Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino episodes

  • Conferencia Magistral Anne Case y Angus Deaton, english version
    La Fundación Rafael del Pino organizó la Conferencia Magistral en directo a través de www.frdelpino.es titulada «El futuro del capitalismo» que impartieron Anne Case y Angus Deaton con motivo se su última obra titulada «Muertes por desesperación y el futuro del capitalismo» publicada por Deusto.
    Anne Case es Alexander Stewart 1886 Professor of Economics and Public Affairs, emérita en la Universidad de Princeton, donde dirige el Programa de Investigación en Estudios del Desarrollo. La profesora Case ha escrito extensamente sobre la salud a lo largo de su vida. Entre otros galardones, ha recibido el Premio Kenneth J. Arrow en Economía de la Salud de la Asociación Internacional de Economía de la Salud, por su trabajo sobre los vínculos entre economía y salud en la infancia, y el Premio Cozzarelli de la National Academy of Sciences por su investigación sobre morbilidad y mortalidad en la mediana edad.
    Angus Deaton es investigador principal y profesor emérito Dwight D. Eisenhower de economía y asuntos internacionales en la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales Woodrow Wilson y en el Departamento de Economía de la Universidad de Princeton. En el año 2015 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía por sus aportaciones al análisis del consumo, la pobreza y el bienestar.
    45 min
  • ¿Por qué en algunos países florece la libertad y en otros el autoritarismo? James A. Robinson, versión en castellano
    El 29 de octubre de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia “¿Por qué en algunos países florece la libertad y en otros el autoritarismo?”, impartida por James E. Robinson, Reverend Dr. Richard L. Pearson Professor of Global Conflict Studies, University Professor y director del Pearson Institute de la Universidad de Chicago, con motivo de la presentación de su libro “El pasillo estrecho”.
    Según el profesor Robinson, los seres humanos quieren vivir en libertad. John Locke entiende que la liberad es un estado en el que las personas pueden actuar y disponer de sus posesiones sin tener para ello que depender de otras personas o pedirles permiso. Vivir en libertad es una aspiración del ser humano. La libertad, sin embargo, se define de una forma u otra dependiendo del lugar del mundo en el que viva una persona.
    Si todo el mundo aspira a vivir en libertad, ¿por qué falta tanta libertad en el mundo? La libertad escasea cuando un estado muy poderoso domina a la sociedad, por ejemplo, China en la actualidad. Allí, el gobierno ha colocado miles de cámaras por las calles, en un sistema tremendo de control de la sociedad que nos recuerda al Gran Hermano de Orwell que nos está observando. El estado chino es un estado que no tiene que rendir cuentas ante la sociedad con la capacidad tecnológica que tiene para erradicar la libertad.
    En otras partes del mundo, el estado no tiene ese tipo de presencia mayúscula. Su presencia es mínima, pero eso no garantiza la libertad. Es el caso de Yemen. El estado casi no existe allí, ni domina a la sociedad, que está organizada en sus tribus, clanes y redes. El estado no controla Yemen, pero allí tampoco hay libertad.
    El sociólogo Max Weber define al estado como la comunidad humana que se hace con el monopolio de la violencia en un territorio concreto. En China tiene ese monopolio y lo ejerce, pero en Yemen el monopolio de la violencia está en manos de la sociedad. Esa situación yemení tampoco da lugar a la existencia de libertad, por dos razones. La primera tiene que ver con lo que dice Hobbes en ‘Leviatán’, esto es, que una sociedad sin un estado quiebra porque se producirá una situación de guerra. La guerra es un temor continuo, un peligro de perder la vida, una vida que resulta solitaria, desagradable y corta. Esto no permite que la libertad florezca. En este contexto, en Yemen y en otras sociedades parecidas, surgen normas para impedir que haya guerras, pero esas normas también obstaculizan la libertad, constituyen la segunda razón que impide su surgimiento.
    Lo que permite que aparezca la libertad y que florezca es la existencia de un equilibrio entre estado y sociedad. En Yemen hay una sociedad fuerte y un estado débil, con lo que no hay libertad. En China hay un estado fuerte y una sociedad débil, con lo que tampoco hay libertad. En medio de este pasillo estrecho emerge un equilibrio entre estado y sociedad, que compiten entre sí y, al hacerlo, esa competencia impulsa a ambos para que sean fuertes y estén en equilibrio. La libertad surge en ese pasillo gracias al equilibrio entre estado y sociedad. Fuera de él se restringe la libertad. Cuando hay equilibrio entre estado y sociedad emerge el Leviatán encadenado con grilletes.
    Desde esta perspectiva, ¿por qué hay más libertad en Europa del norte y en Norteamérica? Para responder a esta cuestión hay que acudir a la historia y remontarse mucho tiempo atrás hasta el imperio romano. El historiador romano Tácito intentó comprender por qué los romanos nunca consiguieron conquistar a los pueblos germanos, y la respuesta la halló en las instituciones germanas. Entre ellos, los asuntos menos importantes los debatían sus jefes y los resolvían ellos mismos, pero los asuntos importantes se debatían en la asamblea de la tribu. Este es un modelo muy participativo de gobernanza. Cuando se produce la caída del imperio romano, los germanos y los francos fusionan este sistema con las instituciones romanas, es decir, el derecho, la iglesia, etc., pero sigue siendo un modelo de gobernanza muy participativo. La fusión fue promovida por Clodoveo, el rey de los merovingios.
    Clodoveo también promulgó la ley sálica. Él, probablemente, no sabía leer ni escribir, así es que para redactarla se hizo con los servicios de cuatro abogados romanos que venían de la otra parte del Rin. Los abogados se reunieron con las asambleas, hablaron de los casos y sus soluciones y redactaron la ley. Esto no es una imposición autocrática, sino un proceso de codificación ascendente que se remite a las tradiciones de los merovingios.
    La diferencia entre Europa occidental y del norte con el resto de países son esas asambleas, que vuelven a resurgir en su historia. En el siglo XIII se firma en Inglaterra la Carta Magna, un documento constitucional que intenta definir los derechos del rey y su responsabilidad. La Carta Magna se firma en Runnymeade, un prado cerca de Londres que es un lugar muy simbólico porque era el lugar en el que se celebraban los wheatons, esto es, la versión inglesa de las asambleas germánicas. La Carta Magna no trae la libertad en sí misma, pero el proceso acaba cuajando en el parlamentarismo y la democracia. El rey Juan firma porque le obligan los barones. La Carta Magna, sin embargo, no solo les da derechos a ellos, sino también a los villanos, a los siervos. Con ello se sentaron los cimientos de algo muy distinto.
    A principios del siglo XVIII se construye el estado fiscal moderno en Inglaterra, a partir de una administración que funciona desde 1690. El estado intenta hacer un seguimiento de las cosas como nunca antes lo había hecho, generando así la reacción de la sociedad. Charles Tilly explica el nacimiento de la democracia a partir de ahí. La expansión del estado traslada la lucha popular de lo local a lo nacional, es lo que Robinson denomina el efecto de la reina roja. Se intenta conseguir la libertad y para ello hay que domeñar a la reina roja.
    ¿Qué pasa con China? Entre el gigante asiático y Europa hay grandes diferencias estructurales, pero, en términos históricos, ¿por qué acaba siendo tan diferente de Europa Occidental? Al remontarse hacia atrás en la historia se observa que las cosas no son tan distintas. Según el Xunzi, un texto chino antiguo de filosofía, el rey es un barco y el pueblo es el agua que puede hacer que flote o que se hunda. Esto es lo que implica la rendición de cuentas. Lo que sucede en China es que el auge de la primera dinastía, la dinastía Shing, suprime este modelo de gobernanza. Shang Yang dice que cuando el pueblo es débil, el estado es fuerte. Por tanto, el estado, que conoce el camino, el tao, intenta debilitar al pueblo para fortalecerse a sí mismo. Así se crea un estado déspota, que es lo que es China desde hace 2.000 años. China cayó en este equilibrio despótico y esa situación se ha consolidado allí.
    Eso es muy distinto a lo que sucede en otras partes del mundo, como Yemen o el África subsahariana. En Nigeria, el pueblo Tiv era una sociedad sin estado porque temían a la hegemonía del estado. Ese temor domina tanto a la sociedad Tiv que hace que sea casi imposible construir cualquier jerarquía política. Los contratiempos se atribuyen a la brujería y esas acusaciones se utilizan para mantener el carácter igualitario de la sociedad Tiv. Cualquiera que se creyese demasiado importante y tratase de ejercer el poder corría el riesgo de que se le acusara de brujería. Los tiv desconfiaban del poder, lo que dio lugar a un sistema en el que las instituciones se basan en un principio de herencia e igualitarismo.
    Se puede crear una jerarquía, pero ¿cómo controlarla? Lo difícil es encontrar el equilibrio entre la falta de confianza y las ventajas que garantizan los estados. Muchas sociedades no lo han conseguido porque penetrar en ese pasillo estrecho es muy difícil.
    Hay tres constelaciones de relaciones estado-sociedad que tienen consecuencias muy distintas para la libertad. El estado puede dominar la sociedad, pero la sociedad también puede dominar al estado. Cuando cayó el muro de Berlín, se pensó que todo el mundo se iba a pasar a la democracia liberal, pero la pauta histórica no es la convergencia sino mantener la divergencia, como se aprecia en Yemen.
    Shang estaba equivocado. Sus ideas valen para explicar la deriva China, pero los estados más fuertes son los que tienen las sociedades más fuertes, porque esas sociedades pueden obligar a los estados a rendir cuentas, a que defiendan los intereses colectivos. Esto no puede pasar en China.
    Conseguir el Leviatán encadenado no tiene que ver con el diseño constitucional o de contrapesos. Es un proceso. EE. UU. no es como es por un documento que pudiera redactar Madison en Filadelfia. Su contenido hay que implementarlo, hay que creer en él. América hizo lo que hizo porque el poder estaba en manos de la sociedad.
    La libertad exige un cambio social. La libertad positiva tiene que ver con animar a las personas a hacer cosas, permitir que tomen decisiones. En las sociedades que no cuentan con un estado central, proliferan las normas sociales para conseguir imponer el orden, pero eso es la jaula de las normas, que impide conseguir la libertad, por ejemplo, el sistema de castas en la India o la servidumbre en Europa.
    La idea de la libertad no tiene nada de occidental. A los Tiv les interesa mucho la libertad. Este anhelo de libertad es inherente al ser humano. Hay muchos tipos de sociedades en el pasillo entre las que hay grandes diferencias, ricas y pobres, el pasillo es muy heterogéneo porque las sociedades han tenido que resolver muchos tipos distintos de problemas históricos.
    42 min
  • ¿Por qué en algunos países florece la libertad y en otros el autoritarismo? James Robinson, english version
    El 29 de octubre de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia “¿Por qué en algunos países florece la libertad y en otros el autoritarismo?”, impartida por James E. Robinson, Reverend Dr. Richard L. Pearson Professor of Global Conflict Studies, University Professor y director del Pearson Institute de la Universidad de Chicago, con motivo de la presentación de su libro “El pasillo estrecho”.
    Según el profesor Robinson, los seres humanos quieren vivir en libertad. John Locke entiende que la liberad es un estado en el que las personas pueden actuar y disponer de sus posesiones sin tener para ello que depender de otras personas o pedirles permiso. Vivir en libertad es una aspiración del ser humano. La libertad, sin embargo, se define de una forma u otra dependiendo del lugar del mundo en el que viva una persona.
    Si todo el mundo aspira a vivir en libertad, ¿por qué falta tanta libertad en el mundo? La libertad escasea cuando un estado muy poderoso domina a la sociedad, por ejemplo, China en la actualidad. Allí, el gobierno ha colocado miles de cámaras por las calles, en un sistema tremendo de control de la sociedad que nos recuerda al Gran Hermano de Orwell que nos está observando. El estado chino es un estado que no tiene que rendir cuentas ante la sociedad con la capacidad tecnológica que tiene para erradicar la libertad.
    En otras partes del mundo, el estado no tiene ese tipo de presencia mayúscula. Su presencia es mínima, pero eso no garantiza la libertad. Es el caso de Yemen. El estado casi no existe allí, ni domina a la sociedad, que está organizada en sus tribus, clanes y redes. El estado no controla Yemen, pero allí tampoco hay libertad.
    El sociólogo Max Weber define al estado como la comunidad humana que se hace con el monopolio de la violencia en un territorio concreto. En China tiene ese monopolio y lo ejerce, pero en Yemen el monopolio de la violencia está en manos de la sociedad. Esa situación yemení tampoco da lugar a la existencia de libertad, por dos razones. La primera tiene que ver con lo que dice Hobbes en ‘Leviatán’, esto es, que una sociedad sin un estado quiebra porque se producirá una situación de guerra. La guerra es un temor continuo, un peligro de perder la vida, una vida que resulta solitaria, desagradable y corta. Esto no permite que la libertad florezca. En este contexto, en Yemen y en otras sociedades parecidas, surgen normas para impedir que haya guerras, pero esas normas también obstaculizan la libertad, constituyen la segunda razón que impide su surgimiento.
    Lo que permite que aparezca la libertad y que florezca es la existencia de un equilibrio entre estado y sociedad. En Yemen hay una sociedad fuerte y un estado débil, con lo que no hay libertad. En China hay un estado fuerte y una sociedad débil, con lo que tampoco hay libertad. En medio de este pasillo estrecho emerge un equilibrio entre estado y sociedad, que compiten entre sí y, al hacerlo, esa competencia impulsa a ambos para que sean fuertes y estén en equilibrio. La libertad surge en ese pasillo gracias al equilibrio entre estado y sociedad. Fuera de él se restringe la libertad. Cuando hay equilibrio entre estado y sociedad emerge el Leviatán encadenado con grilletes.
    Desde esta perspectiva, ¿por qué hay más libertad en Europa del norte y en Norteamérica? Para responder a esta cuestión hay que acudir a la historia y remontarse mucho tiempo atrás hasta el imperio romano. El historiador romano Tácito intentó comprender por qué los romanos nunca consiguieron conquistar a los pueblos germanos, y la respuesta la halló en las instituciones germanas. Entre ellos, los asuntos menos importantes los debatían sus jefes y los resolvían ellos mismos, pero los asuntos importantes se debatían en la asamblea de la tribu. Este es un modelo muy participativo de gobernanza. Cuando se produce la caída del imperio romano, los germanos y los francos fusionan este sistema con las instituciones romanas, es decir, el derecho, la iglesia, etc., pero sigue siendo un modelo de gobernanza muy participativo. La fusión fue promovida por Clodoveo, el rey de los merovingios.
    Clodoveo también promulgó la ley sálica. Él, probablemente, no sabía leer ni escribir, así es que para redactarla se hizo con los servicios de cuatro abogados romanos que venían de la otra parte del Rin. Los abogados se reunieron con las asambleas, hablaron de los casos y sus soluciones y redactaron la ley. Esto no es una imposición autocrática, sino un proceso de codificación ascendente que se remite a las tradiciones de los merovingios.
    La diferencia entre Europa occidental y del norte con el resto de países son esas asambleas, que vuelven a resurgir en su historia. En el siglo XIII se firma en Inglaterra la Carta Magna, un documento constitucional que intenta definir los derechos del rey y su responsabilidad. La Carta Magna se firma en Runnymeade, un prado cerca de Londres que es un lugar muy simbólico porque era el lugar en el que se celebraban los wheatons, esto es, la versión inglesa de las asambleas germánicas. La Carta Magna no trae la libertad en sí misma, pero el proceso acaba cuajando en el parlamentarismo y la democracia. El rey Juan firma porque le obligan los barones. La Carta Magna, sin embargo, no solo les da derechos a ellos, sino también a los villanos, a los siervos. Con ello se sentaron los cimientos de algo muy distinto.
    A principios del siglo XVIII se construye el estado fiscal moderno en Inglaterra, a partir de una administración que funciona desde 1690. El estado intenta hacer un seguimiento de las cosas como nunca antes lo había hecho, generando así la reacción de la sociedad. Charles Tilly explica el nacimiento de la democracia a partir de ahí. La expansión del estado traslada la lucha popular de lo local a lo nacional, es lo que Robinson denomina el efecto de la reina roja. Se intenta conseguir la libertad y para ello hay que domeñar a la reina roja.
    ¿Qué pasa con China? Entre el gigante asiático y Europa hay grandes diferencias estructurales, pero, en términos históricos, ¿por qué acaba siendo tan diferente de Europa Occidental? Al remontarse hacia atrás en la historia se observa que las cosas no son tan distintas. Según el Xunzi, un texto chino antiguo de filosofía, el rey es un barco y el pueblo es el agua que puede hacer que flote o que se hunda. Esto es lo que implica la rendición de cuentas. Lo que sucede en China es que el auge de la primera dinastía, la dinastía Shing, suprime este modelo de gobernanza. Shang Yang dice que cuando el pueblo es débil, el estado es fuerte. Por tanto, el estado, que conoce el camino, el tao, intenta debilitar al pueblo para fortalecerse a sí mismo. Así se crea un estado déspota, que es lo que es China desde hace 2.000 años. China cayó en este equilibrio despótico y esa situación se ha consolidado allí.
    Eso es muy distinto a lo que sucede en otras partes del mundo, como Yemen o el África subsahariana. En Nigeria, el pueblo Tiv era una sociedad sin estado porque temían a la hegemonía del estado. Ese temor domina tanto a la sociedad Tiv que hace que sea casi imposible construir cualquier jerarquía política. Los contratiempos se atribuyen a la brujería y esas acusaciones se utilizan para mantener el carácter igualitario de la sociedad Tiv. Cualquiera que se creyese demasiado importante y tratase de ejercer el poder corría el riesgo de que se le acusara de brujería. Los tiv desconfiaban del poder, lo que dio lugar a un sistema en el que las instituciones se basan en un principio de herencia e igualitarismo.
    Se puede crear una jerarquía, pero ¿cómo controlarla? Lo difícil es encontrar el equilibrio entre la falta de confianza y las ventajas que garantizan los estados. Muchas sociedades no lo han conseguido porque penetrar en ese pasillo estrecho es muy difícil.
    Hay tres constelaciones de relaciones estado-sociedad que tienen consecuencias muy distintas para la libertad. El estado puede dominar la sociedad, pero la sociedad también puede dominar al estado. Cuando cayó el muro de Berlín, se pensó que todo el mundo se iba a pasar a la democracia liberal, pero la pauta histórica no es la convergencia sino mantener la divergencia, como se aprecia en Yemen.
    Shang estaba equivocado. Sus ideas valen para explicar la deriva China, pero los estados más fuertes son los que tienen las sociedades más fuertes, porque esas sociedades pueden obligar a los estados a rendir cuentas, a que defiendan los intereses colectivos. Esto no puede pasar en China.
    Conseguir el Leviatán encadenado no tiene que ver con el diseño constitucional o de contrapesos. Es un proceso. EE. UU. no es como es por un documento que pudiera redactar Madison en Filadelfia. Su contenido hay que implementarlo, hay que creer en él. América hizo lo que hizo porque el poder estaba en manos de la sociedad.
    La libertad exige un cambio social. La libertad positiva tiene que ver con animar a las personas a hacer cosas, permitir que tomen decisiones. En las sociedades que no cuentan con un estado central, proliferan las normas sociales para conseguir imponer el orden, pero eso es la jaula de las normas, que impide conseguir la libertad, por ejemplo, el sistema de castas en la India o la servidumbre en Europa.
    La idea de la libertad no tiene nada de occidental. A los Tiv les interesa mucho la libertad. Este anhelo de libertad es inherente al ser humano. Hay muchos tipos de sociedades en el pasillo entre las que hay grandes diferencias, ricas y pobres, el pasillo es muy heterogéneo porque las sociedades han tenido que resolver muchos tipos distintos de problemas históricos.
    42 min
  • Una gran estrategia para España: las reformas que nuestra nación necesita
    El 6 de octubre de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia de Jesús Fernández-Villaverde, catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania, titulada “Una gran estrategia para España: las reformas que nuestra nación necesita”.
    En los últimos 50 años, señaló Fernández-Villaverde, no nos hemos preparado para la siguiente crisis por lo que cuando ha llegado, nos hemos encontrado en una situación muy delicada. La nueva crisis ya ha venido, aunque se ha producido desde una nueva perspectiva que nadie pensaba. En mayo del año pasado creía que la crisis podría proceder más de la escalada de un conflicto, como el de Rusia y Ucrania o el de Estados Unidos y Rusia. Lo triste de esta crisis es que nos ha pillado desprevenidos y, además, nos ha golpeado más que a otros países de nuestro entorno.
    En la crisis del COVID, España es el país que ha perdido más PIB. La caída ha sido mayor que la de Alemania, el Reino Unido e, incluso, Italia. También ha caído más de lo que lo han hecho los países que han conseguido los grandes éxitos de la gestión sanitaria, como Corea del Sur o Taiwán. También hemos tenido más muertes por millón de habitantes que nadie, excepto Bélgica, según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad. Pero si observamos los datos de defunción, se aprecia que se han producido 50.000 más que en años anteriores. Esto nos pondría por delante de Bélgica. Así es que España es el país que ha perdido más PIB y que ha tenido más muertes per cápita.
    ¿Esto es consecuencia de la mala suerte o de malas políticas? Si fuera solo la crisis sanitaria, sería un caso de mala suerte. Pero una y otra vez tenemos peores resultados que nuestros vecinos. Por ejemplo, tenemos el paro juvenil más alto de Europa. También las tasas de fracaso escolar más elevadas. Carecemos de universidades punteras. No se invierte suficiente en investigación y desarrollo. Por tanto, incluso si la crisis hubiese sido causada por otro motivo, España seguiría estando en una situación económica muy delicada. En febrero, las cuentas públicas ya estaban muy deterioradas, la productividad está estancada desde principios de los 80, hay problemas con el sistema financiero, las exportaciones están muy poco diversificadas y no son de alto valor añadido. Lo que sucede es una consecuencia de malas políticas.
    Hasta ahora, nos ha salvado la Unión Europea. Salimos de la crisis financiera gracias a la política del BCE y a la ayuda del Mecanismo Europeo de Estabilidad. En la UE no hubo reconocimiento del pseudo referéndum del 1-O de Cataluña. En estos momentos, la situación no es desesperada porque estamos esperando que lleguen fondos europeos. Pero que otros nos saquen las castañas del fuego no es un futuro sólido. Nadie sabe qué va a pasar con Alemania en 2030, cómo será entonces el canciller. Lo que es quizás más grave, podemos llegar a la situación de que Europa nos diga que hasta aquí hemos llegado y no nos presten más ayuda.
    España necesita una gran estrategia de futuro fundamentada en un gran consenso social y político. Hay que ser capaz de alcanzar un acuerdo con el 60-70% de la población, con doscientos o más diputados, para que esta estrategia tenga continuidad de futuro. El problema es que anteriores reformas al no estar construidas sobre el consenso cayeron al cambiar el gobierno. Para estructurar esa estrategia, Fernández-Villaverde expuso una serie de ideas que, según dijo, son su segunda o tercera preferencia, pero que son las que permitirían poder alcanzar ese consenso.
    Una gran estrategia es el arte de reconciliar medios y fines. Un país que quiera tener un futuro debe contar con una estrategia. España lleva mucho tiempo sin ella. Quizá sea porque nos encerramos en nosotros mismos tras perder nuestro imperio. El problema es que esta actitud nos ha costado mucho en el pasado y nos está costando mucho ahora. Edmund Burke dice que un Estado sin los medios para el cambio es un Estado sin los medios para su preservación. Si queremos mantener todo lo que hemos conseguido en los últimos cuarenta años, debemos tener la capacidad de pensar que cosas que funcionaban en los 80 hoy o funcionan igual, que puede haber instituciones que se haya quedado atrás.
    Una gran estrategia consiste en fines, medios y tácticas. Queros que estén reconciliados los unos con los otros, que tengan sentido.
    En los fines hay que hablar de qué sociedad queremos, qué España queremos en el 2030, el 2040, el 2050. En el artículo 1.1 de la Constitución se dice que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho. Queremos que sea uno de los mejores del mundo, colocar a España en lo más alto de las clasificaciones que miden el Estado social y democrático de Derecho.
    Estado de Derecho significa que estamos sometidos a la regla de la ley y no a la regla de los hombres. También es un Estado que se basa en la garantía y protección de los derechos y libertades de los ciudadanos. Todo lo demás no puede existir si no hay un Estado de Derecho. El país número uno en este sentido es Dinamarca. España está en el puesto 19, pero no es dónde tendríamos que estar. No es una mala clasificación, pero tampoco es para tirar cohetes.
    Vivir en un Estado social quiere decir que el Estado suministra la prosperidad que los ciudadanos necesitan. No tiene sentido hablar de libertad de expresión si no tenemos dinero para comprar libros o periódicos. También necesitamos los bienes básicos para el desarrollo de la dignidad humana, como sanidad o educación. No se trata de que sean servicios públicos. Puede proveerlos el sector privado. Lo que tiene que hacer el Estado es crear las condiciones para que el suministro de estos bienes básicos se cumpla. En el Índice de Desarrollo Humano, que mide estos aspectos, España está en el puesto 25, un puesto mejor que donde debería estar gracias a que la esperanza de vida es muy alta, fruto de la dieta mediterránea y del clima.
    ¿Como es el índice de nuestra democracia? España está en el puesto 16, con una democracia que tiene unas carencias muy importantes. Un Estado democrático de Derecho solo existe bajo el fundamento de una economía de mercado. En libertad económica España cae hasta un preocupante puesto 58. Y hay un marco de negocios que dice lo difícil que es crear empresas, fundaciones. En esto España es el número 30.
    Con la media de rangos, el país que mejor sale es Nueva Zelanda. El segundo es Dinamarca. Tenemos que aspirar a ser como ellos. Dinamarca lo hace bién porque tiene mucha libertad económica. Economía de mercado y Estado del bienestar son complementos perfectos porque la primera permite generar ingresos suficientes para tener un estado del bienestar generoso. Éste permite que la gente invierta, tome riesgos. Como país, tenemos que mejorar en todos los índices anteriores. Da igual en qué clasificación miremos. Las naciones que lo hacen bien lo hacen bien en casi todo. Esto se aplica también al Covid. Nueva Zelanda ha tenido solo 25 muertos en esta crisis.
    Una vez que hemos decidido a dónde queremos ir, tenemos que pensar que tipo de medios necesitamos para que esto ocurra. Los medios instrumentales van a permitir sentar las bases de las reformas que necesitamos. No vamos a poder resolver nada antes de reformar el Estado para incrementar su capacidad. Reformar no quiere decir necesariamente variar el tamaño del Estado, sino conseguir un Estado capaz de hacer cosas, es decir, que cuando tienes una epidemia ese Estado tiene datos para poder afrontarla. La única manera de poder gestionar un estado en el siglo XXI es hacerlo a través de los datos. No tenemos esa capacidad, la capacidad es insuficiente. Por eso, el Estado no puede hacer las cosas que tiene que hacer.
    También necesitamos una reforma de la selección de élites de la Administración Pública, una reforma de la selección de las élites políticas y una reforma de la coordinación territorial.
    La selección de las élites de la Administración Pública debe basarse en los principios independencia, mérito e igualdad de oportunidades. La Administración Pública tiene que ser una administración profesional, que implementa de forma independiente y ajustada a Derecho los objetivos señalados por las Cortes para la Administración nacional y por los parlamentos regionales para las administraciones autonómicas. Ahora, solo el 65% de los altos cargos de la Administración del Estado y el 35% de las autonómicas son nombrados por criterios objetivos.
    En la selección de las élites de la Administración debe primar la igualdad de oportunidades, no solo de género, sino también social, territorial... Debemos diseñar procesos de selección basados en la evidencia empírica, la transparencia y la mejora constante. Habría que crear la autoridad independiente de la Administración Pública, que gestionaría la oferta de plazas, los sistemas de selección objetivos. También habría que crear una agencia de la alta dirección pública, que gestionaría las personas que van a ser nombradas para la dirección de empresas públicas. Portugal e Irlanda, con culturas muy parecidas a la española, han creado instituciones muy similares a esas y mejorado la selección de la administración pública.
    También necesitamos cambiar cómo estamos seleccionando las élites políticas. Por ejemplo, la estructura y funcionamiento de los partidos políticos. Debemos cambiar el sistema electoral, pero con eso no se eliminarán todos los problemas. Se trata de permitir un mayor control de los diputados o senadores por parte de los votantes, de romper el excesivo poder de las cúpulas de los partidos. Debemos reformar el Consejo General del Poder Judicial, que esta controlado totalmente por el Congreso de los Diputados. Para ello, podemos empezar a emplear la insaculación, el uso de sorteos, para llenar cargos y eliminar la lucha política por los mismos, por ejemplo, en la selección de los miembros del CGPJ.
    Finalmente, hay que hacer la reforma de la coordinación territorial. El sistema de las autonomías no tiene mucha claridad y hay gobiernos que no han sido leales a la autoridad central, o que utilizan las autonomías para sus intereses territoriales. Hay que compaginar la estrategia de país y los intereses de la Administración central con los de las administraciones territoriales.
    ¿Qué medios necesitamos? Por ejemplo, tenemos que alcanzar la sostenibilidad del Estado del bienestar, mejorar la educación y el mercado de trabajo, reorientar la estructura de nuestras exportaciones, … El problema es cómo podemos conseguir esto. Una buena táctica podría construirse alrededor de tres elementos. Lo primero es el espacio de las ideas, explicar esto una y otra vez hasta alcanzar un consenso. Si conseguimos dar la batalla de las ideas, tarde o temprano llegan las reformas porque a los políticos no les quedará más remedio que hacerlas si esas ideas han llegado a la gente y la gente las pide.
    Luego está la sociedad civil, que es donde España más falla. Por ejemplo, es muy difícil conseguir donaciones para una fundación, o para otras iniciativas. Tenemos que ser nosotros, como ciudadanos, los que tomemos la iniciativa, no los políticos. No podemos vivir en una sociedad donde creemos que la única solución es el BOE.
    Finalmente tenemos el problema de la actuación política. Si somos capaces de convencer a una pequeña fracción de diputados de estas reformas que necesitamos, podremos conseguir cambios.
    49 min
  • Conferencia Magistral de Arancha González. Transtalantic Conference, versión en castellano.
    El Belfer Center for Science and International Affairs de la Harvard Kennedy School y la IE School of Global and Public Affairs se han unido a la Fundación Rafael del Pino para impulsar el diálogo sobre las relaciones transatlánticas. En este sentido, el 2 de julio de 2020, tuvo lugar a través de la plataforma online www.frdelpino.es, el encuentro titulado “Redefiniendo la seguridad trasatlántica inclusiva en la era Covid.”
    31 min
  • Conferencia Magistral de Arancha González. Transtalantic Conference, english version
    El Belfer Center for Science and International Affairs de la Harvard Kennedy School y la IE School of Global and Public Affairs se han unido a la Fundación Rafael del Pino para impulsar el diálogo sobre las relaciones transatlánticas. En este sentido, el 2 de julio de 2020, tuvo lugar a través de la plataforma online www.frdelpino.es, el encuentro titulado “Redefiniendo la seguridad trasatlántica inclusiva en la era Covid.”
    31 min
  • La hora de la ciencia y la tecnología. 10 tecnologías para impulsar España. Javier García
    El 16 de junio, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia “La hora de la ciencia y la tecnología. 10 propuestas para impulsar España”, de Javier García, catedrático Rafael del Pino y catedrático de Química Inorgánica y director del Laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante, con motivo de la presentación del informe “10 tecnologías emergentes para impulsar España”.
    Javier García explicó que la Cátedra Rafael del Pino de Ciencia y Sociedad nace para construir una España mejor, basada en el conocimiento. El objetivo de la Cátedra es difundir la ciencia, contar como desde la ciencia y la tecnología podemos resolver algunos de los grandes problemas de nuestro tiempo. También pretende fomentar la vocación científica temprana, incluida la de las mujeres, para lo que hay que poner en valor jóvenes investigadores. No podemos permitir que sigan cayendo las vocaciones en ciencia y tecnología si queremos tener una sociedad del conocimiento.
    El informe pretende identificar las tecnologías que tienen la mayor capacidad para aumentar la competitividad de la economía española. Son tecnologías que tenemos a nuestro alcance bien porque seamos líderes en ellas, bien porque tengamos empresas. Esas tecnologías son claves para construir una economía más diversificada y compleja.
    En la economía española tienen un papel muy importante el turismo y los servicios, las exportaciones de automóviles y de componentes de automoción, la industria química y el sector farmacéutico. Cuando se analiza con más detalle el mapa de exportaciones españolas y se representa según el grado de complejidad de los sectores, muchos de nuestros sectores clave tienen un grado de complejidad relativamente bajo. Esto nos pone en riesgo frente a otros países y empresas, porque ahora otros pueden competir. También supone un riesgo para el empleo. Por ello, el informe pretende identificar las tecnologías que permitan aumentar la complejidad de los sectores clave de la economía española.
    El Foro Económico de Davos publica todos los años el índice de competitividad. En él, nuestro país ocupa una posición media, en torno al puesto 25-30. Estamos bien valorados en infraestructuras y sanidad, pero en sistemas de innovación estamos mucho peor, lo que sin duda es una amenaza. Por eso, el informe parte del análisis del caso español, con aquellas tecnologías que pueden mejorar la competitividad de la economía, partiendo de la inquietud de querer construir un país más basado en el conocimiento.
    Esas tecnologías son diez. La primera es la inteligencia artificial. La inteligencia artificial está transformándolo todo. En 2009, la mayoría de los sectores estaban incorporando la inteligencia artificial al desarrollo de producto, al marketing, a la fabricación. La tendencia ha ido a más en los últimos años. España tiene una enorme fortaleza en este campo porque cuenta con algunos de los mejores expertos del mundo. Sin embargo, este potencial académico no se ve traducido en número de patentes y de empresas que estén liderando la capitalización de todo este conocimiento. España tiene una estrategia nacional para inteligencia artificial, pero los países que tienen estrategia propia responden de forma más eficaz. Hay muchas instituciones que están apostando por la inteligencia artificial.
    La segunda tecnología, la edición genética, está perfectamente imbricada en la historia de España. El mayor descubrimiento de este siglo en este terreno, la técnica CRISPR, lo realizó el investigador del departamento de Fisiología, Genética y Microbiología de la Universidad de Alicante, Francisco Juan Martínez Mojica. La técnica consiste en consiste en introducir un ‘vector’, un virus bacteriano que contiene un segmento específico de ADN. Esto permite modificar cualquier animal o planta, lo que abre muchísimas posibilidades. Este mercado aumentara a un ritmo del 18% anual durante los próximos años. La técnica ha despertado el interés de muchísimas startups que ya están capitalizando este descubrimiento. En este terreno, España destaca en artículos académicos, pero en patentes y nuevas empresas la importancia de nuestro país es mucho menor. El reto es traducir esa labor académica en empresas.
    La seguridad digital constituye otra de las áreas clave. En un mundo interconectado y dominado por internet, es muy importante dar seguridad a toda la transferencia de datos muy privados. Esta es una industria muy consolidada en la que España presenta importantes fortalezas. Se espera que para 2026 el mercado tenga un valor 270.000 millones de dólares. Las empresas que no se están protegiendo corren el riesgo de sufrir ataques, brechas, que ocasionan pérdidas de más de 500.000 millones de dólares. La seguridad digital no es un lujo sino una necesidad para evitar brechas de seguridad. Tenemos grandes capacidades en este sector.
    Internet de las cosas es otra de las tecnologías clave. Lo vemos en algunos sectores clave para la economía. En 2015 suponía una inversión de 10.000 millones de dólares. En 2020 llega a los 40.000 millones. Adopción de la inteligencia artificial ha hecho que el internet de las cosas tenga un crecimiento exponencial en productos, servicios y aplicaciones internas. Europa puede perder este año su posición de liderazgo a manos de Asia en todo lo referente a este ámbito. España es líder por número de patentes, en línea con el tamaño de nuestra economía.
    Materiales fotoactivos avanzados suponen una mejora clarísima de las células fotovoltaicas. Los avances más prometedores, con eficiencias muy altas, y diseños sostenibles medioambientalmente. Ello ha provocado una reducción del precio del kilovatio/hora en la última década que ha sido espectacular. El precio ha caído en torno a un 80%. Esto ha sido posible gracias a la utilización de materiales fotoactivos avanzados, que permiten producir la electricidad a un coste más reducido. Existe una enorme esperanza en las energías renovables porque el precio del kilovatio/hora ya es plenamente competitivo en relación con otras fuentes de electricidad. Con inversión y decisión política pueden formar una parte importante de nuestro mix energético. En este terreno, Europa partía de posición superior a la de Estados Unidos y solo era superada por Asia. Pero esa posición de liderazgo la podemos perder con EEUU y con China, que va a conseguir capacidades instaladas muy superiores a las que tenemos en Europa.
    La energía distribuida tiene que ser parte de nuestro sistema eléctrico, para generar la electricidad mucho más cercana al consumo final, lo que permite reducir la demanda durante las horas de sol. También permite almacenar esa corriente que se genera en momentos de no máxima demanda para aplanar los picos de oferta y demanda. Esto mejora la eficiencia energética ya que disminuye las pérdidas que se originan en su transporte. Probablemente, continuará aumentando de forma muy importante la instalación de capacidad fotovoltaica distribuida.
    Datos de satélite para toma de decisiones son otra de esas tecnologías vitales. Economía espacial global supone más de 300.000 millones de dólares. Esta detrás de la televisión pero emerge también con nuevas perspectivas en muchos otros sectores como la observación de la tierra o los pequeños lanzadores. Más de 80 países, entre ellos España, cuentan ya con satélites propios. La economía espacial en España engolaba 2.500 profesionales y 40 empresas.
    Las nuevas tecnologías para combatir el envejecimiento son otro elemento importante. Cuando empezamos a envejecer se producen cambios en el organismo. Esta tecnología supone una oportunidad. En España está aumentado el número de publicaciones científicas. Es un área emergente, y también un área clínica, en la que ya se están produciendo ensayos clínicos sobre tecnologías específicas para combatir el envejecimiento. Tenemos algunos de los mejores científicos y centros. Esta tecnología también es una oportunidad para el turismo de salud de alto valor añadido.
    Las energías renovables dependen de la capacidad de almacenar la energía que se genera. Ahora la almacenamos mediante bombeo del agua para subirla a las presas hidráulicas y una pequeña parte mediante baterías y sistemas térmicos. Las principales alternativas han evolucionado de forma significativa, con sistemas electroquímicos de almacenamiento, especialmente baterías de ion litio. Se están desarrollando nuevas tecnologías basadas en tecnologías más abundantes que el litio para el almacenamiento.
    El blockchain, o la cadena de bloques, consiste en dividir la información en bloques. Esta tecnología es una gran realidad, en la que lideran fundamentalmente Estados Unidos y China, con el 50% del sector mundial. En Europa lidera el Reino Unido, que tiene la mitad del sector europeo. Las criptomonedas son el sector de blockhain de mayor crecimiento que, sin duda, incluye oportunidades de negocio.
    Todas estas tecnologías se pueden clasificar en tres grupos. El primero es el grupo de las tecnologías digitales, con la inteligencia artificial, la seguridad digital, el internet de las cosas, los datos de satélite y el blockchain. El segundo es el de la energía, con los materiales fotoactivos avanzados, la energía distribuida y las energías renovables. El último es la biomedicina, con la edición genética y las nuevas tecnologías para combatir el envejecimiento.
    Por último, hay que referirse a la pandemia. El Covid no es una sorpresa porque desde los 70 hemos tenido virus que nos han sacudido con periodicidad recurrente. En esta ocasión, tanto la velocidad de contagio como la tasa de mortalidad son bastante elevadas y han tenido impacto sobre nuestras vidas y nuestra economía. España ha tenido un papel protagonista en la investigación contra el Covid-19. Están realizándose 58 ensayos clínicos con más de 59.000 pacientes. La enfermedad ha tenido un impacto clarísimo en la economía y en el mercado laboral, con el descenso de afiliaciones a la Seguridad Social. Ha afectado a los sectores de fabricación, transporte y turismo y la pérdida va a ser difícil de recuperar. Eso tendrá efecto en las cuentas públicas. El reto es mantener el dinero destinado a investigación y sanidad. Salir de la crisis depende mucho de cómo se va a propagar el virus y como se va a hacer la salida. España está más dañada por falta de tecnología y por la dependencia del turismo.
    El informe del Foro Económico de Davos dice que España está en innovación por debajo de los países de nuestro entorno. Tenemos que trabajar mucho para mejorar nuestra situación. Por eso, ahora no se pueden recortar los fondos destinados a la inversión en I+D, como se hizo en 2009. El país estará mejor preparado si volvemos a invertir en ciencia y tecnología, pero de una forma inteligente en la que se involucren más la administración pública y la empresa privada.
    Se dice que quien desconoce la historia está condenado a repetirla. Nuestro problema como país no es desconocer nuestra historia, sino que no hemos imaginado nuestro futuro.
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  • La tecnología y la pandemia del COVID-19. Mauro F. Guillén
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 11 de junio de 2020, la conferencia de Mauro F. Guillén, catedrático de Dirección Internacional de Empresas en la Wharton School, titulada “La tecnología y la pandemia del COVID-19.
    El profesor Guillén comentó que muchos expertos, así como los medios de comunicación, han empezado a crear mitos sobre esta pandemia. Hablan de que vamos al final del desplazamiento al trabajo, de la extinción del comercio minorista y del colapso de la globalización. Pero esto son mitos. ¿Qué ha pasado en esta crisis?
    Si se analiza la evolución de la confianza del consumidor durante la crisis, se observa que se produjo un descenso muy súbito de ella tanto en Estados Unidos como en China a raíz de la pandemia. En las últimas semanas, sin embargo, se ha producido un ligero repunte en Estados Unidos. En China parece que también, aunque luego ha habido una recaída. Pero lo destacable es que, incluso en su punto más bajo, no se llegó a los niveles que se alcanzaron hace doce años durante la crisis financiera global, o hace cinco años cuando China sufrió ciertos avatares. Esta vez no ha caído tanto. En la Unión Europea y Japón también se produjo una caída y una cierta recuperación en las dos últimas semanas, pero, en estos dos casos, la caída ha sido similar a la que se produjo en 2008 y, en Europa, en 2012 durante la crisis de la deuda soberana.
    ¿Cómo explicar ese comportamiento en Estados Unidos y China? Uno de los argumentos es que el Gobierno y los bancos centrales han actuado con muchísima celeridad. Pero también hay otra hipótesis y es que algo ha cambiado con anterioridad a la pandemia en la conducta del consumidor y quizá el comercio electrónico ha tenido algo que ver con ello. El consumidor ha podido seguir consumiendo y los trabajadores han podido seguir desempeñando sus funciones desde el hogar gracias a la tecnología.
    ¿Hasta qué medida la tecnología va a cambiar cómo operan las empresas tanto hacia dentro como hacia afuera? Hay cuatro grandes temas que van a suponer cuatro grandes áreas de actuación dentro de las empresas y en sus relaciones con clientes y con proveedores. Estas tendencias van a continuar más allá de la pandemia y se refieren a la cadena de suministros de la empresa, la automatización de sus actividades, el trabajo remoto y el comercio digital.
    Una encuesta a los directores financieros de las empresas estadounidenses, que son los que saben lo que sucede en la empresa, decían al inicio de la pandemia que hay que cambiar la seguridad en el trabajo, acomodar el puesto de trabajo para adaptarlo al distanciamiento social y es posible que haya que introducir turnos alternativos de trabajo. Cuando se les pregunta si después de la pandemia se va a poner más énfasis en el trabajo remoto, casi la mitad de los encuestados piensa que va a ser una opción permanente. El 40% piensa que las tendencias a la automatización y a las nuevas formas de trabajo van a seguir. Casi la tercera parte piensa que también va a haber un impacto significativo sobre la utilización de edificios.
    Respecto a las cadenas de aprovisionamiento, el 71% ha visto una disminución del volumen de producción, el 60% constata retrasos en el transporte entre distintos segmentos y el 49% indicha que se han producido demoras desde que el producto entra en el puerto hasta su llegada a los consumidores. El 42% de los encuestados asegura que las cadenas de valor van a cambiar a raíz esta crisis y el 29% estima que es posible que lo hagan.
    ¿Qué tipo de inversiones van a ser necesarias en el futuro? El 26% de los encuestados considera que serán necesarias inversiones en activos, el 33% en empleados, para reposicionar a algunos y contratar a otros, y el 67% en tecnología a lo largo de la cadena de aprovisionamiento.
    Esta pandemia ha expuesto algunos de los problemas básicos que existían con las cadenas de valor. Por ello, las empresas ven en esta situación oportunidades para hacerlas más eficientes, más resistentes ante choques externos como esta pandemia.
    ¿Qué va a ocurrir con las cadenas de valor? Va a suponer un abandono parcial del principio del just in time. Vamos a caminar hacia el principio de just in case, el principio de por si acaso. Va a haber más inventarios, las empresas van a buscar un nuevo equilibrio entre eficiencia y resistencia ante disrupciones importantes. Esta crisis va a acelerar este equilibro, pero no es algo nuevo. Hay dos precedentes históricos recientes.
    El primero fue en 2011, con el tsunami de Japón, que causó un colapso de las cadenas de aprovisionamiento en Japón. Las empresas se vieron obligadas a parar la producción. Semanas después el parón se manifestó en Estados Unidos, Europa y otros países asiáticos. Muchas empresas empezaron a replantearse sus cadenas de valor, que deberían estar más diversificadas y ser más cortas en distancia geográfica. Esta situación afectó a la industria automóvil, pero no mucho a otros sectores. En 2018-19 vino la guerra comercial entre Estados Unidos y China. En algunas categorías de bienes, China fabrica el 50% de la producción mundial. Pero la imposición de aranceles incrementa los costes. Esto invita a las empresas a replantearse sus estrategias, pero no hubo un regreso de esas actividades a Estados Unidos, sino que se produjo un desvió hacia otros lugares de manufactura industrial. El mayor beneficiario fue Taiwán, seguido de Vietnam, México y otros países de Europa del Este. En estos episodios las empresas aprendieron que cadenas de valor expuestas a todo tipo de riesgos.
    También vemos un mayor uso de la tecnología. Va a haber más inversión en automatización de almacenes. Esta pandemia crea unos incentivos muy fuertes para la automatización. Va a afectar al sector de servicios y va a seguir en el sector industrial. La nueva gran frontera de la automatización se va a manifestar en el sector servicios, que ha estado muy tocado por las medidas de confinamiento y distanciamiento, que van a tener que mantenerse durante varios meses o años. También hay que centrarse en los trabajos de cuello blanco, en donde la automatización va a seguir hacia arriba y se va a intensificar a raíz de esta crisis.
    Por lo que se refiere al trabajo remoto, antes del COVID-19 el 37% de los empleos en Estados Unidos podían ser desempeñados de forma remota. Un 3% de los trabajadores trabajaban remotamente. En los países escandinavos llegaba hasta el 23% de la población ocupada. Durante el COVID, el teletrabajo ha crecido muy rápidamente en Estados Unidos, aunque luego seguramente va a bajar, sobre todo porque no es ideal trabajar desde el hogar para conseguir los objetivos de la empresa, pero no va a caer al nivel del 3%. El techo del 37% va a destrozarse hacia arriba gradualmente. La empresa va a reestructurar puestos o eliminarlos para crear otros que puedan desempeñarse en remoto. El lugar de trabajo en el 84% de los casos es el hogar. El 8% acude a espacios de cotrabajo cerca de su domicilio y el 4% teletrabaja desde el bar. Algunos expertos creen que el cotrabajo va a crecer porque la gente va a ir a esos lugares, pero otros creen que no va a funcionar en un mundo con normas de distanciamiento social.
    Hay que diferenciar entre el trabajo remoto y el trabajo inteligente. El trabajo remoto es simplemente buscar un lugar alternativo para él, mientras que el trabajo inteligente consiste en reinventar la manera en la que se trabaja. La tendencia en las empresas es a combinar las dos localizaciones y a pensar en equipos de trabajo virtuales que puedan estar en distintos lugares del mundo. Esto sería lo ideal, siempre y cuando sea ventajoso para la empresa y el empleado. La tercera tendencia es como podemos emplear las herramientas digitales para aumentar la productividad y la creatividad. Algunos estudios apuntan a que la productividad no crece con el teletrabajo, lo que no es bueno desde el punto de vista de la competitividad.
    En las primeras semanas de confinamiento hemos visto un crecimiento muy acelerado de las plataformas que nos permiten aprender de forma remota, de las plataformas digitales para jugar, del comercio electrónico. Tecnologías como inteligencia artificial, blockchain, realidad virtual, impresión 3-D, etc. son más interesantes para las empresas que antes de la crisis. La pandemia va a acelerar su despliegue. Puede verse en los siguientes ejemplos.
    Shopify compite con Amazon, pero se concentra en ser un área en la que otras empresas pueden anunciar sus productos y servicios. Durante la crisis, la cotización de Amazon creció más que el Nasdaq, pero la de Shopify lo hizo más aún porque se dio cuenta de un nicho de mercado de distancia menor de 25 kilómetros que se podía aprovechar. En la pandemia el comercio quedó completamente bloqueado, salvo que fuera esencial. Shopify crea un escaparate de productos y servicios en su plataforma y ayuda a las empresas a realizar envíos, recibir pagos, gestionar comercio el electrónico. Este modelo va a transformarse en un modelo mixto. Las tiendas volverán a abrir, pero conservando el canal digital.
    Otro ejemplo, Spotify. Una pandemia como la actual debería generarle un aumento de la demanda. Se ha beneficiado de un aumento muy elevado en el número de usuarios, pero también ha tenido un problema. Los ingresos por publicidad han caído drásticamente en esta crisis. La empresa se ha visto forzada a tratar de aumentar la tasa de conversión de gratuitos a usuarios de pago, atrayéndolos, por ejemplo, con podcasts. La pandemia es para Spotify una oportunidad de reinventarse con contenidos propios.
    El negocio de Airbnb se ha hundido. Durante la pandemia su prioridad ha sido mantener a los anfitriones conectados a la plataforma organizando eventos en línea, en los que los anfitriones pueden hacer cosas, dar webinars, etc. Esto permite a los anfitriones tener algún tipo de ingreso y a Airbnb le permite mantener la relación con los anfitriones. Permite que se transforme de intermediario que cobra una comisión a una plataforma de estilo de vida.
    Las ventas de Inditex cayeron el 44% en la pandemia. Esto representa una oportunidad para que siga creciendo en su negocio en línea. Un 14% de venta online no es suficiente. Van a cerrar hasta 1.200 tiendas, para acelerar su estrategia omnicanal. La pandemia es una oportunidad para crecer en línea.
    El New York Times antes de pandemia tenía un descenso importante de ingresos de publicidad. La tasa de conversión de la edición impresa a la digital era del 3,5%. Con cinco millones de suscriptores, la edición impresa aún representaba la mitad de los ingresos totales por suscripción y publicidad. En la pandemia hubo más suscriptores de pago a la plataforma, pero se produjo una caída importantísima de ingresos por publicidad en impreso y en la plataforma digital. Esto es una oportunidad acelerar la transformación digital del periódico.
    Las empresas, por tanto, van a acelerar cierto tipo de inversiones, van a profundizar cierto tipo de estrategias que ya tenían que estar adoptando antes de la crisis.
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  • La respuesta económica de la Unión Europea a la crisis del COVID-19. Luis Garicano
    El 26 de mayo de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia de Luis Garicano, eurodiputado y vicepresidente de Renew Europe, titulada “La respuesta económica de la Unión Europea a la crisis del COVID-19.
    Garicano señaló que las pandemias no son algo nuevo en la historia. Las hemos tenido en el pasado. Por ejemplo, la Plaga de Justiniano, que afectó al imperio bizantino y a otras partes de Europa, Asia y África entre 541 y 543; la Peste Negra, que afectó a Europa y Asia; la Plaga Italiana, de 1629-1631, o la Gripe Española. Lo bueno que tiene, en este caso, la crisis del Coronavirus es que el capital físico no se ha destrozado y las pérdidas en capital humano son relativamente pequeñas.
    Esta pandemia también es bastante especial por otra razón. En una guerra, nunca se le pide a la gente que se quede en casa, ni se reduce voluntariamente la producción. Todo lo contrario. En Estados Unidos, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial las mujeres salieron masivamente para incorporarse a trabajar y no detener la producción.
    El virus tiene un aspecto económico interesante que es la idea de la externalidad. Una externalidad se produce cuando se toma una decisión que tiene consecuencias para los demás, pero que no se pone precio a esas consecuencias. El salir a la calle en una epidemia es un caso de externalidad que tiene un coste importante. Por ejemplo, cuando los jóvenes salen despreocupadamente a la calle, sin mascarillas, sin preocuparse de contagiar o contagiarse. Pero también, si uno quiere estar protegido, puede ir en la dirección contraria y decir prefiero contagiarme antes que después, lo que puede llevar a que la gente salga más. La cuestión es que la gente no internaliza el coste de sus acciones. Por esa razón, el confinamiento se impone desde el gobierno, dada la necesidad de congelar la expansión del virus.
    Esta situación está produciendo una contracción económica. Vemos que la oferta cae, que la gente que no produce se queda en su casa. A causa de ello, cae la demanda, y esto va de vuelta a la oferta. En España, los gastos han caído muchísimo, un 60% el gasto nacional y un 100% el extranjero. Hay actividades que caen muchísimo y otras menos, dependiendo de la composición de la demanda. También hay un impacto en forma de salida de capitales muchísimo mayor que en la crisis financiera. La inversión en los países pobres ha caído muchísimo.
    Las decisiones que han tomado los países para afrontar esta situación económica han tratado de evitar que sea permanente, porque la gente pierde sus ingresos, las empresas se endeudan y todo lleva a un fortísimo incremento de la deuda pública. En España crecerá en más de veinte puntos del PIB, ya que las fuertes caídas de la oferta y la demanda afectan a los ingresos. Si esta situación dura poco, será fácil de gestionar; si dura más, será un problema.
    La clave de la salida reside en cuenta protección contra la enfermedad se mantiene y cuanta gente está expuesta. En este sentido, hay tres escenarios. Si el confinamiento termina en verano, hay distanciamiento social, se viaja menos, hay teletrabajo y se produce un rebrote en otoño que se pueda controlar, la economía repuntará en la segunda mitad del año. El peor escenario sería que el confinamiento volviese en invierto y no se controlara el rebrote. Entonces se produciría otra caída del PIB. Pero si el virus muere, entonces la situación mejorará rápidamente porque todo volvería a la normalidad.
    Las decisiones de política económica que se están tomando tienen unos objetivos claros. Si se deja que la enfermedad siga su curso, es malo para la salud, pero la recesión es más suave. Si se ataca la enfermedad, es bueno para la salud, pero la recesión es más profunda. Teniendo esto en cuenta, el objetivo ha sido que caiga la economía para proteger la salud y que tengamos una recesión en forma de V, como ha pasado en China.
    A partir de ahí se han tomado una serie de decisiones, que vienen explicadas por tres problemas. El primero es que el flujo de renta de los hogares a los negocios se para porque el gasto cae. El segundo es que se detiene también el flujo de sueldos y salarios. Por último, se congelan los préstamos a los negocios. Por ello, lo que hay que hacer es proteger a los trabajadores y sus ingresos, incluso estando en cuarentena y quedándose en casa. Segundo, hay que garantizar la liquidez de las empresas. Tercero, hay que apoyar al sistema financiero para que no se hunda. Son las acciones que se han estado tomando estos meses.
    Los sectores en los que el empleo se ve más afectado son construcción, hostelería, arte y cultura. En los servicios, el efecto sobre el empleo es menor. Y en las industrias primarias y los sectores que pueden funcionar con teletrabajo es todavía más pequeño.
    La crisis tiene impactos muy diferentes en los países dependiendo de cuál sea la estructura económica de cada uno de ellos. En España, el 70% de los trabajos no se pueden realizar desde casa, debido al peso del comercio, el transporte, los hoteles y el turismo. Un país que tiene muchos empleos de ese tipo es un país que sufre más. España, por ello, es el tercer país más vulnerable. Los empleos que más se conservan son los de mayores ingresos. De los de más bajos no se conserva casi ninguno. Por eso, la tasa de desempleo es más alta en los tramos de salarios bajos que en los altos.
    Para proteger a las personas se han adoptado medidas relacionadas con el mercado laboral como las bajas por enfermedad, la ampliación del seguro de desempleo, los subsidios salariales, las medidas de protección del empleo, como los ERTEs y los minijobs, porque se pretende que se mantenga el vínculo entre trabajador y empresa. Así se reducen los despidos y se permite que la relación laboral continúe, pero con el trabajador cobrando de otra parte.
    Un segundo grupo de medidas está destinado a proteger a las empresas, en particular de transporte y a las tiendas. Lo que piden los empresarios es que se les ayude a pagar impuestos, alquileres, cotizaciones sociales. Las pymes se sienten frágiles financieramente; solo tienen dinero para aguantar cerradas mes o mes y medio. Las principales medidas, en este sentido, han sido préstamos, avales públicos para que las empresas puedan acceder al crédito, desgravaciones fiscales y devoluciones de impuestos, incluso más allá de lo pagado.
    La tercera respuesta a nivel global ha consistido en ayudar a los bancos, proporcionándoles liquidez para que puedan apoyar a las empresas con préstamos. Esto ha permitido que haya muchísimo más acceso al crédito.
    Por lo que se refiere a la Unión Europea, ésta tiene tres líneas de defensa. Primero, está la respuesta del BCE, que ha podido actuar con gran agilidad. Los bancos centrales han actuado de manera muy rápida, con medidas muy radicales. El Reino Unido, incluso, permitió que el Banco de Inglaterra financiase directamente a su gobierno. El BCE no puede hacer eso, pero sí está comprando la deuda que emiten los gobiernos. Aun así, esto restringe capacidad para financiar a los gobiernos, porque el banco solo puede adquirir hasta un 33% de cada emisión. Además, el BCE tiene una segunda restricción, y es que en cada programa de compra solo puede destinar a cada país un porcentaje igual al de su participación en el capital del banco.
    Para superar estas restricciones, el BCE puso en marcha un nuevo programa de compra de deuda por 870.000 millones, con validez hasta diciembre de 2020. Si no se hace esto, se puede entrar en una espiral de deuda que podría desembocar en una crisis terrorífica, porque los estados miembros tienen muchas necesidades de préstamo. Se trata de evitar el circulo vicioso en el que unos tipos de interés altos suscitan en los mercados expectativas de impago y, por tanto, de salida del euro, con lo que piden tipos aún más altos. Para evitar esos problemas, el BCE ha creado el programa de compra de la pandemia. El problema es que se va a acabar antes de lo previsto, porque está comprando más deprisa de lo que pensaba. Además, la sentencia reciente del Constitucional alemán ata bastante las manos al BCE, al pedirle justificación sobre los programas anteriores. Esto sume a la política monetaria en una gran incertidumbre.
    La segunda línea es la política fiscal. Las políticas fiscales son nacionales y se coordinan, pero por ser nacionales hay un riesgo de redenominación por subida prima de riesgo. También hay un sesgo asimétrico en política fiscal, con unos países que gastan poco y otros que gastan mucho, con lo cual la coordinación muy poco fluida. Además, la cantidad de actores que intervienen en materia de política fiscal en la UE dificulta la coordinación. El Eurogrupo, por eso, ha tardado un poco más en hacer tres cosas: un programa del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para dotar de liquidez a las empresas, el programa SURE de la Comisión Europea para proteger a los trabajadores y las empresas y el MEDE para financiar programas sanitarios.
    El BEI aporta 21.000 millones en garantías a préstamos para empresas, pero resulta pequeño. El SURE lo financia Europa y presta a los estados miembros, si bien es complicado porque el tratado pone algunos obstáculos. La UE no se puede endeudar mucho. Solo puede gastar el 1,16% del PIB, y un punto más si hay una emergencia. Ya lo está gastando y la financiación la consigue en los mercados con garantía de los países miembros.
    Por lo que se refiere al MEDE, este mecanismo tiene bastante dinero, pero lo presta con condiciones. Por eso, se considera un estigma político el pedir ayuda al MEDE. Se ha puesto un MEDE especial para la crisis con condicionalidad muy suave, con el fin de financiar gastos en costes directos e indirectos de la pandemia. España e Italia se niegan a utilizarla porque quieren fondo de recuperación, sin condiciones, pero no tiene mucho sentido porque hay países que se niegan. Además, entrar en el MEDE tiene un efecto estabilizador sobre los tipos de interés porque BCE puede participar en él. Es lo que ha sucedido con Chipre.
    La tercera línea de defensa es un plan de recuperación y reconstrucción. Los países del norte lo rechazan porque no quieren mutualizar la deuda y tienen cierta razón, porque no tienen capacidad decisión sobre lo que hacen España o Grecia con el dinero. Los tratados europeos también dificultan el conseguir que se compartan las deudas, debido a la obligación de que el presupuesto de la UE esté equilibrado y a la prohibición de rescates a países. Teniendo en cuenta esto, Garicano propone la creación de un fondo europeo para la reconstrucción en forma de préstamos. Se financiaría con una emisión de deuda conjunta de la UE a largo plazo, cuyos intereses se pagarían con nuevos recursos propios de la Unión Europea. Estos procederían de nuevos recursos verdes y digitales.
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  • Coronavirus y economía: grandes retos comunes. Juergen B. Donges
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 20 de mayo de 2020, la conferencia de Juergen B. Donges, Catedrático Emérito de Ciencias Económicas y director del Instituto de Política Económica y del Otto Wolff Institute for Economic Studies, ambos en ubicados en Colonia, titulada “Coronavirus y economía: retos comunes e inusitados”.
    Donges señaló que la crisis económica actual, que tenemos a nivel nacional, europeo y global, eclipsa cualquier otra que hayamos conocido antes por su origen, su profundidad y la dificultad de prever cuando tocará fondo y se iniciará la recuperación. La crisis es completamente diferente a las anteriores porque no ha sido causada por fallos de política económica, sino por una pandemia que aún es difícil de atajar. Aunque en algunos países la curva empieza a ser favorable, la epidemia sigue vigente. Nadie sabe a ciencia cierta hasta cuándo durará y si puede llegar una nueva ola vírica antes de que dispongamos de un tratamiento eficaz o de una vacuna. En este contexto, los economistas piensan que las empresas y los trabajadores entran que convivir con el Covid-19 durante bastante tiempo.
    La pandemia ha generado dos shocks simultáneos: uno de oferta y otro de demanda. El shock de oferta consiste en que las cadenas de valor globales han quedado desarticuladas a causa de las medidas adoptadas de parar la actividad productiva y de las restricciones de importaciones y exportaciones de numerosos productos. En la UE, el Mercado Único ha quedado disuelto, mientras que en el mercado mundial ha aumentado el proteccionismo.
    El shock de demanda se debe a que las medias de las autoridades han restringido notablemente la movilidad de las personas. Esto ha repercutido adversamente en el gasto de las familias en consumo duradero, ocio y turismo. El tráfico aéreo, el marítimo y el ferroviario, se han quedado sin pasajeros.
    Ambos shocks ya están teniendo un impacto sobre la economía mundial en la primera mitad del año. Todas las economías avanzadas están en recesión, afrontan una quiebra de pymes y autónomos, hay sectores como las aerolíneas que luchan por su supervivencia, están produciéndose destrucciones masivas de empleo, está subiendo la deuda pública. Y lo que se ha perdido hasta ahora no se va a recuperar.
    El PIB global retrocederá en 2020 un 3%. En la Gran Recesión la caída fue del 1%. El comercio mundial se ha desplomado el 11%. La recesión es generalizada en todas las economías avanzadas. Para las economías emergentes se prevé un declive menor que en los países avanzados, con un descenso de la actividad hasta el 1%. Para China e India, las previsiones apuntan a un crecimiento moderado y muy por debajo de la media histórica. Para Brasil y México la perspectiva es de una fuerte contracción.
    Si se confirman estas previsiones del FMI, tendríamos una evolución de la coyuntura en forma de V. El supuesto es que la pandemia remitirá claramente a comienzos de verano y que no habrá rebrotes significativos, que entonces se podrán levantar las medidas sanitarias y que las medidas de política fiscal funcionen. En esto caso la recuperación se iniciaría en el segundo semestre y continuaría en 2020. Pero no hay ninguna garantía de que este escenario se cumpla.
    Las cosas pueden ir a peor. Un primer escenario, en este caso, sería un perfil cíclico en forma de U, con la base inferior más alargada si la pandemia perdura más tiempo con repuntes. Esto demoraría la recuperación hasta entrado 2021, con tasas de crecimiento muy bajas. España podría estar en este escenario.
    Segundo escenario se corresponde con un perfil cíclico en L, sin poder determinar la longitud de la base. Si se produjera una nueva oleada, se restringiría la actividad sin ver la luz al final del túnel. Esto sería un verdadero desastre para las empresas, los trabajadores, las arcas públicas y la seguridad social.
    La probabilidad de que el perfil de la crisis sea en V es del 60%, que sea en U es del 30% U, y que sea en L es del 10%. Pero todo está envuelto en una incertidumbre enorme.
    El perfil de la recuperación va a ser distinto según los países. El punto de arranque de la recuperación presentará complicaciones más o menos notables según las medidas adoptadas previamente. A los países que han paralizado toda la economía, como España o Italia, les costará un esfuerzo mayor que a los que han mantenido la producción, aunque a menor escala, como Alemania u Holanda. También influye el peso que tengan en el PIB los sectores golpeados fuertemente.
    De lo que se trata ahora es de conciliar objetivos sanitarios y económicos. Mientras no haya desaparecido el riego de contagio y no haya una vacuna eficaz, es correcto extremar las precauciones. Pero también es correcto iniciar la desescalada si la cifra de personas infectadas evoluciona favorablemente.
    Salvar vidas es muy importante, pero no es lo único en lo que hay que pensar. Los responsables políticos, por eso, van a tener que caminar sobre el filo de una navaja a la hora de ponderar dos objetivos: salvar vidas y salvar la economía como fuente de empleo y bienestar. Si solo se concentran en la pandemia, sometiendo por un tiempo indefinido a la ciudadana a restricciones en su movilidad, en sus actividades, pueden ocasionar grandes daños colaterales en forma de hambre, trastorno familiar, problemas de crecimiento de los niños, etc. Los gobiernos, no obstante, han tratado de responder de la mejor forma posible a este dilema.
    Hay que conciliar el reto sanitario y el económico. Respecto al sanitario, es crucial aprender las lecciones que ha dejado la actual fase del Covid-19. Necesitamos un sistema de alerta preventiva para todos los riesgos de alertas víricas nuevas para contenerla. Necesitamos una red amplia de laboratorios de diagnóstico clínico de alto nivel. Necesitamos una investigación médica intensa sobre enfermedades infecciosas, su tratamiento y cómo frenar su expansión. Necesitamos una reserva sanitaria adecuada en relación con plantillas, aparatos médicos, materiales de protección, camas en hospitales, test, … También es preciso un concepto de actuación política coherente, basado en evidencia científica, con datos fiables y objetivos, sin descargar en los expertos la responsabilidad de los gobiernos en la toma de decisiones. En caso de rebrote, hay que suspender inmediatamente los actuales procesos de desescalada e introducir medidas de contención del virus. Finalmente, es necesaria mucha claridad y transparencia para convencer a la ciudadanía de la necesidad de cumplir con las normas. Si no hay confianza en las instituciones, los llamamientos públicos a los ciudadanos serán inútiles. También sería aconsejable una coordinación firme entre autoridades europeas en vez de la toma de medidas unilaterales.
    El reto económico es un reto doble. Por un lado, hay que evitar un deterioro irreparable del tejido productivo, sin bloquea cambios estructurales que surjan por razones tecnológicas y de mercado. Por el otro, hay que recuperar la confianza de los agentes económicos para que la economía se reactive.
    En la política macroeconómica la lleve ahora está en la política fiscal. Los bancos centrales van a mantener una política monetaria ultra expansiva, de manera que las condiciones financieras seguirán siendo muy holgadas. Los gobiernos han hecho lo que tenían que hacer, que es proveer de liquidez urgentemente a empresas y autónomos. Se trata de evitar despidos y quiebras porque si se produjeran demasiadas quiebras habría efectos negativos sobre el sector bancario. Entre las medidas adoptada caben destacar unos subsidios a fondo perdido para frenar costes fijos, avales a créditos bancaros, reducción de cotizaciones, prestaciones públicas por despidos como los ERTEs, o el aplazamiento en el pago de impuestos. En líneas generales los gobiernos han actuado en esta dirección.
    Para la política fiscal será importante saber en qué ciclo nos vamos a mover. Si el perfil es una V, las medias adoptadas, junto con el funcionamiento de los estabilizadores automáticos, supone un apoyo de la actividad suficiente. No habría que hacer más, porque sería sobreactuar y resultaría contraproducente a medio plazo. Si el perfil es una U o una L, entonces se necesitaría un mayor apoyo fiscal. La forma más eficaz es mediante desgravaciones tributarias a las empresas, incluidas amortizaciones aceleradas, mediante la traslación de pérdidas a ejercicios anteriores en los que se hubieran producido beneficios y promoviendo inversiones publicas en educación, investigación sanidad y estructuras vitales. También hay que reducir los trámites para la creación de empresas.
    Con el consumo no está claro si necesitamos estímulos fiscales o no. La evidencia actual es que los comercios vuelven a atraer clientela. Por tanto, hay gasto de consumo. Pero también observamos una cierta timidez de los consumidores a la hora de incrementar el gasto en bienes duraderos. En este caso, sí caben estímulos fiscales, en particular una reducción temporal del IVA. Pero hay que tener cuidado con la concesión generosa de subsidios o aportaciones de capital a determinadas empresas. Estas ayudas son cuestionables. Además, apoyar a unos implica discriminar a todos los demás. Esto distorsiona la competencia, genera ineficiencias en la asignación de factores y, al final, el remedio puede ser peor que la enfermedad para la economía.
    Puede ser que los gobiernos necesiten también ayuda exterior. En Europa pueden acogerse a los mecanismos que ya tenemos, que están bien dotados y cuyas condiciones de acceso han sido relajadas: MEDE, fondos estructurales de cohesión y Banco Europeo de Inversión. Todo esto lo pueden aprovechar ya los gobiernos. Crear un fondo europeo de reestructuración duraría mucho tiempo y muchos países no estarían de acuerdo. Por eso tampoco hay necesidad de volver al tema de los eurobonos, porque hay tres problemas. Uno, reformar el tratado de la UE y suprimir la cláusula de bail out. Dos, significa mutualizar por ley la deuda pública, lo que crea efectos perversos porque los países no aplicarían políticas presupuestarias rigurosas y demorarían las reformas estructurales necesarias para el crecimiento económico. Tres, que los alemanes tengan que responsabilizarse de las deudas de otros países sin tener ninguna influencia sobre cómo y en que se usa la deuda es inaceptable. Otra cosa sería si todos los países renunciaran a su soberanía nacional en materia presupuestaria para trasladarla a instituciones de la Unión Europea. Pero en esto no se avanza porque los países no están dispuestos a desprenderse de su competencia reina.
    Con esta crisis aumentarán el déficit y el ratio de deuda sobre PIB. Tenemos dos escenarios diferentes. Hay países como Alemania, Austria u Holanda que tienen unas finanzas públicas equilibradas porque han hecho sus deberes en el pasado. Estos países tendrán más fácil asumir el creciente endeudamiento. Otros países, como España, que no han sabido o querido utilizar la bonanza económica para llevar a cabo una política fiscal más rigurosa, lo tendrán más difícil. Lo que sí hay que saber es que, de momento, desde las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, no hay ningún límite para aumentar el déficit y la deuda. Pero esto es temporal. Cuando la crisis se haya superado, los países tendrán que priorizar la consolidación presupuestaria porque es insostenible mantener niveles elevadísimos de deuda. Habrá que hacer ajustes económicos más o menos severos por el lado del gasto ineficiente e improductivo. Si conseguimos que el ritmo de crecimiento económico supere el tipo de interés, los ajustes serán más llevaderos.
    Hay otras cosas que también incidirán en este reto. Uno es la restitución del Mercado Único Europeo y del Acuerdo de Schengen. Una vez iniciada la desescalada, es una sinrazón perpetuar restricciones fronterizas que, a la postre, serían perjudiciales para todos. Dos tercios del comercio exterior de la UE son comercio intra europeo. Sin libertad absoluta de comercio y de movimiento de personas, una buena parte del potencial de crecimiento quedaría desaprovechada.
    El relanzamiento económico también requiere una acción empresarial. No es el momento de proponer la nacionalización de empresas y aprovechar la crisis actual para avanzar en el ideario de una ideología de extrema izquierda. Las empresas públicas no son rentables, resultan muy costosas para el contribuyente y frenan crecimiento. Tampoco es el momento de recortar la globalización económica y resucitar modelos de autarquía nacional. Empobrecerían la sociedad. La historia moderna revela que la libertad de la iniciativa privada expuesta a una competencia intensa en mercados nacionales y mundiales es la fuerza motriz de la innovación que, a su vez, impulsa el crecimiento económico y la creación de empleo. En la salida de esta crisis lo volverá a poner de manifiesto.
    El coronavirus puede a la postre convertirse en un acelerador de la digitalización. Ya hemos ensayado en los últimos meses las posibilidades de teletrabajo, videoconferencias, videoconsultas, enseñanza online, etc. En el futuro, las reuniones presenciales seguirán siendo importantes, pero las empresas y los jóvenes emprendedores no van a renunciar a la aplicación de esta tecnología. Las nuevas tecnologías eliminan la importancia del factor distancia.
    El futuro económico inmediato estará caracterizado por una economía pandemia. Pero con políticas adecuadas se podrá relanzar actividad e instalarla en una senda de crecimiento sostenido, aunque sea en un perfil más bajo que en los últimos años. Condición sine qua non es el retorno al Estado de Derecho, erosionado últimamente. Sin él, la economía no puede funcionar. Algunos países han recurrido a la declaración de estado de alarma, con lo que el Ejecutivo dispone de un poder absoluto y elude el control parlamentario. Eso es muy preocupante y tiene que acabar. Para el bien de la democracia y el buen funcionamiento de la economía es imprescindible que los líderes políticos resistan tentaciones totalitarias sin cortapisas.
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