Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino episodes

  • El green new deal global. Jeremy Rifkin. English version.
    El 24 de octubre de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jeremy Rifkin, economista, sociólogo y asesor de la UE y China, titulada “El ‘Green new deal’ global”. Según Rifkin, el cambio climático provocado por la utilización de combustibles fósiles está llevando a toda la vida de la Tierra a la sexta extinción, debido al aumento de la temperatura. Para evitar este cataclismo, habría que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45% respecto a los niveles alcanzados en 2010, y habría que haberlo conseguido no más allá de 2030. La sociedad se está movilizando para evitar este cataclismo y el ‘green new deal’ (nuevo pacto verde) se está convirtiendo en eje central del discurso político. Las empresas también están reaccionando. Sectores clave como las tecnologías de la información y la comunicación, la energía, el transporte y la logística, y el sector inmobiliario, apuestan cada vez más por las energías limpias, las prácticas respetuosas con el medio ambiente, la economía circular y la resiliencia frente al cambio climático. Los nuevos desarrollos tecnológicos están facilitando este cambio de paradigma. Gracias a ellos, los costes de las energías solar y eólica han caído drásticamente y, en la actualidad, se encuentran por debajo del de las energías convencionales. Como consecuencia de ello, en 2028 podría producirse el colapso de la civilización basada en el carbono como fuente de energía. Las economías nacionales, por tanto, tendrán que adaptarse con rapidez a este nuevo escenario si quieren sobrevivir y seguir prosperando. Para conseguirlo, es preciso que las autoridades adopten una nueva estrategia económica que sea factible tanto para las grandes ciudades como para los pequeños núcleos urbanos y las comunidades rurales. A lo largo de la historia, los cambios de paradigma económico se han producido gracias a la combinación de un sistema de comunicación, una nueva fuente de energía y un nuevo sistema de transporte. En la primera revolución industrial actuaron, en este sentido, la máquina de vapor y el telégrafo, el carbón en abundancia y el ferrocarril. En la segunda revolución industrial los protagonistas fueron la electricidad, el teléfono, la radio y la televisión, el petróleo y los vehículos de combustión interna. En la tercera revolución industrial, en cuya cúspide nos hayamos ahora, interactúan la banda ancha, el internet de la energía renovable y el internet de la movilidad y la logística, con vehículos eléctricos. Todos ellos se apoyan en el internet de las cosas, que se integra en los inmuebles residenciales, comerciales e industriales neutros en carbono, que pueden gestionar y suministrar energía. Los edificios, por tanto, se están transformando en nodos y redes inteligentes para generar, gestionar y almacenar energía. Esto afectará a todos los sectores y propiciará la aparición de nuevos modelos empresariales y de nuevas oportunidades de empleo. Para que el sistema funcione se necesitará construir una red inteligente de energía en todo el territorio de un país, puesto que la red eléctrica está pasando de un sistema centralizado a otro distribuido, basado en millones de centros de generación de energía solar y eólica. Los gobiernos deberán asumir la responsabilidad principal de financiar este proceso durante los diez o veinte años que se tardará en desarrollar esa red eléctrica inteligente. Ese sistema, al incluir a millones de actores, será más diverso y complejo, con lo que se volverá más vulnerable frente a los ciberataques y los fenómenos climáticos. Por ello, es preciso incrementar su resiliencia, por ejemplo, mediante la instalación de microrredes, para permitir que la economía y la sociedad sigan funcionando. Para financiar el desarrollo de esta red energética inteligente, el gobierno tendrá que apoyarse en un sistema bancario ecológico y capaz de proporcionar los fondos necesarios. Una forma de hacerlo puede ser la emisión de bonos verdes que permitan invertir en el desarrollo de las infraestructuras ecológicas. Los inversores podrían ser, en gran medida, fondos de pensiones públicos y privados, aunque también podrían ser otro tipo de inversores institucionales. Los fondos de pensiones, de hecho, están empezando a salir de los sectores relacionados con los combustibles fósiles y a entrar en las inversiones verdes. Otra parte de la financiación pude proceder de los presupuestos públicos. Este cambio de paradigma energético es inevitable. Las energías solar y eólica son las más baratas del mundo y sus costes fijos van a seguir cayendo de forma exponencial durante mucho tiempo. Además, el coste marginal de generarlas es prácticamente cero, cosa que no sucede con otras fuentes de energía como el carbón, el petróleo, el gas o el uranio.
    1 hr 6 min
  • Luis de Guindos. La política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico. Versión en español
    La Fundación Rafael del Pino, el Global Interdependence Center y el BBVA organizaron, el 3 de octubre de 2019, el encuentro “Política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico” en el que participaron Charles Evans y Luis de Guindos moderado por Rafael Repullo.
    Luis de Guindos Jurado es vicepresidente del Banco Central Europeo. Fue ministro de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de España entre 2016 y 2018. En la X Legislatura fue ministro de Economía y Competitividad y desde el 15 de abril de 2016 asumió los asuntos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo tras la renuncia de su predecesor, José Manuel Soria (pero sin asumir la titularidad del Ministerio). Pertenece al Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado y donde ocupó distintos cargos. Ha trabajado en compañías de servicios financieros siendo miembro del consejo asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y director en España y Portugal hasta su quiebra en 2008. Fue director del Instituto de Empresa desde 20102? y perteneció al Consejo de Administración de Endesa con carácter de externo independiente.
    14 min
  • Luis de Guindos. La política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico. English version.
    La Fundación Rafael del Pino, el Global Interdependence Center y el BBVA organizaron, el 3 de octubre de 2019, el encuentro “Política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico” en el que participaron Charles Evans y Luis de Guindos moderado por Rafael Repullo.
    Luis de Guindos Jurado es vicepresidente del Banco Central Europeo. Fue ministro de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de España entre 2016 y 2018. En la X Legislatura fue ministro de Economía y Competitividad y desde el 15 de abril de 2016 asumió los asuntos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo tras la renuncia de su predecesor, José Manuel Soria (pero sin asumir la titularidad del Ministerio). Pertenece al Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado y donde ocupó distintos cargos. Ha trabajado en compañías de servicios financieros siendo miembro del consejo asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y director en España y Portugal hasta su quiebra en 2008. Fue director del Instituto de Empresa desde 20102? y perteneció al Consejo de Administración de Endesa con carácter de externo independiente.
    15 min
  • Charles Evans. La política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico. Versión en español
    La Fundación Rafael del Pino, el Global Interdependence Center y el BBVA organizaron, el 3 de octubre de 2019, el encuentro “Política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico” en el que participaron Charles Evans y Luis de Guindos moderado por Rafael Repullo.
    Charles Evans es el noveno presidente y director ejecutivo del Banco de la Reserva Federal de Chicago, así como miembro, con derecho a voto, del Federal Open Market Committee. Antes de convertirse en presidente de este Banco, fue vicepresidente senior del mismo y desarrolló labores de supervisión de las entidades del sistema y de análisis de la política monetaria, los mercados financieros y la economía regional. Charles Evans se licenció en ciencias económicas en la Universidad de Virginia y se doctoró en economía en la Carnegie-Mellon University. Ha sido profesor en las universidades de Chicago, Michigan y South Carolina y ha publicado sus investigaciones académicas en prestigiosas revistas como el Journal of Political Economy, la American Economic Review, el Journal of Monetary Economics, el Quarterly Journal of Economics o el the Handbook of Macroeconomics.
    13 min
  • Charles Evans. La política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico. English version
    La Fundación Rafael del Pino, el Global Interdependence Center y el BBVA organizaron, el 3 de octubre de 2019, el encuentro “Política monetaria en un nuevo escenario económico y geopolítico” en el que participaron Charles Evans y Luis de Guindos moderado por Rafael Repullo.
    Charles Evans es el noveno presidente y director ejecutivo del Banco de la Reserva Federal de Chicago, así como miembro, con derecho a voto, del Federal Open Market Committee. Antes de convertirse en presidente de este Banco, fue vicepresidente senior del mismo y desarrolló labores de supervisión de las entidades del sistema y de análisis de la política monetaria, los mercados financieros y la economía regional. Charles Evans se licenció en ciencias económicas en la Universidad de Virginia y se doctoró en economía en la Carnegie-Mellon University. Ha sido profesor en las universidades de Chicago, Michigan y South Carolina y ha publicado sus investigaciones académicas en prestigiosas revistas como el Journal of Political Economy, la American Economic Review, el Journal of Monetary Economics, el Quarterly Journal of Economics o el the Handbook of Macroeconomics.
    13 min
  • La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata. Versión en castellano.
    El 30 de septiembre tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jonathan Haidt, Thomas Cooley Professor of Ethical Leadership en la New York University Stern School of Business, titulada “La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata”.
    El profesor Haidt inició su intervención señalando que está pasando algo muy raro en el mundo, porque muchos países tienen problemas con sus sistemas políticos, con sus democracias. Es una época extraña, que da bastante miedo, pero también es fascinante, porque vivir en democracia es un desafío que todos tenemos que afrontar juntos. Nadie sabe realmente lo que está sucediendo, pero, para poder solucionarlo, debemos aprender unos de los otros.
    Los seres humanos hemos evolucionado para no ser seres tribales, pero no estamos diseñados para vivir en grandes sociedades. Estamos preparados para vivir en pequeñas sociedades, pero no para hacerlo en una de gran tamaño, a menos que se produzcan algunos ajustes que hagan posible la convivencia.
    Esa convivencia no siempre es fácil, sobre todo en las democracias. Los padres de la Constitución de Estados Unidos lo sabían. Conocían perfectamente que los intentos previos de democracia en distintos lugares del mundo habían sido verdaderos espectáculos de turbulencia y, por ello, su vida había sido muy breve. En consecuencia, entendían que la democracia era algo muy inestable y por ello querían que sus parámetros estuvieran bien definidos, por ejemplo, la separación de poderes. Si esos parámetros funcionan perfectamente, pensaban, la democracia estadounidense podría funcionar también durante muchos siglos.
    Los acontecimientos extraños se iniciaron en 2016 y sorprendieron a mucha gente a causa de su reflejo en las expresiones de la voluntad popular. Se ha producido un incremento de las divisiones políticas, no solo en Occidente. También se observa el advenimiento del populismo en Asia y en Latinoamérica. No sería extraño que, como consecuencia de ello, en los próximos veinte años asistamos a la desaparición de las democracias, al menos de algunas de ellas.
    ¿Quién ha podido cambiar esos parámetros fundamentales para que las democracias se hayan vuelto tan inestables? Solo un hombre: Mark Zuckerberg. No ha sido algo premeditado ni deliberado, pero es lo que ha sucedido.
    Las redes sociales han cambiado los parámetros fundamentales de la sociedad de una forma bastante perjudicial para la democracia. La política es diferente porque las redes sociales la han cambiado. La sociedad humana ahora es muy diferente de lo que lo era en 2007. Las redes sociales reúnen y concentran a las personas, pero eso solo significa que la gente tiene más conversaciones privadas. El problema es que la comunicación es una calle de dos sentidos. En este sentido, lo que sucede en los grupos de las redes sociales condiciona a las personas y provoca que les preocupe lo que piensen los demás de ellas. Esto afecta a la naturaleza de la comunicación y altera el ratio público/privado porque gana importancia lo primero.
    Las conversaciones, por tanto, ya no son honestas, ni auténticas. Por el contrario, ahora todo el mundo participa de actitudes de superioridad moral. Quien se comporta así considera que lo que dice es siempre la verdad y que, por eso, nadie puede estar en desacuerdo con esa persona.
    Las cosas, sin embargo, no han sido siempre así. Antes de 2009, las redes sociales eran de otra forma. Eran como agendas que permitían a la gente compartir cosas con sus amigos. Eso no alteraba ninguno de los parámetros de la sociedad. Pero, en 2009, Facebook inventó el botón de Like, con lo que ahora se puede cuantificar todo y optimizar lo que una persona ha hecho. Además, también se puede compartir todo en las redes.
    Los periódicos, que antaño eran fuente importante de información, han tenido que adaptarse al mundo de las redes sociales porque la gente ya no los lee. Pero eso implica que tienen que atraer lectores y, para conseguirlo, cargan bastante las tintas en sus titulares. Esto no es profesional, porque ya no se trata de informar, de contar la verdad tal cual es. Ahora de lo que se trata es de enganchar a la gente. Por ello, en 2013 los periodistas rompieron con internet.
    Todo esto explica por qué los parámetros han cambiado. Las redes sociales encajan perfectamente en las ranuras para sacar todo de nuestra vida privada. Quienes quieren destrozar la democracia, como Putin, lo aprovechan para sus fines. Y como, al final, todo gira en torno a las redes sociales, esto nos une. Las redes, por eso, son muy efectivas a la hora manipular a los grupos, de conseguir que se enfaden.
    La gente en Estados Unidos es muy vulnerable a la manipulación a través de las redes, como demuestran los estudios. Por eso los norteamericanos seguían la propaganda rusa y actuaban de acuerdo con los fines que perseguía. Esto provoca la polarización de la política, en la que republicanos y demócratas son incapaces de entenderse.
    Esta polarización llegó, incluso, a la universidad. De pronto, surgido de la nada, la gente empezó a hablar de advertencias. Si un profesor pedía a los alumnos que leyeran un libro tenía que advertirles de que su contenido podría herir su sensibilidad. Al mismo tiempo, se empezó a vetar la presencia en la universidad de cualquier persona que no les pareciera bien a los alumnos. Incluso, empezaron a pedir espacios seguros para que quienes defienden visiones radicales sobre, por ejemplo, la identidad de género, pudieran hablar sin verse sometidos a la presión del rechazo de quienes no comparten su forma de pensar.
    ¿Por qué ocurre esto? Porque la generación Z tiene menos experiencias vitales que las generaciones anteriores. Tardan más en cubrir los hitos propios del desarrollo personal, por ejemplo, conseguir el carné de conducir, tener su primea relación de pareja, o trabajar para ir a la universidad. Luego llegan a la universidad y el profesor les dice que lean un libro donde hay una violación. Eso les choca y les provoca depresión y ansiedad porque no están preparados para afrontarlo. Este problema afecta a las chicas mucho más que a los chicos. Las mujeres de generaciones anteriores que no tenían redes sociales, sin embargo, tenían menos problemas.
    ¿Por qué está ocurriendo todo esto al mismo tiempo en muchos países? Las redes sociales explican el momento en que está ocurriendo todo esto. Los niños antes se juntaban después del colegio y se iban a jugar. Ahora no es así. Ahora se conectan electrónicamente desde su casa y eso no es lo mismo. A las chicas, además, les afecta más la comparación social constante que suponen las redes sociales, les da miedo perderse algo y piensan que, si todo el mundo se lo pasa bien y ellas no, es que les pasa algo. Y si tienen un conflicto, tienden a desprestigiar a sus compañeras a través de las redes sociales, con lo que ello conlleva. Las redes sociales, por tanto, son perniciosas para los niños.
    Otra causa del problema es la sobreprotección a los hijos. Los niños necesitan experimentar el fracaso, ser criticados, verse aislados, que se metan con ellos, aunque no con demasiada frecuencia, y aprender de ello. La sobreprotección les impide que se desarrollen para poder afrontar los problemas de la vida. Los niños, en consecuencia, no aprenden a protegerse a sí mismos, a defenderse. Aunque, al final, lo va a aprender de la forma más dura, pero es mejor que sea así a que no lo aprendan nunca. Con la sobreprotección los estamos confundiendo. Cuando juegan, en cambio, aprenden y practican las destrezas que necesitarán en la vida. Por eso es importante que jueguen entre ellos. Pero ahora no pueden hacerlo porque los padres piensan que es muy peligroso dejarles salir solos a la calle, ir solos a casa de un amigo, etc.
    La información también forma parte del problema. Ahora, todos tenemos mucha información, pero el porcentaje de información, en el sentido clásico, se reduce cada vez más. Antes, ver la televisión era una experiencia compartida con toda la familia. Ahora, cuando la gente joven se hiperconecta entre sí no hay sitio para una generación de más edad. Los jóvenes crean y comparten sus propios contenidos y no ven el resto. Pero eso es un conocimiento muy pequeño y a la gente le va mucho mejor si puede aprovechar la sabiduría colectiva de la humanidad, lo que implica salir de ese encierro. Y es que la generación Z se ha aislado de la transmisión de historias de las generaciones anteriores porque no les escuchan. Al hacerlo, se han aislado de la sabiduría.
    ¿Qué podemos hacer entonces? La democracia y la generación Z van a tener dificultades hasta que las redes sociales sean menos contagiosas y perniciosas. Hay que introducir cambios en la democracia para que la gente la apoye más. También en la educación que proporcionan los padres a los hijos, así como darles más independencia. Además, hay que retrasar el acceso a las redes sociales a los 16 años. Y tenemos que introducir cambios en nosotros mismos. El odio siempre da lugar a más odio. Por eso hay que ser más humilde, dar a la gente el beneficio de la duda, no enfadarnos tan rápidamente. Ahora que estamos todos conectados, debemos tener más cuidado con lo que decimos. No obstante, eso no va a servir de mucho si no somos menos ‘sensibles’, si seguimos transmitiendo mensajes de ira, y si no tratamos de ofender menos a los demás.
    51 min
  • La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata. English version
    El 30 de septiembre tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jonathan Haidt, Thomas Cooley Professor of Ethical Leadership en la New York University Stern School of Business, titulada “La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata”.
    El profesor Haidt inició su intervención señalando que está pasando algo muy raro en el mundo, porque muchos países tienen problemas con sus sistemas políticos, con sus democracias. Es una época extraña, que da bastante miedo, pero también es fascinante, porque vivir en democracia es un desafío que todos tenemos que afrontar juntos. Nadie sabe realmente lo que está sucediendo, pero, para poder solucionarlo, debemos aprender unos de los otros.
    Los seres humanos hemos evolucionado para no ser seres tribales, pero no estamos diseñados para vivir en grandes sociedades. Estamos preparados para vivir en pequeñas sociedades, pero no para hacerlo en una de gran tamaño, a menos que se produzcan algunos ajustes que hagan posible la convivencia.
    Esa convivencia no siempre es fácil, sobre todo en las democracias. Los padres de la Constitución de Estados Unidos lo sabían. Conocían perfectamente que los intentos previos de democracia en distintos lugares del mundo habían sido verdaderos espectáculos de turbulencia y, por ello, su vida había sido muy breve. En consecuencia, entendían que la democracia era algo muy inestable y por ello querían que sus parámetros estuvieran bien definidos, por ejemplo, la separación de poderes. Si esos parámetros funcionan perfectamente, pensaban, la democracia estadounidense podría funcionar también durante muchos siglos.
    Los acontecimientos extraños se iniciaron en 2016 y sorprendieron a mucha gente a causa de su reflejo en las expresiones de la voluntad popular. Se ha producido un incremento de las divisiones políticas, no solo en Occidente. También se observa el advenimiento del populismo en Asia y en Latinoamérica. No sería extraño que, como consecuencia de ello, en los próximos veinte años asistamos a la desaparición de las democracias, al menos de algunas de ellas.
    ¿Quién ha podido cambiar esos parámetros fundamentales para que las democracias se hayan vuelto tan inestables? Solo un hombre: Mark Zuckerberg. No ha sido algo premeditado ni deliberado, pero es lo que ha sucedido.
    Las redes sociales han cambiado los parámetros fundamentales de la sociedad de una forma bastante perjudicial para la democracia. La política es diferente porque las redes sociales la han cambiado. La sociedad humana ahora es muy diferente de lo que lo era en 2007. Las redes sociales reúnen y concentran a las personas, pero eso solo significa que la gente tiene más conversaciones privadas. El problema es que la comunicación es una calle de dos sentidos. En este sentido, lo que sucede en los grupos de las redes sociales condiciona a las personas y provoca que les preocupe lo que piensen los demás de ellas. Esto afecta a la naturaleza de la comunicación y altera el ratio público/privado porque gana importancia lo primero.
    Las conversaciones, por tanto, ya no son honestas, ni auténticas. Por el contrario, ahora todo el mundo participa de actitudes de superioridad moral. Quien se comporta así considera que lo que dice es siempre la verdad y que, por eso, nadie puede estar en desacuerdo con esa persona.
    Las cosas, sin embargo, no han sido siempre así. Antes de 2009, las redes sociales eran de otra forma. Eran como agendas que permitían a la gente compartir cosas con sus amigos. Eso no alteraba ninguno de los parámetros de la sociedad. Pero, en 2009, Facebook inventó el botón de Like, con lo que ahora se puede cuantificar todo y optimizar lo que una persona ha hecho. Además, también se puede compartir todo en las redes.
    Los periódicos, que antaño eran fuente importante de información, han tenido que adaptarse al mundo de las redes sociales porque la gente ya no los lee. Pero eso implica que tienen que atraer lectores y, para conseguirlo, cargan bastante las tintas en sus titulares. Esto no es profesional, porque ya no se trata de informar, de contar la verdad tal cual es. Ahora de lo que se trata es de enganchar a la gente. Por ello, en 2013 los periodistas rompieron con internet.
    Todo esto explica por qué los parámetros han cambiado. Las redes sociales encajan perfectamente en las ranuras para sacar todo de nuestra vida privada. Quienes quieren destrozar la democracia, como Putin, lo aprovechan para sus fines. Y como, al final, todo gira en torno a las redes sociales, esto nos une. Las redes, por eso, son muy efectivas a la hora manipular a los grupos, de conseguir que se enfaden.
    La gente en Estados Unidos es muy vulnerable a la manipulación a través de las redes, como demuestran los estudios. Por eso los norteamericanos seguían la propaganda rusa y actuaban de acuerdo con los fines que perseguía. Esto provoca la polarización de la política, en la que republicanos y demócratas son incapaces de entenderse.
    Esta polarización llegó, incluso, a la universidad. De pronto, surgido de la nada, la gente empezó a hablar de advertencias. Si un profesor pedía a los alumnos que leyeran un libro tenía que advertirles de que su contenido podría herir su sensibilidad. Al mismo tiempo, se empezó a vetar la presencia en la universidad de cualquier persona que no les pareciera bien a los alumnos. Incluso, empezaron a pedir espacios seguros para que quienes defienden visiones radicales sobre, por ejemplo, la identidad de género, pudieran hablar sin verse sometidos a la presión del rechazo de quienes no comparten su forma de pensar.
    ¿Por qué ocurre esto? Porque la generación Z tiene menos experiencias vitales que las generaciones anteriores. Tardan más en cubrir los hitos propios del desarrollo personal, por ejemplo, conseguir el carné de conducir, tener su primea relación de pareja, o trabajar para ir a la universidad. Luego llegan a la universidad y el profesor les dice que lean un libro donde hay una violación. Eso les choca y les provoca depresión y ansiedad porque no están preparados para afrontarlo. Este problema afecta a las chicas mucho más que a los chicos. Las mujeres de generaciones anteriores que no tenían redes sociales, sin embargo, tenían menos problemas.
    ¿Por qué está ocurriendo todo esto al mismo tiempo en muchos países? Las redes sociales explican el momento en que está ocurriendo todo esto. Los niños antes se juntaban después del colegio y se iban a jugar. Ahora no es así. Ahora se conectan electrónicamente desde su casa y eso no es lo mismo. A las chicas, además, les afecta más la comparación social constante que suponen las redes sociales, les da miedo perderse algo y piensan que, si todo el mundo se lo pasa bien y ellas no, es que les pasa algo. Y si tienen un conflicto, tienden a desprestigiar a sus compañeras a través de las redes sociales, con lo que ello conlleva. Las redes sociales, por tanto, son perniciosas para los niños.
    Otra causa del problema es la sobreprotección a los hijos. Los niños necesitan experimentar el fracaso, ser criticados, verse aislados, que se metan con ellos, aunque no con demasiada frecuencia, y aprender de ello. La sobreprotección les impide que se desarrollen para poder afrontar los problemas de la vida. Los niños, en consecuencia, no aprenden a protegerse a sí mismos, a defenderse. Aunque, al final, lo va a aprender de la forma más dura, pero es mejor que sea así a que no lo aprendan nunca. Con la sobreprotección los estamos confundiendo. Cuando juegan, en cambio, aprenden y practican las destrezas que necesitarán en la vida. Por eso es importante que jueguen entre ellos. Pero ahora no pueden hacerlo porque los padres piensan que es muy peligroso dejarles salir solos a la calle, ir solos a casa de un amigo, etc.
    La información también forma parte del problema. Ahora, todos tenemos mucha información, pero el porcentaje de información, en el sentido clásico, se reduce cada vez más. Antes, ver la televisión era una experiencia compartida con toda la familia. Ahora, cuando la gente joven se hiperconecta entre sí no hay sitio para una generación de más edad. Los jóvenes crean y comparten sus propios contenidos y no ven el resto. Pero eso es un conocimiento muy pequeño y a la gente le va mucho mejor si puede aprovechar la sabiduría colectiva de la humanidad, lo que implica salir de ese encierro. Y es que la generación Z se ha aislado de la transmisión de historias de las generaciones anteriores porque no les escuchan. Al hacerlo, se han aislado de la sabiduría.
    ¿Qué podemos hacer entonces? La democracia y la generación Z van a tener dificultades hasta que las redes sociales sean menos contagiosas y perniciosas. Hay que introducir cambios en la democracia para que la gente la apoye más. También en la educación que proporcionan los padres a los hijos, así como darles más independencia. Además, hay que retrasar el acceso a las redes sociales a los 16 años. Y tenemos que introducir cambios en nosotros mismos. El odio siempre da lugar a más odio. Por eso hay que ser más humilde, dar a la gente el beneficio de la duda, no enfadarnos tan rápidamente. Ahora que estamos todos conectados, debemos tener más cuidado con lo que decimos. No obstante, eso no va a servir de mucho si no somos menos ‘sensibles’, si seguimos transmitiendo mensajes de ira, y si no tratamos de ofender menos a los demás.
    51 min
  • El sueño americano. ¿Cómo la inteligencia artificial ayuda a la pequeña empresa? Versión en español
    El 26 de septiembre de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Karen G. Mills, Senior Fellow en la Harvard Business School, ex miembro del Gabinete del presidente Barack Obama, titulada “El sueño americano: ¿cómo la inteligencia artificial ayuda a la pequeña y mediana empresa?”.
    En su intervención, Mills quiso abordar dos asuntos, que están relacionados. El primero de ellos es la inteligencia artificial. Mucha gente piensa que la primera forma en que nos afectará la inteligencia artificial son los coches autónomos. Esto, sin embargo, todavía pertenece a un futuro lejano. En cambio, el impacto de la inteligencia artificial sobre la banca y, en particular, en la actividad bancaria relacionada con las pequeñas empresas se va a producir mucho más pronto. De aquí a dieciocho meses o, como mucho, dos años podrá apreciarse su efecto en la banca para pequeñas empresas y consumidores.
    La otra cosa de la que quiero hablar es de la importancia de las pequeñas empresas y del impacto que tendrá la inteligencia artificial en ellas. Por ambos motivos escribió su libro Fintech, Small Business & the American Dream: How Technology Is Transforming Lending and Shaping a New Era of Small Business Opportunity.
    La razón de hacerlo se produjo hace diez años, cuando trabajaba en la administración de Barack Obama como responsable de las pequeñas empresas. Una de las cosas que hacía difícil este trabajo era el momento en que había que llevarlo a cabo. Acepté el puesto en el primer trimestre de 2009, cuando se inició la recesión provocada por la crisis financiera. La crisis afectó mucho más a las pymes que a las grandes empresas, por lo que la destrucción de empleo fue mucho más intensa en ellas. La causa de este comportamiento diferente estriba en que, en las crisis financieras, las empresas que más sufren son aquellas más dependientes del crédito. Este es el caso de las pequeñas empresas. Por eso, desde la Casa Blanca había que hacer algo para conseguir que las pequeñas empresas volvieran a tener acceso al crédito. Para ello, se creó un sistema de garantía crediticia para este tipo de compañías, que cubría el 90% del préstamo.
    El impacto de esta medida fue inmediato. Más de mil bancos en menos de seis meses volvieron a prestar a las pequeñas empresas. Esto le enseño el grado tan enorme de dependencia del crédito que tenían estas compañías, así como el impacto que se puede generar si se consigue que haya disponibilidad de crédito para ellas. Hoy en día, la importancia de esta cuestión se aprecia perfectamente si se tiene en cuenta que la mitad de la gente en Estados Unidos, y el 70% en España, trabaja para una pequeña empresa.
    A pesar de ello, los gobiernos y los economistas no han prestado suficiente atención a las pequeñas empresas. Esto se debe a que los gobiernos y los economistas piensan primero en los consumidores. Después lo hacen en la inversión en equipos, que la realiza mayoritariamente la gran empresa. Luego piensan en el gasto público. Por ello, la mayoría de los grandes modelos macroeconómicos tienden a ignorar a las pequeñas empresas. Por eso hay que recordar que las pequeñas empresas en España aportan el 70% del empleo y el 90% del PIB.
    Otra cuestión que hay que tener en cuenta respecto a las pequeñas empresas es que, cuando nos referimos a ellas, no estamos hablando de Silicon Valley. De lo que estamos hablando es de esos pequeños negocios que forman parte de la vida diaria de la gente. En Estados Unidos hay treinta millones de pequeñas empresas, de las cuales veinticuatro millones no tienen empleados. Ese último segmento, además, está creciendo debido a la ‘gig economy’, o economía de los pequeños encargos. La mayoría del resto de negocios son, por ejemplo, cafés, tintorerías, etc. Hay un segmento en particular que es importante, que es el de las pequeñas empresas que actúan como proveedores de otras compañías. Este es un segmento al que es preciso prestar una atención particular porque es un segmento que necesita capital para poder gestionar su negocio.
    ¿Cuál es el problema? Que la banca no ha cambiado en los últimos cincuenta o cien años. Una pequeña empresa que demande un crédito necesita aportar una pila de papeles, que el banco revisa exhaustivamente. Pero, como no pueden ver dentro de las empresas, suele pedir garantías personales para poder conceder el préstamo, ya que, si no pueden ver dentro de las empresas, no pueden saber cómo hacen dinero las pequeñas empresas. A este problema se le conoce como opacidad informativa. La tecnología, sin embargo, ayuda a resolverlo porque, a través del big data, etc., permite a los bancos ver dentro de las pequeñas empresas.
    La segunda causa de fricción que dificulta la financiación de las pequeñas empresas es el retraso en el proceso de concesión de créditos, debido al tiempo que se necesita para analizar multitud de negocios todos ellos pertenecientes a sectores diferentes. La utilización del big data puede ser de gran ayuda, ya que aportaría al banco información sobre cientos de negocios del mismo sector que el demandante del crédito y le permitiría saber si lo hace igual, mejor o peor que los demás. Por tanto, el big data, el machine learning y la inteligencia artificial pueden eliminar las barreras que dificultan el proceso de concesión de préstamos y, en consecuencia, acortarlo.
    La innovación, en el campo de la tecnología, empieza muy despacio. Luego se acelera y se alcanza la madurez, pero viene alguien que introduce una nueva disrupción y la aceleración continúa. En el caso de la banca, las primeras empresas de Fintech aparecieron en 2010. En 2014 parecía que se iban a comer el mundo y que los bancos estaban condenados a la desaparición porque parecían incapaces de cambiar.
    Los bancos, sin embargo, tienen grandes activos que pueden movilizar contra estos nuevos disruptores. En particular, cuentan con dos grandes activos que han demostrado ser muy importantes. El primero es su clientela. El ‘fintech’ ha pasado mucho tiempo tratando de captar clientes que confíen en esas empresas a la hora de pedir un crédito. El segundo activo es el dinero. Los bancos tienen depósitos a bajo coste que utilizan para prestar dinero. El Fintech, en cambio, obtiene el dinero de los ‘hedge funds’, pero ese dinero es mucho más caro. Así es que las primeras empresas de Fintech tuvieron problemas de financiación y se vieron obligadas a retroceder.
    De repente, sin embargo, el mundo se transformó con la entrada en el sector de las grandes tecnológicas, como Amazon, que se convirtieron en prestamistas de las pequeñas empresas. Entonces, la banca despertó y empezó a invertir en tecnología.
    ¿Quién va a ganar? ¿Quién va a resultar perdedor? Los grandes bancos, las grandes empresas de tarjetas de crédito, las grandes empresas tecnológicas, las compañías de Fintech y las empresas de infraestructuras tecnológicas de medios de pago son los cuatro grupos de actores en este mercado. Este es el entorno, pero todavía no sabemos quiénes serán los ganadores.
    Esta transformación está teniendo lugar en estos mismos momentos. Sucede a través de las APIs (interfaz de programación de aplicaciones, por sus siglas en inglés), que extraen los datos de las cuentas bancarias, así como la información de las tarjetas de crédito. Esta información la reúnen en una caja negra en la cual los algoritmos pueden crear inteligencia que permiten la transformación de la visión que ofrece una empresa. A partir de ella, quienes prestan pueden ver inmediatamente en sus pantallas el gráfico que refleja cuál es la solvencia de un demandante de crédito.
    Esta representación gráfica también puede emplearse en las pequeñas empresas, por ejemplo, para predecir el flujo de caja. Esto es lo que denomina la utopía de las pequeñas empresas. En este caso, el sistema utiliza la misma información que los bancos, pero para ver cómo va a ser el flujo de caja. Esto permite a las empresas conocer con antelación si van a necesitar un crédito y conseguir la aprobación anticipada del mismo por parte del banco. Al compartir la información, el banco, a su vez, sabe si la empresa va a necesitar ese crédito en dos semanas porque puede ver la proyección del flujo de caja. Esto va a suponer un gran cambio para las pequeñas empresas, porque podrán evitar crisis derivadas de falta de liquidez en un momento determinado.
    Ahora bien, esto también tiene un lado oscuro. Se trata de que sucedería si en el historial crediticio de una empresa o una persona, que está guardado en la caja negra, hay un error. En ese caso, habría que corregirlo, como se hace ahora si uno detecta un error en su cuenta o en los cargos de su tarjeta de crédito. Pero ¿qué pasa si ese error está en el algoritmo? Además, si el algoritmo está bloqueado para que no puedan acceder terceros a él, ¿dónde van a conseguir los reguladores la experiencia necesaria para hacer su trabajo? Por ejemplo, ¿cómo van a conocer la forma en que la máquina toma sus decisiones? ¿Cómo van a saber si no hay sesgos en los datos? Por último, ¿quién es el propietario de los datos? En Europa, el dueño de los datos es el cliente. Esta es una de las cuestiones fundamentales para determinar la evolución futura del Fintech y la banca, porque será necesario que los clientes den permiso a los bancos para utilizar esos datos con el fin de éstos puedan ofrecerles mejores servicios.
    En Estados Unidos, en cambio, las cosas no son tan claras. Hay siete reguladores federales, más otros dos en cada uno de los cincuenta estados, que pueden actuar en esta cuestión. Y no son capaces de ponerse de acuerdo, con lo cual, no se está avanzando en la regulación.
    Para tratar de averiguar por dónde van a ir las cosas en el futuro hay que hacerse tres preguntas. La primera de ellas es quién tiene los clientes. Quien los tiene son los grandes bancos, los pequeños, las empresas de tarjetas de crédito y las grandes tecnológicas. La segunda pregunta es quién aporta el capital. Ahí los bancos tienen una ventaja, que es que consiguen el capital de forma más barata a través de los depósitos de los clientes. Y la tercera pregunta es quién tiene la mejor tecnología. Hay muchas tecnologías, pero las claves residen en quién tiene la mejor estructura; quién entiende mejor los algoritmos, la inteligencia artificial, y quien consigue los mejores clientes. Y aquí los mejores son las grandes tecnológicas.
    Por tanto, ¿qué va a ocurrir? Primero, que la tecnología va a transformar el crédito a las pequeñas empresas de aquí a dos o cuatro años. Segundo, que los ganadores serán los bancos y las grandes tecnológicas porque operan con costes más bajos, porque se van a centrar en productos específicos para las pequeñas empresas y porque van a crear una relación crediticia. Esto se producirá porque habrá más prestatarios solventes que consigan un crédito, porque mejorará la experiencia del cliente, y porque se evitarán situaciones de falta de liquidez. Tercero y último, la regulación financiera respecto a la propiedad de los datos determinará el éxito del Fintech como industria. Pero hoy los reguladores no están preparados para lidiar con los monopolios de empresa como Amazon, Paypal o Square.
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  • El sueño americano. ¿Cómo la inteligencia artificial ayuda a la pequeña empresa? english version
    El 26 de septiembre de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Karen G. Mills, Senior Fellow en la Harvard Business School, ex miembro del Gabinete del presidente Barack Obama, titulada “El sueño americano: ¿cómo la inteligencia artificial ayuda a la pequeña y mediana empresa?”.
    En su intervención, Mills quiso abordar dos asuntos, que están relacionados. El primero de ellos es la inteligencia artificial. Mucha gente piensa que la primera forma en que nos afectará la inteligencia artificial son los coches autónomos. Esto, sin embargo, todavía pertenece a un futuro lejano. En cambio, el impacto de la inteligencia artificial sobre la banca y, en particular, en la actividad bancaria relacionada con las pequeñas empresas se va a producir mucho más pronto. De aquí a dieciocho meses o, como mucho, dos años podrá apreciarse su efecto en la banca para pequeñas empresas y consumidores.
    La otra cosa de la que quiero hablar es de la importancia de las pequeñas empresas y del impacto que tendrá la inteligencia artificial en ellas. Por ambos motivos escribió su libro Fintech, Small Business & the American Dream: How Technology Is Transforming Lending and Shaping a New Era of Small Business Opportunity.
    La razón de hacerlo se produjo hace diez años, cuando trabajaba en la administración de Barack Obama como responsable de las pequeñas empresas. Una de las cosas que hacía difícil este trabajo era el momento en que había que llevarlo a cabo. Acepté el puesto en el primer trimestre de 2009, cuando se inició la recesión provocada por la crisis financiera. La crisis afectó mucho más a las pymes que a las grandes empresas, por lo que la destrucción de empleo fue mucho más intensa en ellas. La causa de este comportamiento diferente estriba en que, en las crisis financieras, las empresas que más sufren son aquellas más dependientes del crédito. Este es el caso de las pequeñas empresas. Por eso, desde la Casa Blanca había que hacer algo para conseguir que las pequeñas empresas volvieran a tener acceso al crédito. Para ello, se creó un sistema de garantía crediticia para este tipo de compañías, que cubría el 90% del préstamo.
    El impacto de esta medida fue inmediato. Más de mil bancos en menos de seis meses volvieron a prestar a las pequeñas empresas. Esto le enseño el grado tan enorme de dependencia del crédito que tenían estas compañías, así como el impacto que se puede generar si se consigue que haya disponibilidad de crédito para ellas. Hoy en día, la importancia de esta cuestión se aprecia perfectamente si se tiene en cuenta que la mitad de la gente en Estados Unidos, y el 70% en España, trabaja para una pequeña empresa.
    A pesar de ello, los gobiernos y los economistas no han prestado suficiente atención a las pequeñas empresas. Esto se debe a que los gobiernos y los economistas piensan primero en los consumidores. Después lo hacen en la inversión en equipos, que la realiza mayoritariamente la gran empresa. Luego piensan en el gasto público. Por ello, la mayoría de los grandes modelos macroeconómicos tienden a ignorar a las pequeñas empresas. Por eso hay que recordar que las pequeñas empresas en España aportan el 70% del empleo y el 90% del PIB.
    Otra cuestión que hay que tener en cuenta respecto a las pequeñas empresas es que, cuando nos referimos a ellas, no estamos hablando de Silicon Valley. De lo que estamos hablando es de esos pequeños negocios que forman parte de la vida diaria de la gente. En Estados Unidos hay treinta millones de pequeñas empresas, de las cuales veinticuatro millones no tienen empleados. Ese último segmento, además, está creciendo debido a la ‘gig economy’, o economía de los pequeños encargos. La mayoría del resto de negocios son, por ejemplo, cafés, tintorerías, etc. Hay un segmento en particular que es importante, que es el de las pequeñas empresas que actúan como proveedores de otras compañías. Este es un segmento al que es preciso prestar una atención particular porque es un segmento que necesita capital para poder gestionar su negocio.
    ¿Cuál es el problema? Que la banca no ha cambiado en los últimos cincuenta o cien años. Una pequeña empresa que demande un crédito necesita aportar una pila de papeles, que el banco revisa exhaustivamente. Pero, como no pueden ver dentro de las empresas, suele pedir garantías personales para poder conceder el préstamo, ya que, si no pueden ver dentro de las empresas, no pueden saber cómo hacen dinero las pequeñas empresas. A este problema se le conoce como opacidad informativa. La tecnología, sin embargo, ayuda a resolverlo porque, a través del big data, etc., permite a los bancos ver dentro de las pequeñas empresas.
    La segunda causa de fricción que dificulta la financiación de las pequeñas empresas es el retraso en el proceso de concesión de créditos, debido al tiempo que se necesita para analizar multitud de negocios todos ellos pertenecientes a sectores diferentes. La utilización del big data puede ser de gran ayuda, ya que aportaría al banco información sobre cientos de negocios del mismo sector que el demandante del crédito y le permitiría saber si lo hace igual, mejor o peor que los demás. Por tanto, el big data, el machine learning y la inteligencia artificial pueden eliminar las barreras que dificultan el proceso de concesión de préstamos y, en consecuencia, acortarlo.
    La innovación, en el campo de la tecnología, empieza muy despacio. Luego se acelera y se alcanza la madurez, pero viene alguien que introduce una nueva disrupción y la aceleración continúa. En el caso de la banca, las primeras empresas de Fintech aparecieron en 2010. En 2014 parecía que se iban a comer el mundo y que los bancos estaban condenados a la desaparición porque parecían incapaces de cambiar.
    Los bancos, sin embargo, tienen grandes activos que pueden movilizar contra estos nuevos disruptores. En particular, cuentan con dos grandes activos que han demostrado ser muy importantes. El primero es su clientela. El ‘fintech’ ha pasado mucho tiempo tratando de captar clientes que confíen en esas empresas a la hora de pedir un crédito. El segundo activo es el dinero. Los bancos tienen depósitos a bajo coste que utilizan para prestar dinero. El Fintech, en cambio, obtiene el dinero de los ‘hedge funds’, pero ese dinero es mucho más caro. Así es que las primeras empresas de Fintech tuvieron problemas de financiación y se vieron obligadas a retroceder.
    De repente, sin embargo, el mundo se transformó con la entrada en el sector de las grandes tecnológicas, como Amazon, que se convirtieron en prestamistas de las pequeñas empresas. Entonces, la banca despertó y empezó a invertir en tecnología.
    ¿Quién va a ganar? ¿Quién va a resultar perdedor? Los grandes bancos, las grandes empresas de tarjetas de crédito, las grandes empresas tecnológicas, las compañías de Fintech y las empresas de infraestructuras tecnológicas de medios de pago son los cuatro grupos de actores en este mercado. Este es el entorno, pero todavía no sabemos quiénes serán los ganadores.
    Esta transformación está teniendo lugar en estos mismos momentos. Sucede a través de las APIs (interfaz de programación de aplicaciones, por sus siglas en inglés), que extraen los datos de las cuentas bancarias, así como la información de las tarjetas de crédito. Esta información la reúnen en una caja negra en la cual los algoritmos pueden crear inteligencia que permiten la transformación de la visión que ofrece una empresa. A partir de ella, quienes prestan pueden ver inmediatamente en sus pantallas el gráfico que refleja cuál es la solvencia de un demandante de crédito.
    Esta representación gráfica también puede emplearse en las pequeñas empresas, por ejemplo, para predecir el flujo de caja. Esto es lo que denomina la utopía de las pequeñas empresas. En este caso, el sistema utiliza la misma información que los bancos, pero para ver cómo va a ser el flujo de caja. Esto permite a las empresas conocer con antelación si van a necesitar un crédito y conseguir la aprobación anticipada del mismo por parte del banco. Al compartir la información, el banco, a su vez, sabe si la empresa va a necesitar ese crédito en dos semanas porque puede ver la proyección del flujo de caja. Esto va a suponer un gran cambio para las pequeñas empresas, porque podrán evitar crisis derivadas de falta de liquidez en un momento determinado.
    Ahora bien, esto también tiene un lado oscuro. Se trata de que sucedería si en el historial crediticio de una empresa o una persona, que está guardado en la caja negra, hay un error. En ese caso, habría que corregirlo, como se hace ahora si uno detecta un error en su cuenta o en los cargos de su tarjeta de crédito. Pero ¿qué pasa si ese error está en el algoritmo? Además, si el algoritmo está bloqueado para que no puedan acceder terceros a él, ¿dónde van a conseguir los reguladores la experiencia necesaria para hacer su trabajo? Por ejemplo, ¿cómo van a conocer la forma en que la máquina toma sus decisiones? ¿Cómo van a saber si no hay sesgos en los datos? Por último, ¿quién es el propietario de los datos? En Europa, el dueño de los datos es el cliente. Esta es una de las cuestiones fundamentales para determinar la evolución futura del Fintech y la banca, porque será necesario que los clientes den permiso a los bancos para utilizar esos datos con el fin de éstos puedan ofrecerles mejores servicios.
    En Estados Unidos, en cambio, las cosas no son tan claras. Hay siete reguladores federales, más otros dos en cada uno de los cincuenta estados, que pueden actuar en esta cuestión. Y no son capaces de ponerse de acuerdo, con lo cual, no se está avanzando en la regulación.
    Para tratar de averiguar por dónde van a ir las cosas en el futuro hay que hacerse tres preguntas. La primera de ellas es quién tiene los clientes. Quien los tiene son los grandes bancos, los pequeños, las empresas de tarjetas de crédito y las grandes tecnológicas. La segunda pregunta es quién aporta el capital. Ahí los bancos tienen una ventaja, que es que consiguen el capital de forma más barata a través de los depósitos de los clientes. Y la tercera pregunta es quién tiene la mejor tecnología. Hay muchas tecnologías, pero las claves residen en quién tiene la mejor estructura; quién entiende mejor los algoritmos, la inteligencia artificial, y quien consigue los mejores clientes. Y aquí los mejores son las grandes tecnológicas.
    Por tanto, ¿qué va a ocurrir? Primero, que la tecnología va a transformar el crédito a las pequeñas empresas de aquí a dos o cuatro años. Segundo, que los ganadores serán los bancos y las grandes tecnológicas porque operan con costes más bajos, porque se van a centrar en productos específicos para las pequeñas empresas y porque van a crear una relación crediticia. Esto se producirá porque habrá más prestatarios solventes que consigan un crédito, porque mejorará la experiencia del cliente, y porque se evitarán situaciones de falta de liquidez. Tercero y último, la regulación financiera respecto a la propiedad de los datos determinará el éxito del Fintech como industria. Pero hoy los reguladores no están preparados para lidiar con los monopolios de empresa como Amazon, Paypal o Square.
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  • Fronteras abiertas. Bryan Caplan - English version
    El 25 de junio de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Bryan Caplan, catedrático de Economía en la Universidad George Mason y columnista de EconLog, titulada “Fronteras abiertas. Por qué el sistema educativo puede ser una pérdida de tiempo y de dinero”, en la que habló de educación y de inmigración.
    Caplan inició su intervención diciendo que todo el mundo siempre tiene la idea de que nos hace falta una educación mejor. Ahora bien, ningún político dice que estamos dilapidando el dinero que gastamos en ella, y esto es algo muy extraño. De hecho, por lo que se refiere a la educación, los economistas y los políticos siempre están de acuerdo, porque los economistas miden los beneficios financieros que obtiene el individuo y se dan cuenta de que la educación aporta un rendimiento económico en forma de mayores sueldos. Pero cuando se analiza la educación, no solemos darnos cuenta de que, la mayoría de las veces, no se nos enseña una habilidad que sirva más allá de para aprobar un examen.
    Los empresarios todavía valoran a la gente por el rendimiento que demuestran en la escuela a través de las notas, con independencia de que se trate de matemáticas, literatura o historia. Sin esas notas, no puedes ir a la universidad ni conseguir un buen trabajo. Además, si estudias latín, tienes el futuro despejado porque las grandes universidades te abren las puertas.
    El modelo de señalización de la educación dice que algunas asignaturas son útiles, como matemáticas, pero hay otras asignaturas, como música, que son irrelevantes. Sin embargo, merece la pena estudiarlas porque convencen al empresario de que eres listo, trabajas duro y eres una persona concienzuda. El colegio, en definitiva, te pone un sello en la frente y cuantos más sellos tengas, más te valorará el empresario.
    El mercado recompensa a los alumnos por hacer las cosas bien, aunque las asignaturas sean completamente irrelevantes. En Estados Unidos, los estudiantes dedican el 70% de su tiempo a asignaturas que no servirán para nada en el futuro. Además, el nivel de conocimiento de los alumnos es muy bajo. Muchos de ellos, por ejemplo, no saben quién fue Roosvelt.
    En educación, las cosas inútiles merecen la pena, mientras que las que son útiles no lo merecen. Esto puede apreciarse con el siguiente ejemplo. Si quieres ir a Harvard y tener un título tienes que pagar 70.000 dólares al año. Pero también puedes irte a vivir a Cambridge e ir a las clases de Harvard sin matricularte porque allí nadie te va a pedir un DNI, pasaporte o cualquier otro documento identificativo. Incluso, puedes acercarte a un profesor, decirle que te gusta mucho su asignatura y que quisieras poder asistir a sus clases a lo cual, con toda seguridad, te responderá que encantado y te permitirá acudir. Después de cuatro años habrías adquirido los conocimientos y te habrías ahorrado 280.000 dólares, pero no tendrías un título ni podrías utilizarlo para conseguir un empleo.
    Si alguien quiere adquirir cualificaciones que le vayan a resultar útiles tendría que encontrar profesores que fuesen estrictos. Pero lo que quieren los alumnos en Estados Unidos son profesores con asignaturas ‘marías’. Eso, sin embargo, es hacerse trampas a uno mismo y degradar el título. Pero estamos en un mundo de titulitis universitaria para poder conseguir un puesto de trabajo. A eso se le llama inflación de titulaciones. El resultado de ello es que ahora, en muchos sitios, necesitas un título universitario para ser camarero.
    ¿Qué se puede hacer ante esta situación? Ser austeros, gastar menos dinero, y así habrá menos gente con título y, así, a los empleadores no les quedará más remedio que tener en cuenta también a las personas sin título en los procesos de selección de personal. También hay que poner más peso en la formación profesional, como en Alemania o Suiza.
    Otro tema es la emigración. ¿Por qué a la gente que le gusta la libertad de mercado no le gusta la emigración? Las restricciones al libre movimiento de personas son una restricción gubernamental masiva a la libertad humana. Si un gobierno no te lo permite, no puedes vivir en un sitio. Hay mucha gente que quiere trabajar en el primer mundo que no lo consigue, porque las leyes no se lo permiten. Pero es que cuanto mayores son las diferencias de salarios entre Miami y Puerto Rico, más portorriqueños querrán ir a trabajar a Miami, generando de esta forma más riqueza para el país que los recibe.
    Muchos liberales defienden la política antiinmigración alegando que esa gente está entrando en el país de forma ilegal. También dicen que los inmigrantes musulmanes van a hacer cosas y quieren que se queden fuera. Un atentado terrorista, sin embargo, depende más de quien se queda fuera que de quien entra.
    También se dice que, si hay un estado del bienestar, tiene que haber restricciones para que sea viable, que los inmigrantes van a votar por la sharía, etc. Miltron Friedman, sin embargo, defendió la inmigración porque el saldo fiscal que implica es positivo, ya que los ingresos que aportan los inmigrantes al presupuesto público, directa e indirectamente a través de sus actividades, son mayores que los gastos que generan.
    38 min

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