Editoriales y Opiniones

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By Radio YSUCANewsPolitics
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Editoriales y Opiniones episodes

  • EDITORIAL 09-03-21 NADA MENOS QUE PLENA IGUALDAD
    En el Día Internacional de la Mujer, que invita a reflexionar y trabajar por una real igualdad de derechos entre mujeres y hombres, es necesario mirar y analizar con seriedad nuestra realidad al respecto. En primer lugar, lo evidente: el machismo sigue oprimiendo y generando crímenes de odio a diario. Hay menos mujeres pensionadas que hombres, aunque en promedio ellas trabajan más que ellos. En la futura Asamblea Legislativa, habrá diputados que han publicado frases machistas en las redes sociales; además, el número de diputadas no llegará al 30% del total de legisladores, a pesar de que en El Salvador las mujeres son mayoría. Esta subrrepresentación habla muy mal de un país en el que han abundado y abundan las mujeres ejemplares.
    Marianella García Villa, defensora de derechos humanos, fue asesinada durante la guerra cuando trataba de esclarecer en el terreno una masacre llevada a cabo por la Fuerza Armada. Fue una persona inteligente y de gran coherencia entre pensamiento y acción. A pesar de ello, se la mantiene en el olvido. Rufina Amaya, testigo de la matanza en El Mozote, se constituyó en la palabra más permanente y creíble frente al encubrimiento de ese acto de barbarie y de otros crímenes de lesa humanidad. Hoy, a pesar de que muchos reconocen su valía, no tiene ningún monumento que la honre. Por su lado, María Julia Hernández, directora de Tutela Legal del Arzobispado, mostró un valor extraordinario en la defensa de los derechos humanos. Tampoco para ella hay una fecha o sitio público que sirva para recordar su obra.
    El reconocimiento público a las mujeres continúa siendo inferior a la capacidad que demuestran en diversos ámbitos de la vida nacional. Pese a que ellas se desempeñan en infinidad de labores, muchas de estas complejas y de largo plazo, los hombres se quedan con el poder y las decisiones sin que se avance gran cosa en la construcción de la igualdad y en el desarrollo de la justicia social. Las labores de cuido se reservan para la mujer y ni siquiera se hace el cálculo económico del valor material que esas tareas tienen. En el mundo político, es aún más aguda esa marginación.
    En las fechas conmemorativas (el Día Internacional de la Mujer no es la excepción), mucha gente se muestra solidaria con la temática del caso. Sin embargo, luego se echa de menos un compromiso permanente que lleve a un cambio de cultura o de legislación. En este sentido, bueno sería que durante los tres años próximos se ejerza presión pública para que los diputados y el Ejecutivo legislen y actúen en materia de derechos y protección de las mujeres. Dado que la próxima legislatura no alcanza el tercio de género que se exige como mínimo en cualquier otra institución pública, una buena consigna sería exigir legalmente que al menos un 40% de las curules sean ocupados por mujeres. Sin dar la pelea a diario sobre temas como este, nunca se conseguirá la plena igualdad.
    5 min
  • EDITORIAL 08-03-21 ESCLAVO DE SU PALABRA
    Los resultados electorales demuestran que la mayoría de salvadoreños no se ha cansado de esperar que el país cambie. A pesar de las innumerables promesas fallidas, siguen teniendo esperanza. El respaldo mayoritario al partido del presidente expresa la fe en que cumplirá su promesa de mejorar la vida de todos. En este sentido, limpiarle la mesa no pretendería darle carta libre para que haga lo que quiera, sino para que transforme realmente al país. Aristóteles dijo que “uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”. Precisamente, haber prometido y defraudado es lo que están pagando los que no honraron sus promesas cuando estuvieron en el poder.
    Aunque no se conoce un plan de gobierno ni un proyecto de nación que tengan su firma, el presidente anunció cambios importantes y estructurales que dentro de poco, no teniendo ya obstáculos en la institucionalidad nacional que le impidan realizarlos, podrá emprender. Un par de ejemplos de esos compromisos que asumió y ofreció durante su campaña presidencial pueden servir para hacerse una idea de aquello que podría hacer para darle un nuevo rumbo a El Salvador
    Primero, en el ámbito de la transparencia y el combate a la corrupción, prometió crear la figura de un comisionado anticorrupción que, nombrado por los partidos de la oposición, combatiera ese flagelo. Prometió también eliminar la partida secreta, por la que se canaliza el gasto de la inteligencia estatal y que nunca fue auditada en los Gobiernos anteriores. Bukele afirmó en campaña que “los gastos necesarios de la inteligencia saldrán de partidas auditables, evitando el robo que siempre existió”. Fue esa partida, según la Fiscalía General de la República, la que los ex presidentes Funes y Saca utilizaron para malversar cientos de millones de dólares.
    En segundo lugar, en el ámbito económico, ofreció “modernizar la recaudación fiscal” para evitar la evasión y elusión tributaria, y “promover una reforma fiscal integral”. En sus palabras: “Hacer que el rico pague más y que el pobre pague menos”. En esa línea, habló de la necesaria gradualidad de los impuestos y ejemplificó con un IVA diferenciado: mayor para los bienes suntuosos y exención para la canasta básica. En la ciencia económica, este tipo de medidas son propias de una reforma fiscal progresiva, algo que ninguno de los Gobiernos de la posguerra se atrevió a implementar, a pesar de que los agudos niveles de desigualdad del país lo exigen. Más aún, habló de trabajar por “una economía social de mercado”, en la que las zonas económicas especiales no tendrían cabida por ser privatizadoras.
    Si, como argumentaba, no había podido llevar a cabo estas medidas por tener a los otros dos poderes del Estado en contra, ahora al presidente le bastará voluntad y decisión para hacerlas realidad. Ha llegado su hora o, en su defecto, la de un nuevo desencanto ciudadano.
    5 min
  • OPINION “Operación remate”. ¡Cumplida!
    Rodolfo Cardenal
    04/03/2021
    La elección del 28 de febrero es un parteaguas histórico. Pone fin al bipartidismo de posguerra y a la posguerra misma. La llamada “operación remate” por el presidente Bukele ha sido cumplida de tal manera que el regodeo por la debacle de Arena y del FMLN parece complacerle más que el triunfo aplastante de su partido. De hecho, les debe mucho, ya que aupado en ellos ha conseguido la legislatura y, con ella, el acceso a las instituciones controladoras más importantes del Estado, además de la mayoría de municipalidades. “Nuestra gente ha esperado 40 años para esto”, tuiteó satisfecho. Al fin, después de tanta espera, “el liberador” habría llegado, aunque el “para esto” no está claro aún. A partir de mayo, Bukele ya no podrá alegar falta de poder para concretarlo, cualquier cosa que “esto” signifique. Entonces, será el momento de desvelar cómo elevará el nivel de vida de la gente; sobre todo, de las masas que se decantaron por sus elegidos para diputados y alcaldes.
    8 min
  • Comentarios
    El comentario de hoy habla sobre la importancia de contar con tiempo y hacer las cosas como se deben.
    6 min
  • EDITORIAL03-03-21 no hay cheque en blanco
    Las pasadas elecciones han evidenciado las grandes expectativas que Nayib Bukele y su partido despiertan en la mayoría de la población. En ese sentido, el voto masivo a su favor no debería interpretarse como un cheque en blanco, sino como un anhelo de cambio del que toca responsabilizarse. A pesar de que Nuevas Ideas no ha presentado ningún programa político a nivel legislativo o municipal, en su propaganda electoral ha prometido un estado de progreso y bienestar nunca antes visto en el país. Esa promesa, plasmada en los mensajes publicitarios y ratificada por el presidente en sus intervenciones, es el compromiso ineludible que Bukele tiene ahora con el pueblo salvadoreño. De acá en adelante, el éxito de su gestión dependerá de que logre que El Salvador se transforme en un país distinto, con oportunidades para todos, con trabajo decente, con mayor calidad de vida, con seguridad ciudadana, con sistemas de salud y educación renovados y de calidad, con un servicio agua que cubra a todos los hogares, con la paz social tan profusamente ofrecida y esperada.
    Los resultados electorales del 28 de febrero deben entenderse como la clara y contundente manifestación de una amplia mayoría de salvadoreños que quieren un cambio radical en las condiciones del país y en las formas de gobernarlo. Ante tal gran apoyo, el presidente tiene el reto, también enorme, de actuar a la altura de las circunstancias. En ese sentido, Nayib Bukele debería reflexionar con seriedad sobre cómo gobernará de ahora en adelante, a fin de apartarse de los errores y excesos de sus primeros 21 meses de gestión. Por supuesto, no será fácil que eso suceda por la idiosincrasia del gobernante y de sus más cercanos colaboradores, su convencimiento de que solo ellos saben lo que el país demanda y cómo hacer bien las cosas, su desconfianza en las ideas, saberes y experiencias de los demás. Sin embargo, la transformación del país requiere de una estrategia de suma de talentos.
    Además, el presidente debe tener en cuenta que un 27% de quienes acudieron a las urnas no votaron por Nuevas Ideas ni por sus aliados partidarios. Una cantidad nada despreciable de ciudadanos optó, pues, por votar a la oposición, ya sea porque no le creen al presidente Bukele, o porque no quisieron darle tanto poder, o porque confían en otros partidos. Por tanto, seguirá habiendo un grupo considerable de salvadoreños atentos a que el Ejecutivo cumpla con la Constitución y las leyes, respete el Estado de derecho y sus instituciones, garantice la vigencia de las libertades fundamentales y los derechos humanos. Un grupo que estará vigilante de que el Gobierno pase de las nuevas ideas a las buenas prácticas, de los discursos a la realización de buenas obras; en definitiva, de que las palabras se correspondan con la realidad. Con una Asamblea Legislativa que le dará todo lo que desee, la coincidencia entre el dicho y el hecho será la mejor prueba de la capacidad o incapacidad del Ejecutivo de responder a las promesas que ha hecho al pueblo salvadoreño.
    5 min
  • Editorial 01-03-21 con la vista en el futuro
    Luego de las elecciones legislativas y municipales, es necesario hablar del futuro. El último año y medio de la dinámica estatal se caracterizó por el permanente conflicto entre los poderes y sistemas de control republicano. Para destruir a los partidos tradicionales, el Ejecutivo irrespetó de palabra y de obra las decisiones de cualquier institución pública que no tuviera controlada. La Asamblea Legislativa, la Sala de lo Constitucional, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, la Corte de Cuentas y el Tribunal Supremo Electoral fueron fuertemente hostigadas, sus leyes vetadas, sus sentencias incumplidas, sus resoluciones ignoradas. Cualquier crítica al quehacer público por parte de la ciudadanía, los medios de comunicación o la sociedad civil se convertía automáticamente, a los ojos del Ejecutivo, en una ofensa y en parte de una amplia conspiración para impedir el buen funcionamiento del Gobierno.
    Hoy se contemplan dos posibles escenarios: o inicia una lucha todavía más dura y despiadada por el control absoluto de todos los mecanismos de poder, o arranca una etapa tranquila con un Gobierno que ya no estará en minoría y falto de poder. Muchos piensan que se impondrá el primer escenario. Si Nuevas Ideas y Nayib Bukele toman ese rumbo, harán un profundo daño a la convivencia social y al país en su conjunto. El exceso de poder sin control, además de estar reñido con la democracia, tiende a corromper no solo a nivel económico, sino también en el terreno de las ideas, la ética y los derechos humanos. Una corrupción que podría extenderse rápidamente a nuestra sociedad, en la que perviven elementos culturales violentos y autoritarios, y donde la ley y la trampa han convivido en armonía. Convertir la política en el dominio total y prepotente de los más fuertes, eliminando cualquier discusión sana sobre proyectos de largo plazo para el bien común, solo llevará al fracaso nacional. Creer que El Salvador puede desarrollarse desde un autoritarismo sin diálogo es no conocer su historia.
    Hay menos incentivos para inclinarse por el diálogo cuando el triunfo electoral es masivo y viene precedido de agresividad y fuertes tensiones personales e institucionales, pero es siempre la apuesta más inteligente. Para El Salvador, optar por una democracia inclusiva y respetuosa de las leyes y estándares internacionales de derechos humanos sería indudablemente lo mejor. El filósofo griego Aristóteles, iniciador de la ciencia política, decía que la democracia, con su organización social y sus instituciones, tiene como fuente la amistad. El papa Francisco insiste en la “amistad social” como base de una sociedad solidaria y justa. Sin embargo, la amistad no florece entre insultos y respuestas agresivas ante cualquier reclamo de derechos. En manos de Nuevas Ideas y su liderazgo está darle un nuevo rumbo al país. Si el partido utiliza la cuota de poder obtenida para nombrar a funcionarios decentes, libres e independientes en las elecciones de segundo grado; si impulsa reformas estructurales en los sistemas fiscal, de pensiones, de salud y educativo, el futuro puede ser incluso prometedor. Para ello, tendrá que aprender a escuchar y a dialogar con seriedad con todos los sectores. Lo contrario podría llevar al país a una especie dictadura.
    5 min
  • Opinion 24-02-21 la inmediatez de la virtualidad
    La actual contienda electoral es uno de los momentos álgidos del proceso histórico inaugurado con la victoria presidencial de Nayib Bukele, pues supone la consolidación partidaria de Nuevas Ideas y la instalación de un ideario sobre las dinámicas de poder no visto de una manera tan recalcitrante desde el inicio de la posguerra. No se trata de que la división ideológica no fuera una constante en los últimos treinta años, sino de que, en este primer año del mandato de Bukele, se ha radicalizado, llegando al odio, el rencor y el desprecio por la vida de los contrincantes políticos. Esta tónica, sin embargo, no ha sido privativa de los simpatizantes de Bukele: también ha sido la de muchos de sus adversarios, quienes han bailado al ritmo del odio, la burla y el menosprecio en las redes a las personas que simpatizan con el oficialismo y sus representantes, tal y como lo hace el presidente con sus opositores. A ellos también les aplauden ciegamente sus respectivos acólitos.
    Tal y como está en la actualidad, la dinámica política salvadoreña no va a ninguna parte, pues no hemos escapado de uno de los grandes males que ponen trabas a todo proceso histórico: la seducción de la inmediatez. Vemos en la actualidad una dinámica bipolar. Por un lado, los problemas son estructurales y su solución supone transformaciones estructurales de mediano y largo plazo; por otro, vemos la gratificación que produce el inmediatismo y las soluciones fáciles, objetivadas en el perenne culto a la imagen, la personalidad y la publicidad de lo que los gobernantes de turno quieren transmitir, pero que las más de las veces no refleja lo que hacen u omiten para solventar las grandes carencias de las salvadoreñas y los salvadoreños. Cambio en las estructuras e idolatría a la virtualidad son dos polos que se repelen y excluyen mutuamente en la solución de la crisis de país en la que vivimos desde hace décadas. Esta oposición se ha ido exacerbando con cada elección, pues se privilegia y prefiere deliberadamente la imagen de cambio o solución por encima de la realidad, sin que haya propuestas claras ni acciones concretas que sancionen su efectividad.
    El auge del uso de las redes sociales como panfleto idolátrico electorero, o de culto al presidente, o de culto al ego es una muestra fehaciente del fracaso de los medios de comunicación ?tradicionales y virtuales serios?, del sistema educativo y de la educación política como medios de pacificación y búsqueda de la verdad que hace justicia en nuestra sociedad herida. En las redes se ultraja, miente, encubre y desinforma con la impunidad que permite el uso de perfiles falsos, la distancia física y la creación de tribus donde solo entran aquellos que piensan igual entre sí y no hay espacio para la disidencia. Este auge, pues, representa un fuerte alejamiento de lo que la realidad nos dicta claramente si vamos más allá de las apariencias: los problemas de nuestro país tienen una raíz tan honda que no se alcanza a desentrañar con la simple vista, el “sentido común”, las selfies de voluntariado o los asistencialismos populistas tan de moda y tan vistosos para la publicidad.
    De este culto a la gratificación instantánea han participado históricamente todos los partidos políticos, pero particularmente en esta elección de diputados y alcaldes. Vemos cómo la mal llamada “oposición política” también ha quedado absorbida por la disyuntiva antagónica entre cambio de estructuras y gratificación de la imagen, decantándose por la segunda y continuando con el compás que ha marcado Bukele. Las campañas que podemos encontrar dicen poco o nada sobre quiénes son los protagonistas, opositores u oficialistas, ni de sus propuestas, experiencia política o de servicio a la comunidad. Tanto los nuevos como los viejos partidos que luchan contra el arrastre de Nuevas Ideas se han montado en la mera oposición o imitación: no somos Bukele o nos parecemos a Bukele. Pura apariencia, sin substancia ni propuestas para la crisis actual. Mucho eslogan y poco o nulo plan de acción para realizar lo prometido o sugerido. Todos los partidos, bajo esta misma lógica, son más de lo mismo. Vale recordar que de esta misma manera surgió Nuevas Ideas y la figura pública de Nayib Bukele: clamando no ser de “los mismos de siempre”, aunque su forma de proceder imite (con diferencias y matices) la manera de gobernar de partidos anteriores. Cabe la sana sospecha de que muchos de los nuevos diputados y alcaldes que resulten electos sean también más de lo mismo.
    La amplísima gama de problemas que aquejan a nuestro país y su falta de solución obedecen al vaivén al que se encuentran sometidos con cada elección presidencial, de alcaldes o diputados. Adolecemos de la falta de un plan de nación que ataque de forma sistemática a las estructuras que perpetúan la injusticia; se suelen privilegiar los planes quinquenales o la ausencia de estos, según sean los intereses cortoplacistas del Gobierno de turno. Se gobierna desde lo que el partido oficial y las bancadas legislativas estiman valioso, y no desde los intereses y necesidades de las grandes mayorías, a quienes se supone deberían servir. Es así como elecciones van y vienen, pero los problemas siguen ampliándose y corroyendo el de por sí frágil tejido social y la infraestructura socioeconómica de posguerra. El culto a la inmediatez no mira al pasado; más bien lo desprecia. Propone soluciones mágicas e instantáneas, oropel y humos de bienestar que solo siembran conflicto cuando el ídolo choca con el grito histórico de la realidad, donde las únicas víctimas siempre son los más desfavorecidos y marginados.
    Esta próxima elección del 28 de febrero debe servir como una lección sobre la historia reciente de nuestro país y la inefectividad del culto a la imagen. En buena medida, el voto será para una gran cantidad de caras nuevas, con intereses inconfesables, desconocidos, cuyas imágenes maquilladas y deslumbrantes sonrisas alteradas por programas de edición prometen mil maravillas a cambio de un puesto en el Estado y su jugoso salario. Prometen cambiar el país en un cortísimo período. A estas personas deberemos fiscalizar críticamente en los próximos tres años, no sea que caigamos una vez más en los mismos errores de siempre. Solo así podremos establecer una dinámica de construcción de país que supere la insalvable contradicción entre complacencia inmediatista y liberación integral de nuestro pueblo.
    * Marcela Brito de Butter, directora de la Maestría y el Doctorado en Filosofía Latinoamericana.
    10 min
  • EDITORIAL 23-02-21 VOCES POR EL DIALOGO
    En los últimos días se han publicado tres pronunciamientos escritos desde el pensamiento religioso. El primero, un comunicado de la Conferencia Episcopal de la Iglesia católica; el segundo, firmado por obispos y pastores de diversas confesiones cristianas; y el tercero, una carta pastoral del arzobispo de San Salvador. En todos ellos se advierte un posicionamiento en favor de una democracia centrada en el desarrollo de las instituciones, el respeto al diálogo constructivo y a la dignidad humana. Se rechaza, además, la mentira, el odio, la injusticia y la violencia manifestados en el ambiente preelectoral. Frente al griterío propagandístico se alzan estas voces por el diálogo, que advierten de los errores y tergiversaciones que se están dando en la vida nacional, y exponen los caminos a recorrer para dar plena vigencia al respeto a la igual dignidad humana, que está en la base de toda democracia.
    En general, la clase política salvadoreña busca la ganancia electoral inmediata, olvidando los fines de la democracia expresados en los primeros artículos de la Constitución. Quienes reflexionan sobre las responsabilidades políticas desde la religión miran a largo plazo, sin intereses particulares, en coherencia con la Constitución y buscando la convivencia pacífica, la justicia social y el bien común. En la medida en que señalan graves problemas tanto estructurales como coyunturales, y vías para superarlos, los mensajes que brotan de las religiones deben ser escuchados. En primer lugar, porque las palabras racionales vinculadas a la igual dignidad humana tienen un peso social de larga duración, algo que no tienen los discursos políticos oportunistas, más basados en la imagen que en la realidad. Y en segundo lugar, porque la ética cristiana mantiene un potencial de primer orden para la convivencia pacífica y la justicia social.
    Ante la idolatría predominante en el imperio romano, los cristianos primitivos no solo rechazaban unos dioses concretos y particulares, sino también una cultura ligada al politeísmo que establecía como fundamental el éxito individual, el triunfo concreto, la exaltación de lo inmediato y la conquista del poder. El cristianismo, en cambio, defendía el proceso de largo plazo hacia lo perfecto, el camino del bien, el trabajo permanente hacia la convivencia fraterna y solidaria. Más allá de los errores históricos de algunos de sus representantes que se sumaron a la búsqueda del triunfo personal, del poder, la fama o el éxito inmediato, la fuerza real del planteamiento cristiano ha sido siempre el principio ético del servicio generoso y de la solidaridad fraterna e igualitaria en dignidad. Ese es el principio que anima los documentos mencionados, que advierten contra la división que engendra la búsqueda del poder sin diálogo y que ofrecen puntos a reflexionar antes de emitir el voto.
    El mensaje de los tres comunicados es fundamental en un momento en que un liderazgo personalista y autoritario, presentado con tintes casi mesiánicos, amenaza la institucionalidad democrática tratando de tener el control casi absoluto del Estado. El voto no lo arregla todo, pero ayuda a construir la democracia si mueve a la reflexión, a pensar en el largo plazo y a la solución de problemas endémicos que tienen como base la pobreza y la desigualdad. No pensar, dejarse llevar por los sentimientos del momento, puede llevar al final a la desesperanza.
    6 min
  • Opinion 18-02-21 la etica y los sistemas de control
    La ética y los sistemas de control
    Cualquiera que sin conocer El Salvador leyera nuestra Constitución de la República pensaría que en nuestro país hay un enorme aprecio de la ética. En efecto, para todos los funcionarios públicos la Constitución pide moralidad notoria; concepto este que para fines prácticos no se diferencia de la ética. Y se supone, salvo que nos digan lo contrario los miembros de la “Comisión ad hoc” para reformarla, que la Constitución es el máximo instrumento legal y moral que debe regir la vida pública. Sin embargo, la situación real está muy lejos de lo que dice el texto constitucional. Mentir, por ejemplo, y creemos a la experiencia cotidiana que vemos en muchos de nuestros políticos, no tiene nada que ver con la ética. En la Asamblea Legislativa tenemos personas que han cometido no solo claras faltas éticas, sino incluso delitos, y ahí siguen a la vista y paciencia de todos. Los sistemas de antejuicio en la Asamblea son más juegos políticos arbitrarios que instrumentos que puedan promover la ética. Si quisiéramos ponernos pesimistas podríamos repetir, aplicándolas a El Salvador, las palabras de Bolívar, de hace casi 200 años, hablando en general de la situación de América: “Los tratados son papeles, las Constituciones libros, las elecciones combates, la libertad anarquía y la vida un tormento”. Incluso algunos de nuestros políticos podrían apoderarse de la frase para celebrar alegremente el 200 aniversario de nuestra independencia.
    ¿Hemos caminado hacia la ética en estos 200 años? Por supuesto que sí. Aunque el machismo continúa siendo una plaga, hay un poco más de respeto a la mujer. E incluso se le puede impedir a un candidato a diputado, por primera vez en la historia del país, el acceso a participar como tal en las próximas elecciones. Pero los problemas de ética persisten en prácticamente todos los niveles de la farándula política. Y la impresión es que no se hace un trabajo serio por corregir los problemas existentes. De la Asamblea podemos decir que no tiene sistemas de control interno. Y los de la PNC, la Fiscalía y el sistema judicial son muy flojos e ineficientes tanto para las irresponsabilidades profesionales como los delitos. La ética rara vez se tiene en cuenta.
    Esta situación conduce siempre a la decepción y el desánimo ciudadano. Cuando las instituciones son demasiado ineficientes, las personas buscan, en cuanto pueden, soluciones individuales. Y se refuerza así la tendencia a la recomendación tramposa, al favoritismo, a la trampa y a la relativización de valores básicos para la convivencia ciudadana. Surge también, como contraparte, el fanatismo político y la división entre los miembros de una misma sociedad. El clima de guerra verbal, que puede pasar a la agresión criminal, como hemos visto recientemente, se establece en la sociedad cuando la ética desaparece. Un moralista innovador en el siglo dieciséis, el dominico Francisco de Vitoria, culpabilizaba a las élites gobernantes, en cuenta a las españolas, de las frecuentes guerras injustas: “las más veces, entre los cristianos, toda la culpa es de los príncipes. Porque los súbditos pelean de buena fe por sus príncipes. Y es una iniquidad que, como el poeta dice, paguen los aquéos los delirios de sus reyes''.
    Hoy no hay reyes que emprendan guerras, pero sí líderes políticos incendiarios con discursos delirantes, o con cinismos y mentiras que generan tensión, cuando no delitos. Y están activos tanto en los grandes Estados como en las pequeñas naciones como la nuestra. Frente a esta realidad le corresponde a la sociedad civil y a la ciudadanía crítica hacer llamados a la racionalidad política. Un país como El Salvador, con tantas dificultades materiales para caminar hacia el desarrollo sostenible, requiere esfuerzos colectivos y proyectos de realización común. En este contexto, la ética no se puede ver como simplemente un código de conducta. Es una exigencia de bienes universales, de diálogo, de poner los problemas con transparencia sobre la mesa del diálogo, de buscar soluciones consensuadas y de tener la capacidad de sacrificar ventajas personales en beneficio del bien común. Si no damos pasos en esa dirección no haremos más que transmitir a las siguientes generaciones un modo corrupto de actuar. De hecho esa transmisión intergeneracional de la corrupción y la inmoralidad notoria ya se está dando y viendo en nuestro país.
    José Ma. Tojeira
    7 min
  • EDITORIAL 17-02-21 QUIEN ESTA A FAVOR DEL FRAUDDE
    En los últimos días se han multiplicado las voces que afirman que en las próximas elecciones habrá fraude; según la última encuesta del Iudop, el 37.9% de los encuestados lo cree. Quienes más han insistido en ello son el presidente de la República y sus seguidores, pese a que saben, o deberían saber, que cometer fraude durante el proceso de votación y conteo de votos es si no imposible, muy, muy difícil. Las Juntas Receptoras de Votos están integradas tanto por ciudadanos independientes como por afines de todos los partidos. Además, en cada mesa hay vigilantes partidarios. Por supuesto, Nuevas Ideas tendrá los suyos, quienes podrán estar presentes en las mesas durante todo el proceso de votación y conteo. Por tanto, por esa vía no tiene sentido hablar de fraude electoral. Desde los Acuerdos de Paz se han realizado seis elecciones presidenciales y nueve municipales y legislativas de forma limpia y transparente. No hay razón ni evidencia que permita afirmar que las del 28 de febrero serán la excepción.
    Pero si de hablar de fraude se trata, hay que decir claramente que ya se ha consumado uno y que su principal responsable es Nayib Bukele. El presidente no solo ha intervenido en el proceso electoral a favor de Nuevas Ideas, lo que está prohibido por ley, sino que también ha trabajado conscientemente y usando todos los medios a su alcance para dañar a los demás partidos en contienda, a excepción de sus aliados de GANA. La negativa a entregar en tiempo y forma el Fodes a los municipios, además de ser inconstitucional, responde a una estrategia electoral. En la medida en que se quedan sin fondos, los municipios no pueden realizar sus funciones y, por tanto, incumplen con sus compromisos ante la población.
    Con su estrategia, el presidente ha obstruido el trabajo de las alcaldías, dejándolas mal paradas ante la ciudadanía. Esto seguramente favoreció que, en la más reciente encuesta del Iudop, las municipalidades recibieran la peor evaluación de los últimos 22 años. Asimismo, sin necesidad de decirlo, Bukele ha enviado un contundente mensaje: las alcaldías que no sean de Nuevas Ideas enfrentarán graves dificultades. Otra de sus acciones contrarias a la ley y a la democracia es no haber entregado la deuda política a los partidos, restándoles así recursos para propaganda. En contraste, Nuevas Ideas cuenta con abundantes fondos y se aprovecha de los recursos del Estado.
    Con todo, el componente más importante del fraude electoral cometido por el Ejecutivo es la entrega de los paquetes alimenticios, los cuales no se han distribuido con criterios objetivos y claros, y como parte de las obligaciones del Gobierno con la población, sino como obra de la discrecionalidad generosa del presidente y su Gabinete. En el colmo de la desvergüenza, en no pocas ocasiones los paquetes han sido repartidos por personas que visten distintivos de Nuevas Ideas. Por estas razones, la distribución de las ayudas constituye la principal estrategia electoral de Bukele para ganarse el apoyo mayoritario de la población.
    Quienes suelen preocuparse de un posible fraude son los partidos y políticos minoritarios y vulnerables, no los fuertes y que gozan de alta popularidad, como Nayib Bukele y su partido. Carece de todo sustento su insistencia en el fraude electoral cuando es indudable que Nuevas Ideas compite en estas elecciones con todas las ventajas a su favor. La acusación del mandatario no obedece a un temor de que el Tribunal Supremo Electoral irrespete la voluntad popular. Más bien teme no obtener la contundente victoria que necesita para consolidar sus aspiraciones absolutistas. Como en otras muchas cosas, el presidente se limita a copiar un vicio ajeno; en esta ocasión, la estrategia Trump.
    6 min

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