EN MANOS DE LA POESÍA
Según dicen,
ya no hay gusto por las cosas
se han perdido ya las formas
y las normas, distan ya de ser lo que eran,
ni las manos se entrelazan para recibir a nadie,
ni en el aire se respira el calor, ese calor de antaño.
Nos invaden desengaños
y entre escombros de nostalgia
somos como los reptiles
escondidos bajo tierra.
Y por doquier la sombra de los barrancos
acogen como mortajas y adulan con su graznido
la belleza de alabastros y de las constelaciones.
El sabor de la amistad, el gusto por la bondad
las espumas de los mares y ver morir a millares
con una mirada en ristre, ya sabéis todos de mí
que tengo el vino muy triste y la canción de las plumas
en las telas de una araña.
Que nos miramos con saña cuando la felicidad
hace mella en los demás, y que nos gusta la idea
de saber que se le clavan las manos como puñales
y que sufren a destajo como amores en un verso.
¡Ay!
que gusto me daría que tu cólera muriera
y que estallara algo extraño, que, de huraño,
me volviera como un libro un amigo entre las manos
uniendo las confluencias, los desvíos,
matando los desengaños.
Que lloraras de alegría y te gustaran los cofres
llenos de melancolía, cantar como los canarios
y volar de estrella a estrella, desalojar los armarios,
y cambiar de piel, arrojar la timidez saludando
tras la esquina a la gorda de las trenzas,
poner la cara que tanto hizo reír a los tuyos,
y lanzar en llamaradas que anidasen en el alma
y que apagases de un golpe a veces de una palabra
las flores que se te antojen dándole la luz al alba,
porque tengo ya sellados los labios de mi cerebro
porque huyo como un perro cuando me extiendes la mano
y somos como los miedos que nos viven y nos insultan por dentro
y nos escupen espinas incendiando la amargura
y el invierno de los versos.
¡Ay !
Cómo me gustaría
volver a unir nuestras manos,
las manos de la amistad
en manos de la poesía.
Chema Muñoz ©