Fernando Castro Flórez
4,04 mil suscriptores
Segunda (mini)conferencia sobre "lo siniestro" en relación con lo escatológico.
Freud plantea Lo Siniestro (1919), como una vivencia contradictoria donde lo extraño se nos presenta como conocido y lo conocido se torna extraño. Ese sentimiento que siendo familiar y conocido regresa a nosotros con una sensación de extrañeza y contenido terrorífico que nos produce angustia.En un primer momento Freud define lo siniestro como aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido y familiar desde hace mucho tiempo, empero, no todo lo nuevo y no familiar se vuelve siniestro, algo se tiene que adherir para que devenga siniestro. Freud se plantea lo siguiente ¿Cómo es posible que lo familiar devenga siniestro, terrorífico y en qué condiciones ocurre?
Es menester definir lo siguiente:
Heimlich = lo íntimo, conocido, familiar.
Un-Heimlich = desconocido, clandestino, terrorífico
El psiquiatra español López Ibor refiere que una vez el padre de Kierkegaard le cuenta a su hijo la historia del bandido generoso, un ser que asaltaba y asesinaba para favorecer a los desahuciados, una especie de Robín Hood, un tipo violento pero generoso. Quedando muy impresionado por los relatos de su padre Kierkegaard se dirige a su cuarto y pasa frente un espejo, donde se detiene mirándose detenidamente, fue en ese momento cuando le sobrevino una crisis de angustia, López Ibor se pregunta ¿qué es lo que le pasó a Kierkegaard en ese momento, por qué se angustió tanto?. Respondiéndose posteriormente: vio al criminal que todos tenemos dentro, vio la posibilidad de que él mismo pueda convertirse en aquel bandido.
Freud recurre a un cuento de Hoffman para elucidar lo siniestro. El cuento habla del hombre de arena, un ser maléfico que buscaba a los niños cuando no quieren irse a la cama y les arroja puñados de arena a los ojos hasta que estos, bañados en sangre, saltan de la cabeza; después metía los ojos en una bolsa y se los llevaba. Freud reemplaza la figura del hombre de arena por la figura del padre temido, del cual se espera la castración. Es evidente que existen similitudes con el complejo de Edipo, puesto que el hombre de arena aparece como perturbador del amor impidiendo que se pueda consumar la unión del joven protagonista con su amada, que en sentido alegórico representa la figura materna que vemos en el complejo de Edipo. La experiencia psicoanalítica a través del estudio de los sueños, fantasías y mitos revela que dañarse los ojos o perderlos es una de las situaciones más espeluznantes para los niños, esto se debe a que la angustia producida por la pérdida de los ojos o quedar ciego es con harta frecuencia un sustituto del de angustia ante la castración, por otro lado, la represalia que toma Edipo contra sí mismo por el crimen cometido (parricidio) no es más que una metáfora de la castración (arrancarse los ojos). Si entendemos esto podemos colegir que lo siniestro en la figura del hombre de arena se debe a la angustia del complejo de castración, que se transfiere en la lectura y se conecta con la propia angustia del lector.
Freud aclara que lo siniestro no es la incertidumbre intelectual (lo desconocido, lo nuevo) como postula la tesis de Jentsch, sino mas bien entenderlo como el despertar de una angustia infantil que por medio de la compulsión de repetición se nos presenta nuevamente en la actualidad. En realidad, la sensación de lo siniestro (miedo) estriba no en lo nuevo o ajeno, sino más bien, en lo familiar de la vida anímica del sujeto, que fue enajenado por el proceso de la represión. Esto se articula con lo que decía Schelling: “Lo ominoso es algo que destinado a permanecer oculto (inconsciente), ha salido a la luz”, y podremos agregar entonces que sólo es consciente a través de la angustia. Para esclarecer este punto, pensemos en la representación del cuco. Nadie sabe cómo es, porque nadie nunca lo ha visto, empero le tenemos miedo, miedo a algo que no vemos, que no sabemos si existe y que no conocemos. La pregunta pertinente aquí es: ¿Cómo tenerle miedo a algo que no conocemos? siendo supuestamente el miedo “aprendido” (según Watson y al pequeño Albert que colaboro con el experimento, aunque no sabes si a voluntad propia). En la representación del cuco el sujeto pone afuera algo que le es propio, ahí donde no puede ver, donde no hay nada, pone algo de sí mismo, proyecta una imagen que él mismo se resiste a ver porque le causa angustia (porque está reprimido), entonces ¿qué hay debajo de la cama? Sergio Alonso nos dice: La respuesta es muy fácil, NO HAY NADA, nada que no sea algo de nuestro propio terror, el cual no queremos hacer consiente porque nos produce gran malestar, obviamente es conocido y permanece oculto (reprimido) desde hace mucho tiempo. Este es el proceso por el cual aparece en eso nuevo y extraño algo propio que nos aterra. Lo Heimlich deviene Un-Heimlich dice Freud. Lo que vemos en lo siniestro son aquellas estructuras como la muerte, la violencia, el odio y el terror, que creímos haber superado en con la asunción de la adultez; pero que sin embargo están ahí reprimidas y regresan a nosotros a través de mecanismos de defensa como la proyección.
Un aspecto interesante del cual Hoffman saca provecho del efecto siniestro que producía, es la presencia y aparición de dobles. Personas con idénticas características físicas y co-poseedoras del sentir y vivenciar de la otra, hasta el punto de que el YO perdía su propia identidad. El psicoanálisis ve en el doble un origen preventivo contra el sepultamiento del YO, un intento de desmentir el poder y la llegada de la muerte, es decir, al duplicar mi YO prolongo mi existencia; es probable que el alma, con la inmortalidad como su principal cualidad, fuera el primer doble que creó la representación psíquica de los primitivos.
Sin embargo, el doble existió siempre y primero formó parte de una estructura psíquica. En el momento de la formación del aparato psíquico, el YO sufre una escisión, desprendiéndose así el SÚPER-YO, que se configura como conciencia moral, es decir, el YO crea un doble de él mismo, pero un doble ideal (ideal del YO), que rige y evalúa la moral del YO (esta formación no es más que la repetición de la relación padre-hijo, en la cual el hijo tiene que regirse bajo los mandatos que le impone el padre, ya que el Súper-YO no es más que la herencia del complejo de Edipo). La nueva entidad psíquica, SÚPER-YO, toma al YO como un objeto, dirigiendo con severidad sus restricciones y censuras. Éste, a través de la represión, impide que el YO tome conciencia de sus verdaderos sentimientos agresivos y hostiles, apartándolos de su consciencia y defendiéndose de éstos por medio de un mecanismo de proyección. El YO toma sus propios sentimientos como ajenos y provenientes del exterior, esto es lo que termina constituyendo el clima que percibimos en lo siniestro, característico del mundo animista, donde existen almas peligrosas y espíritus malignos que encontramos en tantas culturas como representantes de la muerte, siendo en realidad, los propios sentimientos agresivos, que regresan percibidos como procedentes del exterior. Este mecanismo de la proyección es el mismo que opera en la frase popular: “El ladrón cree que todos son de su misma condición”.