Editoriales y Opiniones

Editoriales y Opiniones

By Radio YSUCANewsPolitics
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Editoriales y Opiniones episodes

  • El peso de la memoria
    En el país, marzo es un mes clave para el ejercicio de la memoria histórica. Por un lado, porque se recuerda el asesinato tanto de monseñor Romero como de Rutilio Grande y sus dos compañeros de martirio. Y por otro, porque con ese recuerdo se celebra el triunfo de las víctimas sobre los victimarios. La memoria triunfa sobre la muerte y devuelve a la vida lo más significativo de las personas que ya no están. Esta función de la memoria, de revivir los valores y los recuerdos de los que han muerto, se vuelve fundamental cuando se rinde tributo a las víctimas de graves violaciones a derechos humanos. Asesinar, violar, torturar personas o desaparecerlas es siempre un atentado contra la humanidad en su conjunto; un intento malicioso y premeditado de eliminar de la convivencia y de la existencia a personas incómodas para el poder, un poder que aspira a controlarlo todo y que no consiente ni la diversidad ni la crítica.
    El recuerdo de las víctimas, su reconocimiento como seres humanos, el reclamo de reparación y justicia es históricamente el mejor camino de expulsar de la civilización cuanto en ella queda de irracionalidad y de animalidad depredadora. Recordar a Romero, a Rutilio y sus dos compañeros, a la multitud de víctimas de una guerra de los poderosos contra los débiles, acrecienta la convicción de la igual dignidad de las personas, de la necesidad de convivir respetando los derechos humanos. Mientras el victimario se degrada con sus crímenes, las víctimas mueven a desarrollar sentimientos de humanidad y a crear una civilización diferente a la del poder y del abuso. La memoria del dolor injusto, impuesto desde la fuerza bruta y la barbarie, conduce a establecer nuevas normas de convivencia y a acrecentar valores derivados de la universal fraternidad de los seres humanos.
    Por su creencia en la resurrección de los muertos, el cristianismo considera vivos y de algún modo activos en el mundo a los difuntos que amaron y sirvieron a los demás, especialmente si fueron asesinados por sus convicciones y actitudes solidarias. Esa creencia es en el fondo hija de la memoria, además de ser parte de la fe cristiana. No es posible creer en la felicidad futura si en ella no participan todas las víctimas de la brutalidad y la violación grave de derechos básicos. Si se cree en Jesús de Nazareth, crucificado por el poder de su época, es incoherente pensar que Él se olvida de las víctimas que corren una suerte semejante a la suya. Recordar a los mártires es recuperar en la memoria a los que se unieron a la muerte de Jesús y a su triunfo. Y junto con ellos, recuperar también a todas las víctimas que ellos defendieron y por las que dieron su propia vida. Por eso se puede decir que recordar a los mártires es amar la vida, es reclamar una sociedad sin abuso, sin intolerancia y sin privilegios que generan sufrimientos.
    La memoria ha sido esencial para que muchos Estados no repitan la brutalidad de los campos de concentración nazis o los gulags soviéticos. Ese mismo recuerdo, el peso simbólico de esa memoria, ayuda a intervenir, denunciar y luchar cuando las cárceles se convierten en centros de tortura, cuando a los migrantes se les maltrata y desprecia, cuando el discurso político se regodea en el extremismo y deshumaniza a ciertos colectivos o minorías. La memoria es indispensable para crecer en humanidad. Romero y Rutilio, y muchos otros como ellos son auténticos testigos de solidaridad, de hambre y sed de justicia, así como maestros de una humanidad más fraterna. Recordarlos es servir al país.
    6 min
  • Agitar 24/7 no es gobernar
    El oficialismo vive de la agitación y del alboroto. No esclarece nada y esconde casi todo; hace poco y provoca en demasía. Esa es su manera de dar la impresión de que gobierna y avanza hacia un futuro portentoso, pero etéreo. Elemento importante de esa construcción es la reformulación de la historia nacional para demostrar que hasta la era Bukele, todo lo demás ha sido farsa y engaño.
    La estabilidad de la dictadura descansa, en gran medida, en la aceptación porfiada de su liderazgo. De ahí que sembrar dudas o cuestionar el rumbo del país sea intolerable. El oficialismo se lanza colérico contra los inconformes y los críticos, a quienes intenta desacreditar enrostrándoles acusaciones sin fundamento. Aun cuando fueran verdaderas, evaden la crítica y la denuncia. Así responde la dictadura a los defensores de los derechos humanos, los ambientalistas y los líderes comunitarios. La desacreditación suele ir acompañada de insultos y amenazas, algunas de las cuales se concretan en capturas arbitrarias.
    La obstinación del oficialismo con la UCA es fascinante. Atribuye su pensamiento crítico universitario a la animosidad por haberla excluido de la lista de sus proveedores de servicios educativos y en otras áreas de interés público. A veces, sus fuerzas de choque le exigen investigaciones rigurosas. Una provocación, porque no les prestan atención. En otras ocasiones, añoran la UCA idealizada de la década de 1980, pero pasan por alto que esa misma postura crítica desembocó en la masacre de noviembre de 1989. Algunos hay que dicen avergonzarse de ser sus exalumnos, pero olvidan que se formaron en sus aulas. Los altavoces de la dictadura rehúyen el debate abierto y libre. No buscan inteligencia, porque se conforman con creer sin entender lo que Bukele les ha dicho que crean. No necesitan explicaciones ni demostraciones.
    En el empeño irracional por proyectar fortaleza y seguridad, asoma la debilidad de la dictadura. Se parapeta en la oscuridad porque no puede actuar de cara la esfera pública. Una pequeña muestra es el informe financiero de la empresa Chivo, difundido por el FMI. La sociedad operó en números rojos y está quebrada. El desarrollo y la fuerza del movimiento contra la minería metálica tiene potencial para marcar el principio del fin de una administración corrupta, ineficiente y mendaz.
    La dictadura tampoco hace mucho. Dondequiera que se mire, se descubren obras empezadas y no concluidas, o simplemente abandonadas. La incompetencia es sufrida en casi todas las dependencias públicas. La educación pública languidece. En lugar de abrir, cierra escuelas. El responsable del ramo juega con las palabras para despistar: no cierra escuelas, sino que las fusiona. El sistema público de salud da señales de agotamiento. El índice de ejecución de la inversión pública es bastante bajo. Dinero prestado no falta, sino ejecución pronta y eficaz.
    Cuando los desmanes logran salir a la luz, la dictadura mira a otro lado y difunde noticias sorprendentes para desviar la atención de la opinión pública. Casa Presidencial atosiga a las redes de comunicación con un flujo incesante de declaraciones, anuncios, comentarios, insultos, ironías, desmentidos y quejas para que la gente salte de un tema a otro. La turbulencia no deja tiempo para analizar y formarse una opinión seria. La agitación distrae y entretiene a la esfera pública. Entretanto, la dictadura explota sin obstáculos los recursos estatales para engrosar aún más los grandes capitales y enriquecer a la familia presidencial, a costa de las mayorías vulnerables y abandonadas.
    Casa Presidencial no informa, sino distrae para ocultar el desgobierno, la corrupción y la incompetencia, para mantener en alto la moral de los creyentes y llamar la atención de los extranjeros libertarios y conspiranoicos. Agobia para impedir pensar y abrir posibilidades a la disidencia. Positivamente, la divulgación constante de disparates y falsedades muestra a un Bukele en actividad permanente. Gobernar es acción 24/7.
    Bien miradas, esas intervenciones 24/7 son circunstanciales, puntuales y desarticuladas. Ejemplo de ello es el inesperado cierre de varias dependencias dedicadas al cuidado animal, incluido un hospital que, al día siguiente, fue reabierto sin más. Los asesores del bitcoin tuvieron la misma experiencia. Bukele decidió sobre la criptomoneda sin consultarles, sin informarles ni darles explicación. Improvisada y anárquicamente no se puede dirigir un país que arrastra miserias y desigualdad desde hace décadas.
    Al igual que sus predecesores, Bukele no sabe cómo gobernar en beneficio directo e inmediato de quienes lo eligieron. Abruma, pero construye poco. El discurso de las primeras piedras da por realizado lo que no son más que grandiosos planes. Las ceremonias, algunas espectaculares, indican cuándo empieza las obras, pero no cuándo estarán terminadas.
    Los ciclos de admiración y aplauso, de indignación y miedo no bastan para gobernar. Bukele actúa como emperador romano o dictador fascista, porque no sabe cómo dirigir como presidente constitucional. La percepción ha sustituido a la realidad, porque la mayoría cree en sus milagros. Sin embargo, mayor peligro es que también convenza al resto de los descreídos y desconfiados.
    * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
    8 min
  • Simple interés
    El mundo está dando un giro brusco de la mano de un Donald Trump dictatorial y pletórico de amenazas. Una muestra significativa: en la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas, Estados Unidos votó junto a Rusia, Nicaragua y Corea del Norte para oponerse a la resolución “para una paz comprensiva, justa y duradera” frente a la invasión rusa a Ucrania. Más disruptiva todavía fue la reunión entre Trump y su vicepresidente con Volodomir Zelenski, que fue transmitida en vivo. Los principales medios estadounidenses afirman que se trató de una trampa premeditada para humillar al ucranio y calificaron la cita como “uno de los días más sombríos en la historia de la diplomacia estadounidense”. Trump parece estar alineado con Rusia y Putin, mientras Europa permanece sin voz en unas negociaciones que pretenden definir el futuro de Ucrania.
    ¿En realidad Estados Unidos se ha alineado con Rusia? Si se parte de que el poder no se mueve por ideologías, sino por intereses, la respuesta es negativa. El plan para controlar los recursos de Ucrania evoca los tiempos en que el mundo se repartía por el equilibrio entre las grandes potencias imperialistas. Estados Unidos siempre ha velado por sus intereses; la diferencia es que Trump lo hace sin preocuparse por las formas y apariencias. El secretario de Estado, Marco Rubio, lo ha dicho explícitamente al anunciar el cierre del 83% de los programas (cerca de 5,800) de Usaid: “Cada dólar que gastamos, cada programa que financiamos debe estar alineado con el interés nacional de Estados Unidos”.
    Trump y los suyos buscan alcanzar sus objetivos sin importar que para lograrlo tengan que coincidir con ideologías distintas u opuestas. Por los intereses de Estados Unidos quieren tomar posesión de Groenlandia, la isla más grande del mundo, llena de recursos sin explotar y punto de paso de la ruta más corta entre Europa y Norteamérica. Este afán expansionista no es nada nuevo. Por hoy, la política arancelaria es su principal carta de negociación y amenaza. El ideal de Trump es una sociedad gobernada por el dinero, no por las mayorías.
    Quienes sí pelean por ideologías, sobre todo partidarias, son los ciudadanos. Mientras las cúpulas se entienden entre sí, prolifera el desencuentro ciudadano en torno a ciertos partidos políticos o personajes. Y ese desencuentro es el combustible que aúpa a políticos cuyo único objetivo es desbaratar lo hecho por otros para con los escombros construirse un trono. Al poder actual, la derecha y la izquierda, la democracia o el autoritarismo le son irrelevantes. Son sus intereses los que los mueven.
    5 min
  • 8M, más que una fecha
    En el marco del Día Internacional de la Mujer, el pasado sábado 8 de marzo muchas mujeres salieron a la calle a reivindicar tanto sus derechos como los de todos los salvadoreños. Se manifestaron contra la minería, porque saben que la contaminación y los problemas que genera terminarán afectándolas a ellas y a sus seres queridos. Además, expresaron su preocupación por el costo de la vida y por el régimen de excepción, que han golpeado sobre todo a mujeres pobres. El padre Javier Ibisate, insigne profesor de economía de esta universidad, solía decir que las mejores economistas son las amas de casa. Los Gobiernos pueden hacer grandes promesas, construir elegantes edificios, lograr acuerdos con instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, pero son las mujeres las que detectan con mayor rapidez si la economía del país ayuda a los pobres y a las clases medias, o los mantiene en la precariedad. Ellas saben en la compra semanal si el dinero ajusta, si los precios se vuelven inalcanzables, si los insumos para la comida son abundantes o si habrá que recortar gastos.
    A pesar de trabajar más que los hombres por tener a su cargo las labores de cuido y de aportar valores básicos para la convivencia, las estructuras organizativas y sociales del país solo les reconoce sus aportes un par de días al año. En el resto del tiempo, los abusos, las marginaciones y los engaños marcan sus vidas. Su pensión es más baja en promedio que la de los hombres, sus trabajos están peor pagados y en algunos casos carecen de las prestaciones que se le deben dar por ley a todos los trabajadores. Muchos hombres se quejan del feminismo, pero no suelen decir nada de los extremos burdos, violentos y crueles del machismo. Siendo más en número, las mujeres tienen una representación menor en la Asamblea Legislativa. Aunque el tiempo de maternidad ha mejorado ligeramente en los últimos años, todavía es demasiado corto. Y ello, además de perjudicar a la niña o niño, le quita a la madre horas de sueño y de descanso.
    Como en el Día de la Madre, en el Día Internacional de la Mujer se felicita a las mujeres por sus esfuerzos, que mantienen con vigor y generosidad la sociedad, y se rinde honores a su lucha por la plena igualdad con respecto a los hombres. Pero pasados los días conmemorativos, se regresa a la dinámica cotidiana de indiferencia, violencia y abuso. La mayoría de hombres vuelve a su machismo habitual y las organizaciones políticas y civiles las marginan, olvidando la deuda social con ellas. Porque, en efecto, volcadas muchas al cuido y la protección de los débiles, las mujeres ponen en la sociedad una serie de valores indispensables. La generosidad del amor, la solidaridad y fraternidad en el cuidado y ayuda al enfermo, al niño y al anciano, la capacidad de perdón, la atención al detalle humano son parte de los valores que comunican.
    El día de la mujer no debe ser únicamente una fecha, sino un momento de reflexión que lleve a un permanente esfuerzo de poner en la civilización valores que trasciendan las tendencias a la fuerza bruta y a la idolatría del dinero. Las mujeres juegan un papel indispensable en la transformación social; su trabajo por la igualdad de derechos es un esfuerzo por cambiar y mejorar el mundo. Acuerpar sus luchas es imprescindible para construir una civilización más humana.
    5 min
  • El milagro extraviado
    El rescate de 1,400 millones de dólares del FMI desvela el largo camino que el país tendrá que recorrer para llegar al “milagro económico” anunciado por Bukele. El préstamo es inevitable para contener la inminente explosión de la crisis de la deuda. De paso, puede desbloquear otros 2,100 millones de dólares de prestamistas multilaterales. Además de dejar en evidencia el caos financiero, el acuerdo impone una pesada carga sobre unas mayorías que ya arrastran bastantes penurias. Personalmente, el honor de Bukele sale escarnecido.
    Desde 2019, cuando llegó al poder, no solo ha mantenido al país al borde de la mora, sino que también profundizó ese riesgo con el aumento de la deuda pública y la falta de inversión en infraestructura productiva. Durante todos estos años, ha administrado las finanzas con una ligereza sorprendente. En 2024, aceleró el ritmo del endeudamiento, que superó el 90 por ciento del PIB, mientras el crecimiento económico real disminuía. El aumento insensato del 30 por ciento de las pensiones en 2023 es inviable a corto plazo. El crecimiento de la deuda implicó intereses muy altos, todo ello exacerbado por un enorme déficit fiscal. La supresión de la independencia judicial y la persecución de la oposición y los medios de comunicación críticos contribuyeron con la crisis: el clima creado por Bukele ahuyentó a los inversionistas.
    El entusiasmo irracional con las criptomonedas tiene mucho que ver con la debacle de las finanzas públicas. Declaró el bitcoin moneda de curso legal y prometió evitar los mercados convencionales de capital, dar servicios financieros a las dos terceras partes de los adultos fuera del sistema bancario, reducir el costo de las remesas (que en los primeros siete meses de 2024 representaron alrededor de la mitad del valor de las importaciones), generar miles de millones de dólares con la emisión de bonos criptográficos emitidos por una multinacional, construir una criptociudad y desarrollar energía geotérmica para los mineros de criptomonedas. Pero los mercados tradicionales no compraron los sueños de Bukele. Los bonos nacionales se depreciaron y cuando comenzó a retrasar el pago de los salarios del sector público, los inversionistas se replegaron más aún.
    Si la deuda es elevada y la inversión y el crecimiento del PIB languidecen, prestar al 12 por ciento, tal como hizo Bukele a comienzos del año pasado, es insostenible. Al retrasar el rescate del FMI y al aferrarse al experimento criptográfico mantuvo alta la prima de riesgo y el peligro de mora parecía inminente. El riesgo de una estampida bancaria y de un contagio financiero, incluso de desdolarización, era real, porque los depósitos locales están respaldados parcialmente por la deuda gubernamental.
    El escollo se evitó porque Bukele se hizo cargo de la deuda; echó mano de los pocos dólares que tenía para recomprar bonos con un buen descuento, lo cual ahorró buena parte del pago principal. Y por otro lado, por la reducción del déficit y la evasión fiscal, las remesas y ligero crecimiento de la economía. Sin embargo, sin el rescate no tenía probabilidades de sobrevivir. Los resultados de la inversión en criptomonedas y en criptoturismo, dos de sus apuestas más grandes, han sido insignificantes.
    Al final, la única salida era el FMI. La negociación duró varios años, porque el Fondo exigió disciplina fiscal, levantar la reserva de la información y, sobre todo, abandonar el bitcoin (quizás el fracaso más sonado de Bukele). El rechazo de la criptomoneda ya era una realidad. El error es de Bukele y sus socios criptoactivistas, que no tomaron en cuenta el reducido tamaño de la economía formal y la poca competencia digital de la gente. La obsesión les metió prisas, que los llevaron a improvisar y equivocarse.
    La temeridad dejó más pérdidas que utilidades. El invento costó unos 375 millones de dólares, una suma que supera por mucho las ganancias que pueda haber producido, las cuales, además, pueden evaporarse en cualquier momento. Es de sobra conocido que su volatilidad es un riesgo para la estabilidad financiera y fiscal. Muy a su pesar, Bukele se comprometió, en principio, a suspender las transacciones en bitcoin. El compromiso duró poco, el desafío al FMI no se hizo esperar. La constancia no es su virtud más destacada. Está por verse cuánta indisciplina tolerará un FMI ansioso por un programa exitoso.
    El paraíso prometido se lo tragó la corrupción y el desastre de las finanzas públicas. Al menos habrá que aguardar tres años para alcanzar cierta estabilidad financiera. Mientras tanto, las mayorías pagarán muchos más impuestos que los ricos y cada vez tendrán menos acceso a los servicios públicos. Las criptomonedas no conducen al “milagro económico” de Bukele. Sus apuestas más prometedoras se han desinflado al entrar en contacto con la realidad (ver The Economist, “El Salvador’s wild crypto experiment ends in failure. Its curtailment is the price of an IMF bail-out. And one worth paying”, 2 de marzo de 2025).
    * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
    8 min
  • Cómplices
    La Iglesia parte siempre en su pensamiento de la igual dignidad de las personas, hijos e hijas de Dios. En ese sentido, todo lo que humilla, margina, olvida o daña las necesidades básicas de la gente tiene que ser revisado y corregido. Pero quienes viven en el mundo de la riqueza (aunque no solo ellos) tienden a pasar de largo ante el dolor y el sufrimiento ajeno. En esto el Evangelio de Jesucristo es muy claro. En El Salvador, en el pasado, algunos ricos estaban más atentos al mugido de su ganado que al gemido de sus trabajadores; la indiferencia ante el sufrimiento humano proveniente de la pobreza, la injusticia o la marginación continúa siendo habitual en la élite económica nacional. La Iglesia nos recuerda que, además de que todas las personas tienen los mismos derechos básicos, el mundo y sus bienes fueron creado para todos los seres humanos. En ese sentido, no hay dueños de bienes, sino administradores.
    Si la riqueza, en vez de redistribuir bienes, acapara, se vuelve ostentosa y no se preocupa por una real y efectiva justicia social, se convierte automáticamente en injusta. A este respecto, vale recordar la condena del rico que no sintió compasión por Lázaro y al publicano rico, Zaqueo, que tras conocer a Jesús entregó la mitad de sus bienes a los pobres y les devolvió el cuádruple a quienes les había cobrado de más. Antiguos pensadores cristianos afirmaban que se equivoca el rico que da lo que cree que es suyo, porque en realidad está “devolviendo lo que es de los pobres” y, por ello, no hace una obra de caridad, sino de justicia. La propiedad privada es necesaria para asegurar que los bienes de la creación y de la historia lleguen a todos. Acumularla de un modo egoísta y exhibirla sin pudor no es cristiano ni propiamente humano. Tener casa propia, salario decente, medios de vida adecuados para sí y para la familia, y ser tratado con dignidad es básico para cumplir con lo que la Iglesia llama el “destino universal de los bienes”.
    Quienes tienen mayor peso económico o ideológico en un país, estén o no cerca del poder político, tienen la responsabilidad de insistir en aspectos de la vida social que son garantes de la igual dignidad humana. Deben defender el Estado de derecho, apoyar la calidad de las redes de protección social, fomentar la educación y preocuparse por la vigencia y respeto de los derechos humanos. Al contrario de lo que algunos piensan, la responsabilidad social empresarial no consiste en donar una pequeña parte de la riqueza que se posee y ponerla al servicio del desarrollo de unos pocos, desentendiéndose del resto de problemas del país. La justicia social, el buen funcionamiento del sistema judicial, los migrantes, el hambre y la pobreza, el maltrato en las cárceles, la corrupción, la falta de transparencia pública son también responsabilidades de quienes tienen poder económico. Reunirse con el poder político y no tratar con seriedad estos temas es convertirse en cómplice de graves atropellos.
    5 min
  • Multimillonarios al rescate del “milagro económico”
    Si El Salvador de Bukele “ha dado grandes pasos para eliminar los frenos a la inversión y las excesivas regulaciones, que solo obstaculizan el emprendimiento y ralentizan la economía”, por qué esa inversión, en lugar de aumentar, tiende a disminuir. En 2023, la diferencia entre El Salvador, en el último lugar, y Honduras, en el penúltimo, fue de más de 300 millones de dólares a favor del segundo. Y en los primeros nueve meses de 2024, atrajo el 27 por ciento menos de inversión que en el mismo período de 2023. Es la misma duda que suscita la seguridad: si el país es tan seguro, cuál es la razón del régimen de excepción o por qué Bukele se desplaza como si estuviera en zona de guerra.
    En un movimiento desesperado, Bukele coqueteó con multimillonarios latinoamericanos para que se hagan cargo de dinamizar su derrengada economía. En un suntuoso banquete, en un encuentro con todo el grupo y en audiencias privadas les habló de las libertades que concede a las empresas, de la infraestructura que ha levantado y de la legalidad del bitcoin. Sin embargo, no les dijo que la seguridad jurídica es inexistente, porque la única ley del país es su voluntad. Tampoco les mencionó que no esperaran información sólida sobre la actividad gubernamental, un elemento fundamental de la inseguridad jurídica. La corrupción no era necesario mencionarla, porque los capitales de la mayoría de sus invitados no son un ejemplo de honestidad. Los multimillonarios muy rara vez lo son.
    Uno de los aliados principales de Bukele en la apuesta por las criptomonedas experimentó en carne propia la inseguridad jurídica, la falta de transparencia y la volatibilidad gubernamental. Él y otros criptobros, atraídos por la promesa de riqueza fácil y abundante, se trasladaron al país e invirtieron en el negocio, hasta que, intempestivamente, Bukele modificó la legislación y los dejó desprotegidos. No les avisó del cambio ni les dio explicación. No es cierto, pues, tal como aseguró a sus huéspedes, que sus inversiones estarán seguras. Eso depende de sus intereses personales.
    El historial de Bukele aconseja desconfiar. Antes reprobó la dolarización, ahora el dólar es estabilidad; antes se declaró de izquierda, ahora es de derecha; antes dijo ser socialista, ahora es capitalista neoliberal; antes se puso del lado del venado contra el tigre, ahora está con el tigre y en contra del venado; antes se identificó con la causa los pobres, ahora con la de los multimillonarios. Se pronunció por un país capitalista radicalmente neoliberal. Los vaivenes de Bukele son mucho más peligrosos que la vacilación de Colombia ante Trump, que irónicamente atribuyó a dos tragos de más de su presidente.
    La presentación del país fue encantadora, pero anecdótica. Cuando le preguntaron por el plan económico de largo plazo, Bukele se perdió en vaguedades. En realidad, no tiene ningún plan. Gobierna a salto de mata. Fue incapaz de proporcionar a sus huéspedes una visión articulada de la realidad nacional y de sus posibilidades reales. Lo más concreto de su cuento es que quiere hacer del país otro Singapur u otros Emiratos Árabes Unidos. Se contentó con informarles que sus inversiones gozarían de toda clase de facilidades y, de paso, les relató sus avatares y su inventiva para erradicar a las pandillas e imponer la dictadura. Muchos de sus invitados lo escucharon con la boca abierta, deslumbrados por su desenvoltura.
    La apuesta económica de Bukele es clara: entregar el país a los multimillonarios para que produzcan lo que llama “el milagro económico”, pues él no tiene cómo realizarlo. El encuentro fue una demostración de cercanía, de simpatía y de sonrisas cómplices. Incluso respondió a sus preguntas y no faltó la sesión de fotografías y selfis. Bukele no escatimó gastos, tiempo y esfuerzo con tal de engatusarlos para que le salven la economía y, de paso, también su dictadura.
    Se solazó entre los multimillonarios y no tuvo pudor en mostrárselo al país, en una cadena nacional de más de una hora de duración. Codearse con multimillonarios boquiabiertos es haber alcanzado la cumbre del prestigio y del poder. Sus seguidores locales contemplaron orgullos y satisfechos cómo los multimillonarios trataron a Bukele como un igual. Sin embargo, la riqueza no es un criterio confiable de virtud o sabiduría, porque siempre es arbitraria y, por lo general, encierra injusticias clamorosas.
    Uno de los mitos más antiguos sostiene que los ricos y los poderosos salvan al mundo del desastre inminente. Pero la historia demuestra que no son confiables. Aprovechan su posición para promover sus riquezas y su poder a costa de los demás. El ascenso de los ricos significa la profundización de la desigualdad, la agudización de las divisiones sociales y la destrucción de la creación.
    * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
    8 min
  • A pecho abierto
    Después de haber sido expulsado del FMLN en 2018, Nayib Bukele dijo: “A mí no me verán nunca en las filas de Arena o de GANA; mi corazoncito siempre está a la izquierda”. Poco después cambió de discurso y afirmó que era parte de la nueva política, que no es ni de derecha, ni de izquierda, ni de centro. Pero luego de que ganó las elecciones en 2019, sus acciones lo ubicaron más bien en la nueva ultra derecha global. Bukele comparte ideología y estilo con personajes como Donald Trump, Javier Milei y Tayyip Erdogan. Y esto lo dejó claro en el Encuentro Empresarial de Padres e Hijos 2025, que reunió en El Salvador a multimillonarios de unos 20 países de América Latina y sus herederos.
    El mensaje del mandatario a los potentados fue claro: “El Salvador está abierto para los negocios”. En ese ambiente, pareció sentirse en confianza y soltó frases que perfilan su Gobierno. “Nosotros queremos ser un país de full libertad empresarial, capitalista, proempresa, un gobierno lo más fuerte, pero pequeño posible, que no tenga grasa solo músculo […] Todos los días trabajamos en quitar regulaciones, en hacer leyes más amplias, en invitar e incentivar la inversión y hacer más competitivo el país”, dijo. Un discurso, pues, ultra.
    No se trata que ser de derecha sea malo en sí mismo, sino que este tipo de política es la que por décadas ha causado pobreza, marginación y desigualdad a lo largo del continente. Por algo América Latina es considerada como la zona más desigual de mundo. Cuando Bukele aspira a que El Salvador se identifique totalmente con el capitalismo desbocado, acepta que la prioridad de su gestión son los que más tienen y que, para beneficio de ellos, se apostará por el libre mercado, bajos o nulos impuestos para los empresarios, flexibilidad laboral y mínima intervención estatal. La vieja receta de siempre que, lejos de curar el subdesarollo, concentra la riqueza en pocas manos y genera pobreza en la mayoría.
    A la luz de ese discurso resulta comprensible que hoy se cobre a los ciudadanos por podar o cortar árboles mientras a los grandes inversores se les facilita talar bosques enteros en zonas protegidas para construir proyectos comerciales o urbanísticos. Ahora se entiende mejor por qué, contra toda evidencia y contra el clamor de gran parte de la población, se aprobó el regreso de la minería metálica; por qué se acosa fiscalmente a los pequeños empresarios mientras se exime de impuestos a los millonarios; por qué, aunque el costo de la vida se ha disparado, los salarios permanecen congelados.
    Bukele logró que algunos de los empresarios más ricos de América Latina lo halagaran. Y ese triunfo propició que hablara a pecho abierto. A raíz de la reunión, transmitida por cadena nacional, queda claro que lo del corazón a la izquierda era asunto solo de campaña política y que la gente más pobre no es su prioridad. Bukele, a pesar de gozar de una amplia popularidad, no es una persona que guste del pueblo; a pesar de haber declarado una lucha contra la oligarquía para recuperar el país, aspira a gozar de las simpatías de los multimillonarios, cuando no convertirse en uno de ellos.
    6 min
  • El debate intelectual
    Hace algunos días, un expresidente del Banco Central de Reserva mencionó la baja calidad intelectual y argumentativa de los miembros de la Asamblea Legislativa. Las respuestas no se hicieron esperar y llegaron cuajadas de insultos. De algún modo le daban la razón al exfuncionario, porque el insulto, así como acumula y descarga agresividad, carece de pensamiento racional. En general, es el método argumentativo más primario y vulgar. Algo que la misma sabiduría popular suele rechazar con refranes, algunos de ellos cómicos, dejando en mal lugar al que insulta ante una afirmación que, se esté de acuerdo o en desacuerdo, merece la pena analizar.
    Usualmente, a los poderes legislativos no llegan solo personas juiciosas o sabias. Mirando a otros países se constata que hay de todo entre las filas de los diputados. En El Salvador hemos visto tal cantidad de contradicciones en el discurso de estos funcionarios, tanto en el presente como en el pasado, que es normal preguntarse por su calidad intelectual. Unos citan a intelectuales de izquierda cuando les conviene y, al mismo tiempo, votan leyes conservadoras. Otros acusan de corruptos a los opositores y defienden la propia falta de transparencia. Y están los que prefieren el insulto al diálogo. Muchos de entre todos ellos emiten leyes sin razonamientos serios. Al respecto, difícil olvidar la ley original del bitcoin, establecido como moneda nacional sin debate previo y sin razonamiento sólido en el texto legal. Y todos nos dimos cuenta de que el cese de la obligatoriedad de recibir pagos en bitcoin se decidió sin que los diputados reflexionaran lo más mínimo al respecto.
    El poder ejecutivo puede dar ideas e incluso razones, y la fuerza del dinero y del Fondo Monetario Internacional pueden también externar su pensamiento, pero los diputados, en este vaivén de sí pero no, solo aprietan el botón sin que se oigan argumentos de peso en sus bocas. La prohibición de la minería metálica estuvo llena de razonamientos y datos tanto en la propuesta de la Iglesia católica como en las de otras organizaciones. En la eliminación de la ley, solo pesó la palabra de Nayib Bukele augurando un futuro feliz construido sobre el oro y unos informes sobre su abundancia que no se podían mostrar en público porque era “secretos comerciales”. Bastó eso para que se derogara la ley anterior y se promulgara otra aceptando la minería metálica en el país.
    Es normal ante situaciones como la mencionada que la gente se pregunte por el nivel educativo, intelectual y moral de los diputados. En el examen periódico universal que realiza cada cuatro años el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, se le hicieron a El Salvador observaciones muy serias sobre violaciones a derechos humanos, debilidades del Estado de derecho y el absurdo de mantener durante tanto tiempo el régimen de excepción con todas las injusticias que propicia. Se tocaron puntos que afectan especialmente al poder legislativo. Sin embargo, a ningún diputado oficialista se le oyó una respuesta o reflexión digna de ser ubicada en el ámbito de la racionalidad y del pensamiento intelectual. El ciudadano instruido puede legítimamente pensar que la gran mayoría de los diputados sabe muy poco o nada sobre el tema básico de los derechos humanos. O simplemente imaginarse que esa temática, además de desconocerla, la desprecian o la consideran un estorbo. O lo que sería peor, que no saben bien lo que es un Estado de derecho.
    En diversos países es común que en las sesiones del poder legislativo se caliente la sangre, incluso se ha visto diputados llegando a los puños. Pero cuando un partido consigue una mayoría tan aplastante como en El Salvador, los abusos se pueden cometer a sangre fría y con impunidad, al menos por un tiempo. Y cuando además los funcionarios son cortos de entendimiento, creen erróneamente que la mentira puede sustituir a la verdad. Es una lástima que un grupo de diputados relativamente jóvenes, embriagados con la sensación de poder, no se preocupen de cultivar la razón y la inteligencia, y den pie a que personas más reflexivas y mejor preparadas lamenten la baja calidad intelectual de la Asamblea.
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  • Letra muerta
    El 20 de febrero se celebró el Día Mundial de la Justicia Social. En El Salvador, la fecha pasó prácticamente inadvertida, a pesar de que la justicia social aparece en la Constitución como uno de los deberes fundamentales del Estado para con los ciudadanos. En efecto, el numeral 1 de la Constitución pone los elementos básicos de la convivencia y del sentido del Estado al servicio de la persona. La persona humana, con su dignidad fundamental, aparece como “el origen y el fin” de la actividad estatal. Y poco más adelante, en el mismo numeral, se insiste en que “es obligación del Estado asegurar a los habitantes de la república el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social”. Desde 1983, fecha de la promulgación de la Carta Magna, todos los Gobiernos, con sus más y sus menos, hicieron algo en favor de la libertad, la salud y la cultura. Poco, sí, pero el menos algo. Sin embargo, en bienestar económico y en justicia social el suspenso es evidente. En las encuestas, el problema de la economía ha sido una constante, a veces incluso por encima de la violencia como preocupación popular.
    En justicia social, entendida como igualdad en derechos básicos, el fracaso es mayor que en el campo del bienestar económico. Ni en salud, ni en educación, ni en pensiones, ni en acceso a la justicia hay igualdad. Al contrario, los 40 años transcurridos desde la aprobación de la Constitución han estado marcados por la desigualdad, y en la actualidad no hay cambios sustanciales al respecto. La primera definición de justicia social la dio a mediados del siglo XIX un sacerdote jesuita: “Virtud que iguala de hecho a los hombres en lo tocante a los derechos de humanidad”. Si la virtud es una fuerza para la acción, en El Salvador no hay fuerza ni mucho menos igualdad básica en derechos. Si cuando la Constitución se tomaba relativamente en serio las cosas iban mal, ahora que se ha convertido en un juguete al que se le pueden cambiar las piezas rápidamente, ya no hay freno legal al cual recurrir ante los desmanes de los poderosos.
    Sin embargo, la justicia social, como creadora de igualdad en derechos básicos, es vital no solo para la convivencia, sino también para un desarrollo inclusivo y justo. Los trabajadores son poco productivos porque el Estado no invierte lo adecuado en educación ni en formación profesional. Aristóteles, uno de los filósofos más señeros de la cultura griega, decía que tanto la desigualdad como la igualdad absoluta son injustas si se aplican desde una sola idea. Si el poder decide quiénes son iguales y quiénes desiguales, la convivencia democrática pierde sentido. Y así lo refrendaba el pensador griego: “Si la libertad y la igualdad son las dos bases fundamentales de la democracia, cuanto más completa sea esta igualdad en los derechos políticos, tanto más se mantendrá la democracia en toda su pureza”.
    Desdeñar la justicia social, reducirla a simple frase formal de una Constitución sujeta al capricho del poder, es peligroso y dañino tanto en el corto como en el largo plazo. Si el Estado no está al servicio de todas las personas y si la justicia social no lo inspira, el futuro del país será de exclusión, abuso y discriminación, por mucho que la propaganda repita lo contrario.
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