Es otro 24 raro, con algunas caravanas de autos y añorando los regresos multitudinarios a las plazas, a las calles. Tal vez, cuando se junten miles de vacunados, viejos y nuevos, una buena forma de celebrar la gambeta a la pandemia sería llenar la Plaza conmemorando el emblema de las Madres con un pañuelazo real. Sin descartar que ellas, todas vacunadas, retomen las rondas en vivo más temprano que tarde. La plaza de los obstáculos de la derecha, la de las rejas carceleras, la de los cambios de baldosas para borrar pañuelos, ese espacio que irrita a los negacionistas y ofusca a los cómplices del genocidio.