Si el destino es el amor, todo lo que podamos atravesar en el camino merecerá la pena, incluyendo pruebas, lágrimas, caídas, abandono, y podemos estar seguros que también habrá mucha alegría, paz, consuelo, fortaleza. Es un camino de subidas y bajadas y con la emoción de llegar pronto al final, donde encontraremos todo lo que nuestro corazón ha anhelado, a Dios.