
Sign up to save your podcasts
Or


Como cada año, ante las nuevas generaciones pos Malvinas, la guerra es uno de los pasajes de la historia inmediata más difíciles de explicar. Se parte de la causa justa sobre la recuperación del territorio invadido y la reivindicación de las islas como espacio soberano frente al enclave colonial y de inmediato se debe analizar el marco de la dictadura cívico militar y una aventura demencial que no debe eludir el contexto y sus antecedentes.
Solemos repasar el número de víctimas que se registra cada año, casos que han aumentado en el marco de la pandemia, ya que un enorme porcentaje de los femicidios se producen en el ámbito doméstico o desde la violencia ejercida por personas cercanas a las víctimas. La Corte Suprema rechazó que el Gobierno le dé capacitaciones de género, en datos puntuales se señala que es necesario incluir la perspectiva de género en los procesos de selección y cumplir con la paridad de género en las ternas de postulantes a cargos en la justicia.
Es un tiempo extraordinario el que vivimos, el adjetivo, frecuentemente utilizado elogiosamente o como calificativo de lo excelso, en realidad encaja perfectamente en este pasaje de la historia mundial. La pandemia sale de lo común, queda afuera del orden mundial y distorsiona sin antecedentes las reglas generales de convivencia previa, con sus virtudes y defectos que esta tenía hasta la covid-19.
El problema del Poder Judicial en la Argentina, no es responsabilidad de la justicia, es un problema de la política, que por razones diversas aún no ha podido resolver. Sobre todo cuando cualquier iniciativa en tal sentido, nace con el riesgo de entrar en la vía muerta de la inconstitucionalidad, mediante fallos que dispone el propio poder destinatario. Esta vez, de nuevo desde un espacio “populista” la política procura la democratización y actualización del Poder Judicial con varios proyectos que están a medio tratar en el Congreso y otros que no comenzaron su recorrida parlamentaria.
Como una suerte de síntesis de sus hazañas mediáticas externas al Congreso, los diputados opositores, en uso de la cuestión de privilegio, avanzaron planteando discusiones absolutamente ajenas al proyecto que va a beneficiar a 1.267.000 personas, entre trabajadores y jubilados. Las cuestiones planteadas podrían agruparse en editoriales dominicales opositores, el descubrimiento por parte de los medios porteños de la argentina profunda y la vergonzante posición, salvo excepciones, respecto de la memoria, la verdad y la justicia.
El tema del impuesto a las ganancias es un viejo parte-aguas entre quienes sostienen que debe eliminarse y los que piden la aplicación restringida a los que más ganan. Discusión que debería incorporar de nuevo la cuestión de los jueces, porque como con todas las cosas, cuando se trata de tocar sus bolsillos, fallan siempre a su favor, al menos hasta que se logre democratizar el aristocrático espacio.
La no injerencia y la autodeterminación de nuestros pueblos, es de nuevo prioridad para trabajar en la unión regional, con organismos que se piensen desde los pueblos. Es una muy buena noticia, lo corroboran los verborrágicos inaguantables del cambio y sus editorialistas, con ese discurso gastado y su vocación de entrega. Son los mismos que ayer se volvieron a olvidar de la Verdad y la Memoria, ratificando su empatía con los tiempos del terror.
Es otro 24 raro, con algunas caravanas de autos y añorando los regresos multitudinarios a las plazas, a las calles. Tal vez, cuando se junten miles de vacunados, viejos y nuevos, una buena forma de celebrar la gambeta a la pandemia sería llenar la Plaza conmemorando el emblema de las Madres con un pañuelazo real. Sin descartar que ellas, todas vacunadas, retomen las rondas en vivo más temprano que tarde. La plaza de los obstáculos de la derecha, la de las rejas carceleras, la de los cambios de baldosas para borrar pañuelos, ese espacio que irrita a los negacionistas y ofusca a los cómplices del genocidio.
Sin dudas la parte cívica del golpe de 1976 sigue activa en la cuestión de fondo por más que las formas, al menos las más cruentas, se hayan modificado en los tiempos democráticos. Las inmediaciones del 24 obligan a sacudir un poco los recuerdos, sobre todo para aquellos que inducidos por el discurso facilista de la empatía con los poderosos, exhuman términos como dictadura, terrorismo o desaparecido, en las marchas zombi, como si fueran vocablos inocentes para la historia tan corta de la democracia recuperada.
From the publisher's feed