Bitacora de Aventuras

Bitacora de Aventuras

By Natalia Pujols RiveraHealth & FitnessMental HealthArtsBooks
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Bitacora de Aventuras episodes

  • 081 - Cuidado, no miedo

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de Aventuras, edición Cuidado, no Miedo:

    Historia Violeta

    El otro día andaba estudiando con mi hijastra, y la dejé haciendo una tarea mientras yo trabajaba un ratito. A mitad de camino quise hacer una pausa, soy la reina de las pausas de 10 minutos para recargar y, aunque algunos no me lo crean, salgo nueva sin necesidad de cerrar los ojitos mucho rato. Creo que se trata más de desconectar realmente por unos pocos minutos que de descansar mucho rato.

    Obviamente, la nena se me vino detrás al cuarto. Cuando estaba enferma, tenía que hacerlo más a menudo, y ellos se acostumbraron a "venir a curarme". Cuando entró le dije, voy a meditar un momentito, ¿quieres? Y sin pensarlo dos veces se tiró al lado mío.

    Cerramos los ojitos, y Augusto se acostó entre las dos. Un segundo después, estábamos en la playa. Fuimos caminando y sintiendo la arena de la playa, como ahora estábamos en la playa, el calor nos dejó de molestar, porque empezó a llegar la brisa y nos refrescó. Augusto sugirió meternos al mar y salimos corriendo a lapachar en la orilla. Estábamos lapachando felices, cuando vimos una tortuguita en el agua. Nos dijo algo, pero no la entendimos, solo Augusto la entendió, Augusto habla todos los idiomas posibles. Nos dijo que ella nos invitó a dar una vuelta, y que si estábamos debajo del agua, la podríamos entender.

    Mi hijastra y yo nos acostamos en la orilla, y frente a nosotras saltaron la pequeña Natalita y la niña de la tribu de JAN. Nos tocamos frente con frente, y de inmediato nos fusionamos, cada una con nuestra versión miniatura, y a partir de ese momento, cuando la pequeña Natalita se movía, yo lo sentía. Cerré mis ojitos, y todo lo que ella veía yo lo podía ver también. Igual le pasó a mi hijastra, que estaba toda emocionada de poder ver a través de los ojitos de alguien más. Augusto nos ayudó a conectarnos, para que pudiéramos experimentar todo, pues la niña de la tribu de JAN y la pequeña Natalita pueden respirar debajo del agua, así que era la mejor manera para explorar.

    Nos despedimos, y mi hijastra y yo nos acostamos en la orilla, mientras la tortuguita, Augusto, la pequeña Natalita, y la niña de la tribu de JAN se adentraban en el mar. Nos sonreímos emocionadas, y cerramos los ojitos, para irnos en la aventura con ellos. Se sumergieron en el mar, y tan pronto estuvieron bajo el agua, pudieron entender todo lo que decía la tortuguita. La tortuguita empezó a darles el tour, señalando cada criatura y diciéndoles el nombre que tenía debajo del mar.

    El agua empezó a cambiar de colores, la pequeña Natalita la veía azul, la niña de la tribu de JAN la veía rosita, y Augusto verde. Cuando le preguntaron a la tortuguita, ella les dijo que la veía amarilla. Augusto les dijo que el agua, como tantas otras cosas, se ve según cada cual la vea, y que era más fácil entenderlo cuando se adentraba uno a las profundidades del mar.

    De frente, a lo lejos, vieron acercarse un grupo de peces de colores. Nadaban juntos de arriba a abajo y formando círculos, cuando los vieron, empezaron a nadar en círculos a su alrededor, luciendo los colores y haciéndoles chistes, pero hablaban bien rápido y todos a la vez y a diferentes tiempos, y aunque todos contaban el mismo chiste, no se entendía nada, solo las risitas de todos se distinguían. Aunque no entendían nada, las risitas les daban gracia, y terminaron riéndose también. Dieron unas cuantas vueltas y siguieron su camino.

    La tortuguita siguió adentrándose, y ellos detrás, y se detuvieron frente a una familia de ballenas, que estaban enfocadas cantando y no los vieron. Intentaron cantar con ellas, pero su canto es difícil de imitar, y con su intento, hicieron que las ballenas se salieran de su trance, confundidas. Los saludaron, sonrieron, y siguieron nadando, cantando mientras se alejaban, convirtiéndose en puntitos en la distancia.

    Siguieron nadando, hasta llegar a un punto en el que casi no entraba luz. Sintieron un poco de temor, porque escuchaban muchas criaturas a su alrededor, pero no veían nada. Y la tortuguita y Augusto dijeron a la vez: "no hay nada que temer, no lo olviden, no hay nada que temer". Se agarraron todos del caparazón para no separarse, y la tortuguita siguió nadando. Poco a poco, la oscuridad se fue yendo, y fueron viendo todo a su alrededor otra vez, iban más rápido, nadando sobre el caparazón de la tortuguita, que se puso a bailar y dar vueltas en el camino, hasta detenerse abruptamente. Augusto les dijo "no lo olviden", y frente a ellos, se acercaba lentamente un tiburón gigante. La pequeña Natalita y la niña de la tribu de JAN miraron a la tortuguita como tratando de entender por qué no se movían, y quisieron moverse ellas, pero recordaron "no hay nada que temer, no hay nada que temer", y se quedaron tan quietas como la tortuga.

    El tiburón les pasó por el lado, les sonrió con todos sus dientes, y siguió nadando. Cuando se alejó, todos se echaron a reír, "no hay nada que temer, hasta un tiburón puede sonreír con todos sus dientes". Rieron un buen rato, y un cambio de luz en el agua les hizo saber que era hora de regresar. La tortuguita los montó en su caparazón, y nadaron a toda prisa hasta llegar a una especie de torbellino. La tortuguita les dijo que era una corriente, que les ayudaría a regresar, pero que era importante dejarse llevar sin resistencia, porque si ponían resistencia podían cambiar el rumbo sin querer y terminar en otro lugar.

    Lo hicieron tal como la tortuguita dijo, se montaron en la corriente, y se dejaron llevar como si fueran hojas al viento. En menos de un minuto, estaban en la orilla, y se acostaron entre medio mío y de mi hijastra a descansar. Unos segundos después, todos abrimos los ojos y estábamos en la cama, listas para volver, ella a sus tareas y yo al trabajo.

    Unos días después estábamos en la casa y la niña salió corriendo del baño asustada y gritando: ¡hay una araña! Yo la miré y le dije: no hay que tener miedo, hay que tener cuidado. Y ella me miró y me dijo: "¡como dijo la tortuguita!" Y yo le contesté: "exacto, yo voy a estar al lado de la puerta por si necesitas, pero vas a estar bien".

    Una semana más tarde estábamos trabajando en la finca, y ella brincó hasta donde yo estaba y de vuelta a su papá, y estuvo de lado a lado. En una me mira y me dice: "¡Viste! Soy valiente, brinco, no tengo miedo, tengo cuidado!" Que rápido se manga todo a esa edad, nacemos sabios y lo olvidamos al crecer.

    25 de octubre de 2020

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    10 min
  • 080 - Sanando con tu Duende

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    💫 Bitácora de aventuras, edición Sanando con tu Duende 💫

    Historia Verde

    🧚🏽‍♀️ A finales del año 2018 sentí que mi cuerpo comenzó a volverse loco. Me mareaba todo el tiempo, y progresivamente durante el próximo año y medio fueron empeorando los síntomas, al punto que tuve que dejar de hacer casi todas mis actividades normales.

    🧜🏽‍♀️ No podía guiar porque por momentos se me iba la vista. Tenía que planificar los momentos de ingerir alimentos porque el mareo, las náuseas y el dolor de cabeza que venían al comer me obligaban a acostarme en el piso por períodos que iban desde 20 minutos hasta 3 horas.

    🧙🏽‍♀️ En medio de mi desespero,ya comenzada la pandemia que puso una pausa a la búsqueda de un diagnóstico, invadida de la desesperación de no saber cuándo podría continuar viendo doctores, y con los síntomas empeorando a diario, escuché una entrevista a una angeloterapeuta.

    🦄 En mi vida había escuchado esa palabra, y no tenía idea de que existía esa alternativa de sanación. De inmediato busqué sus videos y publicaciones, y después de unas semanas, supe que era la persona indicada para guiarme en la búsqueda de la causa, para poder sanar de una buena vez. Apenas dos meses después, tuve mi sesión, el 11 de mayo de 2020.

    🧞‍♀️ Mi último mareo fue el 10 de mayo de 2020, y no ha habido vuelta atrás después de eso. Es difícil explicar cuán diferente ha sido todo después de eso, y aunque ahora estaba mejor que nunca, sentía que me faltaba algo importante: compartir la bendición.

    🦉 Poco después de esa sesión, me certifiqué como angeloterapeuta, y no creo que me haya reído tanto en la vida. Después de un par de sesiones de práctica, no he podido si no confirmar una frase que repito mucho:

    🔀 "La vida siempre marcha como debe, lo veamos al momento o no"

    🧝🏽‍♀️ Desde que tengo uso de razón, una de las cosas que hago es escuchar a otros, y antes de contestar, pedir que venga la mejor respuesta. Nunca sentí que eran mías las respuestas, sobretodo cuando eran acertadas, o muy sabias para mi edad. Reconociendo eso, conocí a los duendes, que hoy me acompañan a donde voy (y a ti también, aunque no los veas).

    🧝🏽‍♀️ Después de años de hablar con los duendes, resultó que algunos les llamaban ángeles. De hecho, han tenido, y tienen, 800 nombres diferentes, pero para mí siempre serán duendes.

    🧘🏽‍♀️ Si, al igual que yo, te gustaría sanar con la ayuda de tu duende, Augusto y yo estamos listos para ayudarte. 🧎🏾‍♀️

    26 de septiembre de 2020

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    8 min
  • 079 - Lluvia en el Desierto

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Lluvia en el Desierto:

    Historia Verde

    En el 2014 decidí cruzar un océano hasta Burkina Faso para cumplir una promesa que le hice a un buen amigo, cuando lo convencí de que se tirara de casco y se fuera a un país solo a vivir 4 años. No sabía muy bien lo que hacía, pero le dije, ve, tranquilo, no vas a estar solo, yo te voy a visitar. Como lo he hecho con cada amigo que se ha atrevido a dar saltos gigantes en soledad.

    Solíamos ir a trabajar todos los días, y entre 12 PM y 2 PM no se podía hacer nada, el sol era demasiado fuerte, hacía demasiado calor. El grupo buscaba una sombra y nos tirábamos a descansar. En esas excursiones, solo podía pensar en una cosa: agua, agua fría. Probablemente fue el poco tiempo de ajuste, o el hecho de que hacía un calor asqueroso, demasiado sol y muy poca humedad, mezcla que mi cuerpo nunca había experimentado, y se estaba volviendo loco.

    Recuerdo estar acostada fantaseando con la lluvia, pensando que estaba en la playa, en un río. Por más que tomara agua, nada me quitaba la sed durante el día. Eso solo se lograba por la noche, cuando no había sol y la temperatura bajaba un montón. Dormíamos en unas camitas que eran como sillas de playa, afuera de la choza, porque dentro de la choza hacía demasiado calor, las paredes eran de barro, de noche soltaban todo el calor que habían absorbido durante el día.

    En el descanso después del almuerzo, estaba tirada en el piso, sintiendo las hormigas caminar por encima mío, y soñando con el final de ese día y con agua, por alguna razón ese día sentía más calor que todos los demás. En mi cabeza solo tenía la palabra agua. Lo que me recuerda una frase que una vez me dijo Augusto: "En cierta manera, eres agua, y todos estamos unidos por el agua, alguna gota de agua que estuvo en algún animal hace miles de años está en ti ahora mismo".

    Llegaron las 2 PM y era momento de volver a trabajar. Estábamos midiendo árboles y anotando, y de momento, siento una gota de agua, y por mi madre que pensé que estaba alucinando, de tanto pensarlo hacía un rato. Me siguieron cayendo, lentamente, gotita tras gotita encima. Miré dudosa a los demás, en realidad no veía las gotitas, solo las sentía, pero no podía decir nada porque la persona con la que estaba no me entendía (hablaba moore), y la otra persona que hablaba inglés y francés estaba lejos, así que piché.

    En ese momento, caminar más lejos hacia donde ella estaba representaba un gasto de energía que no podía ser justificado. Ni dos minutos más tarde, miré al cielo y vi una nube super negra, pero no tan grande que cubriera un espacio grande. Era como en una película de muñequitos, una nube negra casi que sobre nosotros. Todos disfrutamos las primeras gotitas y seguimos trabajando como si nada. Pero de un minuto a otro cayó a chubascos y terminamos todos muertos de la risa y enchumbaos. Uno de ellos me dijo algo, que después me explicaron que era como un monsoon, algo así. En unas semanas debía comenzar su periodo de lluvias, pero esa nube se adelantó. En ese lugar llueve como una o dos veces al año, como un mes, y después vuelve a parar. Cuando llueve, llueve hasta saturar todo.

    Todos salimos corriendo para llegar a Yilou, la aldea donde nos estábamos quedando, que estaba bastante lejos. Mientras caminaba, lo único que podía pensar era en que al parecer, he aprendido bien la danza de la lluvia que me enseñó Augusto (que en verdad es igual a cualquier otra danza), y que nunca ninguna lluvia se había sentido (ni se ha sentido) tan rica como esa.

    Y tú, ¿sabes hacer la danza de la lluvia? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    8 min
  • 078 - Recapitulando

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Recapitulando:

    Historia Marrón

    Aprovecho para contarte que en este espacio, un par de versiones de mi misma se dedican a contar historias. No creo que sea especial, estoy segura de que cada rayito de luz que pasa por este universo recurre a esto, por eso de enfrentar con más estilo lo que nos trae cada día. Te cuento que:

    • En el banco, firma Natalia…
    • En la calle, camina Natalita (casi siempre metida en su pequeño mundo)...
    • En su pequeño mundo, vive la pequeña Natalita, junto a su duende, El Gran Augusto...

    Tengo la costumbre de clasificar las situaciones por colores, y con el tiempo, esos colores se fusionaron con mis personalidades. Hoy, cada historia que cuento tiene un color diferente, según cuál de nosotras te esté contando la historia.

    • Natalia, cuenta historias rojas, y digamos que es la mejor representación posible de un "adulto grande y serio" que puedo tener. No pasa mucho, para mi, la vida es más divertida siendo una niña feliz. Igual, de vez en cuando hace falta sacarla a pasear, pero requiere tanta concentración de mi parte que me pongo vaga y casi nunca lo hago, aunque trato, lo prometo.
    • Natalita, es a quien probablemente conocerías si nos vieras por ahí. Aparento ser un "adulto grande y serio" hasta que abro la boca, sobretodo si es para contarte algo que me emociona, ahí se me cae to'. Por eso, casi siempre me verás sola en una esquina imaginándome cosas y situaciones.
    • Para conocer a la pequeña Natalita, tendrías que sumergirte con nosotros en La Princesa, un mundo fantástico que es paralelo a este, en el que ando metida la mayor parte del tiempo, aunque físicamente me puedas ver frente a ti. Ahí me voy de aventuras con mi sabio amigo y duende de compañía, El Gran Augusto.

    Por eso de hacer más interesante la cosa, de vez en cuando dos o tres de mis personalidades salen a la vez, y contamos historias de otros colores.

    • Si se unen Natalia y Natalita, escucharás historias chinitas. Es un intermedio un poco más cómodo para mi cuando de ser un "adulto grande y serio" se trata.
    • Si se unen Natalita y la pequeña Natalita, escucharás historias verdes, estas son las favoritas de Augusto, pues él siempre dice que es lo más cercano al futuro, y que me viene bien ir practicando. Lleva unos años hablándome de grandes cambios que se avecinan.
    • Si se unen Natalia y la pequeña Natalita, escucharás historias violetas. Son mis favoritas para escuchar y contar en esos días en los que las cosas no salen como uno quisiera, y me siento afortunada, pues en mi versión de "adulto grande y serio", de vez en cuando tengo a Augusto susurrándome al oído, y asegurándome que al final todo va a estar bien.
    • De vez en cuando nos juntamos todas y te traemos historias marrones, pero eso no pasa tan a menudo, imagínate tú, tanta gente hablando a la vez, es difícil de llegar a acuerdos.

    Y cuentame, ¿cuántas versiones de ti misma habitan en ti?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    6 min
  • 077 - La Felicidad
    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día. Bitácora de aventuras, edición La Felicidad: Historia Verde Si te hace feliz, hazlo todo el tiempo. ¡Hazle caso a Augusto! En el 2000, estaba obsesionada con unos trajecitos. De sorpresa, mi mamá me consiguió uno, el mejor de todos, largo y con brillitos. Era perfecto, tan perfecto, que no me atrevía a ponérmelo, y menos después de que mi mamá gastara tanto en él, temía dañarlo. Lo usé por primera vez para una boda en el 2001. En el 2016, preparándome para una actividad en casa de una amiga, me tropecé con él y volví a decir, no, para algo especial. De inmediato Augusto me hizo una lista de todas las ocasiones especiales en las que lo había usado. No eran ni 10, en más de 15 años. Me lo enganché… Para la actividad de 6 personas en la casa… Sí, largo y con brillos... Ya hoy perdí la cuenta de cuantas veces lo he sacado a pasear, pero mi miedo a "gastar" la emoción de usarlo y de dañarlo quedó atrás, al final, mejor dañarlo disfrutándolo que no dañarlo por nunca disfrutarlo. 2 de junio de 2020

    Y tú, ¿haces lo que te da la gana todo el tiempo porque te hace feliz? ¿Me cuentas?

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  • 076 - La Acción, la No Acción

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición La Acción, la No Acción:

    Historia Violeta

    En la vida he tropezado con todo tipo de momentos, con todo tipo de personas. Augusto siempre dice que en realidad, solo hay dos tipos de personas, y que quizás es más certero decir que hay dos tipos de actitudes ante una situación, la acción y la no acción. Entre mis personas favoritas, tengo de los dos tipos, y debo confesar que he sido las dos...

    Ninguna me gusta más que la otra, creo que en su momento, cada una tiene su utilidad. Soy fiel creyente de que no existe nada que no haga falta, y de que a lo que no le encontramos el valor o la utilidad, es porque aun no nos ha hecho falta a nosotros, y que no nos haga falta a nosotros no significa que no le sería útil a más nadie.

    En La Princesa, le llaman El Movimiento, y la falta de él (o No Movimiento), y Augusto me dice que no es lo mismo estar en No Movimiento que estar quieto, porque estar quieto se trata de estar contigo, y el No Movimiento se trata de tu relación con otros. Yo, cuando no es con Augusto que hablo, les llamo acción y no acción, si no has estado en La Princesa los términos de Augusto pueden ser confusos (así que ponte a hablar con tu duende para que entres a La Princesa con nosotros).

    Una de las mayores virtudes que he desarrollado, es mi capacidad de no acción. Muchos a mi alrededor me consideran molestosamente no reaccionara (apuesto que muchos han pensado que lo hago por joder, pero no). Augusto me enseñó que reaccionar sin análisis me haría pensar que estoy siempre en lo correcto, y que no hay nada más peligroso que pensar eso. Por eso, al enfrentarme a una situación, mi reacción es principalmente ver la situación, y después reaccionar, si es que hace falta.

    En esos análisis, me he dado la oportunidad de entender la otra parte, y de darme cuenta de mis fallos. Sí, los demás también tienen razón, aunque nos rejoda aceptarlo. De hecho, todos siempre tienen la razón, desde su punto de vista, y el que se queda con un solo punto de vista se queda atrás. Si no permitiera ese espacio de escuchar, de analizar, quizás los demás a mi alrededor se cohibirían de decirme su opinión en una próxima ocasión, y que mucho me perdería sin escucharla.

    4 de abril - 17 de agosto de 2020

    Y tú, ¿practicas la acción, la no acción o las dos? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    7 min
  • 075 - Confio en ti, querido extrano

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Confio en ti, querido extrano:

    Historia Verde

    En el 2016, me fui a conocer unas cascadas en Jamaica. Había unas partes que eran un poco peligrosas si no conoces el area, asi que en contra de mi voluntad, tuve que seguir la condición de ir con un guia en todo momento que tenían en el lugar. Y como siempre, hacer lo que originalmente no quería hacer, terminó siendo la mejor parte de todo…

    Llegue al puerto de Ocho Rios, y me puse a buscar como llegar a unas cascadas de las que habia leido en un articulo, no tenia mucho tiempo alli, y queria aprovecharlo. Se me pararon como 5 personas de frente, pero Augusto se le trepo en la cabeza a uno de los muchachos, y empezo a hacer su clasico baile de llamar la atencion cuando quiere que haga algo. Por eso de no pasar la verguenza de la pavera sin explicacion para los demas, le hice caso rapido. Nos montamos, y una hora despues, estabamos en el lugar.

    Yo estaba toda emocionada, estaba en un crucero con varias personas, y estaba ansiosa de pasar unas horas sola para recargar. Había notado que cada vez que pensaba en esa anhelada soledad Augusto se reía, pero decidí "pichar". El es asi, a veces se ríe cuando sabe algo que yo no se, pero como no hay manera de distinguir de que se rie, y el se rie casi todo el tiempo, la mitad de las veces me pierdo esa senal que me da de lo que viene.

    Cuando me baje del carro y camine hacia la entrada, vi que habia un counter y unos lockers para guardar las pertenencias. Yo lo unico que tenia era una mariconera que va conmigo al fin del mundo, y una botella de agua, asi que pase de largo como si conmigo no fuera la cosa, acostumbrada a que aqui tu llegas al rio, escoges tu esquina y ya. Pague la tarifa de acceso, y cuando me fui a ir me dieron la llave del locker y me señalo a un grupo de personas y me dijo: "la tarifa incluye una visita guiada, puedes ir con cualquiera de ellos". Trate de pichar, y seguir sola y en eso me pararon y me explicaron que no era una opcion. La pequena Natalita se bajo del lazito y cuando voltee a buscarla estaba frente a mi un muchacho jovencito, que con toda la seguridad del mundo me miro y me dijo: "ven, esto te va a encantar".

    A veces las cosas que menos quieres te revientan en la cara a la misma vez. Acepte, medio con la muela de atras, pero lo segui, porque antes de que pudiera hablar ya estaba Augusto en uno de sus hombros y la pequeña Natalita en el otro, y cuando esos dos se juntan, no hay mucho más que decir. Era un rio que tenia un monton de caidas de agua, y hay caminos y distintos puntos a los que puedes ir. Yo estaba en mi clásica huelebicheria de casi no hablar, y contestar sí o no de cuando quiero estar sola y no me es posible, mientras el guia estaba todo emocionado contandome historias del lugar y describiendo todo lo que ibamos a estar haciendo. En cierto punto, me despisté, y no preste atención a lo que me dijo, cuando mire a la izquierda, el estaba caminando sobre el agua.

    Cuando fui por instinto a gritarle que hacia (toda preocupada), se echo a reir y me dijo: "ven, el camino es por el mismo rio, te voy a ayudar". La pequena Natalita y Augusto estaban imitandolo, brincando de piedra en piedra y "caminando" sobre el rio. Despues de ese momento, se me quito la huelebicheria y me alegre de la galleta mental que habia recibido despues de tanta perreta por querer irme sola.

    Hice absolutamente todo lo que sugirio, y hasta entre en mi modo parlanchino. Me llevo a tantos lugares, que juraba que estabamos lejisimos en cierto punto. No pense que hubiera tantas cascadas y cosas hermosas para ver en un solo lugar. Me conto que estaba en la escuela todavia, que trabajaba como guia para seguir estudiando al graduarse y que le parecia el trabajo menos trabajo posible, porque igual el vivia cerca y habia hecho eso mismo toda su vida, ahora lo unico diferente era ayudar a otros a hacer lo mismo (y no morir en el intento).

    En cierto punto estuvimos frente a un salto de unos 10 pies, agarro la camara y me dijo: "Brinca! Te veo abajo". Yo lo mire y le dije que le tenia miedo a las alturas, y su respuesta fue algo asi como, ok, y que? Al ver su reaccion me di cuenta de que no estaba con una persona que se detuviera por temerle a algo, y dije bueno, brinca, al final, en algun punto tienes que superarlo, y que mejor manera que con agua de fondo por si no hago bien el brinco. Una semana despues le agradeceria en el alma haberme ayudado a superar mi panico a las alturas, mientras subia a una piramide en Mexico.

    Despues de ese momento no hubo vuelta atras, era su colita, y tenia la caracteristica pompiaera de haber aprendido algo nuevo y querer hacerlo una y otra vez. Brinque en cuanto salto de agua habia. En un momento, me dijo, ven, vamos a hacer algo que casi nunca se puede hacer, porque solo caben dos personas pequeñas, y aquí todo el mundo viene en grupos. Yo me emocioné y sin preguntar mas detalles me le fui detras, ya a estas alturas lo estaba siguiendo sin cuestionar nada, porque todo habia sido tan divertido que no queria perderme nada. Caminamos y nadamos hasta pararnos sobre una piedra, justo frente a una cascada. Todavía estaba haciendo balance sobre la piedra cuando él me miró, se sonrió emocionado y me dijo: "do you trust me?"

    Apenas pude contestar que sí con los ojitos y una sonrisa, y él saltó a una charca que no medía ni 3 pies de diámetro, y que estaba unos 15 pies bajo mis pies. Quizás fueron 3 segundos, pero me pareció más tiempo, probablemente porque para mi el tiempo se detuvo, distraida pensando en que por fin era Jasmine, de Aladdin (mi película favorita desde el 1992), y me acababan de invitar a una aventura diciendo: "do you trust me?"

    Me quede mirando fijamente al fondo de la charca, y cuando por fin salió del agua me dijo: "I'm gonna go under this rock", señalando la cascada, "you count to 10 so I can cross, then jump and do the same", y cuando me vio riéndome, mitad nerviosa mitad confundida, me dijo: "there's no other way out now, I'll wait for you" y se metió debajo del agua.

    Me quede paralizada y riendome, mire a todas partes, buscando otra alternativa para no tener que brincar, y me di cuenta de que sin ayuda no podia salirme de la piedra y nadar a la orilla porque la corriente estaba bien fuerte, y recordaba que el casi me jalo como una muñequita y me paro sobre la piedra. Me entro una de mis paveras de nerviosismo y dije: puneta natalita, en que te metiste. Augusto y la pequena Natalita ya habian brincado, asi que no me quedo mas remedio. Conte hasta 3, me repeti que todo iba a estar bien, y salte.

    Cuando toque el agua, senti una corriente que me jalaba hacia la piedra, pero pelee contra ella para subir a coger aire y salir a la superficie, tratando de imitar al pelo lo que el habia hecho. Se podria decir que yo se nadar, pero siendo sincera, es mas bien mantenerme en la superficie y sobrevivir lo que se hacer, no soy muy diestra. Mire la piedra que ahora estaba 15 pies sobre mi cabeza desde el charquito de 3 pies de diametro. Me rei de nuevo, conte hasta 10 (por si acaso los 10 segundos eran despues de estar ahi y no desde el salto), y me meti debajo del agua, tocando la pared, tratando de irme debajo de ella. Como no se aguantar la respiracion debajo del agua, era medio complicado, porque tenia que hacerlo con una sola mano. La primera vez que intente me asuste y volvi a subir a la prisa. En el segundo intento recorde la corriente y dije, bueno, usala; baje, toque la piedra, encontre donde terminaba, me le fui debajo y pataleé con la corriente para cruzar al otro lado.

    Cuando "cruce" o mas bien entendi (sin estar segura) que habia cruzado, busque la superficie y subi. Cuando asome la cabecita, el tenia una cara de mezcla de felicidad y asustado, probablemente me tarde mas de lo que el esperaba. Estabamos debajo de una piedra, y se escuchaba la cascada cayendo sobre nosotros. Era como una cuevita diminuta, el estaba acostado, solo le veia la carita frente a mi. Mientras se daba la vuelta no se ni como porque casi no cabia, me dijo que para cruzar al otro lado, debiamos cruzar ese tunel arrastrandonos por el piso.

    La noche anterior, estaba leyendo La Ciudad de las Bestias y en una escena, el niño, que es uno de los personajes principales, se fue a explorar el centro de la tierra. Para hacerlo, tuvo que arrastrarse por unos túneles. Obviamente, le dije que sí, y mientras lo seguía, me transforme en Alexander Cold en una mision especial al centro de la tierra. Me arrastre por esos tuneles como si de mi dependiera la salvacion de mis amigos, y me emocione tanto que medi mal una curva, y conservo en mi rodilla una cicatriz como recuerdo de ese momento. Cuando me corte, me di cuenta de que el guia ya estaba afuera, escuchaba su voz que me decia por donde ir, veia la luz del sol al fondo, tras una cortina de agua, y supe que estaba por salir de la cascada.

    Quise tardarme un poquito mas, por eso de estirar la aventura, pero ahi se me paro Augusto de frente, y me recordo mi actitud a mi llegada, y como en aquel momento no podia esperar a que terminara la visita guiada para quedarme sola. A veces es asi, nos quejamos de algo, y despues que le damos la oportunidad y nos gusta, no queremos que se acabe. Le sonrei a Augusto, y lo segui hasta el otro lado, en donde nos esperaban el guia y la pequena Natalita, que ahora estaba sobre la cabeza del guia.

    Nos sentamos en una esquina a hablar y a mirar el rio, mientras el hacia el recuento de todo lo que habiamos hecho senalando distintas partes del rio. Me lleve a ese muchacho en el pecho, despues de haber protestado tanto por tenerlo, ahora deseaba tener a alguien que me ensenara tanto como el en el resto del viaje, y que encima se disfrazara de Aladdin en el proceso. Le di 20 mil gracias, nos tomamos una foto, cogi mis cosas y me fui. Despues de eso, he contratado guias en cada lugar especial al que voy.

    1 - 5 de agosto de 2020

    Creo que en general somos asi, todo lo nuevo lo rechazamos, casi por capricho, y cuando por fin lo intentamos, se convierte en eso que en adelante sera lo conocido, y cuando toca abandonarlo para intentar lo proximo, ya no lo queremos dejar. Es nuestro ciclo de aferrarnos a lo que conocemos, a lo que creemos que queremos. No sabemos lo que queremos, solo queremos lo que conocemos. Por eso, una de las peores búsquedas que podemos hacer, es buscar eso que pensamos que queremos. Augusto me ha ensenado que no debo andar pidiendo, ni deseando, ni creyendo que quiero algo. Hay mil cosas por descubrir, y solo vamos a desear lo conocido. El siempre dice que es preferible querer lo que es mejor para mi, lo que sera mas conveniente, y que si voy a pedir o a desear algo, pedir que todo se de como sea mejor, aunque a veces signifique salirme de lo que creo que quiero o que me conviene. Ese dia, aprendi a confiar hasta en quien no conozco, pues si La Vida me lo puso de frente, eso era probablemente, lo mas divertido y mejor para todas las partes.

    Y tu, ¿has confiado en un extraño? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

    https://linktr.ee/natalita_

    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    Si te gustan las historias que contamos, date la vuelta por itunes y regálanos tus 5 estrellitas, y si crees que a algún amigo le van a gustar, mándalo pa'cá. Nos veremos otro día que no va a ser hoy, a dormir.

    14 min
  • 074 - Las Luchas Internas Con y Contra el Tiempo

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Las Luchas Internas Con y Contra el Tiempo:

    Historia Roja

    Por razones que todavía no entiendo del todo, se me hace dificil ver televisión, y cuando lo hago, siempre veo lo mismo: "The Big Bang Theory", y de vez en cuando "Sex and the City". "Sex and the City" en particular me gusta verlo porque me da mucha gracia que me guste tanto, por eso de mi pelea con "ser mujer" de toda la vida que les contaba el otro dia. Nunca olvide un episodio en particular, en el que una de las protagonistas iba a tomar un café con su novio y la exesposa de su novio, pero el nunca llego, y terminaron solo ellas dos. Me da gracia la escena en general, pero hubo una frase que dijo la exesposa que me dio tan y tan duro, que me prometí a mi misma que nunca me iba a permitir caer en esa conducta: "as soon as. If I hear this phrase one more time…"

    Debo admitir que la mitad de mi tiempo lo invierto en una lucha entre lo que debo hacer y lo que realmente quiero hacer. En ocasiones, estoy hiper productiva y tan hyper que no hay quien me soporte, en otras, lo que quiero es leer sobre los mismos temas que ya conozco, como para repasar (o quizas para estar en mi zona cómoda). Otros días solo quiero apagar el cerebro, eso me pasa mucho últimamente. Me he dado cuenta de que entro en unas sobre cargas masivas, y de vez en cuando simplemente me apago. Cuando estaba sola todo el tiempo no me enteraba, pero la vida ha cambiado desde que soy una novia y madrastra, y me he dado cuenta de algunas de mis conductas de sobrecarga a través de los ojitos de Miguelo (a veces me pregunto de donde saca la paciencia y el amor, pero bien, solo me queda agradecerle, el MVP).

    Algo con lo que he hecho las paces recientemente, es con que soy la única causa de mis sobrecargas, no hay ni una sola onza de culpa en más nada ni en más nadie. Mi problema es que cuando se me ocurre algo, me entra la manía y quiero verlo hecho YA. Por eso fui obsesiva con los estudios y hoy en día es con el trabajo y todo lo que ahora empiezo. Cuando era solo el trabajo todo estaba bien, pero en años recientes que hemos añadido el factor vida después de este trabajo, en preparación para el próximo trabajo como agricultora y contadora de historias, me he visto caer en desgastes masivos. Verme en enfermar casi a diario, y estar cansada todo el tiempo me puso a pensar que es momento de bajarle dos a ese tema de creerme super man si es que en algún momento de la vida voy a querer dedicarme realmente a la finca, al bambú y a contar historias. Así que en esta semana, como he intentado en tantas otras ocasiones, decidí retomar mi vida de retiro, para poder enfocarme en lo que viene: La Princesa, y todo lo que viene atada a ella.

    Con esa decisión tomada, y un poco sin saber como decirle a las partes pertinentes que retomo mi retiro probablemente en el peor momento en el que podría haber decidido retomarlo, me he enfocado en otra necesidad más inmediata: tener un buen cuerpo para poder hacer buen uso de ese retiro. Mirándome los ojitos de mapache, y el hecho de que llevo años pasando de una enfermedad a otra, me di cuenta de que lo más importante para mi en este momento, es reconocer esa necesidad de apagar después de una sobrecarga, y acomodar el tiempo de apagar como parte de las actividades diarias y semanales.

    Más fácil dicho que hecho, porque apenas en años recientes es que he podido hacer paz con el "no hacer nada", y dedicar una tarde y hasta un dia entero al puro descanso y a leer sobre cosas que se me ocurren. Solía sentir que "perdía" el tiempo, pero la verdad es que me he dado cuenta de que son conocimientos que me han servido en cada etapa, y que al salir de uno de esos descansos post sobrecargas, salgo el doble de productiva, y las tareas que quizás me hubieran tomado dias, me terminan tomando apenas unas horas.

    Quizás, el tiempo de ocio no es tan malo nah', si va bien encaminado, y tiene el propósito de desconectar para conectar con lo que de verdad queremos, adentro. Y si no es así, pues al menos me ha salido bien a mi, porque todo lo que he aprendido de siembra, bambú y cocina lo aprendí en esos momentos en los que pensaba y me reprochaba que no hacía nada. El otro dia, me abrume con la lista de tareas y, en contra de mi naturaleza, cerré la lista, abrí el tablero de "parchís" y me puse a jugar con Ananda y Miguelo. Una hora después, se me ocurrió una manera de simplificar la mitad de las cosas que tenía en la lista de tareas.

    De una manera u otra, nunca apagamos, que es lo importante, siempre aprendemos algo, hasta en las pausas. El tiempo no se pierde, se invierte, esta ahí, y toda decisión sobre cómo invertirlo es la adecuada aunque quizás en el momento no lo podamos ver.

    28 de junio - 20 de julio de 2018

    Esto lo escribí hace 2 años, pero sigue siendo igual de válido, quizás hasta más, porque aunque me rejoda aceptarlo, me hizo verme dentro de mi antiguo círculo vicioso del "as soon as". Las buenas noticias son que una vez me vi ahí adentro, me tire una soguita y me puse a escalar para salir.

    Y tú, ¿luchas contra el tiempo o vas con él? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    9 min
  • 073 - Los Objetos

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Los Objetos:

    Historia Amarilla

    Tengo una ahijada hermosa, que tiene un hermanito, ella tiene 13 años, él tiene 9, unos años después de ellos nació mi mejor amiga, mi otra sobrina que ahora tiene 4 años. He ido a casi todos sus cumpleaños, y cuando no he ido, los visito poco después para celebrar. Siempre llego con las manos vacías, y nunca me han pedido nada. Cruel ante los ojos de algunos, para mí siempre ha sido mi mayor legado para ellos. No creo en los regalos, pero sí en el amor, y siempre me he encargado de que lo sepan y entiendan, aún sin hablar del tema. Los más pequeños quizás no entienden cómo funciona, pero la grande, mi ahijada hermosa, ella es el humano más maduro que conozco, desde muy temprana edad, de que a veces no sé si su mamá y yo aprendemos de ella, o es al revés, como supuestamente debería ser. Ella notó tempranito que madrina prefería ayudar a mamá para que ella hiciera lo que era mejor para todos, y que si alguien recibía regalos en los cumpleaños de ella y su hermanito era su mamá y no ellos.

    En la década que va desde que comencé la aventura de poseer menos cada día, me di cuenta de que a veces para contrarrestar nuestra ausencia, sustituimos con objetos, quizás para perdurar, o para ser recordados en los objetos, no sé, ya a estas alturas ni siquiera le encuentro la lógica al intercambio de objetos por obligación y no por necesidad.

    Recientemente Miguelo se mudó a la casita, y esta semana agarré mi closet y lo vacié, casi la mitad de las cosas se fueron. Miraba las prendas de ropa y me reía recordando las historias que estaban atadas a ellas, y me reía de mí misma también, porque entre las cosas, encontré un traje y recordé exactamente el último día que me lo puse, aunque me encantaba: feria del vino de Lury, Córcega, julio de 2011. Se le rompió el cierre y lo guardé para arreglarlo y volverlo a usar, y nada, aquí andamos 7 años después, él en closet esperando por mi, y yo sin disfrutarlo. Lo puse sobre la máquina de coser, tengo una semana para arreglarlo, y si no lo hago, lo dono junto con los demás a alguien que le haga más falta que a mí.

    Así me pasó con tantas cosas, las tenía porque alguien me las dio con mucho cariño, aunque ni me gustaran ni les diera uso. Tomé la decisión de dárselas a alguien que sí les dé uso (probablemente influenciada por Toy Story), y recordar la buena intención de quién me lo dio con un gracias y una foto (el álbum más divertido de recuerdos que pronto abandonarían la casita será por siempre el de julio 2013, qué misión, historia para otra bitácora).

    No quisiera que mis buenas intenciones se convirtieran en estorbos para alguien algún día, así que desde hace al menos 13 años, dejé los regalos de objetos atrás. Eso sí, me vuelvo loca y no lo pienso ni 2 segundos antes de hacer la compra si veo algo que sé que es el sueño de alguien, ese tipo de alineaciones no se dan todos los días, y ser un duende de las felicidad de alguien más es una de las cosas más cabronas que hay. Desde ese día, así lo he hecho también con mis propios sueños y regalos a mi misma, digamos que en ese momento surgió también la impulsividad macabra de acción al conseguir cada pasaje de avión, la finca, y todas las aventuras que pronto seguirán viniendo.

    11 - 30 de octubre de 2018

    Y tu, ¿qué opinion tienes sobre los regalos? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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    Nos veremos otro dia que no sea hoy. ¡A dormir!

    7 min
  • 072 - Destellitos

    Te saluda Natalita, y por ahí anda mi duende Augusto, que no se si lo oyes todo emocionado. Él es el más fiel compañero que existe, ¿y sabes qué? ¡A ti también te acompaña uno, aunque todavía no lo conozcas! Soy una niña eterna que ayuda a otros a recordar La Gran Ciencia del Balance, contando historias de nuestras aventuras por La Princesa. Junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias, pero de todo eso te cuento en las notas del programa. Mientras tanto, te dejo con una de las versiones de mi misma, que cuentan historias de colores, según quien decida contar la historia del día.

    Bitácora de aventuras, edición Destellitos

    Historia Violeta

    Esta semana me tocó compartir con La Muerte...

    Augusto siempre dice que ella es la hermana gemela de La Vida, y que son prácticamente lo mismo, aunque la mayoría de las personas no lo comprendemos así hasta que se acerca nuestro momento de tenerla como guía. Debo confesar que todavía no logro comprender del todo eso de que sean lo mismo, o quizás simplemente me convencí de que no lo comprendo porque es más fácil hacerme la que no lo entiende que tener que bregar con ella.

    El sábado 16 de marzo de 2019 conocí a Jonef, y nunca olvidaré mi primera impresión sobre él: "este mocoso todavía no se ha graduado de escuela superior y está más claro que la mitad de la gente que conozco, incluyéndome". Estábamos en una entrevista de trabajo, y lo más que recuerdo era interrumpir cada 2 minutos para reírnos, yo estaba peleando para que saliera a la luz mi versión roja sin ningún tipo de éxito, cuando la pequeña Natalita se bajó del lazito, y se puso a jugar entre los dreadlocks de Jonef, brincando entre uno y otro como si fueran lianas. Al verla me dije, bien, violeta será esta conversación.

    Cuando supe su edad, y que todavía estaba en la escuela, le pregunté qué lo había traído a nosotros, y me dijo: "un maestro de la escuela" (por eso de confirmar, que los maestros tienen la capacidad de transformar todos los días). Me contó que su maestro les dijo algo así: "Bueno, podríamos aprender en el salón y estar el resto del semestre en esto, o podemos llevar el ejercicio un paso más allá ". En lugar de asignar un proyecto, convirtió el buscar su primer trabajo en un proyecto, y los ayudó con los procesos y recomendaciones.

    Me habló de su mamá y su maestro como en 5 ocasiones en esa breve conversación, y de hecho, fue su manera de hablar sobre otros lo que más me llamó la atención. Escogió cada palabra, con el cuidado que pocos a su edad tienen, dejándome saber en qué estaba de acuerdo con ellos y en qué no; respetando, pero alejándose de su opinión, dejando claro quién era y qué quería (y, dándome una galleta mental en el proceso, pues a esa edad no soñaba con tener esa claridad). Unos días después, nos vimos otra vez, y entre una pavera y otra, le transmití todo lo que pude para ayudarlo a prepararse para su nueva aventura, y en menos de un mes, ya dominaba todo mejor que yo (que para mi, es el más alto nivel de satisfacción, cuando de enseñar se trata).

    Esta semana recibí la noticia de que se habia ido con La Muerte, y después de "botar el golpe", como decimos en Puerto Rico, cantando canciones de películas de muñequitos y llorando mientras limpiaba, estuve lista para sentarme a hablar con Augusto. Él siempre me da mi espacio, los duendes saben que cada etapa y cada emoción hay que vivirla, y cuando me ve triste solo se me sienta al lado a acompañarme en lo que estoy lista para hablar de nuevo. A veces la pequeña Natalita se baja y se sienta con él, pero esta vez se colgó de Raulito (mi dreadlock), y se puso a jugar, como lo hizo el día que lo conoció.

    "Augusto, ¿por qué algunos se van temprano de este mundo?", le pregunté, ya menos llorosa. ¿Qué es temprano?, me respondió, en el tono de conversación existencial que en ese momento no tenía muchas ganas de escuchar, y le dije: "como, muy jóvenes". "No existe eso de irse muy joven de este mundo Natalita", empezó a decirme, pero en mi molestia lo interrumpí diciéndole medio de mala gana, "pero Augusto, es que algunos están con nosotros tan poco tiempo". En eso la pequeña Natalita se bajó del lazito y me dio un abracito en el brazo, y Augusto me dijo: "algunos son más rápidos que otros, ya han aprendido todo lo que vinieron a aprender, cuando otros apenas comienzan a preguntarse qué hacen aquí".

    Augusto apenas había terminado de hablar, cuando La Gran Reina, La Vida, se mostró y me dijo: "Estaba listo..."

    El tiempo pareció detenerse por unos segundos, y justo a su lado, se me mostró por primera vez su hermana gemela, La Muerte, que casi como si fueran una sola, terminó la oración que empezó La Vida: "...aunque quizás los que se quedaron no estaban listos para perderlo". Me miraron fijamente, y la mirada se sentía como si viniera de un punto fijo, como si se unieran de alguna manera. Quise hablar, pero la mirada no me lo permitió, era como si quisieran decirme que por ahora ya no había más palabras.

    Un microsegundo después, estaba como flotando en un fondo negro, a mi alrededor, flotaban detellos de colores, que formaban diferentes patrones, algunos en zigzag, otros en círculos, otros rectos, otros simplemente eran puntitos haciendo lo que les daba la gana. Me puse a moverme, era una combinación de volar y nadar a la misma vez, podía ir en cualquier dirección, y todos los destellos se movían, algunos a mi alrededor, otros alejándose de mi, otros acercándose a mi. Me entretuve jugando con ellos, y en el proceso se me olvidó dónde estaba y la conversación que acababa de tener. En ese lugar, lo único que no podía hacer era quedarme quieta, por más que trataba, mi cuerpo flotaba y se movía de lugar, y justo cuando miré "mi cuerpo", me di cuenta de que yo también era un destellito de colores, y me puse tan contenta que empecé a moverme como una loca, viendo cuán rápido podía moverme, y jugando con los demás que se cruzaban conmigo. Entre un juego y otro me di cuenta de que si daba vueltas en círculos bien rápido, el fondo se volvía de colores, y los destellitos nos volvíamos negros, y de más está decir que perdí la cuenta de cuántas veces me cambié de "tipo de destello".

    De repente escuché una voz, y me quedé en el fondo de colores siendo un destello negro, estaba lejos y no lograba distinguir lo que decía. Me moví de prisa de un lado a otro siguiendo la voz, hasta que estuve tan cerca que pude distinguir cuando dijo: "mi alma está en gratitud con todo el que me brindó su mano y su amor para mi progreso en esta carrera corta". Era un destellito más pequeño que yo, me miró, me sonrió y se fue.

    De inmediato, el fondo de colores se convirtió como en una montaña rusa, y bajé tan a prisa que los destellitos negros se volvieron una mancha negra lejana. Mientras bajaba, el fondo convertido en montaña rusa iba perdiendo todos sus colores, hasta quedar negro. Yo fui ganando colores hasta convertirme en un destellito de colores otra vez, y antes de que pudiera analizar lo que pasaba, estaba frente a Augusto, la pequeña Natalita, La Vida y La Muerte de nuevo, y recordé que estábamos en medio de una conversación. La Vida y La Muerte me sonrieron, y repitieron juntas esta vez: "estaba listo… algunos son más rápidos que otros, ya han aprendido todo lo que vinieron a aprender, cuando otros apenas comienzan a preguntarse qué hacen aquí". Y como mismo llegaron, se fueron.

    Me senté con Augusto y la pequeña Natalita a tomarnos un té mirando las plantitas, y les dije, "a ver cuánto me toma aprender lo que vine a aprender", a lo que respondieron con una sonrisa, y encogiendo los hombros me dijeron "ya veremos, cuando estés lista".

    24 de julio de 2020

    Y tú, ¿cómo vives La Muerte? ¿Me cuentas?

    Dentro de dos semanas te cuento otra historia, mientras tanto, puedes conectar conmigo la próxima semana en Sanando con tu Duende, un espacio para la sanación cuántica. Un podcast en el que te cuento lo que me enseña mi duende Augusto a través de nuestras sesiones de sanación. Si me quieres ver antes, te espero el miércoles a las 12 PM hora de Puerto Rico, a través de nuestro canal de YouTube y en Instagram, en una sesión en vivo en la que podrás hacerle tus preguntas a Augusto, y de paso ir aprendiendo a conectar con tu duende. Sí, tienes un duende. Te recuerdo que junto con Augusto, y muchos otros guías, imparto sesiones de sanación cuántica a todos esos niños eternos que están dispuestos a sanar, reprogramando sus creencias. En las notas del programa te dejo todos los enlaces, para que puedas reservar tu sesión, y visitarnos en nuestros otros espacios.

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