LAS TARDES SE ENFRÍAN
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Las tardes se enfrían,
van dejando espacio los rayos del sol
a las almas rotas para que deambulen
su licantropía.
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Las noches exprimen a cada latido
esos mil sonidos venidos
del miedo a la soledad.
No se escucha nada, sólo ese sonido
que nos cae del cielo sobre la almohada.
La paz se vislumbra dentro del reflejo
que de plata expira como en una lágrima
que enjugó mis besos.
.
Todo ha sido un sueño,
un sueño corrupto,
un dolor abrupto que destroza
todo lo que hay a su paso.
Es como un sablazo después de dormir,
cuando al despertar te sientes morir
si sientes que mueres después del dolor.
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No se escucha nada, ya todo está oscuro
salvo aquella luz colgada de un muro
que se me aproxima.
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¿Qué gente me llama? ¿Quiénes son?
Se arriman pegando sus hombros
sobre sus esquinas, queriendo acercarse,
pero me duele no reconocerlos,
saber que me aman desde que nacieron,
desde que nacieran
los cuatro jinetes del apocalipsis.
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Entretanto yo, echado en mi lecho,
tan estrecho y tan duro
que no me permite sentirme,
ni moverme, estoy como en el vientre
materno, maltrecho y constreñido.
Las tardes se enfrían,
las noches se alargan a través del tiempo,
¿ el tiempo...?
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El tiempo que llevo no sé, desde siempre,
no sé desde cuándo, desde cuanto tiempo
ni cuánto estaré postrado esperando
que abran las puertas y verte en la luz
la que tu apagaste, al robar su vida
para apagar tu aliento,
al robar el beso que te prometí un día,
una noche, no sé cuándo fue.
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Sólo sé que fue al rayar el alba,
al morir caricias, al negar mi amor por miedo a tu amor,
y volver a ser lo que siempre fui,
engaño, mentira, aprendiz de ángel,
duda, o asesino de amores robados,
promesas que das promesas que quitas
sin saber que el cielo no presta lugar
a los que confunden amor amar con,
sin haber amado,
sin saber amar.
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Chema Muñoz. ©