Vivir y pernoctar en las calles, bajo las autopistas o puentes, impone encontrar en ese mismo ámbito todos los recursos necesarios para el desarrollo de la vida. Olvidados, porque muchas veces, ni siquiera son un número para los servicios que ofrece la Ciudad, sin accesos a bienes elementales y ni recursos para poder revertir la situación por sus propios medios. Invisibles en vida para poder acceder a los sistemas de salud y de educación y hasta despreciados por quienes los maltratan desde la función pública o desde la misma sociedad, acostumbrada a prejuzgar sin preguntarse cómo una persona o una familia, terminan viviendo en la calle.