La revolución que estamos viviendo provocada por todo lo que englobamos bajo el nombre de Tecnologías de la Información y la Comunicación, esas famosas TIC, es tan increíble y nos impacta tan profundamente que, realmente, solo llegaremos a comprender su trascendencia con el tiempo. Este tipo de transformaciones, como fueron en su momento el arado, la imprenta, el conocimiento de la electricidad o el descubrimiento de la penicilina son tan disruptivas, tan increíblemente transformadoras que solo viéndolas con siglos de distancia podemos realmente comprender su importancia.
Vivimos un momento similar. Y de todos los campos que se están viendo trastocados, uno de ellos es sin duda la Salud. Las TIC aplicadas a la atención y los cuidados han impactado enormemente en las últimas décadas. Ya en los últimos 90 del pasado siglo surgió un interés creciente por lo que se comenzó a llamar Telemedicina, una multitud de innovaciones que comenzaron a jugar papeles cruciales en la evolución y transformación en la provisión de servicios socio sanitarios.
La Telemedicina está siendo ya una pieza clave no solo desde un punto de vista tecnológico, sino también sociocultural y económico, pues nos ofrece posibles soluciones a enormes retos y desafíos que nos enfrentan como son el creciente aumento de la demanda de servicios sanitarios fruto del incremento (para bien, por supuesto) de la cronicidad, el envejecimiento de la población (otra buena noticia que nos dice que vivimos cada vez más) o la necesidad de gestionar ingentes cantidades de información.