Bitacora de Aventuras

Bitacora de Aventuras

By Natalia Pujols RiveraHealth & FitnessMental HealthArtsBooks
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Bitacora de Aventuras episodes

  • 021 - 20 minutos de certeza en medio de la incertidumbre

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición 20 minutos de certeza en medio de la incertidumbre:

    Después de un día de Reyes bastante común, nos acostamos a dormir poco antes de la medianoche, después de leer varios artículos, conversar un rato sobre las predicciones para la isla, y visitar el pasado, para saber qué esperar. Esa mañana nos levantamos temprano con un temblor que hubo en el lado sur de la isla, y anduvimos arrastrando el susto y el cansancio todo el día. Caí como palo. El 7 de enero, a las 4 AM abrí los ojitos, pensé que era más tarde, porque de la pelota de sueño que tenía hacía apenas unas horas, pasé a estar despierta como si fuera mediodía. Me puse a leer artículos en internet, y me puse algo intranquila, solo había dormido unas horas y estaba bien cansada, ¿qué hacía despierta? Soy de las que cuenta las horas de sueño, y hoy en día me las exijo, después de unos cuantos años de no tenerlas, son mi más grande tesoro actualmente. De repente cerré el artículo y me pregunté por qué estaba despierta y me dije, debe venir por ahí. Verifique los nenes, bien, Miguelo, bien, todos super pega'os durmiendo. Me volví a decir, por ahí viene. Decidí rezar, mejor no le llamo rezar, me desheredan, digamos que empecé a repetir lo que siempre repito tanto que termino creyéndome: "todo va a estar bien", le tiré un "y todos vamos a estar bien" por el la'o, por si acaso, somos demasiados y si me pongo muy específica no termino. 5 minutos después, se fue la electricidad, y de inmediato empezó a temblar todo fuertemente. Llamé a Miguelo para estar los 4 juntos, vino, les pusimos una almohada sobre la cabeza a los niños, nos pegamos a la pared, el niño no se enteró, la niña abrió los ojos, nos miró, le dije "está temblando, pero te estamos cuidando", se quedó dormida otra vez, yo seguí repitiendo lo mismo, Miguelo hizo un padre nuestro, paró de temblar. Me quedé pensando en la confianza, y el poder sobrenatural que puede tener, mientras la veía dormir tan tranquila. Por momentos pienso que fue más tiempo, deben haber sido apenas unos 30 segundos, de los más largos 30 segundos que he vivido. Miguelo fue a vestirse, nos vestimos todos, alumbre todas las paredes y los techos, todo bien. Nos acostamos, intentamos dormir, me estoy quedando dormida, una hora más tarde, todo en repeat, una vez más, volvimos a dormir, cada vez con menos éxito que la anterior.

    7 de enero de 2020

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    6 min
  • 020 - Beneficios de ser Madrastra cuando eres un Adulto Grande y Serio

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Beneficios de ser Madrastra cuando eres un Adulto Grande y Serio:

    Hace casi tres años me convertí en una madrastra hecha y derecha. Debo confesar que ha tenido infinitos beneficios, aprovecho este día de Reyes (que en Puerto Rico se celebra hasta más que el día de navidad), para contarte algunos de ellos:

    1. Cuando se quedan con nosotros, papá está más feliz, es más divertido que nunca, y cocina más rico también (énfasis en más rico, siempre cocina rico)
    2. Se juega al mostro que quiere comer, y todos nos turneamos ser el mostro
    3. Hay juguetes en la casita
    4. Se ven películas de muñequitos todas las noches
    5. Tengo con quien hablar y jugar en las reuniones familiares
    6. No recuerdo haber contestado tantas preguntas en mi vida (ni leído para poder contestarlas)
    7. Tengo con quien cantar "Mucho más allá" a viva voz caminando de regreso a la casita
    8. La cama pasa a ser un río, un barco, un trampolín, un mundo secreto y una lista de lugares que no me cabría aquí
    9. Sentí en carne viva por primera vez ese dicho de "me hierve la sangre", al escuchar una risa a carcajadas en respuesta a mi "ya les he dicho que no se pueden golpear, estoy hablando en serio".
    10. Puedo usar la palabra madrastra en exceso, y coleccionar las reacciones de quien la escucha, sabiendo que para nosotros es solo una palabra, y que más bien somos buenos amigos

    Seguimos coleccionando beneficios, ya les contaré

    6 de enero de 2020

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    5 min
  • 019 - Contar las Historias

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Contar las historias:

    Al igual que muchos, llevaba años queriendo escribir sobre vivencias y no lo hacía, y luego unos cuantos más sin contarle a nadie. Algo dentro de mí sabía que todo lo que sé lo sé porque alguien contó sus historias y lo aprendí, quería devolver el favor. En tiempos más recientes, y después de largas búsquedas sobre contar historias para prepararme para contar las mías, me tropecé con unas charlas que hablaban sobre cómo las historias cambian, no solo al que recibe las historias, si no al que las cuenta también. En el momento me pareció un poco exagerado, porque siempre pensaba que uno escribía desde su perspectiva y con un propósito particular, que en cierta manera uno escribía buscando una reacción particular en quien nos leía. Después de escribir un par de historias y empezar a compartirlas con personas bien diferentes, me di cuenta de que el tipo tenía la razón, y yo estaba bastante equivocada. De cada bitácora, cada persona a quien se las enseñé tenía una interpretación y opinión completamente diferentes. Hasta en una ocasión tuve que explicarme en detalle sobre un tema que me resultaba super obvio. Además de eso, y releyendo bitácoras más viejas, me he dado cuenta de que también yo he cambiado, como escribo, como interpreto, y hasta las historias que quiero contar.

    Otra cosa que este estudio sobre historias me enseñó, es que sí estaba en lo correcto en que mis conocimientos se los debo a las historias de alguien más. Pero va más allá de las cosas que he aprendido yo, hasta nuestros instintos de supervivencia los tomamos mirando y escuchando a quien vino antes de nosotros. Algunas de estas creencias son para bien, y otras me parecen una broma de alguien que estuvo antes que yo, como el indio Tahama, que al final de la novela La Ciudad de las Bestias de Isabel Allende, que le cuenta lo que quiso a los investigadores de una revista y terminan publicando esa historia falsa que hizo como broma a los entrevistadores.

    Contar historias me parece importante, pero más importante me resulta la interpretación que hacemos cada uno sobre las historias que escuchamos. He empezado a pensar, que más que aprender literal de lo que escuchamos, aprendemos analizando lo que escuchamos.

    Durante los últimos dos años, he estado obsesionada con mi futuro proyecto educativo, y mi tan anhelado "nuevo sistema educativo". Hoy estaba sentada en el balcón leyendo sobre agricultura forestal (agroforestry, o como se diga), que es hacia donde me estoy moviendo con la finquita, y ando obsesionada con empaparme sobre el tema. El viento sopló bien duro de repente y una rama de Chayita, mi planta de chaya, me dio en la cara, fue casi como una galleta, literal y espiritual jeje. De inmediato pensé que todo lo que sabía sobre ella lo había aprendido observándola, buscando información por mi cuenta y llegando a mis propias conclusiones sobre como cuidarla, y ahí estábamos, 5 años después, ella todavía viva, y yo todavía aprendiendo cómo cuidarla, a ella y a las demás compañeras del balcón. De inmediato me vino a la mente una imagen que vi el otro dia y que no estaba segura de si estaba de acuerdo o molesta con ella. Hoy no solo estuve de acuerdo, si no que quise aplicar lo que aprendí a mi proyecto educativo. La imagen tenía un niño con un hacha cortando un pedazo de leña, y su padre al lado haciendo con su cuerpo el movimiento que el niño debía imitar para poder cortar el pedazo de leña. La imagen decía que durante casi la historia de la humanidad los hijos aprendieron directamente de los padres, y que solo en tiempos recientes se fiaban del sistema educativo para estos fines, y que el sistema educativo actual fue un experimento que claramente estaba fracasando, y que no había nada malo en volver al método antiguo.

    Definitivamente de acuerdo con que el sistema educativo actual caducó, pero ese día no estaba tan de acuerdo, pues en tiempos pasados, aprendías solo lo que sabían tus padres, y si algo me gusta del sistema actual es que cada cual decide lo que quiere aprender. Entonces, recibiendo la galleta de Chayita, me puse a pensar que precisamente en eso estriba el cambio, en aprender de lo que querramos, pero fomentar el aprendizaje por cuenta e interés propio. En definitiva, no hay nada que yo haya aprendido mejor que lo que he estudiado por mi cuenta después de haber estado 9 años en la universidad y 12 en la escuela, y que no tiene nada que ver con lo que aprendí en esos 9 años de universidad. ¿La diferencia? Fueron temas escogidos por mí, cuando estuve lista para escogerlos, y nada ni nadie más pudo cambiar ese orden perfecto, incluso cuando me obligué a mi misma a quedarme en la universidad aunque ya sabía que me quería ir de esa carrera.

    Leyendo y recibiendo galletas de Chayita, lo único que podía pensar es que lo más útil que he podido aprender ha sido a leer, y a desarrollar mi pensamiento crítico. Quizás de eso se trata ese nuevo método de educación que me propongo transmitir, aunque sea a mis sobrinos, hijastros y/o hijos si algún día tengo, de darle las herramientas, para que aprendan de lo que quieran aprender, y para que escuchen las historias que quieran escuchar, para que a su vez hagan historias para que alguien más aprenda.

    4 de septiembre de 2018

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    8 min
  • 018 - Un Remedio para lo Inevitable

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Un Remedio para lo Inevitable:

    En un viernes cualquiera de enero, Augusto decidió salir a un paseo, acompañado de la pequeña Natalita y dos de los niños de la tribu de JAN. Habían pasado el día entero jugando con las Tablas de Tiempo, estaban exhaustos. Una vez a la semana la pequeña Natalita y Augusto visitaban los días que pronto vendrían, pasaban unas cuantas horas, y luego se regresaban. Las Tablas de Tiempo son una especie de portal, pero no exactamente a una realidad como los demás portales. Estos son portales para ver un poquito de lo que viene, pero ni tanto que termine uno por dañar las sorpresas de los días venideros. Vienen de muchas formas, tipos, tamaños y colores, cada cual puede usar las de su preferencia. A la pequeña Natalita le gusta una que está hecha de destellos de luces brillantes, de color blanco, que están salpicadas de cuadritos negros que se extienden infinitamente hacia 4 de sus lados. Le gustaba esta porque son las que más espacio en el mundo tienen, aunque ha usado varios tipos. Para utilizarlas, debes conseguir el portal, y luego imaginar la cantidad de días venideros que quieres conocer. Casi todo el que utiliza las Tablas de Tiempo observa una semana a la vez, aunque no es imposible hacerlo de meses, y hasta años, y decimos que no es imposible por eso de no desanimarte, pero intentar ver mucho más allá no es lo más recomendado. Verás, cada día que puedas ver utilizando el portal, mientras más alejado esté, más borroso se verá, así que digamos, si estas mirando el de mañana, sería bastante sencilla la cosa, pero si fueras a irte un año adelante, necesitarías una vista muy privilegiada, o algún amuleto especial, y uno no anda gastando amuletos en cualquier cosa. Por esta y otras razones, ellos siempre escogen 7 días. Una vez adentrados al portal que abren las Tablas de Tiempo, deben encontrar un rincón en el que se puedan sentar a observar sin ser observados, casi siempre debajo de algún árbol, que no son tan sencillos de encontrar, porque son un poco diferentes a los de El Presente. Una vez bajo el árbol, se divierten pensando cómo será cada día que ven, qué pasará, qué tristeza pueden prevenir, qué alegría pueden traer, o qué pueden hacer para ayudar, según las imágenes que ven. Es importante recordar que las imágenes que vieron utilizando las Tablas de Tiempo podrían cambiar cuando llegue el día, por tantos factores que mejor te cuento otro día. De todas maneras, es un pasatiempo que disfrutan mucho, les ayuda a soñar. ¿A quién no le gusta soñar?

    Habiendo perdido noción del tiempo dentro del portal, terminaron exhaustos, pero en el camino se encontraron a dos niños de la tribu de JAN, y decidieron aceptar la invitación a una celebración de la tribu. Cogieron una siesta, se levantaron, y siguieron a los niños. Caminaron por una angosta calle, y apenas unos instantes después, se tropezaron con una plaza gigante llena de escalinatas por todas partes, había tantas escaleras que podría desorientarte, pero te daba ganas de recorrerlas todas. En el centro había un círculo, todas las escaleras llegaban hasta ese punto. El círculo parecía estar completamente "vacío", pero a una señal de los niños, la tribu de JAN se mostró, estaban todos rodeando a dos personas que bailaban y unos diez que tocaban frenéticamente los tambores. Era imposible no bailar. Todos empezaron a bailar, y en eso llegó un gigante. El baile se detuvo por un momento, todos se asustaron, hacía años no se veía un gigante por esos lares, en realidad fue más curiosidad que miedo, lo miraron de arriba a abajo y comenzaron a tocar, como enseñándole orgullosos su música, y pidiéndole que bailara con ellos. El gigante bailó, y se unió al círculo en el que estaban Augusto, la pequeña Natalita y los dos niños que los llevaron hasta allí.

    Tanto mirar hacia arriba los distrajo, y no notaron que el niño de la tribu de JAN se había salido del círculo y estaba en una de las escalinatas tapando sus oídos asustado. Augusto corrió hasta donde él y los demás del grupo lo siguieron, tiene esa habilidad Augusto, de hablar sin hablar. Cuando intentaron que se quitara las manos de los oídos no tuvieron éxito, el niño solo apretaba sus manos contra sus orejas y movía su cabeza de lado a lado diciendo que no. El gigante cogió al niño en sus brazos y corrió, todos le siguieron, corrieron y corrieron, Augusto y la niña uno a cada lado ayudando a hacer presión a las manitas del niño para tapar mejor los oídos, la pequeña Natalita alumbrando el camino, que por alguna razón era más largo que el de llegada.

    Una vez alejados del ruido miraron hacia atrás, y observaron juntos cómo la plaza y la tribu de JAN se achicaba hasta desaparecer, llevándose consigo la tribu y los tambores. Todos los de la tribu lanzaron su mirada de despedida, sabían que no se volverían a ver hasta la próxima celebración. El niño de JAN se quitó las manos de sus oídos, y les explicó que los tambores le asustaban, que el sonido lastimaba sus oídos, y que por eso había tenido que abandonar a la tribu. Al principio los miembros de la tribu se molestaron, y quisieron obligarlo a quedarse, intentando convencerlo de que con el tiempo se acostumbraría, que los tambores y su música estaba en su sangre. Con el tiempo entendieron que no sería así, y lo dejaron ir, con la promesa de que abrirían un portal en las noches de celebración, y debía pasar a saludar a todos, aunque fuera por un instante, para que no los olvidara. El niño aceptó, y su hermana decidió acompañarlo en su exilio por un tiempo, aun sabiendo que la separación era inevitable, pues un día ella regresaría, pero él no.

    Ese día Augusto y la pequeña Natalita se comprometieron a observar de cerca los días venideros, y utilizar las Tablas de Tiempo para conocer ese día en que la separación no se podría evitar más, para incluir una tarde de playa y helados, todo es más fácil en la playa con un helado.

    4 de enero de 2020

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    8 min
  • 017 - El Presente

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición El Presente:

    Esta noche estoy aquí solo para saludarte y mostrarte un poco de lo que hoy es el presente, y mañana será una historia...

    Augusto me pidió que te adelantara que se fue con unos niños de la tribu de JAN a una celebración de pueblo de su tribu, acompañados de un gigante...

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    3 min
  • 016 - Mini-Bitácora de Aventuras, edición los errores

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Mini-Bitácora de Aventuras, edición los errores:

    Algunos días, Augusto se sienta con la pequeña Natalita debajo de algún arbolito en la Hacienda La Princesa, y se ponen a filosofar sin saber que filosofan. De esas conversaciones, nacieron las Mini-Bitácoras de Aventuras

    • N: ¿Crees que aprendemos de nuestros errores?
    • A: Creo que no existe tal cosa como un error.
    • N: ¿Entonces crees que fue un error preguntarte sobre los errores?
    • A: Si no preguntas sobre los errores, no aprendes sobre los errores.

    26 de septiembre de 2019

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    4 min
  • 015 - Una Mariposa llamada Gahel

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Una Mariposa llamada Gahel:

    El 2017 me enseñó a apreciar la compañía, primero conociendo a Miguelo y yendo a sitios públicos de la manita, y después añadiendo compañía a mis cacerías de ruinas...

    Hace unos dos años, convencida por La Vida de que el mundo no se caería por añadir una compañía a mis cacerías de ruinas, decidí aventurarme con Michelle en uno de los mejores "roadtrips" que he tenido hasta ahora. Normalmente utilizo transportación pública en las cacerías, pero siendo dos, decidimos que quizás no sería tan difícil alquilar un carro. La ruta de Tailandia fue una de actividades corridas y muy cargada, con Michelle de conductora boricua bestial para poder lidiar con el tráfico de acá, y conmigo de copiloto en mi clásico papel de nerd que sabe cómo se lee un mapa a perfección pero en la vida se atrevería a guiar en ese tapón de motoritas (en el campo sí, el campo causó la reacción contraria de tranquilidad en mi y miedo en ella jeje).

    Salimos esa mañana a ver una pagoda, con un lago a 2.5 horas como segunda parada (habiendo casi decidido dejar el recorrido por el centro de Lampang pero sin estar del todo convencidas), y otra pagoda a 1 hora adicional a eso como metas para el día. La noche anterior pasamos por la pagoda para saber la ruta y poder avanzar, porque nos quedaba de camino a donde nos quedaríamos. Vale destacar que esa noche estaba casi a punto de morir del mareo y las náuseas, descubrí que el café seguido de estar encerrada en un carro 4 horas para mi no es buena combinación, no lo he vuelto a hacer, y ni hablar de que la pobre Michelle me cogió en mi nota causada por el café que me tenía hablando más rápido y más de lo que ya normalmente hablo cuando entro en confianza con alguien, mis respetos. Marcamos en el mapa la entrada, el parking, y las máquinas de ath, porque necesitábamos efectivo, pero decidimos hacerlo en la mañana.

    Nos levantamos y desayunamos, yo andaba callada esa mañana, como super en calma, tengo la teoría de que mi cuerpo siente los papelones antes de que lleguen. Llegamos al parking de la pagoda, nos bajamos y antes de entrar, vamos directo a las máquinas de ath, había dos, una al lado de la otra. Recuerdo a Michelle quejándose de algo pero en verdad no la escuché, andaba concentrada en bregar con la máquina, que se escuchaba rara. Me negó la transacción, no recuerdo ni con qué excusa, pero era algo bobo como que apreté el botón que no era en cantidad y me pidió cancelar y empezar de nuevo. La máquina intentó devolverme la tarjeta 3 veces, la escuchaba hacer wiwuwiwuwiiiwuuuwiiiiiiwuuuuuuuuuuu. De inmediato me reí por dentro, seguía escuchando a Michelle sin escucharla, que al terminar su transacción, va a mi cubículo y le digo como riéndome, la ath se comió la tarjeta, vengo ahora. Son casi las 10:00 AM. Busco al policía (convenientemente, había uno justo al lado, como siempre, lo bueno y lo malo todito junto), entre señas, un app de traducción, y aproximadamente 2 palabras, logramos comunicar que "tarjeta máquina comió". El policía era un señor de unos 60 años que, reconociendo que no nos entenderíamos hizo más señas que lo que intercambió palabras. Me señala el número al que hay que llamar, y llamo (gracias tecnología, en ese momento me funcionaba el celular para llamadas y para internet). Me contestan la llamada y, obviamente lo pongo a él al teléfono, hablan unos minutos, me pasa a la muchacha que me dice: "police take you, come to me, wait 2 hours". Él me señala su motora, y de inmediato se vira para buscar su uniforme, me quedo mirando la motora y vuelvo a mirarlo, y miro a Michelle y me señala a mi como que "solo tú". Le digo a Michelle que me espere en la pagoda, acordamos hora de encuentro: 11:30 AM.

    Son las 10:30 AM, me voy como una princesa en la motora con el policía, nos encontramos con otros colegas en el camino, se ríen y hacen chistes que no entiendo pero sé que van dentro de la línea de "de dónde carajo la sacaste". En eso Augusto me señala para el lado, hay una mariposa volando justo al lado de nosotros durante todo el trayecto, me pareció de lo más linda y le sonreí, y Augusto se puso a hablar con ella. Me estuvo extraño que hablara español, y recordé una historia que me contó Michelle, pero justo ahí cogimos un hoyo que me llevó el corazón a la boca y me enfoqué en agarrarme a la vida

    Llegamos al banco, el policía entró primero y me señaló una silla cuando intenté hacer la fila donde estaban atendiendo. Habló com alguien, me señaló que viniera, y me pasaron atrás directamente. No estuve en esa oficina más de 5 minutos, me tomaron la información, y me dijeron "here afternoon 1 o'clock", y me señalan la puerta. El policía camina a la salida y lo sigo como perrito faldero, me monto en la motora de nuevo, y el policía me lleva de vuelta a la pagoda y me señala la entrada, le dije gracias con los ojitos y, acto seguido se despide con una sonrisa hermosa de "sí sí ya normal bye".

    Entro a la pagoda, y después de caminar unos 5 minutos veo a Michelle postrada frente a una estatua del Buda. Sonreí antes de avisarle que estaba ahí, quería mirarla así para no olvidar nunca la escena, que me resultó super especial. Antes de mediar palabras salió la misma mariposa volando de detrás de mí y se posó al lado de Michelle, ella la miró aliviada y miró hacia atrás, y le enseño la tarjeta de ath y nos echamos a reír los cuatro, justo en ese momento entendí que esa mariposa no era una mariposa, era la duende de Michelle.

    El tiempo y la escena se detuvieron por no sé cuánto tiempo en lo que conectaba todos los datos, me pasa con frecuencia, sobretodo si hay café envuelto, me pongo tan rápida que todo se detiene, algo así como el animalito de la película Over the Hedge. Hacía casi tres años la mamá de Michelle se había ido con la hermana gemela de La Vida, La Muerte, y antes de irse con ella, le había dicho que estaría siempre con ella, en forma de mariposa. Michelle es Mayor de 5 Años, así que nunca había visto a la duende que la acompaña desde niña, pero su mamá sí conocía a Gahel, la duende en forma de mariposa. Gahel le contó a su mamá que los duendes experimentan todas las realidades, tanto las que son guiadas por La Vida como las de su hermana, así que ella supo que podría comunicarse con Michelle a través de Gahel por siempre, por eso le pidió que estuviese pendiente a las mariposas. Al llegar a la pagoda, Michelle pidió que todo saliera bien, y Gahel quiso ayudar, por eso vino con Augusto y conmigo, y me ayudó a encontrarla rápido al regresar a la pagoda.

    Cuando el tiempo empezó a correr de nuevo, Michelle estaba frente a mí abrazándome, a mi no me gusta el contacto físico, pero fue tan especial saber sin poderle decir todavía todo lo que me había dicho Gahel que no solo permití el abrazo, si no que lo contesté con mis clásicas palmaditas en la espalda.

    11:00 AM - Vimos la pagoda con calma, y descubrimos cada recoveco, con Gahel aleteando en cada esquina, y Augusto escondiéndose entre las estatuas del Buda jugando de esconder con ella. Salimos y cogimos senda jartera, en un lugar al que llegamos por un error mío en el que nos tomaron fotos y todo al terminar porque aparentemente es una fonda de almuerzo de oficinas cercanas y no el restaurante que asumí habíamos encontrado.

    12:55 PM - Tarjeta en mano, montada en el carro, continuando la ruta a la próxima pagoda, con Gahel volando frente al carro que alquilamos, mostrándonos el camino.

    8 de octubre de 2017

    https://www.youtube.com/watch?v=VXr7J7Ss8lA

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    9 min
  • 014 - Un Reinado en Tiempos de Crisis

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Un Reinado en Tiempos de Crisis:

    En estos últimos dos años, contar tus historias sobre el huracán María en la sociedad puertorriqueña se ha convertido en una muestra de puertorriqueñidad, como una cicatriz o herida de guerra. El día antes de Irma, el huracán que nos azotó dos semanas antes de María, salí de Puerto Rico rumbo a un proyecto educativo que llevaba unos años planificando conocer. Cuando regresé a la isla, ya había electricidad en algunas zonas y hasta tiendas abiertas, así que en cierta manera dije, soy la pequeña reina afortunada de la isla, me salvé de todo… hasta que llegó el día de pasar el reinado… o quizás lo aseguré…

    En una tarde no particularmente especial de finales de octubre del 2017, iba rumbo al trabajo, regresando de unas diligencias en Arecibo, pueblo en el que se encuentra la Hacienda La Princesa, y guiando a 65 millas por hora, en medio de uno de los puentes de Vega Baja en la autopista se me apagó la guagua, que para colmo era prestada en lo que reparaban a Filomena. Estaba a punto de oscurecer, y habiendo sido unas semanas después del huracán María, no había electricidad en casi ningún lugar y los celulares no tenían señal en muchas áreas. De casualidad / protección de La Vida, tuve tiempo de parar en el paseo, que en ese tramo en particular era suficientemente ancho para estacionar la guagua y quedar fuera de peligro. Habiendo pasado el susto inicial, intento prender la guagua y nada, analizo que aunque eso me salió bien, en apenas unos minutos iba a oscurecer, y, al no haber postes de electricidad funcionando, nadie me vería y me podían chocar o atropellar si caminaba de noche.

    Casi sin pensarlo me bajé de la guagua y empecé a caminar. Mientras caminaba me di cuenta de que Augusto no estaba a mi lado. Me puse triste y a la vez sorprendida, ellos siempre están a nuestro lado, sobretodo en circunstancias difíciles, ¿cuán rápido pude haberme bajado de la guagua que no me fije que lo dejé? No le di mucha importancia a esto, al final, si regresaba a la guagua a buscarlo, ya oscurecería, y sería peligroso para ambos. Mientras caminaba miraba el celular cada 2 segundos a ver si conseguía señal, pero nada. En ese recorrido múltiples compañeros humanos me tocaban bocina y me animaban al pasarme por al lado. Es importante entender el contexto de este momento. Habiendo pasado el huracán recientemente, había muchas personas caminando por lugares en los que antes no se caminaba, había gente que iba a las autopistas a buscar señal, y casi todos los carros iban acompañados de una bandera de Puerto Rico, que nos hacía sentir a todos como si fuéramos uno. En esa época todo el mundo se apoyaba y animaba, pues por primera vez en mucho tiempo, todos estaban bajo las mismas circunstancias. Lo recuerdo como una etapa hermosa, en la que los récords de recordación subieron como nunca antes había visto. Me conozco muy bien ese tramo, y recordaba que había una salida pronto, y que había un restaurante cerca de la salida, así que decidí caminar hasta allá a ver si conseguía cómo llamar a una grúa que me ayudara a mover la guagua y regresar a la casa, que en ese momento no era mi casita, pues después de María viví casi un mes en donde juré toda mi vida nunca vivir: Carolina. En notas no relacionadas, me la pasé cabrón en ese lugar que tanto critiqué toda la vida, resumiéndolo como una esquina de la isla en la que solo abunda el tapón, a veces, mientras más mierda uno habla de algo, más equivocado está, y para completar mi bofetada mental, allí había llegado la electricidad, y en mi querido Viejo San Juan tardó unos meses más.

    Unos cuantos minutos de caminata después, vi la salida, pero yo estaba al lado izquierdo del paseo, y la salida estaba 3 carriles hacia la derecha, estaba ya de noche, y venían muchos carros muy rápido. Me sentí en un videojuego de los que jugaba cuando niño, había que tantear más o menos cuánto tiempo le tomaba a cada carro llegar hasta donde mí, para saber cuándo debía cruzar, obviamente, contando con que mantuvieran su velocidad actual, en cada uno de los tres carriles a la misma vez, y manteniendo en mente que probablemente no me veían. Estuve observando un minuto o dos, y crucé corriendo, con la adrenalina de pensar que podía morir como algunos amigos sapos que tenía. Llego al otro lado y comienzo a bajar la salida, victoriosa, que bueno fue haber tomado una clase de física en la universidad y poder calcular el tiempo usando la velocidad máxima conocida, tengo estos instantes de placer a menudo, pensando que uno siempre estudia para algo, aunque no lo sepa en el momento.

    Mientras bajaba por la salida, alguien me tocó bocina, y primero no miré, porque ya la verdad había saludado a mucha gente en la carretera y estaba un poco cansada por la caminata. Me tocaron de nuevo en un tono insistente, y escuche un ruido fuerte, me viré y, que pelada, había una grúa tocándome bocina. Me sonreí y le di gracias a la gran maestra "La Vida", y cuando el conductor bajó la ventana y me dijo: "¡mira nena! ¿tu guagua es la gris verdad?, estallé en risa y le grité que sí con una de mis características paveras. A él se le pegó la pavera y me dijo: "yo iba en la otra dirección y la vi, me bajé en la próxima salida y viré, me bajé a mirar la guagua, revisé y chacho, botó todo el aceite nena, noté que el asiento estaba bien cerca del guía, te vi caminando, y supe que eras la conductora cuando te vi tan pequeñita". Los dos continuamos la pavera, y el conductor me dijo: "vente, vamos a buscarla, yo te llevo".

    Me monté sin pensarlo dos veces, sintiéndome aliviada y agradecida. Cuando me fui a abrochar el cinturón, algo me brincó en los deditos y me asusté. Cuando miro bien, era Augusto, mi duende tremendito, que se alegró de verme y se me colgo rapidito del único dread que tengo, y que se llama Raulito. Ese es uno de sus lugares favoritos para estar, creo que porque me queda cerca de los oidos y me puede susurrar con más facilidad. Cuando llegamos a la casa, Augusto me contó que cuando nos bajamos de la guagua, antes de poder decirme nada, él vio la grúa desde el otro lado de la autopista y se fue a la prisa hasta ella, por eso no le dio tiempo de avisarme. Me sentí aliviada, no estaba tan loca después de todo, disque dejando a mi duende en la guagua abandonado. El conductor, al ser un Mayor de 5 Años, no puede ver a Augusto ni a ningún duende, así que no se asustó, imaginate tú, quizás hubiera chocado del susto. Augusto se montó en la grúa, y conoció a Chita, la pequeña duende que acompaña al conductor, y le contó la historia lo más rápido que pudo. El conductor y Chita, al contrario de Augusto y yo, no hablan directamente, porque el conductor no la ve. Pero hasta los más olvidadizos pueden escuchar los susurros de sus duendes, así que ella le pidió que mirara a la izquierda, y lo demás se dio por sí solo, casi por acto de magia.

    Mientras íbamos de camino a la casa, pensaba: "creo que perdí mi reinado y falta de puertorriqueñidad post María, ahora tengo mi cicatriz de guerra, como los demás puertorriqueños. En eso Chita me interrumpió, a veces no hay que decir las cosas en voz alta para que los duendes nos escuchen, y me dijo: "no, sigues siendo la pequeña reina afortunada, mira cuán rápido todo se pudo resolver, definitivamente una bendición". Mientras hablaba se sacó una carterita cosida a mano que colgaba de su delantal, tenía muchas carteritas, como si fueran muchos bolsillos, me imagino que guardaba muchos secretos y objetos con historias fantásticas. De una de las carteritas sacó un trajecito hermoso color azul marino, con diseños hechos con encajes rojos que tenían detalles de florecitas doradas, de los más hermosos que he visto, me lo dio y me dijo: "aquí tienes tu trajecito de reina, póntelo, y recuérdanos, al conductor y a mí, cada vez que te lo pongas, así volverás a ser la pequeña reina afortunada cada vez que lo tengas puesto; a mí me encanta coser, a él lo acompaño con mucha honra, pero como no me escucha ni me ve no he podido regalarle nada de lo que le he cosido, aceptalo, asi me siento que mis costuras llegan a otras partes y alegran a más personas". Acepté el trajecito hermoso, y me lo he puesto quizás más veces de las que debería, tú sabes, estirando mi reinado lo más posible, y haciéndole honor a la hermosa Chita, que después me envió un par de piezas más, y que te las describo otro día que no va a ser hoy.

    Así conviven los olvidadizos y los que recuerdan, asistidos por los duendes. En ocasiones, los duendes de los olvidadizos se frustran un poco, los ven pasar malos ratos de más, y se preguntan si no sería más fácil que recordaran y los pudieran ver para poder ayudarlos con La Gran Ciencia del Balance. Ese día, fue Augusto quien me exhortó a brincar de la guagua y comenzar a caminar, por eso todo se dio tan rápido, ya nos conocemos tanto, que ni cuenta me doy de que hablamos y actúo. Augusto sabía que si no le funcionaba la opción del conductor de la grúa, sería bueno tener un segundo plan para resolver, él cree mucho en el trabajo en equipo, todo es más fácil así. Pero Augusto tiene suerte, le dijo Chita, ella no siempre tiene tanto éxito como ese día, hablando con el conductor.

    4 de julio de 2019

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    11 min
  • 013 - Un baile tribal

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición un baile tribal:

    Hace unos tres años andaba en una de mis cacerías de ruinas. La última que fui a ver esa tarde estaba en un pueblo pequeño algo alejado de donde me estaba quedando. Llegué hasta el terminal de guaguas, y la parada estaba a unos 30 minutos del lugar, así que caminé. Al llegar, vi muchos bicitaxis, y uno de ellos me dijo: aquí siempre habemos muchos, llevamos a los visitantes al terminal al cerrar el parque. Me dije a mi misma, perfecto, me puedo dar mi puesto. Unas horas, un atardecer perfecto y muchas piedras antiguas después, salí del parque, con el bailecito característico que acompaña conocer unas ruinas, sobretodo si hay pirámides envueltas y total soledad por ser un sitio arqueológico "de menor importancia". Augusto me acaba de corregir, digamos que no total soledad, ausencia de personas y abundancia de duendes, quise decir. Al salir del parque, el estacionamiento estaba vacío, 0 taxis, 0 bicitaxis, 0 visitantes, 1 vehículo entrando, 1 en el estacionamiento, 1 guardia de seguridad entrando a su turno, 1 saliendo de su turno mientras cierra el candado prácticamente detrás de mi último paso después de cruzar el portón…

    Miré para un lado y para el otro, tratando de analizar la situación y repasando en mi mente las palabras que me había dicho el del bicitaxi, y decía, puñeta yo no puedo estar tan loca, yo juraría que dijo eso. El guardia que salía me pasó por el lado y me miró, y sentí que quiso hablarme, pero titubeó y lo siguió, después de saludar a su compañero, que entraba a su turno. Miro a lo lejos al guardia saliendo y llegando a su carro, y me estuvo raro que seguía sacando cosas del carro, pero ahí me di cuenta que estaba distraída y volví al tema principal, cómo carajo salgo de aquí.

    Después de unas vueltas por el estacionamiento buscando recovecos en donde puedan estar escondidos y esperándome para llevarme los bicitaxis, decido abandonar esa esperanza y empezar a trabajar en un nuevo plan. Me hago la que no está perdida, y empiezo a caminar hacia la salida del estacionamiento, al final, si no hay transporte me toca caminar, así que mejor empezaba desde ya, porque estaba por terminar de caer el sol, y no me sabía muy bien la ruta al terminal.

    Empezando a caminar me doy cuenta que en mi distracción haciendo planes Augusto se me alejó, y cuando miro alrededor lo vi caminando desde el parking hacia la cabina donde estaba el guardia de seguridad que había entrado a su turno. El guardia que va de salida sigue sacando y sacando cosas de su carro. Vuelvo la vista a Augusto, y estaba hablando con el duende del guardia que entró a su turno, y antes de que le pueda hacer señas mentales de que regresara porque nos teníamos que ir lo veo que se le sienta en un hombro y el guardia empieza a caminar hacia el parking, hacia mi. En eso justo quedé al lado del guardia que salía, y que seguía sacando cosas de su carro y me digo, genia, por qué no le pides que te llame un taxi. Me acerco para hablarle y noto que su duende está haciendo inventario de todo lo que él sacaba del carro, y me reí mientras le dije: mano, orita un muchacho me dijo que habían un montón de bicitaxis y taxis aquí al cerrar el parque, que se quedaban esperando en lo que salía la gente, y no sé si es que entendí mal o que era en otro lugar, ¿usted de casualidad podrá llamar a uno? Él me sonreía mientras le explicaba que necesitaba llegar al terminal, para agarrar el bus a Mérida, que era donde me estaba quedando.

    En eso llega el otro guardia y me sonríe, abre su carro, que estaba al lado, y se pone a hacer fuerza para sacar algo grande del carro. Mientras seguía mi explicación de necesidad de transporte me preguntaba por qué los dos estaban obsesionados con sacar cosas de sus carros, pensamiento que se interrumpió cuando vi a Augusto bailando en círculos con los otros dos duendes de los guardias alrededor de la lista de inventario, encima de la pila de cosas que sacó del carro. Cuando terminé de hablar, el guardia que salía de turno me sonrió y me dijo: "Mija, ellos se fueron hace horas, si no hay mucha gente se van porque no hacen dinero, este pueblo es muy chiquito, no hay taxis así para llamar que lleguen hasta acá, y como quiera, en ese terminal las guaguas paran solamente hasta las 3 PM, por ser un pueblo chiquito". Miré para el lado y el otro guardia asintió con la cabeza, todavía ambos sacando cosas de sus carros.

    Miré a Augusto con cara de... tremendo... ya habías averiguado todo esto, y en lugar de avisarme te quedaste jugando y bailando, pero de inmediato se me pasó, y quise bailar en el círculo con ellos, para distraerme un poco y no pensar en qué se suponía que hiciera ahora. En eso la pequeña Natalita brincó del lazito de mi cabeza, donde llevaba un par de horas enganchada descansando, había gozado las pirámides, subiendo y bajando y corriendo por todas partes como una loca con Augusto, y se puso a bailar en el círculo.

    Al ver mi cara de, bien, ahora qué, el guardia que entró a su turno me dijo, mientras terminaba de hacer fuerza para sacar lo que ahora pude ver que era uno de los asientos de su carro: "Mija, cuando te vimos saliendo imaginamos que eso esperabas, pasa mucho, esto es pequeño aquí". Hizo una pausa para levantar el asiento y llevarlo al carro del guardia que salía, y ambos me volvieron a sonreír mientras lo acomodaban y probaban el cinturón. El guardia que salía de su turno me dice: "hay un colectivo que sale cada media hora, te deja en la plaza principal de Mérida (a 5 minutos de donde me estaba quedando), él me prestó el asiento para llevarte a la estación del colectivo, se lo devuelvo mañana". Augusto y la pequeña Natalita se salieron del círculo de baile y se despidieron, nos montamos los 3 y, de camino a la estación del colectivo, conocimos más historias de las que pensaría uno que cabrían en un recorrido de 5 minutos, de parte esa alma mexicana, vestida de guardia de seguridad de un parque, que decidió protegerme y ayudarme, por un día.

    30 de diciembre de 2019

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    9 min
  • 012 - 'Tamo' en Vivo

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición 'Tamo' en Vivo:

    ¡Sube sube sube el mike! Ok ya ya ya, seriedad. Les dejo una historia amarilla (rayando para dorada de tan amarilla), a manera de update.

    Hace unos tres años andaba en una de mis cacerías de ruinas. La última que fui a ver esa tarde estaba en un pueblo pequeño algo alejado de donde me estaba quedando. Llegué hasta el terminal de guaguas, y la parada estaba a unos 30 minutos del lugar, así que caminé. Al llegar, vi muchos bicitaxis, y uno de ellos me dijo: aquí siempre habemos muchos, llevamos a los visitantes al terminal al cerrar el parque. Me dije a mi misma, perfecto, me puedo dar mi puesto. Unas horas, un atardecer perfecto y muchas piedras antiguas después, salí del parque, con el bailecito característico que acompaña conocer unas ruinas, sobretodo si hay pirámides envueltas y total soledad por ser un sitio arqueológico "de menor importancia". Augusto me acaba de corregir, digamos que no total soledad, ausencia de personas y abundancia de duendes, quise decir. Al salir del parque, el estacionamiento estaba vacío, 0 taxis, 0 bicitaxis, 0 visitantes, 1 vehículo entrando, 1 en el estacionamiento, 1 guardia de seguridad entrando a su turno, 1 saliendo de su turno mientras cierra el candado prácticamente detrás de mi último paso después de cruzar el portón…

    Soy de las personas que hace 20 planes para todo, solo para terminar distraída con otra cosa, o haciendo lo que La Vida decidió. Si con una cosa puedo resumir mi existencia es con el hecho de que no cojo lucha con nada. Y no te diría que tiene que ver con la sabiduría que uno va recogiendo con los años, si no que más bien es una cuestión de vagancia, coger lucha da trabajo, y no estoy pa' eso, prefiero dar una bailaita y bregar con lo que cae. Llevo años exponiéndome a situaciones a ver qué historia saldrá de cada aventura en la que termino, y otros tantos años más queriendo plasmarlos, para causar risas, sonrisas, y cualquier otro sentimiento que quien las reciba decida. Debo confesar que la mayor parte de las veces, cuando pasan las cosas, mi enfoque se va a pensar en cómo lo voy a contar y no a pensar en cómo resolver la situación (si es que tiene solución). Estoy convencida de que esa inocencia me ha mantenido a salvo por años, algo así como los bebés, que se revientan y no pasa nada hasta que alguien hace una mueca que indique que se reventó.

    Hablando de los 20 planes y los caprichos de La Vida, me propuse publicar en noviembre, y andaba todo viento en popa y a flote, y de repente el barco atracó en una isla, y me bajé, ¿a quién no le gusta la playa? En la isla andaba Miguelo (mi novio lindo) leyendo varios libros a la vez y opinando sobre todo como de costumbre, lo abracé y jugamos un rato, en verdad jugué yo, hice castillos de arena mientras él leía, también como de costumbre. Cuando me fui a montar en el barco para irme, Augusto (mi duende) no se quiso despedir de Mako (su duende), y estando Augusto, Mako y yo en el barco, no se pudo resistir y se montó, con todo y que le enseñé el aguacero que se veía de fondo, relámpagos y oleaje incluido. Le conté que en este barco lo que se hacía era hablar solo pero pensando (y soñando) que con miles a la vez, que yo contaba historias y que él podía hacer lo que quisiera, y lo que quiso fue enseñar, y compartir fragmentos de sus libros con los que no tienen los libros que él tiene la suerte de tener.

    Si te gustan las historias, y quieres escuchar una todos los días antes de dormir, te regalo este enlace a Bitacora de Aventuras, y te cuento que llevo hablando sola más de una semana, pero esa soledad de micrófono termina hoy al oprimir "post". Te cuento también que estaré regalándote un par de enlaces más, pero esos los dejé de decoración en el castillo de arena, para que el agua y el viento los terminaran de pulir, así que cuando los busque te aviso. Si quieres escuchar a Miguelo contándote lo que lee en sus libros, te regalo este otro enlace a http://a-prende.libsyn.com/, así A-prende's con él, tanto como hasta ahora solo aprendía yo.

    PD: Me distraje otra vez, igual que cuando casi duermo en una pirámide, pero eso te lo termino de contar mañana a las 10 PM en el episodio 013. Mientras tanto, date una bailaita tu también. Nos vemos otro día que no va a ser hoy. ¡'Tamo' en vivo!

    https://youtu.be/aKuivabiOns

    28 de diciembre de 2019

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    7 min

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