Editoriales y Opiniones

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  • OPINION 26-03-21 SANTIDAD Y POLITICA
    Durante muchos años pensábamos en la santidad como una aventura personal, llena de caridad hacia el prójimo, de esfuerzo personal por seguir las huellas de Nuestro Señor Jesucristo, y por supuesto con una actitud impregnada de una enorme confianza en Dios nuestro Padre. El tema político parecía ajeno a la santidad y se desconfiaba de él. Y más cuando la experiencia de muchos buenos cristianos era que en la política se practicaba un enorme fariseísmo: se hablaba siempre de valores, pero se practicaba, a veces de un modo masivo, la corrupción y el abuso. San Óscar Romero, los ya reconocidos como beatos Rutilio, Nelson y Manuel, una mujer ejemplar como Marianela García Villas, o los que podríamos llamar mártires anónimos de la masacre del río Lempa, todos ellos asesinados en el mes de marzo de diferentes años, críticos e independientes respecto a las políticas imperantes de su época, nos enseñaron a valorar un nuevo modo de relación entre la santidad a la que todos estamos llamados y la política, en su sentido amplio de construcción y defensa del bien común.
    Sin embargo, desde el principio del culto a los santos, la santidad tuvo relaciones con la política. En efecto, durante las persecuciones habidas en el Imperio Romano a los mártires se les perdonaba la vida a condición de que reconocieran al emperador como Señor de la historia. Pero los cristianos sabían que el único Señor de la historia era Jesús, muerto y resucitado. Y muchos fueron ejecutados por negarse a unir esas dos palabras, señor de la historia, con el emperador. Aunque las razones de las persecuciones fueron diversas, la dimensión política que implica no reconocer el señorío absoluto de la historia al emperador fue sin duda una de las razones del odio imperial a los cristianos. En nuestra época la denuncia de la explotación, de las idolatrías del dinero y del poder, tenían también su dimensión política. Incluso el anuncio y compromiso de la fraternidad cristiana con la justicia y el desarrollo de los pobres les parecía una actitud política reprochable a quienes asesinaron a nuestros mártires y tantas otras víctimas.
    Ellos siguieron el pensamiento de la Iglesia que pide a los cristianos que la caridad, además del apoyo individual al necesitado, suscite nuevos modos de “afrontar los problemas del mundo de hoy y renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. En esta perspectiva la caridad se convierte en caridad social y política” (Compendio de doctrina Social de la Iglesia n° 207).
    Por eso en este mes de marzo, e incluso como preparación para la Semana Santa, debemos recordar a nuestros mártires y su ejemplo: Amaron individualmente a todos y cada una de las personas que se fueron cruzando en su existencia, y al mismo tiempo amaron a la comunidad social salvadoreña, insistiendo en que se organizara y estructurara “la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria” (Compendio n° 208).
    Hoy, en una sociedad en la que hay un índice alto de pobreza, donde se atenta contra el medio ambiente, o donde se impulsa un individualismo egoísta que refuerza la desigualdad y la corrupción, nos corresponde a los cristianos desarrollar esa caridad social y política de la que nos habla la Iglesia y de la que nos dieron ejemplo nuestro santo Romero y otros tantos mártires salvadoreños. Nuestra misma Constitución pone como objetivo estatal la justicia social. El Evangelio, más allá de la justicia, nos pide amar a nuestros prójimos en esa doble dimensión: amor samaritano a quien encontramos tirado en el camino de la vida y amor político que busca siempre el bien común de todos y todas desde las estructuras sociales. Entre los dichos populares se usa con frecuencia la frase “por la verdad murió Cristo”. Pero la gran verdad que Cristo nos enseñó es que “Dios es amor” y que “quien no ama a su hermano a quien ve no puede amar a Dios a quien no ve” (ambas frases en el capítulo 4 de la primera carta de Juan).
    La Semana Santa con la muerte y resurrección del Señor, nuestros mártires y víctimas que se unieron a la muerte y resurrección del Señor, dan testimonio de esa verdad y nos invitan a nosotros a amar personal y socialmente a todos nuestros prójimos.
    6 min
  • OPINION 25-03-21 LAS PLAZAS FANTASMAS
    La semana pasada se habló muchos de las plazas fantasma. Al final, no todas lo eran: había gente que sí trabajaba y otra que se supone que no. Pero encanta generalizar y atacar a una Asamblea Legislativa de bajo nivel moral e intelectual. Veremos cómo se porta la próxima y lo que habrá que decirle, porque dada la poca preparación de muchos de ellos es posible que veamos cosas que llamen la atención. Pero más allá del tema de las plazas fantasma, hay aspectos en el reparto de asesores que nos dejan ver la corrupción en la política. Y ese es el tema más interesante.
    Según datos oficiales de la Asamblea, los partidos que menos iniciativa legislativa tienen son los que disponen de más asesores. Efectivamente, GANA, que desde hace tiempo se ha limitado a ser un partido bisagra para hacer oscilar la voluntad legislativa hacia las propuestas y voluntad gubernamentales, es el que tiene una mayor proporción de asesores y empleados. Si se repartieran proporcionalmente los empleados de GANA entre sus diputados, les tocarían 26 asesores a cada uno. Así, pues, para un mínimo trabajo legislativo el partido goza de un máximo de lo que confiadamente y con una buena dosis de optimismo podríamos llamar capital intelectual. Algo parecido pasa en el PCN, aunque en menor cantidad. Y semejante también, aunque con alguna variante, en la Democracia Cristiana. En cambio, los partidos que han tenido mayor rendimiento legislativo, el FMLN y Arena, son los que tienen menos asesores, empleados, clientes o como les queramos llamar. El contraste es llamativo, y por eso cabe preguntarse: ¿cuál es la explicación?
    La explicación más evidente de este derroche de inversión en asesores que no producen ni calidad ni cantidad legislativa es corrupción democrática. Los partidos en el poder han necesitado siempre de aliados para conseguir suficientes votos para sus propuestas. Aparte de maletines negros, cuotas de cargos en el Estado y puestos de dirección en la Asamblea, dar trabajo a supuestos asesores ha sido también una manera de controlar voluntades. Aunque más que asesores son clientes del partido dedicados a alabarlo y trabajar para él. La corrupción y nuestra democracia llevan demasiado tiempo hermanadas. Incluso podríamos decir que hay una relación directa entre mayor clientelismo y aumento de la corrupción. No puede explicarse de otra manera ese contraste entre el número de asesores legislativos y la pobreza intelectual de los diputados, así como el poco rendimiento legislativo. En algún momento de nuestra historia a esa utilización de los partidos bisagra se le llamó “aritmética legislativa”. Ya se sabe: la corrupción siempre trata de disfrazarse con palabras bonitas.
    El próximo escenario legislativo ofrece una perspectiva interesante. Habrá que ver si para mantener el voto que le falta para cumplimentar los dos tercios de los votos, necesarios para aprobar algunas leyes, el partido de gobierno le mantiene a su aliado y anterior vehículo electoral el mismo número de asesores. Por supuesto, habrá que ver cuántos asesores y de qué calidad se recetan a sí mismos los diputados de Nuevas Ideas. Todo cambio en política tiene siempre dos opciones: cambiar la realidad o adaptarse a la costumbre corrupta. En El Salvador hemos visto una tendencia permanente a la adaptación más que al cambio real. Y en esa tendencia no han importado las diferencias políticas ni las consabidas calificaciones de derecha o izquierda. Si el actual Gobierno se decidiera por los cambios, lo sabremos muy pronto al ver de quién se rodea, con quién se aconseja y la fundamentación técnica de sus decisiones. Si se decide por la adaptación, sufriremos esa decisión con mucho más dolor que las adaptaciones anteriores. Porque ni la Democracia Cristiana, hace ya tiempo, ni Arena, ni el FMLN tuvieron tanto poder como el partido en el gobierno cuando decidieron adaptarse a la injusticia y la corrupción —por supuesto, siempre con sus diferentes matices—. Y el poder sin control crea un tipo de corrupción que hace daño a todos, pero especialmente a los más pobres y vulnerables, que son mayoría en el país. Los asesores fantasma serán uno de los primeros síntomas de en qué dirección se perfila nuestra historia en los próximos años.
    * José María Tojeira, director del Idhuca.
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  • EDITORIAL 24-03-21 El pueblo te hizo santo
    El 24 de marzo celebramos a san Óscar Arnulfo Romero, nuestro querido pastor, que amó tanto al pueblo salvadoreño que murió por él. Ese mismo pueblo lo reconoció como mártir y santo desde el mismo día en que fue asesinado. También lo hizo la jerarquía de la Iglesia católica, 35 años después, al finalizar un largo proceso en el que se analizó a fondo su vida, pensamiento y escritos, para así poder afirmar con propiedad que su doctrina estaba en plena consonancia con la fe católica.
    Monseñor Romero tuvo la enorme responsabilidad de guiar a la grey católica salvadoreña durante 10 años. Primero, como obispo auxiliar de San Salvador; después, como obispo de Santiago de María; y, finalmente, como arzobispo de San Salvador. Su pasión por anunciar el Evangelio utilizando todos los medios a su alcance fue una característica de su trabajo como sacerdote y obispo. San Romero tuvo bien claro que su papel principal como obispo era la evangelización del pueblo salvadoreño. Y lo hizo con sus enseñanzas, siempre apegadas al Evangelio; con su palabra clarividente, denunciando todo aquello que se oponía al proyecto de Dios para la humanidad; y con hechos, mostrando una genuina preocupación por los pobres, defendiendo sus vidas, consolándolos en sus angustias y sufrimientos, señalando los abusos y atropellos del poder, velando por el respeto a sus derechos humanos.
    Monseñor Romero es guía y pastor para el país; sus enseñanzas, su ejemplo siguen animando e inspirando a vivir con profundidad el seguimiento de Jesús. Su mensaje trascendió nuestras fronteras y se hizo universal. Muestra de ello es que en el año 2010 Naciones Unidas declarara que el 24 de marzo, fecha de su muerte martirial, sería reconocido como el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas. Sin duda que en esta decisión influyó la decidida denuncia que monseñor Romero hizo de las barbaries y atropellos que a diario sangraban a los más humildes a finales de la década de los setenta, y para los que el santo siempre pidió se esclareciera la verdad y se llevará a los hechores ante la justicia. Con toda razón se puede afirmar que monseñor Romero es reconocido mundialmente como un defensor de los derechos humanos y como el patrono de las víctimas de las violaciones a los mismos.
    Por todo lo anterior, su subida a los altares no puede servir para manipular su figura, despojarlo de su compromiso con el anuncio del Reino de Dios o hacer a un lado su lucha contra el mal. Al contrario, debe ayudarnos a ver en san Óscar Arnulfo Romero un hombre plenamente fiel al Evangelio, que se esforzó por ser un auténtico discípulo de Jesús, siguiendo su ejemplo, actualizándolo en la realidad trágica y violenta que le tocó vivir. Su amor al pueblo salvadoreño brotó de su amor a Cristo, al que vio presente y crucificado en los empobrecidos, en las víctimas de la injusticia y la represión, y de ahí su denuncia de la injusticia y su lucha por el bien de las mayorías. Por eso la Iglesia lo ha considerado mártir y santo, es decir, testigo de fe en Jesús y discípulo modélico.
    Al conmemorar su martirio en un clima de polarización, agresividad y odio, vale la pena recordar estas palabras de san Óscar Arnulfo Romero: “Ni la violencia de la injusticia social o de la represión, ni la violencia de las reivindicaciones inspiradas en soberbia, venganza o resentimiento puede ofrecer la solución a la evidente descomposición sociopolítica del país. Solo pueden abrir una salida eficaz a esta encrucijada, el retorno sincero a la justicia y el amor, el respeto mutuo de los derechos humanos y el mutuo entendimiento de todos los salvadoreños admitidos sin parcialidad a un verdadero diálogo”.
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  • EDITORIAL 22-03-21 Sin transparencia y sin vacunas
    Mientras el coronavirus obligaba a cubrirse parte de la cara, también destapó muchas injusticias. A la vista quedaron precarios sistemas de salud, familias sin vivienda digna, sin agua potable ni saneamiento; se evidenció que la mayor parte de la población se gana el sustento en una lucha diaria, por la cual le es imposible cumplir una cuarentena; se desnudó la rapacidad sin límite y autoritarismo de funcionarios y políticos que convirtieron la tragedia en ocasión de lucro y violentaron derechos humanos. Hasta hoy, el virus suma 2.6 millones de fallecidos y más de 121.3 millones de infectados en el mundo, y ha agudizado las desigualdades; el acceso a las vacunas es un ejemplo.
    Al 22 de enero de este año, 52 países habían comenzado a vacunar a su gente; 142, no. Organizaciones de derechos humanos internacionales advierten del peligro de que 67 países de bajos ingresos no tengan acceso a la vacuna en 2021, pues no han llegado a acuerdos con ninguno de los principales productores del medicamento. Funcionarios de la OMS señalan que Guinea era el único país africano que había comenzado a vacunar en enero. Del otro lado de la moneda, los países ricos han adquirido tantas dosis de vacunas como para inmunizar varias veces a su población.
    Reino Unido aseguró 367 millones de dosis de diferentes compañías, lo que equivale a más de cinco veces su población. Canadá, Nueva Zelanda y Australia han adquirido suficientes vacunas como para aplicar cuatro dosis a cada uno de sus ciudadanos. En contraste, Covax, la iniciativa mundial para que el acceso equitativo a tratamientos contra el covid-19, solo ha comprado el 14% de las vacunas producidas. Peor aún, todo apunta a que los países más pobres las comprarán a mayor precio que los países ricos. Un artículo publicado por el British Medical Journal señala que Sudáfrica habría comprado la vacuna AstraZeneca a 5.25 dólares la dosis, mientras la Unión Europea pagará solo 2.15 dólares.
    A esta inequidad planetaria se añaden las historias de corruptelas y privilegios durante el proceso de vacunación. Perú, Argentina, Chile y Brasil destacan en esa lista negra. En El Salvador, el 17 de febrero llegó un lote de 20 mil dosis de Covishield, la vacuna del Serum Institute of India. Luego, como parte del mecanismo Covax, el país recibió, el 11 de marzo, 33,600 dosis de AstraZeneca. De este último lote se sabe que se trata de una donación, pero del origen de las 20 mil dosis de Covishield solo hay especulaciones. Esa falta de transparencia es una de las constantes del actual Gobierno, que ha reservado la información sobre el hospital El Salvador, la compra de insumos médicos, los centro de contención y los paquetes alimentarios, entre otros.
    Costa Rica fue el primer país de la región en recibir vacunas Pfizer y ya lleva alrededor de medio millón de dosis. A pesar de que la empresa le exigió a los países compradores una cláusula de confidencialidad sobre el precio de la vacuna, Costa Rica reveló que encargó 3 millones de dosis a un costo total de 36 millones de dólares ¿Por qué acá no se puede conocer el convenio de compra con AztraZeneca? Ciertamente, enfrentar la pandemia exige sortear toda dilación, pero no prohíbe la transparencia ni la decencia.
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  • OPINION 18-03-21 La coyuntura indefinida
    Proceso
    11/03/2021
    Pasadas las elecciones y el triunfo de Nuevas Ideas, que algunos gustan calificar de “arrasador”, entramos ahora en una coyuntura de relativa indefinición. La Asamblea Legislativa actual funcionará hasta el 30 de abril, pero es difícil pensar que haga gran cosa. El apoyo masivo al presidente en las pasadas elecciones, la no continuidad en la Asamblea de la gran mayoría de los diputados actuales y la posibilidad de un veto presidencial que anule, por cuestión de los tiempos, cualquier legislación que se quisiera impulsar, deja al poder legislativo en una especie de limbo. Tampoco el poder Ejecutivo podrá hacer gran cosa, especialmente en temas que impliquen restricciones a derechos ciudadanos o cambios en temas económicos. Lo que sin duda habrá es conversaciones internas en Nuevas Ideas, planificación, y probablemente arreglos, para entrar a partir del mes de mayo con una fuerte actividad legislativa.
    Lo más interesante, a lo largo de estos dos meses de coyuntura indefinida, será analizar el lenguaje y discurso del poder Ejecutivo. Si ya con la casi totalidad del poder en las manos de Nuevas Ideas el discurso continúa siendo “arrasador” contra cualquier tipo de oposición o posicionamiento crítico, podemos prepararnos para un régimen autoritario que no tendrá nada que envidiar a los presidencialismos de nuestros tres vecinos del CA-4. El deterioro, especialmente en Honduras y Nicaragua, con los presidencialismos prolongados, señala la dificultad o imposibilidad de construir desarrollo desde el autoritarismo y el control absoluto del poder. La libertad de expresión y los Derechos Humanos puede que se conviertan en las únicas armas defensivas de quienes desean construir una democracia moderna e inclusiva, que busque en el país una mayor igualdad y justicia social.
    Si el lenguaje del poder se vuelve más maduro y sereno, desde la seguridad que da el control del legislativo, las posibilidades de diálogo y de búsqueda conjunta de soluciones para el país podrán ser más probables. Al Gobierno le tocaría entonces superar el ansia de poder absoluto y bajar radicalmente el tono a los fanatismos, que han conseguido ya carta de ciudadanía entre los vencedores de la contienda electoral. Todavía se está a tiempo de contrarrestar los graves desencuentros del pasado inmediato, aunque no sea fácil. Son dos escenarios en los que el elector es exclusivamente una persona, dado el liderazgo conseguido entre sus seguidores por el actual presidente.
    A El Salvador, por supuesto, le conviene el segundo escenario. No estará exento de tensiones, porque la libertad de expresión despierta reacciones demasiado airadas en los que mandan, y porque en el país no existe una cultura de Derechos Humanos bien establecida en ninguno de los tres poderes de la República. Temas como los ajustes fiscales son complejos y pueden incidir con dureza en la vida de las personas. Aunque sean necesarios, la falta de preparación económica y negociadora de los técnicos gubernamentales, así como la estupidez de algunos organismos internacionales, que no temen aumentar el hambre y la pobreza con tal de conseguir sus fines, no dejan de causar preocupación. Aumentar el IVA en un país con una economía en recesión golpeará sin duda y con fuerza a los más pobres. El peso de la tendencia gubernamental a salir del paso con improvisación, con ataques a otros, con promesas y con justificaciones más publicitarias que racionales, puede llevarnos a una situación de estancamiento y pobreza de difícil solución.
    En ese contexto, el 27% de los electores que no votó por Nuevas Ideas y que podría llamarse oposición, compuesta por muy diversos grupos, debe apostar por la reflexión y las propuestas serias y fundamentadas desde una economía solidaria y valores democráticos. Los espejismos solo se superan desde la conciencia y la realidad. La construcción de imaginarios ideales puede seducir cuando se vive en el reino de la necesidad. Pero competir en ese terreno solo llevaría, en el mejor de los casos, a seguir en lo mismo. Las Naciones Unidas presentó hace ya algunos años, los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ver la realidad y crear conciencia de las necesidades, elaborar desde ahí los propios objetivos para los próximos 3 años, proponer tiempos de realización de dichos objetivos, evaluar todos los años con transparencia el avance o retroceso de los mismos, son tareas que tienen pendientes los grupos críticos. Si los sectores críticos no elaboran proyectos propios de desarrollo, las imágenes construidas artificialmente, la propaganda vacía o semi vacía, las acusaciones a la oposición de toda fatalidad o fracaso que suceda, el griterío, la ilusiones y las mentiras continuarán siendo el ambiente que domine la política nacional. Proyectos serios de desarrollo pueden ayudar al crecimiento de la conciencia democrática, cuestionar imágenes y emociones e incluso podría ayudar a cambiar de rumbo al Gobierno. Mientras esto no se dé, la coyuntura permanecerá indefinida durante un par de meses. Las mujeres ya nos han dado ejemplo de cómo incidir en la coyuntura y reclamaron en su día una igualdad real en dignidad y derechos. Concretar el derecho a la igualdad con una propuesta de reforma constitucional que exija una cuota de género en la Asamblea Legislativa de un 40% podría ser un paso, entre otros más.
    * Artículo publicado en el boletín Proceso N.° 36.
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  • EDITORIAL 17-03-21 REFORMAS ESTRUCTURALES PARA LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
    Desde hace muchos años, la Asamblea Legislativa es objeto de señalamientos por su ineficiencia y por el uso abusivo de fondos públicos. A excepción de los últimos cuatro ejercicios presupuestarios, el presupuesto de este órgano del Estado se ha caracterizado por incrementarse constantemente, la mayoría de las veces sin justificación clara. Las críticas por los abultados gastos de los legisladores han sacado a la luz pública suntuosos banquetes en ocasión de actos solemnes, lujosas camionetas para uso discrecional, bonos de combustible, un pequeño ejército de asistentes y asesores al servicio de cada fracción, viajes al extranjero con todos los viáticos pagados, seguros médicos hospitalarios, entre otros. Además, en no pocas ocasiones se ha descubierto que algunos diputados pagaban con fondos público a personas que realizaban para ellos tareas sin ninguna relación con el trabajo legislativo. Todo ello ha influido en la baja estima y confianza ciudadanas en la Asamblea: las muchas prebendas y elevado nivel de vida de los que gozan los diputados no se justifican por el trabajo que realizan ni están en relación con la vida del salvadoreño común.
    Ahora ha emergido otra polémica ante la denuncia de plazas fantasmas. El señalamiento, en realidad, no es novedoso, pero debe servir para que por fin se investigue a profundidad y, en caso de existir fundamentos, se deduzcan responsabilidades. Y no habría que parar ahí, al menos si es real el interés en desmontar los vicios del pasado: el 1 de mayo, la nueva Asamblea Legislativa debería iniciar un proceso de transformación profunda de la institución. La actual dirección de la Asamblea Legislativa intentó, tardíamente y con excesiva lentitud, poner orden ante tanto descontrol. Para ello pidió la cooperación del Congreso español, que envió una comisión para realizar un diagnóstico de la situación y recomendar las reformas necesarias para una Asamblea Legislativa más eficiente.
    Uno de los aspectos que más impresionó a la comisión fue el enorme número de trabajadores de la Asamblea Legislativa. Se comentó que alcanzaban la cifra de tres mil, lo que significa 36 trabajadores por cada diputado, muy lejos del 1.5 trabajadores por cada congresista español. Asimismo, les llamó la atención que las contrataciones de personal fueran potestad de las fracciones legislativas y que no hubiera procesos para definir la idoneidad y capacidad profesional de los futuros funcionarios legislativos. Señalaron también la ausencia de un cuerpo técnico jurídico profesional, al servicio de la institución y no de una determinada fracción política, que apoyara en la elaboración y revisión de los proyectos de ley que se someten a aprobación, tal como tienen la mayoría de los Congresos alrededor del mundo.
    La nueva Asamblea Legislativa está llamada a poner fin a esta larga historia de prebendas, despilfarro, abusos y clientelismo político. Cuenta ya con el diagnóstico y la propuesta de apoyo para la reforma elaborados por el Congreso de Diputados español. Ese valioso insumo tiene que ser aprovechado. No basta con quejarse sobre lo mal que lo hicieron los otros; desde el momento en que ocupe sus curules, la mayoría de Nuevas Ideas debe dar muestras evidentes de que las cosas serán distintas y mejores, que se establecerán normas y reglamentos con el fin de que se cumplan, que se actuará con transparencia y respeto, que se trabajará en beneficio del pueblo salvadoreño. Solo a través de acciones de ese tipo podrá rescatarse a la Asamblea Legislativa del pantano en el que está hundida.
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  • Editorial 15-03-21 en racimo
    El Salvador se ha caracterizado por tener un movimiento social fuerte, aunque disperso, sobre todo en los últimos años. Hay una gran riqueza de organizaciones que trabajan en diversos temas para ayudar a la población en la lucha por sus derechos, pero no es usual que se coordinen con otras cuya temática de trabajo sea distinta. Pero la historia ha demostrado que en los momentos límite, en los que se juega la suerte de la gente, la realidad se encarga de unir esfuerzos dispersos. Coyunturalmente, esto ha sucedido ante los desastres socio-económicos provocados por fenómenos naturales.
    Los terremotos y las tormentas, por ejemplo, sacan lo mejor del pueblo organizado y no organizado para solidarizarse con las víctimas. Así pasó también durante la guerra civil con el anhelo de paz. Las organizaciones supeditaron sus agendas particulares al fin de la guerra como condición indispensable para sacar adelante al país. El movimiento social aunó esfuerzos en el Debate Permanente por la Paz, que enarboló la bandera de una salida negociada en tiempos en los que este clamor no era escuchado por los protagonistas del conflicto ni por la comunidad internacional. Al final, la racionalidad se impuso con la firma de los Acuerdos de Paz.
    La gestión del actual Gobierno ha dado pie a la unión de organizaciones del movimiento social y de la sociedad civil en general. La mayoría, por dar seguimiento a la realidad, percibió que algo grande estaba en juego y se articularon en diversos esfuerzos antes de las elecciones del 28 de febrero. Ahora, desde estos sectores se manifiesta una especie de desánimo y ha nacido la tentación de dispersarse, de hacer cada uno lo suyo en beneficio de los destinatarios de su trabajo. En estos momentos, conviene recordar algunas palabras del papa Francisco, expresadas en abril del año pasado en su carta dirigida a los movimientos y organizaciones populares a propósito de la pandemia.
    Como dice Francisco, vivimos días de mucha angustia y dificultad, pero las organizaciones sociales, dice el papa, “son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras. Un ejército sin más armas que la solidaridad, la esperanza y el sentido de la comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo”. A ellas les recuerda que se las mira “con desconfianza por superar la mera filantropía a través la organización comunitaria o reclamar por sus derechos en vez de quedarse resignados esperando a ver si cae alguna migaja de los que detentan el poder económico. Muchas veces mastican bronca e impotencia al ver las desigualdades que persisten, incluso en momentos donde se acaban todas las excusas para sostener privilegios”.
    A los miembros del movimiento social, a quienes el papa llama “poetas sociales”, que no gozan de los placeres superficiales que adormecen tantas conciencias en estos días, los invita a pensar en el después de esta crisis. “porque esta tormenta va a terminar y sus graves consecuencias ya se sienten”. “Ustedes”, les dice, “no son unos improvisados, tiene la cultura, la metodología, pero principalmente la sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor del otro como propio”. El obispo de Roma invita a pensar en el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos todos, centrado en el protagonismo de los pueblos en toda su diversidad y en el acceso universal a tierra, techo y trabajo.
    Este proyecto de humanidad solo será posible con la participación de todos, cada quien desde su especificidad, pero sabiendo que con el trabajo particular se abona a un fin mayor. La riqueza y la experiencia de cada organización se fortalecen cuando se coordina con otros que trabajan con los mismos ideales y buscando objetivos similares. Hoy más que antes, la unificación del movimiento social puede jugar un papel fundamental para incidir en el rumbo de El Salvador. Conviene recordar que, muchas veces, en los momentos más difíciles, es cuando se encuentran respuestas a problemas irresueltos. En palabras de Rutilio Grande, cuyo martirio se conmemora estos días, en esta hora nos salvaremos en “racimo”, no solos.
    6 min
  • Editorial 11-03-21 no mas acoso y agresiÓn
    Pasaron las elecciones, pero no la confrontación y la violencia, que, aunque vienen de largo, se intensificaron durante la campaña electoral; en especial, la agresividad verbal en las redes sociales. A pesar de la holgada victoria electoral de Nuevas Ideas, algunos seguidores de ese partido siguen acosando y profiriendo una lluvia de insultos sobre los otros institutos políticos, sus representantes y cualquier sector de la sociedad que se separa del discurso oficial. Y esa extrema agresividad se ensaña con las mujeres. Ello no es más que la muestra del machismo, la pobreza de pensamiento y el bajo nivel cultural de las personas que así actúan. Para más enjundia, algunas de las muestras más crudas de ese modo de actuar se dieron alrededor del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en el que se reivindica la igualdad de derechos para las mujeres.
    Hay que repetirlo con todas sus letras y con el mayor énfasis posible: la violencia solo engendra más violencia. La historia nacional da fe de ello; sus páginas están tintas en sangre. Si la violencia que corre por las redes sociales no se detiene, seguirá escalando y reproduciéndose. Algunos podrán decir que solo se trata de palabras, no de hechos. Ante ello, lo obvio: tan peligrosa es la violencia verbal como la física, pues en muchas ocasiones la primera no es más que el preludio de la segunda. Muchos linchamientos inician con violencia verbal, pues esta genera las condiciones necesarias en un colectivo para la destrucción física de la persona o grupo agredido. El Salvador, pues, está orillándose, de nuevo, al abismo.
    Detrás de la violencia hay una actitud de desprecio hacia el otro, un deseo de dañarlo y destruirlo, lo que rompe con el principio de la fraternidad cristiana. Para Jesús de Nazaret, la violencia verbal es tan grave como dar muerte, y lo expreso en el Sermón de la Montaña (Mateo 5, versículos 21 y 22): “Ustedes han escuchado lo que se dijo a sus antepasados: ‘No matarás; el homicida tendrá que enfrentarse a un juicio’. Pero yo les digo: si uno se enoja con su hermano, es cosa que merece juicio. El que ha insultado a su hermano, merece ser llevado ante el Tribunal Supremo; si lo ha tratado de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno”. Esa actitud de desprecio hacia otros debe ser sustituida, en cada mente y en cada corazón, por un profundo respeto hacia toda persona, sea hombre o mujer, correligionaria u opositor político, creyente o no, heterosexual o miembro del colectivo LGTBI.
    Cualquier diferencia es legítima y digna de respeto, y tiene que ser abordada a través de un razonamiento sereno y maduro. Por otra parte, cuanto más alta es la autoridad que ostenta una persona, más daño hace al comportarse de forma agresiva y violenta, pues el poder que tiene es mayor y, por tanto, mayor el daño que causa. En este sentido, las autoridades del país no pueden aplaudir y animar la violencia; por el contrario, tienen la responsabilidad legal de ponerle fin. Desde sus posiciones de poder, tienen el deber de exigir que caiga todo el peso de la ley sobre aquellos que insisten en la violencia y el acoso, y así dar un mensaje claro de que en el país no se promueven actitudes antidemocráticas que impiden vivir en fraternidad y armonía.
    5 min
  • OPINION 10-03-21 ESCASA CULTURA DE DERECHOS HUMANOS
    A pesar de los esfuerzos meritorios de diversos sectores, la cultura de derechos humanos en El Salvador es escasa. Las expresiones de odio o desprecio hacia mujeres que expresan con libertad su opinión nos dejan ver que todavía un buen grupo de hombres, que agreden o callan ante las agresiones, no se ha dado cuenta de que todos y todas tenemos la misma dignidad. Salir con numerosos policías armados a supervisar una manifestación de mujeres que reclaman igualdad de derechos muestra la incomprensión y ridiculez de unas fuerzas de seguridad que parecen temerle al derecho de libre manifestación. En vez de eso, el Gobierno debería pedirle a la Asamblea Legislativa que reforme la Constitución y establezca un 40% como cuota de género a partir de las elecciones de 2024. Y en mayo la podrían ratificar los de la nueva Asamblea, aunque al vicepresidente no se le haya ocurrido el tema o no le guste.
    A lo largo del año 2020, y en esto han coincidido todas las instituciones defensoras de derechos humanos, a las violaciones clásicas de los derechos económicos y sociales se ha añadido otra serie de abusos que limitan la libertad de movimiento, la seguridad jurídica y toda una serie de derechos garantizados por convenciones firmadas y ratificadas por El Salvador. El más reciente informe de derechos humanos del Idhuca no deja duda de ello. Otros informes insisten en lo mismo. El Gobierno, la PNC, la Fiscalía y el sistema judicial han sido, por comisión u omisión, los mayores violadores de derechos humanos.
    En ciertos niveles gubernamentales se acusa de ideológicos a quienes defienden derechos humanos. O incluso, en su ignorancia, se burlan de derechos consagrados diciendo que quienes perdieron las elecciones tendrán que solicitar derecho de asilo. Caso aparte es el director de Centro Penales, que por su actuar da la impresión de que no conoce la ley penitenciaria de El Salvador. Asimismo, con múltiples violaciones de los derechos de los privados de libertad, ha demostrado una ignorancia absoluta de convenciones y estándares internacionales que señalan modos de proceder coherentes con la finalidad que tienen las prisiones. Será bueno recomendarle la lectura, además de la ley, del manual “Los derechos humanos y las prisiones”, publicado por la ONU.
    La falta de cultura de derechos humanos tiene una larga historia. Una de sus causas fundamentales ha sido la indiferencia de instituciones estatales y, especialmente, de la clase política, que ni se ha preocupado demasiado por ellos, sobre todo en el campo de los derechos económicos y sociales, ni ha tratado con seriedad de corregir abusos institucionales. El control de la política por parte de grupos oligárquicos, y de militares a su servicio, silenció durante mucho tiempo los esfuerzos de algunos salvadoreños por impulsar los derechos de los pobres. La brutalidad de una guerra civil con múltiples y graves abusos ha dejado también una herencia que dura hasta ahora y que contemplamos en la tradición de impunidad, en las trampas judiciales y en el irrespeto a las leyes.
    Los derechos humanos son, en primer lugar, una moralidad externa al poder. La famosa “moralidad notoria” de la que habla la Constitución no sería moralidad, ni mucho menos notoria, si no tuviera en cuenta los derechos humanos. Porque estos se fundamentan en los valores básicos de la persona. En la práctica, la moralidad notoria de muchos funcionarios no ha sido en nuestra historia más que fariseísmo notorio, es decir, apariencia de moralidad. Salir del fariseísmo y optar por respetar y trabajar sistemáticamente en favor de los derechos humanos es el único camino que tenemos para construir un desarrollo fraterno y capaz de potenciar las capacidades de nuestra población y ponerlas al servicio de todos. Crear cultura de derechos humanos nos hará mejores personas a todos.
    * José María Tojeira, director del Idhuca.
    6 min

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