agarró la emoción del momento. Cerré la pantalla de los análisis ante la frustración de lo que leía, y después me vino a la mente la maldita frase que tengo impregnada: ¿están dando su máximo?

    Aunque me molestó mi propia contestación, la verdad era que sí, estaban dando su máximo y, a su entender, esa es la realidad y lo único que pueden analizar de todo lo que pasó y de lo que está por venir en nuestro país (que puede resultar perjudicial incluso para ellos mismos, aunque aún no lo vean así). Así que me dije la frase tal cual se la digo a los demás, si la gente está dando su máximo, tengo dos opciones (como siempre): o aceptar que es su máximo y respetar sus opiniones y análisis; o ayudar a otros para que su perspectiva pueda ser cada día más amplia, y puedan ver la película completa antes de hacer esos análisis que me pusieron triste en primer lugar.

    Como buena niña eterna que soy, opté por la opción de intentar de derrotar el imperio, yendo en contra de la corriente. El lado oscuro de la fuerza, (al final volvimos con la fuerza, qué puedo decir, mi papá nos crió en ella), esos a quienes nosotros mismos hemos ayudado a estar en el poder, asumo que llegan a su casa y se sientan a ver (me imagino que con vino y tapas y to'a la pendeja') cómo nos 'esbaratamos nosotros mismos, solitos, sin ayuda, sin poner el mínimo esfuerzo, que cosa cabrona. Y nosotros tan pendejos que todavía caemos mano, eso es lo verdaderamente cabrón del lado oscuro.

    ¿Y qué tal si en lugar de ejecutar los planes que el imperio diseñó para nosotros como maquinitas y estar peleando entre nosotros mismos nos ponemos cada uno pa' lo suyo y echamos pa'lante este hogar común? Digo, pensando yo acá, porque al final del día, al menos yo, prefiero invertir mi tiempo contribuyendo con proyectos que ayuden a la masa de la que soy parte, antes que invertirlo en estar frustrada por la opinión de alguien más. Además, no hay mejor escuela que el ejemplo, y si yo soy la primera que anda cayendo en las trampas de división, ¿cómo voy a ayudar a los demás a salir de ellas?

    22 de abril - 4 de mayo de 2018

    Y tú, ¿cómo te saliste de las trampas de división? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    9 min
  • 067 - Los Maestros

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Los Maestros:

    Historia Roja

    Tengo una percepción un tanto cínica de la religión y las búsquedas espirituales, por eso, no tiendo a compartirla con frecuencia. Hoy me levanté pensando en la búsqueda de la perfección y los balances, a veces uno cree que se las sabe todas cuando se queda en su zona cómoda, y un solo día que te sales de esa burbuja y la cagas a nivel masivo, te hace preguntarte si todas tus búsquedas han sido en vano, habiendo fallado en una prueba tan sencilla...

    En este último año, la vida ha cambiado un montón, pasé de ser una soltera eterna a ser una novia y una madrastra hecha y derecha en cuestión de semanas (literal semanas, así de casco me tiré jeje). Los niños son bebés como quien dice, así que entré en la edad perfecta, siento que andamos entre amigos más que cualquier cosa. Todo era perfecto hasta el día que me tocó quedarme sola con ellos, claro, uno puede ser el amigo mayor siempre que haya otro adulto envuelto, pero algo que nadie me advirtió fue que me tocaría a mí también ser el adulto de vez en cuando. Las primeras veces fueron interesantes, pero se logró, terminaba alabando a las madres del mundo, preguntándome cómo lo podían hacer todos los días, y dormida en el mueble sin recoger ni un solo papel del piso, fregar un solo plato o tener la más mínima intención de bañarme.

    La última vez que vinieron los nenes, había tenido una semana interesante de trabajo todos los días sin parar, andaba muerta, y por cosas de la vida, me los tuve que llevar a trabajar conmigo y todo. Digamos que para las circunstancias se portaron bien (digo pensando en que qué carajo me creo yo diciendo que se portan bien o mal, si los niños no pertenecen a oficinas ni restaurantes donde no pueden hacer ruido ni tocar nada, pero bien, eso lo aprendí ese día a la mala). Cuando regresamos a la casa, me disponía a empezar a cocinar y me doy cuenta de que se me acabó la comida favorita del nene, que solo come una cosa casi que en el mundo, y no tenía más en la casa, pero tampoco iba a salir de nuevo solo a conseguirlo, así que recordé una segunda cosa que esporádicamente come y se la ofrecí. Me dijo que no todo el tiempo.

    Después de múltiples intentos, se quedó sin comer, y nos tiramos la rutina autoestablecida para sobrevivir la maternidad doble sin nada de experiencia, ya a las 8:00 PM estábamos tirados en la cama viendo un corto de muñequitos para dormir. Me toca y me dice: "tengo hambre", y me entra la culpa de que no conseguí que comiera nada y le digo: "lo que hay es lo que te ofrecí, lo que quieres se me acabó, si te lo comes lo caliento". Para mi sorpresa, dijo sí, así que le arranqué la mano y nos levantamos para ir a comer. Le caliento la comida, y cuando se la doy me dice que no quiere, pero sigue diciendo que tiene hambre. Ahora viene el momento que no esperé llegar, pues siempre me he considerado una persona paciente. Como lo he visto comer eso mil veces, le dije de mala manera que eso era lo que había, y le puse la cuchara cerca de la boca para obligarlo a comer. Cuando me empujó la mano con susto (nunca me había visto obligarlo a nada ni perder la paciencia) me molesté y le dije, de mala gana otra vez, "pues quédate con hambre entonces". De repente los vi con los ojitos abiertos a los dos y me di cuenta de que había perdido la paciencia por una bobería, y se me aguaron los ojos, lloré como una pendeja entre medio de los dos y les pedí perdón.

    Obviamente, ya ellos estaban encima mío otra vez de lo más felices viendo los muñequitos y listos para regresar a la cama a dormir, y abrazándome. Eso me hizo sentir más culpable todavía. Al otro día se fueron temprano, no tuvimos cierre (otra vez, no tuve yo, ellos me dieron beso y abrazo de lo más normal). Por alguna razón, hoy cuando entraron por la puerta yo estaba super asustada, pensé que estarían molestos y recordarían solo la cabrona cuchara de arroz directo hacia la boca de la última vez.

    El ego es una cosa loca, creo que lo que me dolía de verdad era que había perdido la paciencia y nunca me pasaba y me sentía que me había alejado de mis esfuerzos por "ser mejor". Mierda, me preocupaba su impresión sobre mí, yo ya sé dentro de mí que de vez en cuando uno resbala y no es su mejor versión, pero que alguien más lo note, eso sí que nos duele. Obviamente, como nacemos sabios y olvidamos todo al crecer, hoy ellos estaban como si nada.

    Para un niño, no hay tiempo que perder con inseguridades, ni con molestias, la vida es mejor pasarla jugando al monstruo entre las sábanas y debajo de las almohadas en la "casa de Natalia", como le llaman. Para dejarme llevar un poco más de su sabiduría, brincamos en la cama toda la mañana agarrados de las manos para no caernos, jugamos a cocinar bizcochitos y no nos preocupamos por el escándalo de las risas.

    Creo que ellos hicieron las paces con la cucharada de arroz desde esa misma noche pero, al menos yo, las hice hoy, entendiendo que un día que pierda la paciencia no me hace una mala madrastra, y mucho más importante, aprendiendo que si de niños se trata, es mejor seguir sus planes de juego que intentar imponer el orden de adultos que no aprecian el ruido de las risitas. O al menos casi siempre, después de todo, ellos son los que saben sobre la vida, y nosotros apenas andamos por ella intentando recuperar esa sabiduría.

    1 de septiembre de 2018

    Y a ti, ¿qué te ha ensenado algún niño? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    9 min
  • 066 - Ya no estoy enferma

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Ya no estoy Enferma:

    Historia Roja

    El cuerpo y la mente son una cosa loca. A veces se nos olvida lo entrelazados que pueden estar. Te escribo esta historia con aires de victoria, atrás quedó mi extraña enfermedad, casi tan automáticamente como comenzó, solo hizo falta escuchar y buscarle la lógica...

    Como te contaba al comienzo de esta cuarentena, hace un año y un poquito más, me mareaba cada vez que comía, y eso me limitaba para todo, así que poco a poco tuve que ir dejando actividades atrás, al punto de que dejé hasta de guiar. A veces, uno tiene una idea de qué debe hacer para estar mejor, y por alguna razón no se escucha, quizás el orgullo de tener siempre la razón, o de siempre querer saber qué hacer.

    Comprobado me ha quedado con esto, que no existe nada más refrescante que la perspectiva de un total extraño. Es importante escucharnos, y escuchar a nuestras personas más cercanas, pero muchas veces esa cercanía termina por nublar la realidad, pues por más que queramos, es difícil ser parciales cuando se trata de nosotros mismos. Lo mejor de un extraño, es que es una persona que no sabe nada sobre ti ni sobre tu vida, así que tendrá una mejor capacidad para ver todo sin una opinión pre formada.

    Escuché de una persona que me pareció la correcta para mi, y decidí darme la oportunidad de intentarlo y darle un descansito a los doctores, que hasta el momento no habían podido encontrar nada. Te cuento esto sin mucho detalle, pero con la garantía de que sí funciona, pero si quisieras saber más sobre esta persona que me ayudó, y que quizás podría ayudarte a ti, comunícate por mensaje privado y te envío toda la información.

    Sin más preámbulo, que comience una vez más la aventura, después de una pausa más que necesaria para escuchar a mi cuerpo y lograr estar mejor. Gracias por acompañarme, por escuchar nuestras historias, y por adentrarte con nosotros en el mundo de La Princesa, eso sí que es de valientes. Por aquí te espero los miércoles y viernes a las 10 PM, para contarte una historia antes de dormir.

    17 - 20 de mayo de 2020

    Y tú, ¿has tenido una enfermedad sin explicación? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    7 min
  • 065 - La Frustracion

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edicion La Frustración:

    Historia Violeta

    Ayer me puse a ver un documental que solo me recordó cosas que ya sabía, y que quizás de alguna manera trataba de ignorar para no bregar con tristezas y otros sentimientos que no me gustan. Creo que ese sentimiento de incertidumbre al pensar en el cambio climático es natural, al menos yo, no dejo de pensar en lo que le dejamos a los que se quedan. Ver la imagen completa puede ser abrumador y, por lo menos a mi, lo más que me afecta es el sentimiento de impotencia, de no poder controlar las acciones de todos, esas acciones que, a mi entender, hacen falta para lograr los cambios necesarios. En medio de ese diálogo andaba orita, pero tengo la suerte de habitar con unas cuantas versiones de mi misma, y con el Gran Augusto, que siempre me ayudan a ver posibilidades diferentes....

    Un poco frustrada y llena de impotencia, me senté a tomar el café en una esquinita al lado de las plantitas, para mirarlas. Es de las medicinas más efectivas para apagar las tristezas en el cerebro un ratito y pensar en otras cosas. Augusto buscó su tacita y se sentó al ladito mío, en silencio. Por más que quisiera estar bien, hay días que lo que uno quiere que sea, no es, y eso no los hace mejores ni peores días, solo diferentes, y si así es que se siente uno, pues eso fue lo que trajo ese día.

    Tal como me enseñó Augusto, en la media de colar puse un poco de harina de café, un poco de canela, y un toque de preocupación e impotencia en polvo, y le tiré agua hirviendo por encima. Los sentimientos hay que vivirlos todos, y si alguno te gusta menos que otro, tienes que mezclarlo con algo que sí te guste para que sepan ricos, así se cuelan junto con el café, o con el té, o el jugo, o lo que escojas, y se toma a sorbitos para irlos procesando poco a poco. Respirando el humito que soltaba la impotencia y viendo los jueguitos que hacia el humito con el viento del Balconcito de la Felicidad estaba, cuando vi un lagartijo frente a mi.

    Es mi animal favorito en el mundo, en el otro extremo de las cucarachas, que son el animal que menos me gusta en el mundo. Lo más curioso, es que aunque siempre me gustaba, se hizo mi animal favorito en el mundo un día que estaba estudiando tarde en la noche (como siempre, si es que eres estudiante de arquitectura) y en medio de mi frustración por no ver el final de la tarea que tenía para el siguiente día, y el sueño que no aguantaba, se me paró una cucaracha gigantesca de frente, mirándome, casi como un reto. Mi primer impulso fue llorar (por esa época lloraba bastante, la falta de sueño al parecer te pone sentimental, y en esa época la falta de sueño era la norma), después llamé a mi hermana mayor (que estaba en Mayagüez, al otro extremo de la isla, todavía no sé ni por qué, no era como que podía venir a sacarla desde allá, pero bueno, la lógica del frustrado y amanecido), y obviamente me dijo: "pues mátala". Claro, que sonaba como una decisión lógica y sencilla, pero dentro de mi falta de amor por ellas tengo una contradicción gigante, y es que no las puedo matar, lo he hecho, pero no sé qué me da más sentimiento, si tenerlas cerca o matarlas. En esa indecisión andaba, y ella quieta mirándome, y de repente me brinca un lagartijo al lado, y me mira fijo, y mira la cucaracha, y vuelve y me mira fijo, y sin quitarme la vista de encima saca la lengua y se come la cucaracha.

    Se quedó mirándome fijo, y yo tratando de entender, la cucaracha era más grande que él, pero lo logró. Juraría que me sonrió, y se fue victorioso, pues me había rescatado del llanto y la frustración de esa madrugada. Desde entonces, los lagartijos y yo somos inseparables, y se imaginarán la felicidad que sentí cuando finalmente comenzaron a llegar al tercer piso en el que vivo, se tardaron como 2 anos, pero llegaron.

    Estaba mirando el lagartijo, y recordando esa historia de uno de sus primos lejanos, y dándole las gracias otra vez, cuando noté que la pequeña Natalita se tiró de un brinco del lacito en el que estaba. Normalmente, la pequeña Natalita se acuesta a dormir cuando me ve intranquila, y me deja vivir ese momento sola, pero parece que me veía tan mal que quiso ayudar. En realidad, cuando uno esta así como tristón, bregar con la pequeña Natalita puede ser un poco aborrecedor, pues siempre está contenta, siempre está inquieta, y es como si no entendiera que a veces hay que detenerse un ratito. Traté de explicarle que no era el mejor momento, que estaba tratando de pensar qué hacer, ahora que ya nada volvería a ser lo mismo, pero me miró con carita de incomprendida, hizo un dibujito en el aire con el humito de impotencia que soltaba mi tacita de café, me tiró un besito, se río y se paró frente al lagartijo.

    El lagartijo me quitó la vista, la miró a ella, y brincó para el tiesto de al lado. La pequeña Natalita se fue riéndose a perseguir al lagartijo, que ahora brincaba de tiesto en tiesto. Me quedé mirándolos un rato, me daba más gracia que otra cosa el brincoteo que tenían. La pequeña Natalita es bastante torpe, a veces se me olvida porque no me detengo a mirarla. Se emociona tanto que no piensa a cabalidad las cosas, y se tropieza y se cae a cada rato, siempre tiene el trajecito manchado o con algún agujero, y yo la ayudo a coser un parchito para cerrarlo, porque cuando un trajecito le gusta no hay quien la haga quitárselo. Ella insiste en que se ve más lindo así, y a decir verdad, últimamente he estado poniendo parchitos yo también, remendando y reusando todo.

    Se trepó hasta la punta de Chayita, que es el arbolito más grande del Balconcito de la Felicidad, y tratando de seguir al lagartijo y brincar al otro tiesto, terminó volando por el aire y cayendo reventada en el piso justo frente a mi. Yo andaba tan distraída pensando en los parchitos que no la vi a tiempo. Cuando la fui a ayudar a levantarse estaba llorando en el piso acostada, y me sacudió la mano para hacerlo sola, es bastante terca, creo que en eso somos iguales. Mientras se sentaba el llanto fue cambiando por una carcajada contagiosa que hizo que terminara yo riéndome también de la reventada que acababa de darse. Se enderezó, y vaya usted a saber, detrás del lagartijo se fue otra vez, esta vez cerca de la baranda, y arriesgándose a una reventada mayor. Quise detenerla, pero la di por loca. Al final, ella sabe exactamente lo que puede pasar, y está dispuesta a arriesgarse, con tal de disfrutar el juego con el lagartijo. El juego es lo único que le importa, bueno, no lo único, lo más que le importa.

    De repente, veo a la pequeña Natalita buscando como una loca entre tiesto y tiesto al lagartijo, que fue más rápido que ella y se le escondió. Me iba a parar a ayudarla a buscarlo, y cuando me fijo, el lagartijo estaba parado frente a mí otra vez, sonriéndome. Los lagartijos son seres de luz y paz, ellos no hablan, casi no interactúan, solo te miran y sonríen, es como si supieran algo que tú no sabes. Para algunos puede ser desesperante, pero a mí me gusta de vez en cuando no saber qué vendrá, o qué piensa alguien más, solo mirar y sonreír; y esperar lo mejor en todos en el proceso.

    Augusto se levantó y llamó a la pequeña Natalita, que vino corriendo sacudiéndose el trajecito, me tiraron un besito cada uno, y se subieron al lacito a descansar, justo ahí me di cuenta de que ya atardecía. En realidad, Augusto se había puesto de acuerdo con el lagartijo, cuando me sintió tan intranquila, y así, entre juego y juego, y brinco y brinco, el día se fue siguiéndolos por el balcón, en lugar de preocupándome por lo que quizás vendrá y por lo que no se puede controlar.

    Ignorar el problema no ayuda a solucionarlo, pero tampoco ayuda sobre enfocarse en él. Creo que ayuda dar una pausa entre un intento y otro, para venir con más impulso con otra solución. Está más que claro, que vamos a fracasar en muchos intentos, lo importante es llorar la frustración y reírse después, para poder dar los próximos pasos, habiendo dejado la reventada atrás. No sé si lograremos hacer los cambios necesarios para sobrellevar lo que nos espera, pero tampoco tengo seguro que no lo lograremos, y eso me da el rayito de esperanza necesario para enfocarme en hacer mi parte. Solo haciendo mi parte puedo esperar lograr que otros se animen a hacer la suya, y si logro animar a una sola persona, con eso me basta para saber que es posible el cambio.

    Te dejo el documental para que lo veas, con la promesa de que justo después de verlo pongas tu película favorita para que te anime, y no te quedes en la impotencia. Ojalá que te ayude a establecer tu plan para poner tu parte, pues es de parte en parte, y de individuo en individuo que se lograrán los grandes cambios necesarios, pues esta tarea nos toca a todos, no existe una persona que pueda lograrlo sola.

    3 de mayo de 2020

    Y tú, ¿tienes algún remedio para la impotencia / frustración? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    Documental: Planet of the humans, Michael Moore

    https://www.salon.com/2020/05/01/why-planet-of-the-humans-michael-moores-new-film-about-green-energy-is-so-controversial/

    12 min
  • 064 - La Libertad

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de Aventuras, edición La Libertad:

    Historia Verde

    Mientras Augusto y la pequeña Natalita hacían esquejes en el Balconcito de la Felicidad, continuaron su conversación mientras yo terminaba el almuerzo con las hojitas que me trajeron...

    N: Mmm, yyy ¿por qué es libertad?

    A: En la seguridad alimentaria, todos tienen todo lo que necesitan pero, ¿quién se los da?

    N: ¿Los papás? ¿El gobierno?

    A: Podría ser pero, ¿y el día que falten ellos?

    N: Verdad es, habría que aprender como ellos lo hacen entonces

    A: Exacto, en la soberanía alimentaria, todos tenemos las herramientas necesarias para producir todo lo que necesitamos

    Es en las crisis que más claro nos queda lo que es realmente importante, y esta crisis no ha sido la excepción. Al final del día, nos puede faltar todo menos la comida, y quien tenga control de los alimentos, nos controla a todos, querramos admitirlo o no. Hace unos años me tropecé con una frase que cambiaría por siempre todos mis rumbos, aunque ese día todavía no lo supiera:

    "El acto más revolucionario, es sembrar un huerto".

    Me creía revolucionaria y buscadora de la libertad, hasta que tropecé con esa frase y me dije: "estás bien atrás mija". Yo siempre he sido amante de las plantitas y de las conversaciones con ellas, pero de ahí a buscar que pudiera cosechar un alto porcentaje de mi consumo hay un largo trecho, trecho que no caminaba aun, y que hoy apenas comienzo a caminar.

    Con los años, me siguió calando cada día más esa frase, y no pude evitar verla aplicada a todos los aspectos de la vida diaria. Mientras más investigaba, más me daba cuenta de todas las trabas que hay para el que desea cultivar sus propios alimentos / ser libre, que hasta ese momento eran invisibles para mí (porque no lo estaba intentando). Lograr ver las trabas, inevitablemente, te hace pensar, ¿por qué tanta complicación? ¿para qué tanta traba? ¿cómo es posible que no se puedan guardar semillas? ¿o cosechar sin semillas y tener que comprarlas si quieres sembrar otra vez? La mayoría de las semillas que conseguía, me daban un falso sentimiento de seguridad alimentaria, pues sí, podía sembrar y cosechar, pero no podía romper el ciclo de tener que comprar más semillas. Es un ciclo que solo se puede romper sembrando y multiplicando semillas ancestrales y, para nuestra fortuna, hoy están disponibles, si sabes donde buscar.

    La naturaleza nos recuerda a diario que tiene de todo, y no solo que tiene de todo, que tiene de sobra de cada una de las cosas, lo que siempre me recuerda a mi abuelita (y la de muchos me imagino) cuando decía: "de donde come uno comen dos". Ellos sí que sabían. La naturaleza también nos enseña a poner todo a la disposición de todos, pensaría uno que eso eventualmente lo que hace es poner en riesgo de que se acabe, pero en realidad es su sabia manera de multiplicarse.

    Creo que cuando se trata de conocimiento y de necesidades básicas, lo más lógico es multiplicar ese conocimiento. Un día en el trabajo, estábamos en plena implementación de los últimos pasos para la apertura de una nueva tienda, y el dueño del restaurante paró en seco de momento para decirme algo de la infraestructura y el horario del restaurante de al lado, que le parecía que podía mejorar. Se fue sin decir nada, y volvió 5 minutos después y me dijo: "voy a hablar con ellos, para ver si les ayudamos con tal cosa y pueden permanecer abiertos hasta más tarde, como nosotros", y volvió y se fue a revisar otra cosa. Yo anoté para tener eso en agenda para la semana, y cuando volvió (a los 5 minutos otra vez) me dijo: "Natalita, siempre ten presente, que el vecino tiene que estar mejor que tú, si él está bien, tú estarás bien, no existe la competencia si te llevas enredado al de al lado, se tienen que ayudar, así se mejoran las áreas". Nunca olvidé eso, y quizás me lo llevé más al pecho de lo que él hubiera sospechado, pero si de algo estoy segura y he comprobado, es que él tenía razón.

    En momentos como este, y ojalá que en adelante, debemos unir esfuerzos en comunidad en pos del bienestar de todos. No nos sirve de nada tener todas las destrezas para la soberanía alimentaria, si todos los que están a nuestro alrededor no las tienen también. Es la imagen clásica del comienzo de una de esas películas apocalípticas, si unos tienen y otros no, ¿qué le queda por hacer al que no tiene? Cruzar la verja y llevarse uno de los ñames de la finca. No digo que esté bien ni mal, simplemente es algo que pasará, inevitablemente.

    Hace como un año fuimos a la finca, andábamos con los niños, estábamos entrando, y de la finca salían 3 personas, uno con un rifle, otro con un perro gigante y otro de otro lado con un saco lleno de ñames, con una tranquilidad que daba hasta gracia. Los saludamos, y les dejamos saber que ya la finca no estaba abandonada, y nos presentamos. El del saco de ñame nos ofreció orgulloso unos cuantos, y los aceptamos, tratando de no estallar en risa frente a él, pues fue tan genuino en toda la intención de compartir y decirnos cómo y de dónde los sacó (que era de dentro de la finca).

    Esa finca lleva más de 30 años "abandonada", él no debía tener más de 40 años. En realidad, ese espacio es más de ellos que nuestro, ellos llevan entrando y saliendo a cazar palomas y cosechar lo que allí crece solo desde que eran niños. ¿Quién soy yo para venir de un día a otro a cambiarlo todo a la fuerza? No, eso no puede traer resultados positivos para ninguno.

    Mucha gente me aconsejó cercar, pero me rehuso a cercar. No tanto porque quiera tener gente entrando y saliendo de la finca con rifles y perros, obviamente, más bien por lo que significaría cercar. Yo estoy bien, tú estás mal, esta tierra que produce hasta sola ahora es mía, y tú ya no tienes nada. Poco a poco los fuimos viendo menos cada día, de una forma u otra entendieron que ya no se puede entrar y salir a antojo, pero mi plan no es mantenerlos aislados por siempre, al final del día, conocen todo mejor que yo, y podemos aprender mucho unos de otros; y lo más importante, tengo toda la intención de conformar una comunidad, para vivir en la libertad que solo te puede dar la soberanía alimentaria.

    26 de abril de 2020

    Y para ti, ¿que es libertad? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    Si quieres semillas libres y apoyar un negocio local, ve a www.desdemihuerto.com

    Si conoces de otro, ¡cuéntanos!

    10 min
  • 063 - La Soberanía

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de Aventuras, edición La Soberanía:

    Historia Azul

    El otro día estaba cocinando, y de fondo escuchaba la conversación de la pequeña Natalita y Augusto, que se fueron al Balconcito de la Felicidad a cosechar hojitas para añadir al almuerzo...

    N: Augusto, ¿qué significa seguridad alimentaria?

    A: Que todo el mundo tenga qué comer en todo momento

    N: Wow.. ¿te imaginas?

    A: A decir verdad, se queda corto al lado de la soberanía alimentaria

    N: ¿Y no es lo mismo?

    A: No

    N: Yyyyyyyy… ¿qué es la soberanía alimentaria?

    A: Libertad

    Entraron a la casita, me trajeron las hojitas, y se fueron a hacer esquejes, mientras continuaban su conversación.

    Continuará...

    Y para ti, ¿qué es soberanía? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    25 de abril de 2020

    4 min
  • 062 - La Sencillez

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición la sencillez:

    Historia Amarilla

    Cuando me mudé a Viejo San Juan hace 11 años metí "todas" mis cosas en la guagua de mi amiga Gisela para dar un solo viaje, y me tardé años en buscar el "resto" de las cosas a casa de mami (y muchas de ellas allí continúan, o han sido donadas). En el momento no lo hice pensando en ningún cambio de vida, solo que ese era el pon que tenía, no se podían dar dos viajes y había que traer lo más esencial, además de que mi nueva casita medía 14 pies por 14 pies (baño incluido dentro de estas dimensiones). Que cosa, solo con dos limitaciones se logró resumir lo más importante para empezar mi nueva vida: la ropa, los zapatos, los libros, la computadora. Todo lo demás vendría poco a poco, si era que venía (que hoy ya sé que nunca vino).

    Paramos a comprar efectos para la casa, no tenía ni idea de qué necesitaría, en casa de mami había un producto de limpieza diferente para cada espacio de la casa (hoy en día utilizo un solo jabón que diluido en diferentes proporciones funciona para mapear, fregar, bañarse y lavar ropa, y lo mejor de todo, es biodegradable). Paramos en Capri, y decidí traer lo que, a mi entender, sería necesario: un mapo con su cubo, una escoba con su recogedor, un pote de lestoil (que todavía tengo), un pote de cloro, un pote de líquido de mapear con olor a bambú y un set pequeño de cubiertos. El día anterior había conseguido una estufita de 2 hornillas, una batidora, una arrocera pequeña, y un "set" de 12 platos, 4 tazas y 6 envases para guardar comida. Nueve años después, todavía los tengo y son lo que uso, con excepción de la estufa, que en el transcurso fue sustituida por una de una hornilla.

    Después de 2 años de increíble sencillez en aquella casita (primero por falta de espacio, y poco a poco por decisión propia), al heredar la casita actual (historia para otra bitácora), heredé cientos de objetos y, como la casa no se sentía mía, por un periodo de 3 años los conservé todos, sin mirarlos casi, sin moverlos; estaba paralizada y me sentía responsable de todo, entre la herencia había hasta un televisor más grande que yo (que encendí un total aproximado de 6 veces en 3 años). De manera abrupta por los eventos ocurridos ese verano (las pesadillas convertidas en realidad de las que te contaba el otro día), en apenas unas semanas empaqué practicamente todo, lo regalé, y retomé mi vida de pocos objetos, conservando solo aquellos a los que le veía un uso diario e inmediato. Poco a poco fui haciendo cada día más mi casita más sencilla otra vez y, por consecuencia casi inmediata, mi vida. Retomé mis políticas para la casita: no hay televisor porque distrae y atrasa demasiado (con la llegada de Miguelo llegó uno, pero quién le puede decir que no a verlo jugando playstation como un niño feliz), no hay microondas porque quita el placer de cocinar de nuevo al recalentar un alimento, no hay cafetera porque tengo hace uños anos una media de café con la que hago teses con hierbas, jugos y leches vegetales, no hay decoraciones y es a propósito (mi intento más reciente fue colocar las pantallas, que es lo único que colecciono, en unos marcos que hice con los restos de un closet que se rompió), hay una cortina que sustituye la puerta del baño, en la ducha no hay cortina, y uso las sillas de la mesa de comedor como escalera porque no alcanzo nada.

    El otro día quise retomar mis intentos de yoga (o al menos de estirar mi cuerpo siguiendo la dirección de videos que realmente no me atrevería a llamar hacer yoga, porque es algo más personal con mi cuerpo que un intento de dominar ese arte sin conocerlo como debería para poder llamarlo yoga), y justo antes de empezar recordé que ya no tenía un matre de ejercicios. Sentí la necesidad de, antes de empezar mis intentos de yoga, ir a comprar un "yoga mat". Y ahí mismo me regañé a mi misma; que manía de posponer, de poseer, de copiar. Para hacer yoga no se necesita un matre, se necesita un cuerpo, así que empecé en la misma cama, donde estaba, por eso de demostrarme que no hacía ni falta abandonar el lugar en el que estaba para empezar algo. Ahora me tiro al piso y ya, tomé la decisión de estirar mi cuerpo en vez de comprar un lugar ideal para estirarlo, que luego acabe por ocupar espacio en esta y la futura casita, con cuyo diseño he estado obsesionada los últimos 5 años, desde que conseguí la finquita.

    En el proceso he dibujado al menos 15 opciones diferentes, todas con los dos requisitos principales que me propuse: la quiero diminuta, la quiero construir de bambú. Mientras más diminuta, menos cosas podrá albergar, y más sencillo seguirá siendo todo. A veces coleccionamos objetos solo para no ver los espacios vacíos, aunque los que tengamos no nos hagan ni falta; es como si le huyéramos a estar solos o sin entretenimiento.

    De lo más divertido que me ha resultado de pensar espacios diminutos, ha sido que las limitaciones de espacio han hecho que mi creatividad aflore a la hora de diseñar y maximizar los objetos y espacios interiores; hasta una mini cava de fermentos ha logrado entrar dentro de los 9 pies por 27 pies que, hasta ahora, serán las dimensiones de la pequeña casita, ya te contaré.

    2 de febrero de 2018

    Hace un par de años, en el 2009 para ser más exacta, estaba en el restaurante atendiendo a un señor estadounidense, como de unos 60 años. Cada vez que le llevaba algo a la mesa, o que pasaba a verificar cómo seguía todo, paraba todo lo que estaba haciendo para sonreírme bien feliz y pedirme mi opinión sobre algo del menú o temas random de la vida cotidiana. En cierto punto estaba haciendo algo cerca de el y estaba sonriéndome tanto que pensé que necesitaba algo y fui a donde él. Me dijo que estaba todo bien y me pidió sugerencias para una última cosa que ahora mismo no recuerdo qué fue pero que tenía que ver con ser mesera, solo recuerdo que le contesté en mi tono "annoying" de cuando algo me emociona y me pone feliz. Él me sonrió y por primera vez me dijo algo en lugar de hacer una pregunta: "you're so", hizo una pausa que pareció eterna buscando las palabras antes de terminar diciendo: "simple", y me sonrió. Yo le sonreí y le dije: "yes I know", y él se sintió mal y me dijo: "I'm sorry, don't take it the wrong way, I mean, like, simple, like", y lo interrumpí y le dije: "I understand don't worry, I'm simple on purpose". Soltamos una carcajada a la vez, y jamas nos volvimos a ver.

    Y tú, ¿has reído con alguien que jamás volviste a ver? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    10 min

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