Dios primero
Lucas 7:44-50
Nada ni nadie debe ocupar el lugar de Dios en nuestras vidas si en realidad queremos agradarle y vivir en una verdadera comunión con Él.
Lavar los pies era un oficio para los siervos o esclavos, y esta mujer además de lavar los pies de su maestro echó su perfume de gran valor como su mayor ofrenda para darle la honra que merecía y demostrar el lugar que ocupaba en su vida.
Dios debe ser el centro de nuestras vidas, y de no serlo siente celos como le reprochó Jesús a Judas, quien representa la hipocresía de muchos aquellos, quienes alaban a Dios en la iglesia, pero dedican la mayor parte de su tiempo, atención y recursos a cosas terrenales que no tienen ninguna trascendencia en nuestra vida espiritual.
Un altar sin sacrificio no recibe el fuego de la unción, quien no honra a Dios con su mayor devoción entregándole finanzas, tiempo y logros es porque en realidad no le conoce.