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Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de aventuras, edición el Coronavirus:
Historia Violeta
Les cuento esta historia desde mi normal aislamiento, que ahora comparto con millones alrededor del mundo. Yo hablando de las enfermedades, sin saber que pronto todos estaríamos en el mismo barco. Y hasta aquí mi intervención sobre el coronavirus, para eso, atento a las noticias en tu respectivo rincón del planeta, y a cuidarnos mucho. Hoy estoy aquí para hacer mi parte, y contarte una historia que, aunque sea por unos minutos, te aleje de la realidad y te traiga una sonrisa. ¿Listos? ¡A La Princesa! Historia violeta…
El otro día, en medio de un mar de noticias que parecían no tener una onza de buenas noticias, Augusto me recomendó apagar la lectura de noticias para ir a jugar en el balcón, y a crear nuestro plan en el proceso. Allá me senté con libreta y lápiz en mano, lista para recibir el plan para prepararme. Justo me estoy sentando al lado de Chayita Georgina, y me dice: "recuerda preparar el té". Me levanto y camino a la hornilla, y me interrumpe de nuevo, "recuerda cosechar las hojas" y digo "verdad es", y camino al balcón otra vez, en la cosecha estoy cuando me dice "recuerda agradecer la cosecha mientras cosechas las hojas", y así lo hice, besitos a todas, y risas por besitos a todas, no logro ser así de cariñosa con mis otros compañeros humanos, pero que fácil se me da con ellas, quizás porque no me pueden abrazar, que ansiedad me dan los abrazos.
Termino de cosechar y pongo a hervir el agua, enjuago las hojitas, y regreso a sentarme con Augusto a hacer El Plan. Casi llego al piso en mi intento de sentarme y me dice "pusiste el agua a hervir, pero no añadiste las hojitas", me levanté casi de rebote, y allá me fui a echar las hojitas a la olla. Me estoy virando para regresar a sentarme y Augusto me dice "¿no vendría bien una manzana con el té? Visualicé la escena, y fue tan perfecta, que me puse a cortar la manzana. De camino me dice "no olvides mantequilla de maní". Me siento a comer la merienda en lo que el té está listo, y me dice: "¿recuerdas cuándo fue la primera vez que comiste manzana con mantequilla de maní? Estabas en california, acababa de pasar el huracán María, tenías un poco de ansiedad de regresar, aunque no dijeras nada, te sentías traicionera pasándola tan bien mientras tanta gente la pasaba tan mal, y a la misma vez eras egoísta y te sentías aliviada de ser tú quien estaba bien. Comiendo esa manzana, tuviste una idea de lo que sería una de tus meriendas oficiales durante la crisis, y sentiste miedo y 3 años después, se convirtió en la mejor opción para aplacar los síntomas en tu enfermedad misteriosa. No le dices a nadie, pero se convirtió en tu lugar seguro esa merienda, porque te hace sentir de vuelta en una casa en la que fuiste querida, recibida, protegida, distraída, y todos los 'idas que te puedas imaginar, en un momento de tanta incertidumbre. El té debe estar listo, apaga la hornilla, y déjalo reposar."
Me fui a apagar la hornilla, voy de regreso y doy la media vuelta después de su "¿lo moviste? Sabes que queda mejor si lo mueves antes de dejarlo reposar, ve, muévelo". Y así lo hice, y la casita se inundó de olor a jengibre y hierbas. Finalmente me siento, y me dice: "Anota, Paso 1, conseguir comida no perecedera, sin acaparar y dejar a los demás desprovistos", anoto y tacho, y le digo "listo". Continuó: "Paso 2", y le interrumpo: "espérate Augusto, ¿comida para cuanto tiempo? A lo que contestó: "No te preocupes, lo que tengas, será suficiente. Paso 2, subir las defensas y cuidarte, lo que me recuerda, ve y verifica el té, ya debe estar listo".
Me paro, levanto la tapa de la olla, otra vez la casita inundada de olor a jengibre, y estoy disfrutando el olor cuando escucho a Augusto decir en la distancia, no porque él estuviese lejos, esta vez me metí demasiado en el aroma: "¿recuerdas la primera vez que preparaste un té para alguien en esta casita? Estabas en medio del caos de tu tesis escrita. No sabías qué iba a pasar, y verdaderamente hiciste lo que te dio la gana cuando la escribiste, joder, hasta tu canción favorita de rap ocupa una página en la tesis, y estabas a unas horas de, no solo presentarla impresa, si no de ir más allá y ponerle el video con la letra impresa a un grupo de arquitectos con corbata. Para terminar tenías planes, como parte de la presentación, de analizar la letra y el video, dándole pausa al video mientras la leían, para compararla con una de las teorías que usaste de base, y teorizabas que todo se daría teniendo de frente un grupo de gente con cara de confundidos y de ¿qué carajo se cree esta? Y de hecho, así exactamente fue. Le pediste a un amigo artista que fuera tu director de tesis, y para agiliazar el proceso y explicarle todo de camino, se quedó en la casita, que mágica mañana, que debió ser de caos, en la que cocinaste uno de los mejores desayunos y colaste té hecho con hojas de la casita. ¿Te acuerdas de que era el té?"
"Era de albahaca morada", lo interrumpí para responder, saliendo de la nube en la que estaba por el aroma. Continuó Augusto: "jamás habías probado la albahaca morada, la encontraste esa semana de casualidad y la trajiste, siempre traes plantas nuevas al balcón en medio de una crisis. Fue ella quien te ayudó a pasar esa última semana de escritura con fecha de expiración, la última de esa clase. Quizás por eso la escogiste para que fuera tu té de esa mañana, fue más especial que cualquier otra bebida que hubieses podido escoger". Sonreí feliz, tenía razón, lo había olvidado, a veces olvidamos el camino y solo recordamos los finales, cosa loca.
"¿Vas a querer té Augusto?", le pregunté, y me dijo: "estoy bien". Y en eso se baja la pequeña Natalita del lazo en el que estaba, sale corriendo a sentarse al lado de Augusto, y me grita desde allá: "¡yo sí quiero! ¡En la tacita amarilla que me gusta!" La miro con ojitos pequeños como de molestia, pudo fácilmente haberse servido y llevado su tacita. Me mira, se sonríe, y coge mi papel y lápiz y se pone a hacer dibujitos en el espacio en el que debía escribir el Paso 3, que en un momento me daría Augusto. Termino de servir y colar los teses, los llevo al balconcito, me siento, le pido la libreta a la pequeña Natalita y me mira con los ojitos imposibles de resistir, me paro a buscar otro lápiz para, sin remedio, escribir a la vez que ella dibuja. Me siento, "bien Augusto, Paso 3", y me interrumpe para decir: "Ahora que huelo el de ustedes, sí quiero té, ¿me buscas un poquito?" Me levanto otra vez a buscar el té, y me dice desde allá: "¿Recuerdas cuando hiciste tu primer viaje sola? Antes de eso, ir por un café no tenía el mismo valor que tiene ahora, sentarte a volar por la cafeína, y escribir en esa nota, fue el remedio para todo pensamiento de temor por irte a un país desconocido sola que te pudo pasar por la cabeza. Podríamos decir que, básicamente, tus viajes sola han sido para sentarte a escribir en lugares desconocidos, con bebidas desconocidas, a veces café, otras té, otras jugos. ¡Que muchas cosas has probado! ¡Que buenas cosas han surgido de ese miedo nunca antes confesado de viajar sola!"
"Así mismo es, el miedo fue suplantado por tardes de escritura", le digo mientras me siento con su tacita de té, la mía acaba de dejar de soltar humo, el tiempo fue perfecto para empezar a tomarlo, y le digo "bien Augusto, Paso 3, cuéntame". "Sí, sí, sí, Paso 3, quedarte en casa tomando el té lo más posible, si no hay que salir, ¿para qué dejar este hermoso espacio? Mira, Chayita tiene un nuevo retoño, la zanahoria casi está lista. ¿Te acuerdas cuando cosechaste tu primera zanahoria? No tenías idea de cómo sembrarla, perdiste mil semillas, no sabías distinguir cuando algo estaba listo o no. De hecho, todavía no sabes bien, y la mitad de las veces no cosechas por miedo a dañarlo, o por miedo a que sea la última cosecha, que no se vuelva a dar ninguna planta, y pierdas esa alegría".
"Es verdad", lo interrumpo, "¿Paso 4?", a lo que respondió: "Paso 4: aceptar que has tenido miedo mil veces, y que tarde o temprano, todos los has superado, a veces sin darte cuenta, otras a propósito, y otras veces los revisitas, pero, ¡que maravilloso es mirar atrás, y recordar que al final, pase lo que pase, todo va a estar bien!"
13 de marzo de 2020
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de aventuras, edición los 33:
Les cuento esta historia desde un hospital. Me resulta hiper gracioso, pues venía a contarles de cómo mi cuerpo ha venido jugando a mi favor o contra, según los ojos con los que se mire, y pues, aquí me trajo. Historia amarilla....
Hace unos años conocí una bruja en México y nos fuimos a un museo. Digo, ella no se presentó como bruja, pero tengo el talento de reconocerlas, siendo una en orgullosa formación. Ese día encontré los perfectos compañeros de viaje, de una manera extraña. Hacía unos meses, una de mis amigas se había casado con un mexicano, y su familia y amigos vinieron a Puerto Rico para la boda. Fue una semana hermosa, dando brincos y saltos con ese corillo, y al final, tan bien la pasamos, que decidí tomarles la palabra cuando hicieron la invitación de mostrarnos México como nosotros les mostramos Puerto Rico. Llegué, y dormí mi primera noche como una reina. La mañana siguiente, pasó a buscarme la mamá del mejor amigo del esposo de mi amiga. Esa es la hermosura de la improvisación, termina uno conociendo a las personas más indicadas, aunque no sean las que esperabas conocer. Llegamos al punto de encuentro, resulta que era el día de las madres en México, y ella se encontraría con su mejor amiga. Probé chilaquiles por primera vez, siguiendo fielmente sus recomendaciones, y desde entonces, es lo que como en cualquier restaurante mexicano que los tenga en el menú. Ha sido uno de los mejores días de mi vida, estuvimos casi 7 horas en un museo de antropología, hasta ese viaje, pensaba que nunca podría disfrutar un viaje con una persona, pero descubrí que tenía varios compañeros ideales.
Estuve todo el día entre risas y aprendizaje, eran dos mejores amigas que no podían ser más diferentes entre sí, ni yo de ellas, pero sin la más mínima duda, dos libros abiertos de historias, cada una a su manera. Leímos cada letrero de toda la exposición, solo nos detuvimos una hora a almorzar, y regresamos de inmediato. Después de leer cada letrero y detenernos a observar cada figurilla y cada pequeño recoveco, nos poníamos a hablar sobre el tema mientras caminábamos de una pieza a otra. De veras, he tenido pocos días tan cabrones como ese. Una de las frases que más recuerdo fue de la mejor amiga, le preguntaron por qué no quería carne ni queso, y si no le preocupaba no tener proteína, y ella interrumpió y dijo: no necesito proteína ni carne ni carbohidratos ni nada de eso, necesito nutrientes, necesito comer alimentos con nutrientes, y eso estoy comiendo, nos obsesionamos con lo que nos dicen los médicos, y se nos olvida cómo comían los ancestros, ellos comían nutrientes.
En cierto punto, estábamos frente a unas figurillas, que parecían estar sentadas, y la mejor amiga me mira y me dice, ves eso, nuestros ancestros practicaban yoga, no están sentados, están en la pose de loto. En la India le llamaban yoga, pero es una práctica de todos los ancestros, de todo el mundo, lo hemos olvidado, pero son conocimientos ancestrales universales, por eso me gustan los museos de antropología. Yo solo sonreía, es lo que me gusta de esos museos también, cada día todo me parece más lo mismo, sin importar en qué rincón del planeta esté. Continuó hablándome de los ciclos, y de cómo las estrellas se mueven en un ciclo de 26,000 años, que muchas tradiciones orales ancestrales de todo el planeta hablan sobre eso de una manera u otra, y yo solo podía sonreír, me paso leyendo libros de astronomía, astrofísica, de historias alternas sobre los orígenes de la humanidad, esos son de los temas que más interesantes me resultan, y rara vez coincido con personas con intereses similares. Luego, todavía frente a las estatuillas, me preguntó mi edad, y cuando le dije que tenía 31 años, sonrió y me dijo, estás casi ahí, espéralo, porque muchos cambios vendrán, y debes estar lista. Y me siguió diciendo: muchas cosas importantes están atadas al 33, a la edad 33, mira que fue la edad a la que Cristo se manifestó y empezó su trabajo en la Tierra. Yo recordaba eso, y probablemente es su formación por eso lo asocia más fácilmente, pero he aprendido que muchas figuras principales de otras religiones también tuvieron un momento de "no vuelta atrás" a esa misma edad. Realmente no le había dado tanta importancia. Yo leo y leo, me gusta aprender, no sigo ninguna enseñanza en particular, ni estoy en ninguna búsqueda que no sea aprender de todo lo que pueda aprender.
Olvidé esa conversación básicamente hasta el 6 de enero que empecé a escribir esta bitácora, quizás porque en apenas unos días cumpliría 34 años y atrás quedaría el número 33. Los temblores retrasaron el proceso y, de bienvenida a los 34, tuve que ir al hospital, desde donde terminé contándote esta historia. Había vivido mucho tiempo obsesionada con el 33, pero no le di importancia, al final del día, el 3 es uno de mis números favoritos, y estaba segura de que era porque me encanta la canción "33" de la Mala Rodriguez, y se me quedó pega' la primera vez que la escuché. Estando en el hospital, me entró un mal de risa mientras escribía, los mareos empezaron, casi como el reloj, unas semanas antes de mi cumpleaños número 33, la pegó la señora, y de qué manera, este año ha sido más de cambios que cualquier otro que pueda recordar. Te cuento, que en solo un año:
6 de enero de 2020
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
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Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de aventuras, edición estoy enferma:
Les cuento esta historia tirada en el mueble de mi casa, desde donde, debo confesar, he escrito el último año, y desde donde probablemente les siga contando historias por buen rato. Tengo la buena / mala costumbre de buscarle el chiste a todo, y siempre me había funcionado bastante bien, hasta ahora. No les aseguro que deje el chiste, pero sí es bueno de vez en cuando mostrar la historia detrás del chiste. Miguelo siempre insiste en que la vida no es color de rosa como la quiero pintar, y estoy de acuerdo con él, para mí es azul, no tengo historias rositas para contar, esas las cuenta mi hijastra. Así que aquí va, desde el mueble, imaginando que estoy en la plaza desde donde tantas historias conté … Historia Roja
Después del episodio 38, se me hizo un poco difícil sacar a pasear a Natalita y a la pequeña Natalita, y decidí no invadir este espacio con historias rojas de Natalia, la vida vestida de rojo no es tan divertida, y nunca ha sido mi favorita, así que pensé que quizás sería lo más indicado esperar a estar bien para pintar de colores otra vez las historias. Quizás debí analizar mejor la decisión, al final del día, si llevo más de un año con los mismos síntomas y solo empeoran, ¿qué me puede garantizar que de un día para otro todo va a mejorar? Maldita costumbre que viene de una de mis mejores virtudes: la paciencia. Conozco contadas personas que disfrutan de una paciencia mayor a la mía, es de lo mejor y lo peor a la vez. Cuando se trata de esperar, puedo esperar por años, y ser feliz en el proceso, esa cualidad me ha ayudado a mantener una mentalidad de niña y una vida plena, pero también me ha llevado a postergar, quizás demasiado, todo lo que se me ocurre que me gustaría hacer.
Mi abuelita Chita, mejor conocida en el mundo de La Princesa como la duende Chita, tenía un estilo de hacer las cosas que siempre me gustó, pero con los años me hizo admirarla al punto que a veces pienso que uno puede vivir la mejor vida con al menos 5 de sus tantos ejemplos de vida. Mi abuelo Felipe decía, cuando mis tías y mi mamá se criaban, que las mujeres eran cabras, y que nacían para ayudar en la casa, y no para ir a la escuela. Todas las mañanas, mi abuelita Chita llevaba a todos a la escuela, y unas horas más tarde, al notarlo, bajaba mi abuelo Felipe a darles de baja de la escuela a todas mis tías, dejando solo a mis tíos en la escuela. Al llegar, no pasaba nada, mi abuelita Chita las miraba con su cara seria de "no se te ocurra mostrar emoción" que tanto me molestó por tantos años, y que hasta apenas unos años no entendí a cabalidad, les daba alguna tarea del hogar y le servía el café de las 3 PM a mi abuelo Felipe, con actitud de "aquí no ha pasado nada". A la mañana siguiente, los levantaba a todos, los llevaba a la escuela, y volvía a inscribir a mis tías; se despedía de todos, regresaba a la casa a hacer el almuerzo, y un poco más tarde, se repetía la historia otra vez. Así fue a diario, hasta que un día mi abuelo Felipe se cansó de tener que ir a la escuela a sacar a mis tías, y "decidió" completamente por decisión propia, permitir que las mujeres que trajo al mundo serían dignas de estudiar. Mi abuelita Chita jamás habló del tema, no hacía falta, durante años la vi llegar a hacer todo lo que le daba la gana aunque le dijeran que no se podía, la paciencia era una de sus mayores virtudes, y supo usar la falta de paciencia de los demás a su favor, así lo hizo los 96 años que estuvo con nosotros.
A veces heredamos más de lo que creemos, y otras veces olvidamos lo que heredamos en momentos de vulnerabilidad. Hace un año paso básicamente el día entero mareada, con sensación de desmayo inminente, dolor de cabeza y náuseas, unas veces es leve, otras veces solo puedo recostarme a "pasarla", en otras ocasiones la visión se me pone borrosa y es más fácil dejar los ojitos cerrados, así que escribir es un poco retante. Lo más gracioso / frustrante del asunto es que todos los sintomas vienen cada vez que como, lo que sea que coma, desde frutas hasta arroz, vegetales o nueces, así que lo que fue en cierto punto uno de mis más grandes placeres se ha convertido en mi más grande temor. Creo que es la primera vez que le llamo como debo, soy fiel creyente de que poniéndole nombre a las cosas nos encariñamos y aprendemos a manejarlas. Así que, ya no lo escondo más, ni espero pacientemente a que decida irse, mejor salgo a jugar con él, oficialmente, te presento a mi nuevo cuco, un día fue casarme y tener compromisos, hoy es comer.
29 de febrero de 2020
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Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de Aventuras, edición Ver el Mundo a Través de los Ojos de un Niño
No existe nada más hermoso que ver el mundo a través de los ojos de un niño, una caja se convierte en la base de un castillo, dos pedazos de foam se vuelven un balcón y una piscina, un rollo de papel toalla se convierte en una chorrera mágica al interior del castillo (o en una chimenea, segun el dia que se juegue), un poco de pega blanca se convierte en hormigón para la construcción, unos palitos de paleta de mantecado se convierten en una verja para un mundo secreto, superhéroes de marvel conviven en el mismo universo de DC, y son amigos (y algunos enemigos) de Elsa, Ana, y una bebé gigante, los guerreros de star wars, pasean por el castillo y lo protegen también.
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Bitácora de Aventuras, edición Una Toreada para Nada Convencional
Cuando salieron del nuevo escondite del tesoro, salón que por unos minutos dejó de ser un restaurante con muchas mesas y se convirtió en escenario de un gran baile sin planificación, esperándolos en la puerta se encontraban el gigante y la niña, listos para continuar, y todavía mirando a los duendes bailar. Augusto y la pequeña Natalita les enseñaron los pasitos del baile, y todos imitaron los pasos por toda la calle, que al parecer no estaba lista para recibir tal impacto, y de pronto se convirtió en un río de lava, ¿o será que quiso bailar con ellos y ellos no entendieron? No hubo tiempo de análisis, el gigante fue el primero en darse cuenta, en realidad el único de los 5 en darse cuenta, decidió entrar en un local que vio cerca, agarró a los demás con una mano y los subió en su cabeza para que siguieran bailando mientras corría hasta la puerta brincando sobre las piedras que aún no eran lava, casi como Aladdin y Abu.
Al entrar en el local se dio cuenta de que había todo de cuanto te puedas imaginar, en versión miniatura. Antes de que se diera cuenta el baile sobre su cabeza había cesado y estaban los 4 individuos miniatura en el piso mirando todo como si nunca en su vida hubiesen visto un objeto de su tamaño. La realidad es que no era tan común ni tan sencillo, ellos se cambian de tamaño a conveniencia, y no todas las cosas tienen esa habilidad, de hecho, cuando conocieron al gigante, andaban de su tamaño, por eso pudieron conocerse y convertirse en buenos amigos. Ese día, como por cosa del destino, cayeron en el perfecto lugar, en el tamaño adecuado, todos excepto el gigante, que se ocupaba por no tocar nada ni tropezar, pues podía terminar rompiéndolo todo en pedazos, y siendo descubierto por los Mayores de 5 Años que allí se encontraban. Sí, sé lo que estás pensando, ¿en serio son tan Olvidadizos que no pueden percibir a un gigante? Sí, así de absurda es la vida con los Mayores de 5 Años, tienen todo en sus narices, y de alguna manera todo se les escapa.
Mientras el corillo de pequeñines se paseaba por toda la tienda jugando con todo lo que se encontraban, el gigante tuvo su oportunidad de disfrutar el estar sin estar, y se paró en la puerta para jugar a uno de sus juegos favoritos, después de todo, la calle se había convertido en un río de lava, y no parecía tener la intención de endurecerse en un buen rato. Tomó su lugar justo en la puerta, y se acomodo cual torero, esperando a que pasaran los Mayores de 5 Años. Cada vez que alguno pasaba, jugaba a esquivarlos dramáticamente, agitando un pañuelo frente a ellos, una y otra vez, a cada uno que entraba y salía de la tienda. Los duendes de los Olvidadizos, al notar el juego se rieron como locos, y comenzaron a susurrar al oído de sus acompañantes que necesitaban volver a entrar. Los Olvidadizos de inmediato entraban, se paraban en medio de la tienda tratando de recordar qué era lo que necesitaban, y al no tener éxito regresaban a la entrada, solo para que el gigante jugara a esquivarlos una vez más, el duende volviese a susurrarles que entraran, y repitiendo este ciclo al menos dos veces antes de rendirse y seguir su camino. Los duendes a veces hacen eso, le dan una oportunidad tras otra a cada Olvidadizo de que abra sus ojos, no siempre es tan sencillo, no siempre funciona, pero si algo distingue a los duendes es su perseverancia, nunca pierden la esperanza, nunca se rinden, es así que han logrado restaurar el balance una y otra vez a través de los milenios.
Después de un rato, Augusto les recordó que estaban de camino al parque, los pequeñines salieron de sus casitas temporeras y corrieron hacia el gigante, casi como si acabaran de despertar de un trance. Augusto no lo había olvidado, pero disfrutaba regalarles momentos de puro juego sin pensar en más nada, por eso no les había dicho. Se colocaron sobre el gigante una vez más, esta vez los hermanos en un hombro, Natalita y Augusto en el otro, y salieron, listos para continuar la travesía hasta el parque.
Cuando miraron la calle esta vez, se dieron cuenta de que no se había convertido completamente en un río de lava a punto de derretirlos, si no que había dejado estratégicamente algunas piedras duras, para que brincando de una a otra otro hicieran el baile con ella. Y así lo hicieron, continuando su camino cada uno por su lado pero en la misma ruta, hasta que la calle se cansó de bailar y se endureció satisfecha, aunque fuera por un día, alguien entendió su juego.
26 de enero de 2020
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
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Bitácora de Aventuras, edición Un Tesoro Guardado a Simple Vista:
Un día cualquiera de enero, los niños de la tribu de JAN llegaron al Balconcito de la Felicidad a buscar a la pequeña Natalita y a Augusto para invitarlos a un parque que les gustaba mucho. Augusto estaba atendiendo las plantitas de ajo, nunca lo habían sembrado antes, y quería encargarse personalmente de que estuvieran bien atendidos. La pequeña Natalita estaba casi llorando sentada al lado del tronco de una plantita de uvas, hacía unas semanas esa plantita había dado señales de que pronto moriría, pero después de un par de conciertos, y unas buenas conversaciones del futuro que le aguardaba, una mañana aparecieron cogollos nuevos, diminutas hojas en formación, y dio señales de vida una vez más. En esta ocasión, todas las hojas nuevas se estaban secando otra vez, y la pequeña Natalita presentía que en esta ocasión, sí era el último adiós, aunque no podía saberlo hasta que La Vida se lo permitiera. Se volteó para saludar a los niños y recibir su invitación, secándose las lágrimas y sonriendo, como acostumbra a hacer cuando está triste, ella siempre dice que la felicidad empieza por una sonrisa, aunque unas veces dé más trabajo que otras. En ocasiones anteriores habían visitado este parque, pero en tiempos recientes, el camino estaba un poco maltrecho con los temblores, y era más difícil llegar. La pequeña Natalita decidió invitar al gigante, pues con sus largos pasos todo parecería más cerca y podrían llegar más rápido, el gigante aceptó feliz, como con cada invitación, además de que ya tenían una misión para ese día, y les quedaba de camino. Pensaría uno quizás que los gigantes son seres insensibles y enfocados en cosas de mayores de 5 años, pero este gigante ha resultado ser el más sensible y juguetón del grupo, ayudándonos a confirmar, una vez más, que no necesariamente las cosas son siempre lo que parecen.
Unos días antes, la pequeña Natalita y Augusto se tropezaron con un tesoro en un salón lleno de Mayores de 5 años, no entendieron muy bien por qué estaba ahí, pero el tesoro tenía un papel que indicaba el nombre de su dueño. Decidieron guardarlo, reconociendo el nombre que leyeron y cómo encontrarlo, para encargarse personalmente de devolverlo, sin que nadie se diera cuenta, y trataran de detenerlos para quedarse con él. Ese día que llegaron los niños de la tribu de JAN, la pequeña Natalita y Augusto habían pedido la ayuda del gigante para ir a entregar el tesoro. Al final, muchas personas podrían haberse interpuesto en su camino, y no podían permitirlo, el dinero es cosa loca, saca lo peor de hasta la mejor persona.
Terminaron de atender el huerto, se despidieron de la plantita de uva sin la certeza de si sería la última vez o no, empacaron una merienda y agua y bajaron a toda prisa, preocupados de que alguien notara que escondían un tesoro. Quizás se preocupaban de más, quién se enfrentaría a un gigante por un tesoro módico, quizás si fuera un gran tesoro, y además la mitad de la gente ni los veía; pero bien, un niño puede ver hasta lo que aún no está presente, por eso mejor hacerles caso y precaver. Acordar el punto de encuentro con el dueño del tesoro fue algo complicado, por lo que Augusto sugirió guardarlo en un lugar en el que estaría básicamente a la vista. Cuando sugirió eso, el gigante lo miró sorprendido y en parte nervioso, ¿qué estaba pensando, tanto protegerlo para nada? Al notar su duda, Augusto le dijo: "es el mejor lugar posible, aquí el 99% de las personas que pasan son Mayores de 5 años con récords fatales de olvidadizos, están tan ocupados con lo que consideran importante, que en realidad no lo es, que jamás pueden ver lo que la vida les regala a diario, ni aunque se los pongas en la cara".
Llegaron, nadie en la puerta, pasaron el umbral, Augusto entró con la pequeña Natalita y el niño. La niña y el gigante esperaban en la entrada por la señal de Augusto, en caso de que algo saliera mal. Llegaron al escondite designado, nadie los vio, guardaron el tesoro en una tablilla frente a todos, mejor no digamos guardaron, y digamos colocaron, para explicarte mejor la escena. Van saliendo victoriosos, cuando notan un mayor de 5 años mirando fijamente al lugar donde colocaron el tesoro, la pequeña Natalita se preocupó y le dijo a Augusto, pero él les aseguró que todo estaba bien, sin parar de caminar hacia la puerta, cuando de repente se dan cuenta de que falta el niño. No se dieron cuenta al momento, pero justo estaban escondiendo el tesoro, cuando salió una de las canciones favoritas del niño, y empezó a bailar como un loco feliz. Esos movimientos fueron lo que llamaron la atención del olvidadizo, no es que lo viera exactamente, estaba en su forma de Menor de 5 años de tribu, era más bien que el olvidadizo podía percibir un movimiento, un cambio en la luz, creyó se estaba volviendo loco y cerraba y abría los ojos tratando de ver si estaba imaginándose cosas. Antes de que la pequeña Natalita pudiera reaccionar, Augusto corrió hasta el duende del olvidadizo y tienen una acalorada discusión: "que no me escucha te digo, que he tratado mil veces", decía el duende, pero tal fue la insistencia de Augusto, que lo intentó, una vez más. Mientras se daban los susurros, Augusto se puso a bailar como un loco también, repitiendo exactamente los pasos del niño, que eran algo así como un "twist" pero ni tan parecido tampoco. Le dice al duende que lo siga en los pasos, para ver si podían mover la atención del Olvidadizo lejos del tesoro. Eran 3 los bailarines, cuando de repente de todas las mesas se levantan los duendes de los demás olvidadizos y comienzan a bailar sincronizados, se saludaban y agradecían, y brincaban de una mesa a otra repitiendo los pasitos. El olvidadizo ya no se pudo concentrar en el tesoro y, a decir verdad, pensó que enloquecia viendo figuras casi transparentes moverse por encima de todas las mesas del lugar, y salió corriendo. A mitad de espectáculo, pero una vez terminada la canción favorita del niño, Augusto corrió hasta donde el niño, que pareció despertar de un trance de bailarín, y de un jalón llegaron los dos a la puerta, desde donde la pequeña Natalita los esperaba bailando, todavía sin poder quitar su cara de asombro y fascinación por el baile coordinado sin planificación. Desde sus mesas los duendes sonreían felices, por un día, aunque fuera un instante, un Mayor de 5 Años los sentía, aunque no los podían ver del todo, y aunque no sabían si volvería a suceder.
26 de enero de 2020
Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.
https://linktr.ee/natalita_
Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de aventuras, edición las gafas:
Esta bitácora la escribí hace casi dos años, en medio de la crisis que afrontamos después de que la isla quedara completamente aislada después del huracán. En Puerto Rico, más del 80% de lo que consumimos llega a nosotros del exterior en barcos, y perder esa entrada por apenas unos días nos abrió los ojos a ver lo que podría suceder si se diera por completo y no estamos preparados. Poco tiempo después de eso se supo que muchos productos de necesidad fueron simplemente retenidos por una estrategia de publicidad por parte del gobierno. Historia chinita, casi del color exacto al de las líneas que pintaban nuestros ancestros en sus caras con achiote en preparación para la guasábara...
En estos días me encuentro cocinando y haciendo todo lo que puedo desde la casa, para prepararme por si acaso la vida cambia demasiado y ya no puedo contar con mis entradas. También he estado sembrando todo lo que encuentro y haciendo inventario de la comida que ya crece en la finquita. Digo por si acaso, pero yo sé claramente que la vida está por cambiar demasiado. Solo hay que ejercer el ejercicio de la memoria y recordar que hay personas que siguen sin techo y sin servicio de electricidad a casi 7 meses de Mar6ia. Creo que el primer paso que he dado es desligarme de todo lo que viene del gobierno, ya es más que sabido que en estos momentos (por no decir que nunca lo ha sido, y nunca lo será) su enfoque principal no es ayudar a la gente que vive en la isla a estar bien a largo plazo, si no dar pequeñas ayudas a corto plazo que los hagan aún más dependientes para poder tenerlos bajo su control. Creo que es lo mismo con todo, nos guste o no, el poder es algo tan difícil de manejar, que serán muy pocos los seres en esta vida que logren hacerlo con integridad total, ojalá tropecemos algún día con alguno de esos seres, o nos convirtamos todos en esos seres, ¿por qué no?
Podrá sonar extraño, pero estos procesos, fuera de causar miedo, en mí causan otras emociones, no existe nada tan poderoso como una comunidad bien formada y cansada de estar mal todo el tiempo, así que veo estos procesos como catalizadores a que se formen grupos de apoyo, a diferentes niveles. La gente tiende a unirse por metas comunes, y si pensamos en que una meta común que se acerca es que podríamos quedar aislados otra vez por otro desastre natural, nos puede emocionar el hecho de que a raíz de un desastre natural cada vez hay más alianzas entre agricultores a nivel isla, sin olvidar que fueron ellos mismos quienes, además de verse tan afectados como todos los demás por el huracán, fueron los que perdieron sus principales fuentes de ingreso: sus cosechas. Todo depende de los ojitos, de cómo se miran las cosas. No hay que estar repitiendo como el papagayo que la cosa está mala, eso son estupideces que quieren escucharnos decir para mantenernos atados a sus mierdas y trucos baratos. ¿Y qué tal si cada vez que nos "manguemos" repitiendo esa frase nos obligamos a hacer alguna movida en pro de nuestro bienestar para que la cosa no esté tan mala na'? Yo por mi parte, como acabo de escribir la frase, acabo de salir al balcón a contar los tomates que crecen en una de las plantas para sacar cualquier sentimiento de pena que me pueda traer haberla repetido, tenemos 3 tomates rojos, 3 anaranjados y 2 verdes. En menos de 1 día, andaré comiendo al menos 3 tomates que estoy segura que serán los mejores que comeré, porque vinieron como fruto de mi esfuerzo, y también de hacerle frente a ese cuco que tanto nos persigue en cada esquina en esta isla.
Vivimos nuestra vida con vendas, con historias de necesidades falsas y creadas, que nos hacen sentir que nunca tenemos suficiente. Hay personas en el mundo que viven con una décima parte de lo que tenemos nosotros y siempre tienen una cabrona sonrisa en la cara. Ver sonrisas en las caras que veo viviendo bajo un techo de cajas de cartón con piso de tierra y un canto de pan dividido entre 5 ha sido de las principales galletas que he cogido en la vida, uno es mas pendejo, quejándose cuando tiene a diario qué comer y dónde dormir. Para sobrellevar lo que viene, va a ser necesario ajustarnos los lentes, ponernos gafas de apreciación y de creatividad. No se trata de tapar el cielo con las manos, se avecinan los cambios, de eso no hay dudas, pero es importante pensar en cómo afrontarlos, y en qué cosas realmente importan, como comer todos los días. Por eso en estos días me siento contenta y esperanzada, estoy uniéndome al equipo de manos que se encargará de guiar a los demás cuando la cosa apriete, al final, ¿qué puede ser más importante que producir comida, viviendo en una isla?
16 de marzo de 2018
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Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!
Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de Aventuras, edición un cacerolazo:
En los últimos dos años la familia Real ha estado fuera de control, bromas a diario, bromas crueles a diario. En realidad eso es una mentira, siempre han estado fuera de control, simplemente en esta ocasión algo cambió en los que reciben las bromas. Durante muchos años todos reían, pero desde el verano pasado, ya casi nadie cae, y no solo casi nadie cae, si no que con cada nueva broma cruel que hacen, se unen miles al Escuadrón de la Recordación.
Hoy no vengo a contarte una historia, hoy te regalare unos minutos de la historia, para que seas parte de ella, y para que bailes un poquito con una protesta en el estilo particular de este rincón de La Princesa llamado Puerto Rico… ¡busca tu cacerola y haz el coro!
21 de enero de 2020
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Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.
Bitácora de aventuras, edición matar al cuco:
Cuando niñas, mis papás nos llevaban a todos los conciertos habidos y por haber de un grupo puertorriqueño llamado "Haciendo punto en otro son". Me encantaban, los instrumentos, las melodías, las voces, estar con mis padres, todo. En ese momento no entendía gran cosa sus letras, me distraía mucho la melodía, pero por alguna razón, había una canción que me hacía llorar, quizás porque comparaban una boda con un entierro.
Continuando con el tema de la soltería, uno de mis pasatiempos para acompañar la soledad era irme al Balconcito de la Felicidad a cantarle a las matitas. Un día, me salió en YouTube una canción llamada "Mujer de 26 años", del grupo Haciendo punto en otro son, al que tanto fui a escuchar cuando niña, y me transporte a uno de esos conciertos, de la mano de mis padres. Mientras la escuchaba, a mis casi 31 años, lloraba como una Magdalena pensando:
"De niña solía llorar de miedo con esta canción; hoy me río con ella, orgullosa de haber matado al cuco. seguimos en progreso y desconexión. ¡Arriba vivir sabiéndolo, y saber cocinar por si acaso!"
Quizás esa canción influyó en mi mucho más de lo que pensaba hasta ese día, y quizás mi huida al matrimonio venía de ese miedo de darle vida a la canción. Unos meses después conocí a Miguelo, y terminó la soltería pero, al contrario de lo que pensé, ha sido una aventura muy diferente a la canción. Quizás, ese día maté al cuco del compromiso por miedo a vivir sin saber que estaba viviendo.
10 de enero de 2016
Te regalo la canción
https://www.youtube.com/watch?v=VK2e89RtZXk
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Bitácora de aventuras, edición vete sola:
Los primeros 31 años de mi vida los viví básicamente en soltería, excluyendo unos 3 años de mi vida en los que tuve una compañía casi imaginaria, pero esa es una historia digna de su propia bitácora.
Gracias a esa soltería, y a la soledad que la acompaña (y que siempre he disfrutado), he tenido las mejores aventuras y he conocido a los mejores compañeros de aventuras. Un día, paseando por las redes, me tropecé con una caricatura que decía:
"Si tus planes no le gustan a nadie, vete sola. Ya encontraras gente en el camino."
Solo pude sonreír, y sentarme a tomar un café imaginario con quien lo escribió y dibujó, diciéndole: Cada vez, sin fallar.
26 de marzo de 2016
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