Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino episodes

  • Inmigración y libertad. Chandran Kukathas, versión en español
    Chandran Kukathas es Decano de la School of Social Sciences y Lee Kong Chair Professor of Political Science de la Singapore Management University, anteriormente fue catedrático de Ciencia Política en la London School of Economics, formó parte del Consejo Asesor del Institute of Economic Affairs, el think tank liberal más influyente del Reino Unido.Licenciado en Historia y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Australia, completó sus estudios en Ciencias Políticas en la Universidad de Nueva Gales del Sur y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Oxford, donde posteriormente impartió docencia. Su obra refleja un hondo conocimiento de la filosofía política en general y del pensamiento liberal en particular, siendo autor de numerosos trabajos académicos dedicados a analizar la obra de autores como Friedrich Hayek, John Rawls o Will Kymlicka.
    45 min
  • Inmigración y libertad. Chandran Kukathas, english version
    Chandran Kukathas es Decano de la School of Social Sciences y Lee Kong Chair Professor of Political Science de la Singapore Management University, anteriormente fue catedrático de Ciencia Política en la London School of Economics, formó parte del Consejo Asesor del Institute of Economic Affairs, el think tank liberal más influyente del Reino Unido.Licenciado en Historia y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Australia, completó sus estudios en Ciencias Políticas en la Universidad de Nueva Gales del Sur y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Oxford, donde posteriormente impartió docencia. Su obra refleja un hondo conocimiento de la filosofía política en general y del pensamiento liberal en particular, siendo autor de numerosos trabajos académicos dedicados a analizar la obra de autores como Friedrich Hayek, John Rawls o Will Kymlicka.
    45 min
  • Ciudades, el futuro de la civilización, Salim Ismail, english version
    El 4 de febrero de 2020 tuvo lugar, en la Fundación Rafael del Pino, la conferencia de Salim Ismail, presidente y cofundador de OpenExO & ExO Works, fundador de ED de la Singularity University y Socio de Rokk3r Fuel ExO, con el título “Ciudades, el futuro de la civilización”. Ismail inició su intervención preguntándose qué podemos hacer respecto a la disrupción tremenda que se está produciendo, cómo va a cambiar la sociedad. Según dijo, cuando trabajó en Yahoo! aprendió algo muy importante y es que, cuando se plantea la disrupción, el sistema inmunológico de las instituciones ataca esos cambios para tratar de impedirlos. Para entender la disrupción, el cuadro fundamental es la ley de Moore, que señala que la capacidad de procesamiento de los ordenadores se duplica cada dos años. De hecho, la capacidad de procesamiento de información que tiene la sociedad se viene duplicando desde hace cien años. ¿Por qué sabemos que esta evolución es tan predecible y que en el futuro seguirá siendo así? Porque el perfil exponencial de esa curva no se ha visto afectado ni por crisis económicas, ni por guerras, ni por cualquier otro acontecimiento. Y es que cuando se conjuga la industria con la tecnología de la información, esta última adquiere propiedades de flujo. Es entonces cuando empieza la duplicación. Cuando se inicia este proceso, no se detiene. Sigue y sigue porque cuando la curva parece llegar a un límite surge otra cosa que prolonga la tendencia. Ese papel lo desempeñan, en estos momentos, innovaciones como la impresión tridimensional o la computación cuántica, entre otras. La ley de Moore, por tanto, está aquí para quedarse, con lo que estamos entrando en el mundo de la computación y el almacenamiento infinitos. De la misma forma, gracias al cambio tecnológico, tendremos recursos abundantes de aquí a una década, como el agua, la energía o las posibilidades de utilización del espacio, frente a la escasez que ha dominado hasta ahora la existencia del ser humano. La disrupción actual es la transición más importante que ha vivido nuestra sociedad. Y es que la civilización, tal y como la conocemos, se está descomponiendo. Nunca antes habíamos visto que el patrón de duplicación, el paradigma que lo impulsa todo, está apareciendo no en una, sino en varias tecnologías a la vez, por ejemplo, la neurociencia, los drones. Antes esto pasaba con una sola tecnología, pero, ahora, son doce las tecnologías que se están acelerando simultáneamente. Este es un proceso que nos cuesta entender, porque nuestra visión del mundo nos lleva a una extrapolación lineal. El universo, sin embargo, funciona con curvas. En esta transición, el coste marginal se desploma a cero y, como consecuencia de ello, explota el sector o industria afectado. La naturaleza de los problemas a que se enfrentan las sociedades, en consecuencia, ha cambiado. Antes era cómo afrontar la escasez. Ahora vamos a una era de abundancia y el problema es cómo filtrar los billones de datos que se generan o van a generarse. Esto, por supuesto, afecta al mundo de la empresa porque los negocios tradicionales ya no ganan dinero. Eso es porque, hasta ahora, cada negocio se basaba en la escasez. La digitalización y la tecnología, en cambio, nos entregan la abundancia. Lo vemos, por ejemplo, en el hundimiento del coste de iluminar una casa, en el de secuenciación del ADN o en el de la energía solar. Antes, las tecnologías avanzadas costaban muchísimo dinero y solo verdaderos gigantes económicos contaban con los recursos necesarios para generarlas y utilizarlas. Ahora, en cambio, las tecnologías avanzadas son baratas, y cada vez más. Esto crea un mundo distinto porque, al ser baratas, cualquiera puede utilizarlas. Blockchain, por ejemplo, es un código abierto. Lo mismo sucede con los drones, su coste, su capacidad de carga y su radio de acción. Se trata, por tanto, de un gran cambio de paradigma y tenemos que empezar a pensar en cómo lo aprovechamos. La disrupción más importante es la transformación de la energía solar. Su capacidad de generación está duplicándose cada dieciocho meses y lo lleva haciendo desde hace cuarenta años. Gracias a ello, podemos garantizar energía a todo el mundo en 2031 y, en 2050, se puede garantizar una generación ocho veces superior a las necesidades del planeta. Por supuesto, esto tendrá consecuencias geopolíticas tremendas. Así es que la energía solar, que lleva miles de años siendo escasa, va a convertirse en una energía abundante. Lo difícil es el almacenamiento, pero ahí también se está avanzando y ahora una batería de litio cuesta un 90% menos que hace diez años. A los vehículos autónomos también les afecta la ley de Moore, porque ahora llevan muchos más sensores y el software es mejor. Cuando digitalizas, las cosas se complican porque las implicaciones que ello tiene son altísimas debido a la caída de costes. Ese es el cambio que se está produciendo en esta sociedad. En realidad, son veinte transformaciones las que están teniendo lugar de forma simultánea, como la energía solar, los drones, la neurociencia, la biotecnología, los coches autónomos. Esto está afectando realmente a nuestras empresas e instituciones. No hay ninguna de ellas que vaya a superar esto, porque los ingresos se desploman con la digitalización, por ejemplo, los de los periódicos, o porque se pasa de vender algo que tiene valor a una actividad, por ejemplo, del cd a iTunes o Spotify. El problema es que cuando tenemos un cambio exponencial los expertos en ese campo no lo ven porque su visión es lineal. El cambio, sin embargo, es imparable porque el coste cae acero y eso supone una ruptura del status quo. Así es que no se le puede ganar a ese proceso, por lo que hay que aprovechar la tecnología para ser disruptivo. Miles de empresarios están operando con esa mentalidad y eso está cambiando el mundo. Hay veinte adelantos tecnológicos impresionantes que afectan a todas las instituciones, ya sea la sanidad, la educación, el periodismo, la propiedad intelectual. Pero nuestros intelectuales y nuestros líderes no pueden afrontarlo porque no están preparados para ello. Gran parte de la implantación de esas nuevas ideas se está produciendo a nivel de las ciudades, no de los países, porque es demasiado complejo para los países ya que son demasiado grandes como para poder gestionarlo. Las ciudades, en cambio, hoy son más grandes y complejas de lo que lo eran hace cien años, con lo que volvemos al modelo griego de ver el mundo a nivel de las ciudades. Nuestros sistemas económicos se van a romper porque estamos gestionando el mundo sobre el nivel de la deuda. Tampoco sabemos cómo van a ser los trabajos dentro de cinco años, así es que no sabemos qué vamos a enseñar a los alumnos. La tecnología avanza más rápidamente de lo que tardamos en enseñarla. La democracia también se ve afectada porque hoy tenemos sobreabundancia de información, que se malinterpreta. Como consecuencia, todas las democracias del mundo están rotas porque su metabolismo es demasiado lento para los cambios que está introduciendo la tecnología. Lo mismo sucede con el matrimonio, debido al aumento de la esperanza de vida, que vamos a duplicar en veinte años. La institución del matrimonio, sin embargo, se hizo para vidas mas cortas, no para vivir tanto tiempo. Y la ONU también ha quedado obsoleta. Nació para resolver los conflictos entre países, pero hoy el 80% de las guerras del mundo son guerras civiles. Así es que se están rompiendo todas nuestras instituciones. La tecnología nos abre unas posibilidades muy interesantes, pero eso requiere tener una mentalidad muy distinta. La sociedad tiene que empezar a pensar en exponencial, porque la visión lineal está generando muchas incertidumbres y, con ello, muchas resistencias. Lo único, sin embargo, que está impulsando el progreso en el mundo es la tecnología.
    47 min
  • Ciudades, el futuro de la civilización. Salim Ismail, versión en español
    El 4 de febrero de 2020 tuvo lugar, en la Fundación Rafael del Pino, la conferencia de Salim Ismail, presidente y cofundador de OpenExO & ExO Works, fundador de ED de la Singularity University y Socio de Rokk3r Fuel ExO, con el título “Ciudades, el futuro de la civilización”. Ismail inició su intervención preguntándose qué podemos hacer respecto a la disrupción tremenda que se está produciendo, cómo va a cambiar la sociedad. Según dijo, cuando trabajó en Yahoo! aprendió algo muy importante y es que, cuando se plantea la disrupción, el sistema inmunológico de las instituciones ataca esos cambios para tratar de impedirlos. Para entender la disrupción, el cuadro fundamental es la ley de Moore, que señala que la capacidad de procesamiento de los ordenadores se duplica cada dos años. De hecho, la capacidad de procesamiento de información que tiene la sociedad se viene duplicando desde hace cien años. ¿Por qué sabemos que esta evolución es tan predecible y que en el futuro seguirá siendo así? Porque el perfil exponencial de esa curva no se ha visto afectado ni por crisis económicas, ni por guerras, ni por cualquier otro acontecimiento. Y es que cuando se conjuga la industria con la tecnología de la información, esta última adquiere propiedades de flujo. Es entonces cuando empieza la duplicación. Cuando se inicia este proceso, no se detiene. Sigue y sigue porque cuando la curva parece llegar a un límite surge otra cosa que prolonga la tendencia. Ese papel lo desempeñan, en estos momentos, innovaciones como la impresión tridimensional o la computación cuántica, entre otras. La ley de Moore, por tanto, está aquí para quedarse, con lo que estamos entrando en el mundo de la computación y el almacenamiento infinitos. De la misma forma, gracias al cambio tecnológico, tendremos recursos abundantes de aquí a una década, como el agua, la energía o las posibilidades de utilización del espacio, frente a la escasez que ha dominado hasta ahora la existencia del ser humano. La disrupción actual es la transición más importante que ha vivido nuestra sociedad. Y es que la civilización, tal y como la conocemos, se está descomponiendo. Nunca antes habíamos visto que el patrón de duplicación, el paradigma que lo impulsa todo, está apareciendo no en una, sino en varias tecnologías a la vez, por ejemplo, la neurociencia, los drones. Antes esto pasaba con una sola tecnología, pero, ahora, son doce las tecnologías que se están acelerando simultáneamente. Este es un proceso que nos cuesta entender, porque nuestra visión del mundo nos lleva a una extrapolación lineal. El universo, sin embargo, funciona con curvas. En esta transición, el coste marginal se desploma a cero y, como consecuencia de ello, explota el sector o industria afectado. La naturaleza de los problemas a que se enfrentan las sociedades, en consecuencia, ha cambiado. Antes era cómo afrontar la escasez. Ahora vamos a una era de abundancia y el problema es cómo filtrar los billones de datos que se generan o van a generarse. Esto, por supuesto, afecta al mundo de la empresa porque los negocios tradicionales ya no ganan dinero. Eso es porque, hasta ahora, cada negocio se basaba en la escasez. La digitalización y la tecnología, en cambio, nos entregan la abundancia. Lo vemos, por ejemplo, en el hundimiento del coste de iluminar una casa, en el de secuenciación del ADN o en el de la energía solar. Antes, las tecnologías avanzadas costaban muchísimo dinero y solo verdaderos gigantes económicos contaban con los recursos necesarios para generarlas y utilizarlas. Ahora, en cambio, las tecnologías avanzadas son baratas, y cada vez más. Esto crea un mundo distinto porque, al ser baratas, cualquiera puede utilizarlas. Blockchain, por ejemplo, es un código abierto. Lo mismo sucede con los drones, su coste, su capacidad de carga y su radio de acción. Se trata, por tanto, de un gran cambio de paradigma y tenemos que empezar a pensar en cómo lo aprovechamos. La disrupción más importante es la transformación de la energía solar. Su capacidad de generación está duplicándose cada dieciocho meses y lo lleva haciendo desde hace cuarenta años. Gracias a ello, podemos garantizar energía a todo el mundo en 2031 y, en 2050, se puede garantizar una generación ocho veces superior a las necesidades del planeta. Por supuesto, esto tendrá consecuencias geopolíticas tremendas. Así es que la energía solar, que lleva miles de años siendo escasa, va a convertirse en una energía abundante. Lo difícil es el almacenamiento, pero ahí también se está avanzando y ahora una batería de litio cuesta un 90% menos que hace diez años. A los vehículos autónomos también les afecta la ley de Moore, porque ahora llevan muchos más sensores y el software es mejor. Cuando digitalizas, las cosas se complican porque las implicaciones que ello tiene son altísimas debido a la caída de costes. Ese es el cambio que se está produciendo en esta sociedad. En realidad, son veinte transformaciones las que están teniendo lugar de forma simultánea, como la energía solar, los drones, la neurociencia, la biotecnología, los coches autónomos. Esto está afectando realmente a nuestras empresas e instituciones. No hay ninguna de ellas que vaya a superar esto, porque los ingresos se desploman con la digitalización, por ejemplo, los de los periódicos, o porque se pasa de vender algo que tiene valor a una actividad, por ejemplo, del cd a iTunes o Spotify. El problema es que cuando tenemos un cambio exponencial los expertos en ese campo no lo ven porque su visión es lineal. El cambio, sin embargo, es imparable porque el coste cae acero y eso supone una ruptura del status quo. Así es que no se le puede ganar a ese proceso, por lo que hay que aprovechar la tecnología para ser disruptivo. Miles de empresarios están operando con esa mentalidad y eso está cambiando el mundo. Hay veinte adelantos tecnológicos impresionantes que afectan a todas las instituciones, ya sea la sanidad, la educación, el periodismo, la propiedad intelectual. Pero nuestros intelectuales y nuestros líderes no pueden afrontarlo porque no están preparados para ello. Gran parte de la implantación de esas nuevas ideas se está produciendo a nivel de las ciudades, no de los países, porque es demasiado complejo para los países ya que son demasiado grandes como para poder gestionarlo. Las ciudades, en cambio, hoy son más grandes y complejas de lo que lo eran hace cien años, con lo que volvemos al modelo griego de ver el mundo a nivel de las ciudades. Nuestros sistemas económicos se van a romper porque estamos gestionando el mundo sobre el nivel de la deuda. Tampoco sabemos cómo van a ser los trabajos dentro de cinco años, así es que no sabemos qué vamos a enseñar a los alumnos. La tecnología avanza más rápidamente de lo que tardamos en enseñarla. La democracia también se ve afectada porque hoy tenemos sobreabundancia de información, que se malinterpreta. Como consecuencia, todas las democracias del mundo están rotas porque su metabolismo es demasiado lento para los cambios que está introduciendo la tecnología. Lo mismo sucede con el matrimonio, debido al aumento de la esperanza de vida, que vamos a duplicar en veinte años. La institución del matrimonio, sin embargo, se hizo para vidas mas cortas, no para vivir tanto tiempo. Y la ONU también ha quedado obsoleta. Nació para resolver los conflictos entre países, pero hoy el 80% de las guerras del mundo son guerras civiles. Así es que se están rompiendo todas nuestras instituciones. La tecnología nos abre unas posibilidades muy interesantes, pero eso requiere tener una mentalidad muy distinta. La sociedad tiene que empezar a pensar en exponencial, porque la visión lineal está generando muchas incertidumbres y, con ello, muchas resistencias. Lo único, sin embargo, que está impulsando el progreso en el mundo es la tecnología.
    46 min
  • La desaceleración de la productividad en la actualidad: una perspectiva histórica. Nicholas Crafts. Versión en español
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 27 de Enero de 2020, la Conferencia Magistral «La desaceleración de la productividad en la actualidad: una perspectiva histórica» que impartió Nicholas Crafts.
    Nicholas Crafts es Catedrático Emérito de Economía e Historia Económica en la Universidad de Warwick desde 2005, y catedrático del TRIUM Global Executive MBA Program, una alianza de NYU Stern, LSE y HEC School of Management. Ha sido Director del ESRC Research Centre on Competitive Advantage in the Global Economy (CAGE) y profesor en la London School of Economics and Political Science. Sus principales campos de estudio son: la economía británica en los últimos 200 años; el crecimiento económico europeo, los datos históricos de la economía británica, la Revolución industrial y la distribución internacional del ingreso, especialmente con referencia al Índice de Desarrollo Humano. A lo largo de su dilatada y prolífica carrera ha publicado gran cantidad de documentos.
    44 min
  • La desaceleración de la productividad en la actualidad: una perspectiva histórica. Nicholas Crafts. English version
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 27 de Enero de 2020, la Conferencia Magistral «La desaceleración de la productividad en la actualidad: una perspectiva histórica» que impartió Nicholas Crafts.
    Nicholas Crafts es Catedrático Emérito de Economía e Historia Económica en la Universidad de Warwick desde 2005, y catedrático del TRIUM Global Executive MBA Program, una alianza de NYU Stern, LSE y HEC School of Management. Ha sido Director del ESRC Research Centre on Competitive Advantage in the Global Economy (CAGE) y profesor en la London School of Economics and Political Science. Sus principales campos de estudio son: la economía británica en los últimos 200 años; el crecimiento económico europeo, los datos históricos de la economía británica, la Revolución industrial y la distribución internacional del ingreso, especialmente con referencia al Índice de Desarrollo Humano. A lo largo de su dilatada y prolífica carrera ha publicado gran cantidad de documentos.
    44 min
  • La era de las multinacionales chinas. Compitiendo por el dominio global. Lourdes Casanova
    El 22 de enero de 2020 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia magistral de Lourdes Casanova, profesora de Management y directora del Emerging Markets Institute de la Johnson School of Business de la Universidad de Cornell, titulada “La era de las multinacionales chinas. Compitiendo por el dominio global”.
    La profesora Casanova inicio su intervención señalado que hay dos grandes hitos en la expansión internacional de las empresas chinas. El primero es la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, en 2001. El segundo, y menos conocido, es la gran crisis financiera de 2008. Estos hitos son piedras angulares en el proceso de crecimiento de las empresas chinas y de su expansión por el mundo.
    Un hecho que resulta sorprendente en este proceso es la rapidez con la que las empresas chinas han crecido. Las empresas siempre aumentan de tamaño en un contexto de crecimiento económico. Y como China ha crecido a tasas anuales del 6%, el 8% y hasta el 10%, sus empresas también han incrementado su tamaño a mucha más velocidad de lo que lo hacen las de los países desarrollados que, con suerte, consiguen superar niveles de aumento del PIB del 3% anual. Lo que llama la atención, además, es lo anómalo de las tasas de crecimiento de China, ya que se trata de una economía enorme, que tiene un tamaño igual al del PIB nominal de Estados Unidos en 2004. En este contexto es en el que han crecido las empresas chinas, de las cuales hay un gran desconocimiento porque muchas compañías son estatales.
    Para un país es importante tener empresas grandes porque son las que generan empleo, las que innovan, las que cuentan con recursos suficientes para tirar de las pequeñas y medianas empresas. En este sentido, China tuvo la gran ocasión de hacer crecer sus empresas con la crisis financiera de 2008, en la que aparecieron grandes oportunidades de compra de empresas y de expansión debido a que las compañías estadounidenses se hallaban inmersas en una grave crisis. Durante esos dos o tres años se produjeron muchas ventas a capital chino y aparecieron huecos en países e industrias que ocuparon claramente las empresas chinas. De ahí que la crisis de 2008 sea un hito tan importante.
    Las empresas chinas, además, crecen y se expanden gracias a que el país tiene unas reservas de divisas gigantescas, de más de un billón de dólares. Con esas divisas compraron bonos estadounidenses y de otros gobiernos, pero en cierto momento consideraron que empezaban a concentrar demasiados riesgos con ese tipo de activos y empezaron a diversificar sus inversiones, entre otras formas mediante la compra de empresas en otros países.
    Gracias a todo ello, China ha podido converger rápidamente con las naciones desarrolladas, cuando a ellas les cuesta mucho más hacer crecer a sus empresas, por ejemplo, a Japón o a Corea del Sur. Debido a ello, China se ha unido al selecto y poco numeroso club de países que cuentan con grandes empresas dentro de la lista de Fortune 500.
    Los bancos chinos también se están internacionalizando a través de compras, para ir convirtiéndose con ello en los mayores del mundo. Eso mismo hacen otras empresas, como las aseguradoras, las empresas de construcción e ingeniería o las de telecomunicaciones. Lo hacen porque las empresas chinas son las que tienen los recursos financieros para continuar su expansión global.
    Las empresas chinas también son diferentes de las demás. Lo son porque, hasta ahora, no participan en los mercados de valores. El 79% de las empresas del Fortune 500 están en bolsa. En China, en cambio, el 67% de las compañías son públicas o de capital mixto. Esto no parece que vaya a cambiar por ahora, debido al hecho de que el gobierno quiere seguir controlando las grandes empresas.
    Esas empresas dominan mercados globales, como los de teléfonos móviles, ordenadores, aire acondicionado, televisores y otros muchos productos. Además, se da la paradoja de que, estando sometidas al control del gobierno, participan y ganan concursos de privatización de empresas públicas en otros países.
    De forma general y sistemática, las grandes empresas chinas compiten en precios porque pueden, gracias a que los costes laborales siguen siendo bajos y a que tienen que producir para un mercado local cuyo poder adquisitivo es mucho menor que el de los países occidentales. Por tanto, tienen productos tecnológicos de las mismas características que los de los occidentales, pero son más baratos.
    A ello hay que unir el hecho de que las empresas chinas están menos interesadas que las americanas en los beneficios a corto plazo. Esto es así porque piensan más en el largo plazo, por lo cual prefieren sacrificar los márgenes empresariales para, de esta forma, poder seguir creciendo.
    Los chinos también han resultado ser unos competidores increíbles. Inventan formatos diferentes, los hacen más pequeños, pueden vender sus productos más baratos a pesar de que los costes de producción siguen subiendo. El secreto consiste en haber creado una cadena de valor muy eficiente e invertir en puertos como el de Barcelona, o el del Pireo en Grecia. Con ello, han devuelto al Mediterráneo su carácter de mar comercial, ya que para conseguir esa cadena de valor tan eficiente lo que hacen los barcos chinos es ir por el canal de Suez y entrar a Europa por el Pireo para el este y por Barcelona para el oeste. Con ello, lo que han conseguido es ofrecer un producto terminado que lo llevan a tu casa.
    China, por último, es un gran innovador. Es el primer o el segundo país del mundo por inversión en I+D, en patentes, en número de investigadores, en publicaciones científicas. Lo es porque percibe la necesidad de convertirse en autosuficiente en materia de tecnología, ante las barreas que le están poniendo, en especial en Estados Unidos. Lo que todavía no ha conseguido China es dotar a sus marcas del nivel de poder que tienen las estadounidenses.
    Las empresas chinas están aventurándose al exterior, a pesar de ser más jóvenes que las coreanas, japonesas o estadounidenses, por ejemplo. Se expanden abriendo fuera sucursales o filiales, o mediante fusiones y adquisiciones. En apertura de empresas ya invierte tanto como Estados Unidos, en un momento en que el gigante americano está replegándose y volviendo a casa. Aún así, Estados Unidos sigue invirtiendo mucho en el exterior, en especial en China, India y Australia. China, en cambio, invierte más cerca de casa, en países como Indonesia, aunque también en India, pero también se dirige a Latinoamérica y África. En términos regionales, el área que más inversiones chinas recibe es Europa, en especial a través de fusiones y adquisiciones.
    Lo que le motiva es que, aunque tiene recursos naturales, no cuenta con los suficientes para lo que necesita su gran expansión. Por ello, lo que está haciendo es asegurarse de que no le va a faltar recursos naturales. Es lo que busca su inversión en Latinoamérica, África y Australia. Pero, cuando salen al exterior, sus empresas también buscan aprender y, cada vez más, diversificar los riesgos relacionados con la inversión de su enorme reserva de divisas.
    ¿Qué puede hacer Occidente ante esto? Lo primero de todo es reconocer que China está haciendo crecer el pastel económico global, que está contribuyendo al crecimiento mundial y a la reducción de la pobreza. También hay que conocer a las empresas chinas y entender que la combinación de capitalismo y comunismo de China es disruptiva. La cuestión es cómo lo hacemos para competir con esas empresas.
    50 min
  • El impacto económico del Brexit en las regiones europeas. Raquel Ortega-Argilés.
    La Fundación Rafael del Pino organizó, el 19 de noviembre de 2019 a las 19 horas la Conferencia Magistral «El impacto económico del Brexit en las regiones europeas» que impartió Raquel Ortega-Argilés
    Raquel Ortega-Argilés ocupa la cátedra de Desarrollo Económico Regional en el departamento de Estrategia y Negocios Internacionales y el instituto de investigación City-REDI en Birmingham Business School, Universidad de Birmingham, Reino Unido. Su trabajo de investigación actual se centra en la productividad, la innovación, el desarrollo regional, las PYME, el espíritu empresarial y la dinámica industrial y en la política regional y europea.
    52 min
  • Diez años después: ¿Ante una nueva crisis económica? Juergen Donges
    El 14 de noviembre de 2019, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia titulada “Diez años después: ¿ante una nueva crisis económica?”, impartida por Juergen Donges, catedrático emérito de la Universidad de Colonia. Donges recordó que, hace diez años, el sistema financiero global estuvo a punto de quebrar. Por entonces, los gobiernos y los bancos centrales supieron reaccionar con toda una batería de medidas, aunque no todas ellas muy sensatas. Se trataba de reestablecer la confianza de los agentes económicos en el sistema de economía de mercado. Esto funcionó. Poco a poco se fue estabilizando la situación y entramos en una fase inesperadamente larga de expansión económica. Diez años después estamos otra vez en una situación en la que empieza a resurgir el fantasma de una nueva recesión, al menos según la visión de muchos gurúes económicos anunciándola. ¿Por qué hay este pesimismo? Lo hay porque tenemos una situación un tanto inusitada como es un cúmulo de shocks externos adversos, que están generando incertidumbre. Todo empieza con la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que también es una guerra cambiaria. Esto desestabiliza el sistema internacional de comercio. Luego está el tema del Brexit, que es un fracaso absoluto del parlamentarismo británico, pero que es un problema para los países muy vinculados con Gran Bretaña. También está Italia, que es el mayor riesgo para la estabilidad de la zona euro, donde el problema reside en la clase política, que no respeta la disciplina presupuestaria, las reglas de la unión bancaria, etc. Esto es, hacen todo lo contrario de lo que se necesita para que un país de la zona euro función. También está toda la discusión sobre el cambio climático, porque hemos decidido que una niña de 16 años nos diga al mundo lo que hay que hacer. No terminados de decidir hacia dónde vamos en materia de política medioambiental, si intervenir o basarnos en el mercado para resolver el problema. Como las empresas no saben cuál línea prevalecerá, se resisten a invertir. Además, está la política migratoria de la Unión Europea. Somos incapaces de diseñar y aplicar una política migratoria común, que no es una buena noticia para l integración europea. También está el populismo. Todo esto significa que las empresas no pueden anclar expectativas de crecimiento económico. Por eso, no hay ni inversión, ni crecimiento. Por eso, los organismos internacionales han reducido sus previsiones económicas. La estrella en ese proceso de desaceleración es la zona euro, porque es la que pone más claramente de manifiesto su falta de dinamismo. Apenas hay crecimiento económico, aunque el año que viene habrá un poquito más por el hecho de que 2020 es año bisiesto y, además, muchos festivos caen en domingo. Eso nos proporcionará una o dos décimas más de crecimiento, pero no significa que hayamos superado el problema. El origen de la desaceleración está en el sector industrial. La industria solía ser el motor del crecimiento, pero ahora actúa como freno, mientras que los motores son los servicios y el consumo interno. Parte del problema se debe al sector del automóvil, debido a la nueva normativa, en especial en materia de vehículos diésel. También hay algunas cosas positivas, por ejemplo, el mercado de trabajo. La tasa de paro seguirá disminuyendo, así como la tasa de paro de larga duración. Pese a ello, la idea de la destrucción del empleo vuelve a surgir como consecuencia de la digitalización, pensando que ya no va a hacer falta gente que trabaje. Esto, sin embargo, no es así. En este debate estamos confundiendo los empleos que desaparecen por el cambio tecnológico porque no son rentables, pero aparecen otros, que requerirán otras habilidades, porque el objetivo del cambio tecnológico es generar valor y eso se hace creando empleo. Además, la inflación es muy baja. Tiene que serlo para que funcione el sistema de precios relativos y que no haya un impuesto encubierto sobre los patrimonios. Pero es que sigue siendo baja a pesar de que se crea empleo, de que hay países en pleno empleo, lo que tendría que incrementar el nivel de precios. Sin embargo, no está ocurriendo esto gracias, por un lado, a que vivimos en un mundo de competencia globalizada en el que no hay margen para subir precios. Por otro, la digitalización está moderando la inflación porque las empresas que aplican los nuevos avances tecnológicos mejoran su productividad y, al hacerlo, pueden reducir costes. Además, hay una transparencia absoluta de precios, lo que permite a mucha gente conocerlos y comprar el producto más barato para las mismas calidades. Eso también lo saben las empresas, por lo que se andan con cuidado con los precios. En la zona euro estamos marchando a dos velocidades. Francia y España están a la cabeza, mientras Alemania e Italia están replegadas. Pero en España, los indicadores están empeorando. De hecho, las previsiones para España están rebajándose. Y los planteamientos actuales de política económica están basados en intervención pública, subida del gasto público y de los impuestos, eliminación de las reformas que se llevaron a cabo en el pasado, van a poner a prueba a la economía española. Lo que está pasando en Alemania es que la industria va mal, sobre todo por la desaceleración del comercio mundial y la escalada del proteccionismo, los problemas de la industria del automóvil relacionados con la nueva regulación europea sobre emisiones de gases tóxicos porque no se adaptó a ella y, finalmente, porque hay una carencia significativa de mano de obra cualificada. Esa carencia refleja, por un lado, el pleno empleo y, por otro, la introducción del régimen de jubilación anticipada a los 63 años, que ha incentivado el retiro temprano. En este panorama, la reacción de las políticas macroeconómicas es la de siempre, esto es, decir que hay que hacer algo porque la recesión es algo que ningún político quiere. Ahora bien, aunque la recesión es algo cíclico, también puede ser beneficiosa porque limpia los mercados, ya que hace que desaparezcan las empresas ineficientes que retienen recursos necesarios para otras empresas. Cuando las empresas zombis desaparecen, surgen nuevas empresas, nuevos emprendedores, que surgen gracias a la recesión. Pero para que eso suceda es necesario tener un mercado financiero eficiente y que completemos la unión europea de capitales. Esto, sin embargo, no les interesa a los responsables de la política económica. A ellos lo que les interesa es actuar. El Banco Central Europeo ya lo ha hecho, bajando los tipos de interés a cero en plena expansión económica y, además, quiere seguir con eso. La duda es si sirve para algo, porque la eurozona podría estar en una trampa de liquidez. Lo que no hay en la zona euro es una restricción de financiación, ni para las empresas, ni para los hogares. Lo que sí hay son efectos colaterales indeseados: desigualdad de rentas, caída de la rentabilidad bancaria y de la capacidad de ahorro, indisciplina presupuestaria, etc., más los riesgos de burbujas en los activos financieros e inmobiliarios. Estamos haciendo lo que ha hecho el Banco de Japón desde los años 90, sin que haya salido del estancamiento. La pregunta es si vamos hacia la ‘japonización’ de la eurozona. Además, hay que recordar que la crisis que estalló hace diez años vino precedida de una gran expansión monetaria por parte de la Reserva Federal, que fue el origen de la crisis. También hay que preguntarse si un banco central dispone de las herramientas adecuadas para acabar con las incertidumbres relacionadas con el Brexit, las guerras comerciales, etc. Y la respuesta es que no. El BCE tampoco tiene capacidad para compensar la falta de reformas estructurales en la eurozona. Luego tenemos un aspecto nuevo, que es la reclamación de que la política del BCE sea más “verde”, esto es, que el BCE compre nada más que bonos “verdes”, lo que es absurdo porque un banco central no está para hacer política ambiental. En política fiscal, estamos en lo mismo. Hay que gastar más porque hay que respaldar la demanda nacional, cuando es la demanda nacional la que está dando soporte al crecimiento. Por eso, no tiene sentido el estímulo fiscal. Otros dicen, los seguidores de la nueva teoría monetaria, que hay demasiada propensión al ahorro -no ven la realidad demográfica europea- y dicen que el Estado debe compensar con gasto público esa propensión al ahorro. Se piensa que el Estado puede controlar el ciclo económico a través de la deuda, y que los bancos centrales están para financiar esa deuda. El problema es que las medidas que adopte un gobierno en política fiscal siempre llegan tarde. Asimismo, los multiplicadores fiscales son muy bajos en una economía globalizada porque un gobierno no puede decretar que el consumidor utilice su renta para adquirir bienes nacionales. Por último, en los presupuestos hay estabilizadores automáticos que estabilizan automáticamente la demanda. Cuando hay una desaceleración, el gobierno recauda menos por impuestos y gasta más por prestaciones por desempleo, con lo que se genera el déficit y la política expansiva. Se trata de miles de millones de euros que están a disposición del gobierno sin que tenga que hacer nada. Por último, un tema fundamental es el bajo potencial de crecimiento. El potencial de crecimiento avanza el 1,2% al año en Europa, y tiende a la baja, mientras que en Estados Unidos está en el 2%. Si esto sigue así, cuando la tendencia económica cambie, la economía no crecerá mucho porque no hay mucho potencial de crecimiento. Para resolver este problema hay que centrarse en el lado de la oferta de la economía. Lo que necesitamos para elevar el potencial de crecimiento es conocimiento. Esto significa tener condiciones objetivas para la inversión empresarial y actividades de innovación, esto es una fiscalidad moderada en términos internacionalmente comparativos porque, si no, el capital se irá a otra parte. Necesitamos también un sistema financiero robusto. Necesitamos también que la administración pública apoye la actividad empresarial, que sea ágil. Lo segundo que necesitamos es inversión en capital humano. Necesitamos un sistema educativo exigente, así como un sistema de formación profesional. Esto es importante porque la mayor parte de la zona euro no tenemos recursos naturales y, por tanto, tenemos que sustituirlo por otro tipo de recursos, esto es, por capital humano. Lo tercero que necesitamos es reformar el gasto público, eliminando subvenciones y ayudas públicas injustificadas. El cuarto y último foco es la competencia en los mercados, que es lo que más incentiva a las personas y a las empresas a mejorar. Si hiciéramos todo esto, allanaríamos el camino para que Europa no quede descolgada de este proceso de digitalización, porque está atrasada respecto a países como Estados Unidos, China o Corea. Vivimos en tiempos de cambio de ciclo económico, pero no estamos ante una nueva crisis económica.
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  • El green new deal global. Jeremy Rifkin. Versión en castellano.
    El 24 de octubre de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jeremy Rifkin, economista, sociólogo y asesor de la UE y China, titulada “El ‘Green new deal’ global”. Según Rifkin, el cambio climático provocado por la utilización de combustibles fósiles está llevando a toda la vida de la Tierra a la sexta extinción, debido al aumento de la temperatura. Para evitar este cataclismo, habría que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45% respecto a los niveles alcanzados en 2010, y habría que haberlo conseguido no más allá de 2030. La sociedad se está movilizando para evitar este cataclismo y el ‘green new deal’ (nuevo pacto verde) se está convirtiendo en eje central del discurso político. Las empresas también están reaccionando. Sectores clave como las tecnologías de la información y la comunicación, la energía, el transporte y la logística, y el sector inmobiliario, apuestan cada vez más por las energías limpias, las prácticas respetuosas con el medio ambiente, la economía circular y la resiliencia frente al cambio climático. Los nuevos desarrollos tecnológicos están facilitando este cambio de paradigma. Gracias a ellos, los costes de las energías solar y eólica han caído drásticamente y, en la actualidad, se encuentran por debajo del de las energías convencionales. Como consecuencia de ello, en 2028 podría producirse el colapso de la civilización basada en el carbono como fuente de energía. Las economías nacionales, por tanto, tendrán que adaptarse con rapidez a este nuevo escenario si quieren sobrevivir y seguir prosperando. Para conseguirlo, es preciso que las autoridades adopten una nueva estrategia económica que sea factible tanto para las grandes ciudades como para los pequeños núcleos urbanos y las comunidades rurales. A lo largo de la historia, los cambios de paradigma económico se han producido gracias a la combinación de un sistema de comunicación, una nueva fuente de energía y un nuevo sistema de transporte. En la primera revolución industrial actuaron, en este sentido, la máquina de vapor y el telégrafo, el carbón en abundancia y el ferrocarril. En la segunda revolución industrial los protagonistas fueron la electricidad, el teléfono, la radio y la televisión, el petróleo y los vehículos de combustión interna. En la tercera revolución industrial, en cuya cúspide nos hayamos ahora, interactúan la banda ancha, el internet de la energía renovable y el internet de la movilidad y la logística, con vehículos eléctricos. Todos ellos se apoyan en el internet de las cosas, que se integra en los inmuebles residenciales, comerciales e industriales neutros en carbono, que pueden gestionar y suministrar energía. Los edificios, por tanto, se están transformando en nodos y redes inteligentes para generar, gestionar y almacenar energía. Esto afectará a todos los sectores y propiciará la aparición de nuevos modelos empresariales y de nuevas oportunidades de empleo. Para que el sistema funcione se necesitará construir una red inteligente de energía en todo el territorio de un país, puesto que la red eléctrica está pasando de un sistema centralizado a otro distribuido, basado en millones de centros de generación de energía solar y eólica. Los gobiernos deberán asumir la responsabilidad principal de financiar este proceso durante los diez o veinte años que se tardará en desarrollar esa red eléctrica inteligente. Ese sistema, al incluir a millones de actores, será más diverso y complejo, con lo que se volverá más vulnerable frente a los ciberataques y los fenómenos climáticos. Por ello, es preciso incrementar su resiliencia, por ejemplo, mediante la instalación de microrredes, para permitir que la economía y la sociedad sigan funcionando. Para financiar el desarrollo de esta red energética inteligente, el gobierno tendrá que apoyarse en un sistema bancario ecológico y capaz de proporcionar los fondos necesarios. Una forma de hacerlo puede ser la emisión de bonos verdes que permitan invertir en el desarrollo de las infraestructuras ecológicas. Los inversores podrían ser, en gran medida, fondos de pensiones públicos y privados, aunque también podrían ser otro tipo de inversores institucionales. Los fondos de pensiones, de hecho, están empezando a salir de los sectores relacionados con los combustibles fósiles y a entrar en las inversiones verdes. Otra parte de la financiación pude proceder de los presupuestos públicos. Este cambio de paradigma energético es inevitable. Las energías solar y eólica son las más baratas del mundo y sus costes fijos van a seguir cayendo de forma exponencial durante mucho tiempo. Además, el coste marginal de generarlas es prácticamente cero, cosa que no sucede con otras fuentes de energía como el carbón, el petróleo, el gas o el uranio.
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