El corazón espiritual no tiene forma física y, por lo tanto, es ilimitado. Es nuestra conexión con lo Divino, es una luz que irradia Divinidad en todas las áreas de nuestras vidas. El corazón espiritual siempre está despierto, listo para iluminar nuestro camino hacia la liberación. Aunque decimos que estamos “despertando el corazón”, lo que en realidad estamos haciendo es volver a nuestra memoria original. A través de años o vidas de abandono, hemos permitido que se cubra y se esconda de la vista. Pero, al igual que el sol en un día nublado, espera pacientemente a que le quitemos las cubiertas.