Bitacora de Aventuras

Bitacora de Aventuras

By Natalia Pujols RiveraHealth & FitnessMental HealthArtsBooks
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Bitacora de Aventuras episodes

  • 061 - La conexión

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición la conexión:

    Historia Verde

    Augusto siempre me exhorta a hacer silencio y observar cuando tengo dudas sobre algo. La naturaleza es curiosa, no le gustan las preguntas sin responder y, como un niño al hacer una pregunta, corre a buscar la respuesta y la deja disponible para el próximo que lo necesite, algo así como colgando en el aire, pero no exactamente eso. Es medio "tricky" leer los mensajes que carga el aire, para eso hace falta práctica y la mejor práctica es sentarte en silencio con tu duende con los ojitos cerrados.

    Aunque los duendes recuerdan toda La Gran Ciencia del Balance, no lo pueden recordar todo el tiempo, porque se distraen demasiado jugando, y siempre hacen hincapié en que es la mejor manera de pasar el tiempo. Para poder guardar y tener disponible todas las respuestas y todo el conocimiento cuando haga falta, se encargaron de tejer una red en conjunto con el aire, y en esa red van hilando a diario todo el conocimiento viejo y el que está por crearse. Es algo parecido a una telaraña, pero mucho más complicado, porque es gigante, y no se puede tocar, ni ver, ni dibujar exactamente. Digamos que son como unas lucecitas que parpadean frente a ti cuando las necesitas.

    Cuando necesitas saber algo, las lucecitas hacen su intento de mostrarse frente a ti con la esperanza de que las veas y sea todo más fácil para ti, y si les haces zoom, puedes ver imágenes, escuchar palabras, percibir olores y hasta sentir las respuestas. Requiere práctica, como todo, pero todo está ahí disponible para que todo el que percibe con detenimiento lo pueda recordar. Un bebé percibe todo ese conocimiento al nacer, por eso lo saben todo al empezar su vida. A medida que van pasando los años y va olvidando, cada día más necesitará de explorar los secretos de la Gran Ciencia del Balance que se encuentran en el aire para poder recordar.

    Un día Augusto me invitó a cerrar los ojos. Me dijo que es casi como soñar, pero al revés. Cuando soñamos, nos vamos a los espacios que están en los sueños y allá conocemos personas y criaturas, o coincidimos con viejos amigos. Pero no se hace eso solo durmiendo, estando despiertos también podemos conocer nuevos amigos, si cerramos los ojos, pues le damos paso a escuchar, sentir y oler nuevas cosas, que normalmente no podemos percibir porque nos enfocamos mucho en la vista.

    Hace unas semanas, siguiendo sus recomendaciones, me senté en el Balconcito de la Felicidad y cerré los ojitos. Me quedé sentada para asegurarme de que no me dormía, pues estamos tan acostumbrados a cerrar los ojitos y dormir que rara vez usamos ese ejercicio para otra cosa, y terminamos dormidos en vez de percibiendo con los otros sentidos. Me senté al lado del arbolito de limón, y traté de imaginar qué se sentiría ser él, qué se sentiría ser un arbolito joven creciendo en un balcón. A veces, para cuidar nuestras plantas mejor, es preferible colocarnos en sus zapatos y averiguar qué necesitaríamos si fuéramos ellas.

    Con los ojitos cerrados, y pensando en el arbolito de limón, empezaron a llegar memorias recientes relacionadas a él. Hace unos meses, se le habían pegado unos insectos, y cuando los vi lo primero que quise hacer fue buscar una cura para la enfermedad, la supuesta enfermedad. Primero trate de tomar una buena foto de los insectos, para saber qué remedio buscar. Unos días después algo me dijo que lo mejor era dejarlos, si habían llegado hasta acá arriba, algún propósito tendrían. Me senté a su lado y les hablé a los insectos un buen rato. Ya hoy cubren todo el tronquito, pero de todas maneras, el arbolito sigue soltando limones miniatura. Noté con los días también que llegaron cientos de hormigas, no sé si están peleadas o en sincronía con los animalitos, pero decidí creer que están en una relación balanceada, y que será favorable para todos, los insectos, las hormigas, y el arbolito, y bueno, nosotros también, que queremos comer limones.

    De ese día van varias semanas, y todo sigue igual, a paso más lento pero firme, la plantita va soltando hojitas nuevas, y espero yo, también limones nuevos pronto. Entonces no pude sino pensar, ¿qué hago yo buscando remedios para plantas enfermas? ¿Será que se enferman las que deben enfermarse y no debo intervenir? ¿Será que les hablo bonito a diario, las animo a superar las batallas a ellas solas? De lo más loco que he vivido, es vivir en un momento histórico en el que existen compañías que crean insecticidas y añaden químicos a los cultivos para matar o ahuyentar a otras criaturas, que al final del día siempre encontrarán cómo llegar, pues han demostrado ser tan o más tenaces que nosotros. Quizás meramente nos toca parar, y dejar que todo se balancee sin nuestra intervención; no existen las pestes, ni animales dañinos, simplemente a veces están donde no los deseamos. Es momento de pensar por qué no los deseamos ahí, y por qué están ahí.

    Toda historia tiene más de una versión. Es momento de empezar a ver las historias contadas desde diferentes ángulos, para entenderlas mejor. De inmediato, me transformé en el insecto que "invadía" mi arbolito de limón, y me sentí asustada. Todos los días viene una gigante y se para a mirarme, a tratar de retratarme pero como soy tan pequeñita me pega el celular sin saber que me molesta. Mi mamá me lo advirtió, que no me reprodujera tanto porque llamaría demasiado la atención y todos tratarían de sacarme. Mi familia lleva años multiplicándose poco a poco para no ser detectados, pero no, yo fui ambiciosa al reproducirme, y aquí estoy. Sé lo que hace con su celular, busca maneras de acabar conmigo, con mi familia, solo le importa ella y su arbolito de limón. ¿Y nosotros dónde vamos a vivir? En el bosque nadie nos molesta tanto, eso me contaban las tías, yo nunca he vivido en un bosque, que allá todos estaban demasiado ocupados, había demasiado que ver y hacer para enfocarnos en sacar a los demás de sus casas.

    Me entró una tristeza profunda combinada con miedo, y entender que no era mía, si no de la supuesta plaga me hizo abrir los ojitos de cantazo y volver a mi. Cuando abrí los ojos, estaba la pequeña Natalita del tamaño de una de ellas sentada en una de las hojitas del arbolito de limón, justo al lado del limoncito en camino, hablando con el insecto que hacía unos minutos había sido yo. Le dijo: "mira, necesitamos llegar a un trato, aquí hay espacio para todos, pero por favor no me ahorques el limoncito, que de por sí es jovencito y no tiene mucha experiencia en esto de hacer limones, no se multipliquen tanto, y estaremos todos bien y felices. ¿Qué te parece?" La insectita sonrió, y lo entendimos como un sí. La pequeña Natalita corrió a donde mi, se acomodó en una de mis pantallas y se acostó a dormir, la conversación la había cansado.

    Me levanté del piso, y Augusto me ayudó a cosechar uno de los limoncitos, lo abrimos y nos hicimos un té de lo más rico, mientras me contaba sobre personas que lastimaban a los árboles de limones para que sus limones fueran más grandes y no tuvieran semillas, y que como eso los ponía tristes, sus limones no sabían igual. Me contó que un limón miniatura con semillas vale por mil limones gigantes sin semillas, y le tomé una foto para nunca olvidar ese momento.

    20 de abril de 2020

    Y tú, ¿te has sentado con tu duende a cerrar los ojitos? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    11 min
  • 060 - El Gran Augusto en su casita temporera

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de Aventuras, edición El Gran Augusto en su casita temporera:

    Historia Violeta

    De vez en cuando, salimos a pasear y se nos pierde Augusto. He tomado la costumbre de tomar una foto para no olvidar la historia que me cuenta, una vez lo encuentro…

    Una tarde de mayo del año pasado, me fui a caminar con unos amigos por un bosque de árboles gigantes y rojos. Como no logré llegar a los más gigantes árboles rojos que originalmente quise conocer, y que conoceré otro día, mis amigos me llevaron a conocer a sus hermosos primos, casi tan gigantes como ellos, pero 10 veces más determinados, para mi sorpresa. Andábamos hablando sobre los cambios recientes y contándonos historias, pues ahora ellos viven en California y hay que aprovechar los momentos cuando se tienen. En medio de la conversación, la pequeña Natalita se bajó del lazo, y siguiendo a Augusto se metió dentro de un bultito que tenía mi amiga. Dentro del bultito, había un bebé de la tribu de LENA, era un bebecito, tenía apenas 3 meses de edad y, como era de esperarse, era un Recordador de primera. Se pusieron a jugar, y entre risita y risita y cosquillita y cosquillita andaban, cuando Augusto salió disparado del bultito. La pequeña Natalita se quedó jugando con el bebé de la tribu de LENA, pues jugar con bebés es de sus cosas favoritas en el mundo.

    En el momento no nos dimos cuenta, pero nos habíamos parado frente a un grupo de hongos amarillos de tamaños similares, un poco más grandes que Augusto, que ahora que lo pienso debió parecerme obvio que era una aldea, había tantos hongos tan lindos y bien cuidados juntos, no podía ser otra cosa. Pero bien, una vez mas queda evidenciado lo mucho que nos perdemos de lo que sucede a nuestro alrededor por andar distraidos en conversaciones. Augusto se puso frente a mis pies, frente a la aldea que había reconocido de inmediato, y salió corriendo de la emocion para saludar a sus amigos. Se rieron, se abrazaron, hicieron bailes de felicidad, hace mucho no se veían.

    Para nosotros fueron unos minutos, pero para los duendes el tiempo corre diferente, estuvo allí par de horas jugando y jangueando con los duendes de todos los que estaban en el parque de los árboles gigantes, y con los que allí vivían por el momento, pues los duendes se mudan a cada rato. Allí tuvieron una reunión y hablaron sobre la historia del parque y cómo los árboles llegaron allí, aun no siendo de esa área. Los gigantes árboles rojos corrían peligro allí, pues no era tierra favorable para ellos, habían venido en semillas con unos Olvidadizos, que los separaron de sus primos sin consultar sobre su cuidado primero, y no tenían la más mínima idea de sus necesidades. A veces somos egoístas, solo queremos tener cerca algo lindo que vimos en algún lugar, sin preguntarnos si será lo mejor para el otro.

    Los duendes de los que sembraron los árboles, al verlos tristes por la pronta muerte de los árboles que habían visto crecer, decidieron hablar con los árboles, para ayudarlos a darles lo necesario. Claro, que pudieron haberlo hecho ellos mismos, cualquiera puede hablar con un árbol si se sienta y escucha con detenimiento, pero como no todos recuerdan eso, se creen incapaces de hacerlo. Los duendes siempre ayudarán si les pides ayuda, así que les contaron lo que dijeron los árboles. Les contaron que sus raíces se habían debilitado, pues el terreno, al ser diferente, no permite que se desarrollen como las de sus primos y que, para colmo, como eran tan lindos todo el mundo se les acercaba y, sin quererlo, les pisaban sus raíces, que ya estaban débiles de por sí. Como los notaban más débiles, más los abrazaban para ayudarlos y darles amor, habían entrado en un clásico círculo vicioso, de terminar dañando más con la buena intención de ayudar. Los árboles decidieron que lo mejor para protegerlos era observarlos en la distancia, y para eso le dijeron a los Olvidadizos que crearan unos caminos, así la gente podía pasar y darles amor sin pisar sus raíces, que estaban y estarían siempre muy débiles, por no ser su área. Y así lo hicieron los Olvidadizos.

    Augusto se sentó a tomarse su café con sus nuevos y viejos amigos y les contó todo sobre el bebé de la tribu de LENA, y cómo parecía estar destinado a sonreír perpetuamente, de tanto que disfrutaba reír. Todos los duendes trataban emocionados de adivinar a quién ese bebé elegiría como acompañante. A quien acompañarán es lo único que los duendes no saben, pues cada criatura, el día de su cumpleaños número 5 escoge el duende que desean, y aunque a veces parecen estar seguros de a quién escogerán, el día antes o incluso en ese mismo momento, pueden cambiar de opinión. Esa espera es de las cosas que más emocionan a los duendes, pues al recordar todo sobre la Gran Ciencia del Balance, difícilmente quedan cosas que puedan sorprenderlos.

    Después de acompañar a alguien básicamente toda su vida, pasan 4 años solos antes de ser escogidos de nuevo, y en ese periodo juegan a su antojo, y viven en aldeas como esta. Como ellos no están pendientes a llevar la cuenta del paso del tiempo porque se distraen jugando, no saben cuando llegara el día y aprovechan para visitar a viejos amigos con los cuales quizás no coincidirán otra vez hasta que terminen de acompañar a sus nuevas criaturas.

    Después de hablar un rato, se pusieron en un círculo y entre todos le hablaron al oído a cada visitante sobre la importancia y el procedimiento del cuidado del parque y sus árboles, transmitiendo el poder de recordación con la fuerza que solo se puede lograr haciendo la transmisión desde una aldea de duendes en transición.

    Llegó el momento de irnos a comer, y en eso me di cuenta de que Augusto se había salido del bultito, y por fin me fijé en la aldea que estaba a mis pies. Saludé y me despedí a la misma vez de los amigos de Augusto, y le tomé una foto para inmortalizar el momento, frente a la que, por unos minutos para mi, pero unas horas para él, fue su casita.

    Brincó al bultito, se despidió una vez más de sus amigos, y antes de que pudiera pensar en cuánto tiempo pasaría sin verlos, estaba entretenido jugando a las risitas y las cosquillitas con el bebé de la tribu de LENA.

    9 - 19 de abril de 2020

    Y tú, ¿en qué te refugias? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    9 min
  • 059 - La Rareza, en Retrospectiva

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición La Rareza, en retrospectiva:

    Historia Violeta

    El arbolito de moringa ya es 3 veces más grande que Augusto, la magia que viene de la paciencia, y de filosofar frente a un árbol en formación, es casi casi como darle de comer Orita me senté un rato a mirar el huertito, me gustan las tardes allí, los pajaritos se paran por la reja y los lagartijos brincan de un lado a otro cazando mientras les pido que se enfoquen en las cucarachas si se encuentran alguna en el camino. Es la mayor acción que tengo en esta época de aislamiento, se han convertido más aun en mis amigos, la soledad es peligrosa dirán algunos. Mirando el arbolito de moringa, no podía más que pensar en esta conversación de Augusto y la pequeña Natalita…

    N: Alguna gente me considera rara

    A: Bien por ellos

    N: La verdad no me molesta gran cosa

    A: Bien por ti

    Creo que todos en un punto u otro de la vida hemos buscado aceptación, es parte de nuestra naturaleza querer pertenecer, como un instinto de supervivencia arraigado en nosotros quizás. Si hay algo que he comprobado en años recientes, es que una vez me dejó de importar la opinión ajena, fui más feliz que nunca y más solitaria que nunca también, aunque bueno no estoy sola del todo, estoy con los duendes. Es de lo más probable posible, que ser yo misma y vivir metida en un mundo de duendes no sea algo que me traiga la aceptación de todos, pero si de algo estoy segura, es de que no existe otro lugar en el que quiera estar ahora mismo, que no sea dentro de La Princesa, filosofando con Augusto y la pequeña Natalita.

    17 de abril de 2020

    Y a ti, ¿qué te hace "raro"? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    5 min
  • 058 - La Justicia

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición La Justicia:

    Historia Azul

    Después de 3 días de lucha, el palito de moringa se logró enderezar...

    N: Augusto, ¿qué es la justicia?

    A: Todo dependerá de a quién le preguntes

    N: ¿Pero existe?

    A: Cada cual decide lo que es, y como todos deciden algo distinto, termina siendo tantas cosas diferentes, que parece no existir

    Cuando pienso en justicia, lo único que me pasa por la mente, es un mundo en el que todos tengamos lo básico: salud, techo, comida y la educación necesaria para aprender a hacer todo eso por tu cuenta. Mientras más me dicen que es soñar con lo imposible, más real me propongo que sea. Tiendo a ponerme metas ambiciosas y, obviamente, he fracasado más en los intentos de lo que hubiese querido, pero si algo he aprendido de los cantazos por ambiciosa, es que la solución no es ser menos ambiciosa, si no dividir por fases las metas. Entonces, para esa meta de justicia, decidí que primero debía lograr la justicia que deseaba para todos en mi, luego para gente cercana, y así seguir multiplicando en la medida que me fuera posible, contando una historia aquí y allá, y sembrando la semilla en cada ser con quien coincidía en el camino. Apenas unas semanas después de esa idea, surgió la oportunidad de la finca, y me tiré de casco. En esas seguimos, creando con pequeñas acciones día a día esa meta de justicia comunal.

    1 de abril de 2020

    Y para ti, ¿ qué es la justicia? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    5 min
  • 057 - Haz lo que te dé la gana

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Haz lo que te dé la gana

    Historia Azul

    El otro día se sentaron la pequeña Natalita y Augusto debajo de un arbolito de moringa en formación, que tuvieron que enderezar porque un pajarito lo dobló haciendo balance sobre una planta de kale cercana…

    N: ¿Qué harías si pudieses hacer lo que quisieras?

    A: Ya hago lo que quiero

    N: ¡Sí! ¿Pero y si pudieses hacer cualquier otra cosa ahora mismo?

    A: Esto es lo que quiero hacer, por ahora

    Cuando de hacer lo que le da la gana a uno se trata, no puedo evitar pensar en un bebé recién nacido, la libertad de dormir, despertar, comer, llorar o sonreír cuando queremos, y al otro día hacerlo todo en otro orden, porque sí. Somos tan asquerosamente libres al nacer, que parecería mentira que nos cueste tanto serlo al crecer, por eso me rehuso a crecer, y te exhorto a hacer lo mismo.

    25 de octubre de 2019

    Y tú, ¿qué haces como te da la gana? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    5 min
  • 056 - El Regreso al Huerto

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de Aventuras, edición El Regreso al Huerto:

    Historia Azul

    Si no has escuchado los episodios 36, 37, 42, 44 y 52, date la vuelta por allá.

    Cruzaron el portón casi corriendo de la emoción, como no les quedaba mucho tiempo, se fueron corriendo a su juego favorito: el sube y baja. El sube y baja, dice Augusto, que es uno de los juegos con los que mejor se puede explicar la Gran Ciencia del Balance. Empiezas quieto, con los pies en el piso, luego te empujas y sientes que vuelas, se te sale una sonrisa de felicidad y miedo combinado, se te activa el estómago por la emoción, y justo cuando estás en el tope de la emoción (y en el tope literal también), te caes de sopetón y tienes los mismos sentimientos pero en orden invertido. Se parece también a la tan necesaria vida en comunidad, pues necesitas de alguien más para que sea más divertido, y como tu corazón lo sabe, estás dispuesto a jugar con el primero que aparezca con tal de divertirte un poco más. También de vez en cuando, si consigues con quien jugar, pero no sabe medir sus juegos, de vez en cuando te revientas al caer al piso si el otro se impulsó un poco más fuerte que tú.

    Se sentaron en el sube y baja, el Gigante en un lado y en el otro los 4 pequeñines, nunca conseguirían estar balanceados, el Gigante hacía su mayor esfuerzo por jugar suavecito. Entre gritos y risas le pedían que brincara más alto, y en cierto punto el Gigante se emocionó y brincó tan alto que Augusto salió disparado en el aire, cumpliéndose así su segunda visión de café, en la que se vio a sí mismo volando por el aire, asustado pero feliz. El Gigante al verlo volando se bajó de prisa del sube y baja para agarrarlo, y los otros 3 pequeñines cayeron en el piso reventados, también como en la vida misma, a veces tratando de ayudar a alguien terminas descuidando a otro. El Gigante haciendo balance para agarrar a Augusto en el aire, se tropezó y cayó reventado, con Augusto en su mano, justo al lado de los otros, y estallaron todos en risa, entre el dolor del cantazo y el recuerdo de la diversión.

    Ya casi caía el sol, era hora de regresar a la casita. Se levantaron del piso, y caminaron en filita hacia la entrada imitando cada uno a un avión con los bracitos, justo antes de llegar al portón todos brincaron de piedra en piedra para cortar camino, cruzando por el río de letras. Mientras, el Gigante cantaba una canción para que se abriera la puerta, y a ellos que no les gusta la música y el baile, se pusieron a dar pasitos por el río de letras, y terminaron tardándose más en llegar al portón, aunque el plan era cortar camino. Así son los planes, a veces vale la pena que se dañen, sobretodo si hay baile envuelto.

    De regreso a la casita, El Gigante los acomodó en sus hombros, y todos fueron señalando todo lo que veían de camino y disfrutando la vista y el movimiento de viajar en hombros. Subieron a la casita, y El Gigante se puso a cocinar mientras la pequeña Natalita, Augusto y los niños se fueron al Balconcito de la Felicidad a atender las plantitas. En efecto, la plantita de uva ya no reviviría, y la pequeña Natalita volvió a llorar, esta vez dándole las gracias por el tiempo que estuvo, y cumpliéndose así la tercera visión de café de Augusto.

    De inmediato se levantó y se fue a atender a las plantitas que sí estaban vivas, pues quizás con la uva no habían sido suficientes los cuidados, pero estaba decidida a aprender de sus errores, y darle un mejor destino a las demás plantitas. Cirnieron la composta, la añadieron a los tiestos, y sembraron muchas nuevas semillas, entre los 4 todo fue mucho más fácil. Si hay algo en lo que Augusto hace hincapié, es en que debemos aprender a sembrar nuestros alimentos, y qué mejor momento que el ahora, y qué mejor estrategia para aprender algo que la práctica constante. Entre una cosa y otra notaron que había una zanahoria lista, y corrieron rápido a llevársela al Gigante para que la añadiera a lo que cocinaba, halaron y halaron y halaron y halaron, hasta sacarla, era gigante (para ellos). Aprovecharon las hojas para hacer una ensalada, y con la zanahoria hicieron chips crujientes que comieron con un hummus hecho con habichuelas del huerto.

    Se sentaron todos a cenar y a hacer un recuento de sus aventuras del día, ¡que bien la habían pasado! No podían decidir si había sido mejor el parque o haber logrado llegar a él contra viento y marea; esconder tesoros, un baile sincronizado, la tienda de miniaturas, la plaza con los pájaros, los dulces, el dragón, las abejas, el guerrero, el escudo volador, el juego en la fuente, la presentación en el jardín, enseñarle un baile ancestral a un gato y conseguirle hogar. Que muchas aventuras en tan corto tiempo, siempre es así si se está en buena compañía. Los niños de la tribu de JAN y El Gigante se despidieron después de la cena, sería hasta la próxima aventura, la pequeña Natalita y Augusto se despidieron desde el Balconcito de la Felicidad, se dieron un buen baño, y se acostaron a dormir esperando con ansias la próxima aventura.

    21 de marzo - 9 de abril de 2020

    Si algo me ha enseñado esta vida es que todo lo que comienza, termina. Eso, en algunos momentos da tristeza y en otros da esperanza. No soy de ver mucha TV, tengo una serie que me gusta, la veo, la acabo y la vuelvo a empezar, se llama The Big Bang Theory, uno de los personajes me recuerda a mi en diferentes puntos de mi vida, creo que por eso me gusta tanto. En una escena uno de sus amigos está triste, y él le cuenta la historia de un rey que pidió a un grupo de sabios que le hicieran una sortija que le ayudara a estar feliz cuando estuviese triste. Le inscribieron en la sortija: "This too shall pass". En medio de una pandemia mundial, ando con la sortija puesta mientras cocino parte de la cosecha, pues me llevé al pecho esa escena, y ahora tengo una copia de la sortija, y te regalo otra.

    Y tú, ¿qué cocinaste con la sortija puesta?¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    Sheldon Cooper: This too shall pass

    https://youtu.be/2OH5cLDnmIA

    Episodio 36: http://traffic.libsyn.com/bitacoradeaventuras/036_-_Un_Tesoro_escondido_a_simple_vista.mp3

    Episodio 37: http://traffic.libsyn.com/bitacoradeaventuras/037_-_Una_Toreada_para_Nada_Convencional.mp3

    Episodio 42: http://traffic.libsyn.com/bitacoradeaventuras/042_-_La_Sortija_del_Dragon.mp3

    Episodio 44: http://traffic.libsyn.com/bitacoradeaventuras/044_-_Una_dulce_atraccion_segunda_parte.mp3

    Episodio 52: http://traffic.libsyn.com/bitacoradeaventuras/052_-_Una_Presentacion_en_el_Jardin.mp3

    9 min
  • 055 - Las Voces tal cual Vinieron

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Mas Voces tal cual Vinieron:

    Historia Chinita

    Hace un tiempo, mi mamá me vio salir al trabajo y me cuestionó por un lazo y un traje que tenía puesto (ya no me dice nada, creo que se cansó de verme sonreír y decir que me gustan). A mi me dio bastante risa, yo uso lo mismo para cualquier sitio y situación, no me importa mucho si a alguien le gusta o no, y debo confesar que a estas alturas me divierte ver las reacciones en los demás cuando llego de lo más feliz con mis trajecitos de niña feliz y cómoda. En el restaurante, más de una vez me tocó atender a personas que me ha trataron como poca cosa, solo porque me consideraron infantil por mi apariencia. A mi, fuera de molestarme, me resulta un reto eso de hacerlos quedar mal demostrándoles que si me lo propongo puedo ser grande y seria (aunque no lo parezca).

    Claro está, no siempre fui así, todavía me recuerdo yendo a la oficina los primeros días hasta en tacos (que los detesto, son incómodos y camino como una anormal con las piernas abiertas y tambaleando). Poco a poco fui bajándole dos, hasta que me iba en tennis, cargaba los tacos en la cartera y me los ponía en el ascensor antes de entrar a la oficina (hoy ni siquiera tengo tacos). Podría parecer una estupidez, pero ese tipo de "impresiones" que la gente quiere causar en los otros utilizando su apariencia puede ser hasta peligroso, como dicen en la calle, los verdaderos delincuentes usan corbata y traje. Así que entiendo yo que es momento de empezar a fijarnos en las cosas que de verdad importan, como el carácter de una persona.

    He visto personas caer en la trampa (a mi incluida), de que uno no debe hacer algo que le gusta o que quiere hacer hasta que sea bien visto, o hasta que ya esté bien preparado académicamente, o hasta que ya tenga experiencia laboral, o al revés, dejar de hacerlas porque ya se nos fue el barco, y mil auto excusas que nos inventamos; y a veces me pregunto si algun día nos vamos a quitar todos la venda. ¡Que nos mienten puñeta! ¡Que es mentira todo! ¡Que no hay que esperar por nada ni por nadie! Para hacer algo, lo único que hace falta es tener las ganas de hacer algo, y si no es así, ¿quien carajo le enseñó al primer rey a ser rey? ¿o al primer arquitecto a ser arquitecto? ¿o al primer abogado las leyes? Aquí no había nada de esas mierdas, todo son inventos de nosotros mismos. ¿Y quién dice cuando dejamos de inventar? Que se vayan pa'l carajo to's a decir esas mierdas, que solo sirven para causar inseguridades y aguantar al que quiere hacer algo diferente. Es más, si nos da la gana, hasta un país nuevo podemos formar, pero eso para otra bitácora.

    En cierto punto me dije a mi misma "quisiera poder aplicar mi impulsividad a cada aspecto de mi vida", y en esas ando, dejando los miedos de aceptación, y tirándome de casco con todo a ver que pasa. En todo lo que hago hoy en día, una de las cosas que me meto en la cabeza, es que uno se tiene que dejar ver tal cual uno es, no hay que parecerse a nadie, ni seguir ninguna regla, aceptando nuestras debilidades, y reconociendo que, bien dirigidas, nuestras debilidades pueden ser nuestras mayores fortalezas. Mi poca formalidad y utilización de lazos en la oficina, un día nos ganaron un buen cliente, aunque todo el mundo estaba a punto de matarme por mi papelón de honestidad extrema (historia digna de tener su propia bitácora). Cada cual tiene su magia, su estilo, su forma. Quizás uno de los primeros momentos en los que decidí no hacer mucho caso a lo que se "debía hacer" y lo hice como quise fue mi tesis, en la que escribo como si estuviese hablando con mis panas en lugar de como académica. Al principio lo intenté, pero las ideas no salían, y me trancaba cada tres líneas, y justo ahí decidí decirle al profesor "te prometo que todo será inteligente aunque suene informal e infantil, no puedo escribir de otra manera", y así fue, o eso quiero pensar.

    En cada nueva aventura en la que me embarco como me da la gana, me pregunto: ¿qué es lo peor que puede pasar? Que me vaya mal, y si decido que no me fue bien, vuelvo al método tradicional, y ya está. ¿Y si me sale bien? Quizás pueda, a través de mi experiencia, enseñarle algo nuevo a alguien mas que qui6zas se limitaba de su sueño por condiciones parecidas a las mías.

    6 de junio de 2018

    Creo que todas las criaturas, en un punto u otro, se salen de la norma y, al menos para mi, eso es lo que le da sazón a nuestros días. Lo inesperado, que solo se logra rompiendo un par de reglas.

    Y tú, ¿qué haces como te da la gana? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    8 min
  • 054 - Los Espejos

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición los espejos:

    Historia Chinita

    Un espejo te puede dar un reflejo de tu vida, casi en cualquier sentido que lo mires. Yo diría que cuando me miro, o miro algún aspecto de mi vida, trato de visualizar, no tanto lo que es, si no lo que podría llegar a ser. Como seres, tenemos la oportunidad de crecer cada día sin importar cuán buenos ya seamos en algo. Por eso me resulta super importante visualizar siempre más de lo que ya somos. Si le meto al baile, me debo imaginar bailando mejor. Y en esos temas, cuando era chiquita me obsesionaba con los bailes del talent show de la escuela, quería hacerlo mejor, saberme los pasos mejor, y no necesariamente mejor que los demás, si no mejor que yo misma el día anterior. Mientras me bañaba, y hasta mientras me quedaba dormida, practicaba los bailes en mi cabeza. Y la verdad es que funcionaba, al siguiente día, había dominado un poco más la coreografía, porque la hice en mi cabeza tantas veces que me quede dormida. Me vi tantas veces bailando, que el cuerpo parece que lo registró como baile de verdad. De la misma manera, cuando siento admiración por alguien, a veces pienso en la conversación que tendría algun día con esa persona, y en especial mientras me visto si es que voy ese día a algún lugar en el que podría tener la oportunidad de cruzar ideas. Y lo mas cabron de todo, es que muchas de esas conversaciones las he llegado a vivir tal cual las imaginé, creo que me las he vivido tanto en mi cabeza que las traigo a la vida. A veces pienso en nuestras capacidades y no paro de asombrarme, he visto tanta gente a mi alrededor "decir y hacer", que se me han quitado las dudas con el tiempo de que existen los imposibles.

    Y volviendo a los espejos, un espejo puede ser cualquier cosa; otra persona, una costumbre, una mascota, algún miedo, un jardín, la casita. Yo en cierto punto de la vida, me vi bastante triste por cosas que ahora me dan mas gracia que otra cosa. Cuando se decidió que ya no viajaría más a Grenada a visitar al "negrito bonito", cuento largo para otra bitácora, la decisión me tiró en la cama y dormir era lo único que quería hacer. Como no todo fue tan trágico, también quería tomar vino todo el tiempo, ese último deseo me ayudo de una manera extraña a salirme de la cama. Una noche, me vi bailando con una botella en el espejo de la sala, me dio mucha risa y tristeza a la vez la imagen, y me paré para mirar con detenimiento la imagen. Yo soy super nerd y me encanta hacer listas de todo y anotarlo todo, y en mi proceso de pasar una tristeza, no soy tan diferente. Así que en esa ocasión agarré marcadores y escribí listas de cosas por hacer en todos los espejos de la casa, con la esperanza de que anotarlo y verlo me iba a obligar a hacer cosas que me ayudaran a pensar en otra cosa que no fuera la decisión que había tomado sin querer tomar.

    En esa ocasión, noté dentro de mi nota, que la estrategia de escribir en los espejos me había fallado por primera vez en la vida, y que, fuera de estar avanzando con lo próximo en mi vida estaba bailando en el medio de la sala, con una botella en mano y con la mente puesta en el pasado. Entre una risa y molestia conmigo misma (porque no hay nada malo en bailar con la botella, pero sí hacerlo mientras se llora por cosas que ya no serán), me acerqué a leer la lista y me di cuenta de que una de las cosas que decía era "comer bien y mantener tu peso" (mi cuerpo tiene la habilidad de perder sobre 10 libras en una semana después de algo triste, y enfermarse en el proceso). Y allí estaba mi imagen, flaquitita otra vez, y yo sin darme cuenta. Esa noche tuve uno de los mejores jangueos de mi vida, solita en la casita, guardando cosas en cajas para donar, y cantando y bailando, con el IPod puesto a todo volumen. Y, obviamente, con la botella de vino sobre el counter dándome apoyo de sorbo en sorbo. Esa noche me acabé tres cuartos de la botella, y empaqueté básicamente todo, lo que quedó fueron misceláneos que fui sacando poco a poco en los próximos años. El "negrito bonito" se había ido súbitamente de la isla hacía 3 años, y yo me había quedado a cuidar su casa y sus cosas, así que era como si el tiempo se hubiese detenido, todas sus cosas estaban allí, y yo era una mera invitada. Esa noche, en el espejo (y ayudada de mi nota), vi la casita como si fuera mía, por primera vez, y a mi como era antes, feliz, bailando, y con un pantalón tamaño 5 y no 1 (como el que tenía puesto). Ver eso me ayudó a dar el próximo paso, pero hacía falta verlo, visualizarlo. Uno debe ir por la vida viéndose como querría verse, para creérselo tanto, que al final uno se convierta en eso que quiere ver, o al menos así me ha funcionado a mi a la hora de cumplir metas, pequeñas y grandes.

    6 de junio de 2018

    El tiempo (y el vino, quizás en exceso, quizás en las cantidades justas y necesarias), definitivamente, te dan ojitos nuevos, y nada vuelve a ser igual. Quizás hoy más que nunca, lo mejor que podemos hacer sea sentarnos frente a un papel, pararnos frente a un espejo, o donde más nos guste, y pensar en lo próximo que viene, lo que queremos que sea, para ver si de pensarlo tanto, terminamos llamándolo y haciéndolo realidad. En lo personal, me mueve visualizar un mundo en el que no volveremos a caer en muchas trampas de separación en las que como raza hemos caído, ver un mundo en el que volvamos a la tierra, a sembrarla, a vivir con sus ritmos, y en sincronía con ella. Veo, y sueño, con una Revolución de Manitas Sucias.

    Y tú, ¿qué visualizas después de que acabe esta pandemia? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    9 min
  • 053 - Los Problemas

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de Aventuras, edición Los Problemas:

    Historia Azul

    En medio de una pandemia y la incertidumbre, creo que no existe nada en lo que piense tanto como en esta conversación, que tuvieron la pequeña Natalita y Augusto, una tarde de noviembre, debajo de una hojita nueva de un arbolito de chaya llamado Chayita Georgina...

    N: Augusto, ¿cómo podemos solucionar todos los problemas del mundo entero?

    A: No existen los problemas, solo decisiones

    N: Claro que existen, hay gente que pasa hambre

    A: Hay suficiente comida, algunos deciden no compartir

    El otro día hablaba con mi hijastra, estaba tratando de explicarme la molestia de su hermano, y de repente paró toda la explicación y me dijo: "es que él es así, molesto". Miguelo le dijo: "¿ah sí, y tú, qué eres?" Y contestó: "¿Yo? ¡Pues feliz!" Mirándonos con cara de: ¡obvio! Y siguió jugando como si nada. Los duendes y los niños tienen una capacidad inigualable de síntesis, que deberíamos emular.

    La mitad de nuestros problemas (personales y colectivos), son complicaciones autoimpuestas, somos una raza peculiar. En temas similares sobre complicaciones, y aceptando los cambios en mi cuerpo, y luego de pasar una semana básicamente tirada en el mueble con la cabeza reventando, les cuento que ya no estaré por aquí todas las noches para leerles una historia, al menos en lo que el cuerpo me tira la próxima señal. He adoptado el chiste de que el cuerpo sabe que estamos en pausa, y ha querido pausar más de la cuenta, y como vivo en él, le haré caso, ¿quién quiere andar peleando con su propio cuerpo? Así que, por aquí estaremos, los lunes, miércoles, viernes y domingos, para regalarte una historia y sacarte, al menos por 5 minutos, de "la realidad" esa en la que nos cuentan que vivimos.

    1 de noviembre de 2019

    Y tú, ¿qué estás pausando por escucharte? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    5 min
  • 052 - Una Presentación en el Jardín

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Si no has escuchado los episodios 36, 37, 42 y 44, date la vuelta por allá antes de escuchar este.

    Bitácora de Aventuras, edición Una Presentación en el jardín:

    Historia Azul

    Nadaron un ratito en la fuente, el tiempo suficiente para que El Gigante soltara a la abejita y se fuera con ellos a lapachar. Después de un largo día de expedición y caminatas, fue el mejor plan no planificado posible. El Gigante los miraba jugando feliz y les echaba agua por encima, tenía un poco de miedo, sabía que podía perder la paciencia de nuevo en cualquier momento. Ellos también lo sabían, pero no le daban importancia, ellos entienden a perfección que uno se debe preocupar por lo que se tiene de frente, lo demás, se piensa sin sufrirlo, al final, no está frente a ti, no lo tienes que enfrentar en ese momento. Cuando toca, se enfrenta, como todo.

    Cuando estuvieron listos, El Gigante los ayudó a salir y se acostaron en el borde de la fuente, poniéndose al sol para secarse, y de paso cogieron su merecida siesta, que día largo habían tenido, y faltaba la meta principal: jugar en el parque. Despertaron un rato después por el ruido de un gentío, abrieron los ojos y se vieron rodeados de gente, la plaza estaba llena. ¿De dónde salió tanta gente? No le dieron mucha importancia, se dispusieron a caminar por el jardín que tenían que atravesar para poder llegar al parque al que tanto anhelaban llegar. Estaban medio morroñosos todavía mientras bajaban de la fuente de agua, pero notaron que todas las personas que estaban en el jardín buscaban sin cesar entre sus bultos, entre las plantas, y alrededor de la fuente. Cuando se fijaron bien, eran los mismos Mayores de 5 Años que estaban en el restaurante en el que escondieron el tesoro hacía unas horas.

    Sus duendes se habían puesto de tamaño miniatura, y corrían como unos locos de un lado para otro bailando y brincando. Cuando se baila una cierta coreografía, y se hace sintiéndose feliz, se unen varias dimensiones, y todos pueden verlos, por un lapso super breve de menos de un segundo. Los duendes manejan esta coreografía y sentimiento super bien, y en ocasiones la utilizan para dar mensajes a quienes acompañan. En esta ocasión, querían que jugaran en el hermoso jardín en el que se encontraban, y al que si no hubiera sido por su intervención ni siquiera hubieran entrado. El jardín tenía un camino central que iba haciendo curvas, rodeado de plantas, estatuas, y en el centro, una pequeña tarima, suficiente para cinco o seis personas adultas, unos 4 niños, mil duendes y mil niños interiores y de tribus que cambian de tamaño a su antojo.

    El jardín estaba lleno de Mayores de 5 Años, todos tratando de entender lo que veían, lo que sentían; no estaban asustados, se sentían en paz dentro de todo, pero la búsqueda por entender lo que experimentaban no les permitía parar. En cierto punto, todos los duendes los llevaron hasta los banquitos frente a la tarima, donde se sentaron a descansar, y a mirar los árboles que estaban alrededor de la tarima. Justo en ese momento, pasaban la Niña, el Niño, la pequeña Natalita, Augusto y El Gigante por al frente de la tarima, y al mirar a su izquierda y ver a ese público sentado tan ordenadito, no pudieron evitarlo, y comenzaron su presentación. Todos los duendes se bajaron de golpe a la tarima, querían ser partícipes de la presentación. En esta ocasión, se aseguraron de no ser tan receptivos como en sus bailes de hacía unos minutos, escogiendo sus coreografías, su ritmo, su movimiento, para que pudieran ser sentidos, pero no vistos. ¡Imagínate la escena que se formaría si tantos Mayores de 5 Años los vieran a la vez, un caos, no, con ellos hay que ir pasito a pasito mostrándoles el camino hacia la Recordación, para que no se espanten y tengan que empezar desde de 0 otra vez. Con sus movimientos, lo que lograban era captar su atención, los árboles lo hacen también, cuando permiten que el viento mueva sus ramas, sus hojas, sus flores.

    Bailaron y bailaron, y por primera vez en mucho tiempo, los Mayores de 5 Años solo se quedaron qquietecitos observando. Descansaron, contemplaron, sonrieron. La mayoría de ellos ni siquiera recuerda cuándo fue la última vez que solo se sentaban en un lugar a mirar a su alrededor. Esta práctica no es muy comun, creo que vivimos en tanta planificación y con todo tan medido que al crecer, olvidamos la magia de la improvisación, de hacer las cosas porque sí. No quiere decir que las rutinas sean malas, pero muchas veces nos limitan de ver qué tiene La Vida para nosotros, pues a veces nos ponemos tan estrictos con el tiempo que ni siquiera miramos para el lado. ¿Y qué es eso del tiempo? ¿Cómo funciona el tiempo? Una vez Augusto dijo que el tiempo, en cierta manera, es circular y no linear, pero que también se mueve en zigzag, al contrario de lo que nos han enseñado desde niños, el clásico error del ayer, el hoy y el mañana. Él dice que si te detienes lo suficiente, te puedes dar cuenta de que el tiempo no existe realmente, y que lo puedes parar, retroceder y acelerar como quieras, al menos en cierta manera. Como ahora mismo, el tiempo pasó de estar contado, a detenerse por un lapso que a quienes lo experimentaron les pareció de horas, pero que cuando miraron sus relojes se dieron cuenta de que duró apenas unos minutos. Se levantaron, se estiraron, sonrieron, y volvieron a sus rutinas, pero esta vez con una felicidad casi inexplicable, y que en adelante tratarían de repetir a diario por el resto de sus vidas, hasta que casi llegando al final, todo su tiempo transcurrió así, evidenciando el maravilloso impacto que puede tener un pequeño instante. Los duendes se despidieron felices, ¡que gran día de Recordación, que buen paso, que buen comienzo, que buen baile y que bueno ser sentidos, aunque fuera por unas horas!

    El Gigante y los amigos se bajaron de la tarima y continuaron caminando, casi estaban llegando a la entrada del parque, cuando de frente se les cruzó un gato. Los gatos son seres peculiares, les gusta ser observados y atendidos, siempre que ellos quieran, y cuando se cansan, por donde mismo llegaron, se van. El gato les dijo que llevaba un rato observándolos, y que disfrutó mucho su baile, que llevaba mucho tiempo sin dueño, y le gustaría poder conseguir la atención de alguien, para que lo adopte, y poder recibir mucho cariño a diario (y buena comida). Ellos le dijeron que iban al parque, que si quería podía acompañarlos, y ellos le contaban los trucos mientras jugaban. Al gato no le pareció buena la idea, verás, cuando te digo que les gusta la atención, es que necesitan toda la atención, cuando así lo quieren, otras veces no quieren ni que los mires. Se les cruzó en el camino una vez más, y los amenazó diciéndoles que no los dejaría pasar nunca al parque si no le explicaban en ese momento. Ojalá lo hubiesen visto antes y se hubiesen cambiado de tamaño todos para poder pasarle por encima y ser más rápidos que él, en este momento, solo El Gigante podía pasar; pero, como siempre, al enfrentarte a una situación, la debes superar del tamaño en el que te encuentres en ese momento.

    Augusto trató de hacerle entender, diciéndole que llevaban todo el día tratando de llegar al parque, y que ya casi caía el sol y querían jugar, y asegurándole que le explicarían como quiera, solo que lo harían mientras jugaban; pero el gato, gato al fin, solo podía pensar en su propio interés, y les insistió en que quería aprender el baile primero. La niña de la tribu de JAN sacó al Guerrero del reloj, que se puso a volar sobre el gato para distraerlo, mientras ellos le pasaban por al lado y cruzaban al otro lado, en verdad querían jugar. El Gigante hizo volar al dragón de la sortija, en otro intento de distracción, pero el gato era demasiado rápido, los pillaba cada vez, no hubo de otra, después de varios intentos, decidieron ayudarlo primero. La razón por la que preferían hacerlo mientras jugaban es porque los gatos son muy lentos aprendiendo, aunque sean muy rápidos con lo que ya saben. Eso sí, una vez lo aprenden, lo dominan mejor que nadie, y sabían que se tardarían mucho y podían perder la oportunidad de juego del día, después de pasar tanto trabajo para llegar al parque. Decidieron hacer un trato con el gato y tomar turnos para enseñarle mientras los demás jugaban. Esa idea tampoco le gustó al gato, él sabía que cuando se trata de enseñar, mientras más maestros, mejor y más rápido es todo.

    Se pusieron todos en línea, de frente al gato, y comenzaron con los pasos. "Muy bien señor gato", dijo La Niña: "primero, levanta las manos lentamente, y ponlas frente a tu cuerpo, mientras haces esto, ve moviendo tu cabeza poco a poco hacia los lados". El gato los miro con cara de, ehrm, permiso, no puedo hacer esos movimientos, aplícalos a cuerpo de gato. Todos rieron como locos, "¡verdad es!" La niña continuó: "Ok, olvida las manos, párate lo más derecho posible, y mueve tu cabeza hacia los lados lo más lentamente que puedas, casi como imitando a una serpiente. Recuerda hacerlo lentamente. Después de cuatro repeticiones a cada lado, da una vuelta repitiendo el movimiento mirando en cada una de las cuatro direcciones mientras das la vuelta". El gato intentó e intentó, y falló y falló varias veces, finalmente estaba cogiéndole el truco, cuando de repente se paró alguien a su lado. No los veía a ellos, solo al gato, y empezó a hablarle. ¿Y ese baile? ¡Que lindo eres! ¿Tienes collar? ¿Vives con alguien? El gato les sonrió, sorprendido de lo rápido que había tenido efecto el baile, mientras se iba de los brazos de aquel Mayor de 5 Años con quien el baile tuvo efecto y por siempre agradecido.

    Así como si nada hubiese pasado, se encontraron, finalmente, en la puerta del parque, con la entrada despejada, y la sensación de victoria de que ya estaban por entrar y jugar como llevaban anhelando todo el día. Empezaron a caminar hacia la entrada, El Gigante les abrió el portón (sincronizado con el viento para que no se dieran cuenta los Mayores de 5 Años), y cruzaron. A veces, el esperar y anhelar algo tanto, hace que se convierta en algo más grande e importante de lo que en realidad es.

    21 de marzo de 2020

    Y tú, ¿con qué dragón de te has tropezado? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Episodio 36: http://traffic.libsyn.com/bitacoradeaventuras/036_-_Un_Tesoro_escondido_a_simple_vista.mp3

    Episodio 37: http://traffic.libsyn.com/bitacoradeaventuras/037_-_Una_Toreada_para_Nada_Convencional.mp3

    Episodio 42: http://traffic.libsyn.com/bitacoradeaventuras/042_-_La_Sortija_del_Dragon.mp3

    Episodio 44: http://traffic.libsyn.com/bitacoradeaventuras/044_-_Una_dulce_atraccion_segunda_parte.mp3

    12 min

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