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By EduberlinNewsPolitics
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  • "Libros recomendados: ojo con el arte: 20. Mark Fisher" Fernando Castro Flórez
    Comentario de "Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos" (Ed. Caja Negra, Buenos Aires, 2018).
    En su primer libro, Mark Fisher llamó “realismo capitalista” a la creencia generalizada de que no es posible una alternativa al capitalismo, de que estamos obligados a enterrar en el pasado cosas como la solidaridad de clase o el concepto de lo público a cambio de seguir conectados al circuito privado de consumo y entretenimiento. Pero, ¿es posible clausurar de manera definitiva nuestros horizontes y resignar todo proyecto transformador? La tesis central que comparten los artículos aquí reunidos es que este presente clausurado, condenado a la repetición y al pastiche, estará siempre acechado por los fantasmas de aquello que ya no es y aquello que nunca fue. Y que es necesario reactivar la memoria histórica y esos futuros perdidos para escapar de la temporalidad detenida en la que vivimos.
    En esta suerte de Espectros de Marx para el siglo XXI, Mark Fisher se enfrenta a las ruinas de aquel momento en que la cultura popular –en especial la música– todavía tenía la capacidad de producir formas innovadoras y soñar con modos de vida radicalmente alternativos. En la experiencia colectiva de las raves, el rechazo al trabajo de los mods, el modernismo militante de los postpunks resuena aún la prometeica ambición de la clase trabajadora de producir un mundo que exceda existencial y estéticamente a la cultura burguesa. Pero no se trata de aferrarse de manera nostálgica a ese pasado para refugiarnos del presente: no abandonar los fantasmas implica no ajustarse a lo que las condiciones actuales llaman “realidad”.
    Estos penetrantes ejercicios de análisis cultural, que comprenden no solo música sino también la obra de directores como Kubrick, Cronenberg o Christopher Nolan, son para Fisher rituales para exorcizar el espectro que lo persiguió toda su vida: la depresión. Porque si identificamos estructuras sociales allí donde el neoliberalismo solo ve elecciones y responsabilidades personales, seremos capaces de convertir el padecimiento individual en ira politizada.
    CONTENIDO:
    Nota a la edición
    Prólogo: Melancolía por los futuros perdidos, por Pablo Schanton
    Agradecimientos
    - Parte 00: Futuros perdidos
    “La lenta cancelación del futuro”
    Los fantasmas de mi vida: Goldie, Japan, Tricky
    - Parte 01: El retorno de los setenta
    El pasado es un planeta extraño: el primer y el último episodio de Life on Mars
    No más placeres: Joy Division
    Salir del underground: The Jam entre el populismo y el modernismo popular
    Las tendencias militantes alimentan la música
    No hay romance sin finanzas
    - Parte 02: Hauntología
    Londres después de la rave: Burial
    Notas a Theoretically Pure Anterograde Amnesia de The Caretaker
    El hogar es donde está el espectro: la hautología de El resplandor
    Another Grey World: Darkstar, James Blake, Kanye West, Drake y la “hauntología festiva”
    Nostalgia del modernismo: The Focus Groupy Belbury Poly
    Memorias de otro: Asher, Philip Jeck, Black To Comm, G.E.S., Position Normal, Mordant Music
    - Parte 03: La coloración de los lugares
    Rayos solares barrocos
    “Siempre anhelando el tiempo que nos elude”: Introducción a Savage Messiah de Laura Oldfield Ford
    Nomadalgia: So This is Goodbye de The Junior Boys
    El inconsciente perdido: Inception de Christopher Nolan
    “No vas a poder detenerte. Incluso quizá lo disfrutes”: eXistenZ y el trabajo no-cognitivo
    - Parte 04: Depresión y resentimiento de clase
    Autonomía en el Reino Unido: reflexiones sobre música y política
    Políticas de la des-identidad
    ¡Viva el resentimiento!
    Bueno para nada
    46 min
  • Entrevista al periodista y escritor Daniel Bernabé
    Diario Público
    Publicado el 26 jun. 2018
    Juan Carlos Monedero entrevista 'En la Frontera' al periodista y escritor, autor de "La trampa de la diversidad", Daniel Bernabé.
    Hace cosa de un año, el 29 de marzo de 2017, publiqué en la revista La Marea el artículo «La trampa de la diversidad, una crítica al activismo». Lo que impulsó este texto fue la preocupación por la creciente influencia de la ultraderecha en nuestra sociedad, explicada comúnmente desde la izquierda por el menguante papel de lo que se conoció como socialdemocracia y la desarticulación del Estado del bienestar. Sin embargo, el texto añadía otro factor que no se suele tener en cuenta: cómo aquello que se entendió, en su ámbito institucional, como izquierda transformadora y, en su vertiente desregulada, como activismo, resultaba cada vez más hermético, autorreferencial y distanciado del ciudadano medio. «Mientras que los movimientos revolucionarios del siglo XX se esforzaron por buscar qué era lo que unía a personas diferentes, el activismo del siglo XXI se esfuerza por buscar la diferencia de las unidades», concluía tajante aquel texto.
    También exponía que el activismo se movía en unas coordenadas problemáticas como «la falta de materialidad en los análisis, el relativismo cultural, la aceptación inconsciente de valores neoliberales y la sobrevaloración del lenguaje y lo simbólico. Si hay uno que manda sobre todos es la falta de crítica a las contradicciones e inconsistencias que se producen». Por desgracia, aquel artículo, por razones de espacio, quedaba cojo a la hora de explicar cómo se habían producido esos cambios. El texto, contrariamente a lo esperado, tuvo una gran acogida; posiblemente ha sido mi artículo más leído en los casi tres años que llevo semanalmente escribiendo en La Marea, rompiendo los límites de mi público habitual. Por suerte, una de las críticas que recibí me dio la clave para seguir profundizando en el asunto.
    Una mujer joven, feminista, políticamente consciente, me vino a decir que, si bien estaba de acuerdo en las generalidades, no hacía falta montar aquella polémica para pedir más atención a los problemas de la clase trabajadora. Es decir, que estaban los gays, con sus cosas de gays, los inmigrantes, con sus cosas de inmigrantes, las mujeres, con sus cosas de mujeres, y luego los obreros, señores de 50 años, blancos, heterosexuales, cis, con chaquetillas de lana sobre el mono azul, comedores de carne y, presuntamente, aficionados al Real Madrid, con las suyas. Pese a la insistencia del activismo en lo transversal, la clase trabajadora, de la que forma parte la mayoría de la sociedad (sí, ese conjunto que engloba también a mujeres, LGTB, extranjeros, grupos raciales y religiosos minoritarios…), era contemplada como una esfera más, no como una categoría de la producción capitalista, sino como una identidad que excluía a los grupos susceptibles de ser englobados dentro de las políticas de representación de la identidad.
    Y en esas me llegó, a mediados del pasado verano, un correo de Pascual Serrano preguntándome si me veía capaz de transformar aquel artículo en un libro para Akal. Permítanme un apunte personal antes de seguir. Llevo leyendo a Pascual desde hace 20 años, desde que era un chaval que descubrió, gracias al movimiento antiglobalización, que existía una izquierda más allá de la socialdemocracia, ya por entonces desdibujada. Que alguien a quien respetas tanto profesionalmente se interese por tu trabajo fue un gesto que, además de agradecer siempre, necesitaba para validar lo que hacía y hago. Cuando se escribe fuera de las murallas de la ciudad, no hay acomodos, escasea el reconocimiento de tus pares y sientes que tus trabajos periodísticos y culturales llevan siempre apellido, uno poco edificante, al menos para lo laboral: comprometidos estamos todos, salvo que algunos lo reconocemos abiertamente. Por otro lado, tener la oportunidad de publicar en Akal me hacía una ilusión parecida, pero a su vez me daba un poco de dolor de estómago: no todos, por supuesto también dentro de eso llamado izquierda, hemos tenido ni las mismas oportunidades ni la misma pericia en nuestra formación intelectual y periplos laborales. Uno, sinceramente, se pregunta si estará a la altura. Alegría y sudores fríos.
    Volviendo al libro, al que por fin les puedo presentar por su nombre, La trampa de la diversidad. Cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora, desde el primer momento tuve claro que no podía ser un ensayo académico, un libro teórico, por una razón bien simple: no sería capaz de escribir en esas coordenadas. La trampa de la diversidad no es una investigación, es tan sólo una narración periodística sobre el gigantesco desbarajuste político y social del capitalismo tardío. Bebe de otros muchos libros, pero sobre todo de decenas de artículos de la prensa española e internacional (sobre todo inglesa y norteamericana) para entender cómo hemos llegado hasta aquí y, sobre todo, hacia dónde vamos. Adam Curtis, el documentalista televisivo británico, me dio con El siglo del yo algunas ideas valiosas, pero sobre todo una forma de contar casi inédita en este campo, la de aprovechar jugosas anécdotas históricas para desarrollar ideas más complejas. Terry Eagleton, y un pasaje de su libro Cultura, me proporcionaron la confirmación de mis temores: mientras que el capitalismo es escrupulosamente respetuoso con nuestras diferencias, nos arroja por la borda del barco de la historia.
    Se podría decir que La trampa de la diversidad tiene dos partes. La primera es un viaje, los mapas para llegar a la Isla Calavera. ¿Por qué del San Francisco de Scott Mackenzie y las flores en el pelo hemos pasado a una ciudad donde crecen los trabajadores sin techo que tienen que hacer frente a la amenaza robótica de asociaciones animalistas? En esta parte descubrirán qué tiene que ver Obama con la película Están vivos de Carpenter, las relaciones del sufragismo con la industria tabaquera en el Nueva York de principios del siglo XX o cómo existen dos Frida Kahlo, la real y su reflejo adulterado. En este libro hay toneladas de cultura pop, porque a una época se la conoce mejor por sus telecomedias que por sus museos.
    Pero sobre todo, en esta primera parte, viajaremos por la modernidad y sus proyectos ilustrado, socialista y liberal. Por supuesto, intentaremos explicar qué es ese comodín llamado posmodernismo y cómo, más que las teorías de los nouveaux philosophes, lo que nos interesa es cómo el neoliberalismo aprovechó el gran arrepentimiento posmoderno para crear una profecía autocumplida, aquella donde las certezas, la universalidad y lo colectivo del marxismo quedaban reducidas a dudas paralizantes, cuando no a cenizas. A menudo se piensa que hablar de neoliberalismo es una forma eufemística, reformista, de evitar hablar de capitalismo. En este libro intentaremos analizar cómo, más allá de lo económico, lo neoliberal es un proyecto cultural que abarca todas las facetas de la vida, que ha variado nuestra relación con la política, que llevamos ya inserto en nuestro adn intelectual.
    Thatcher, en su discurso de aceptación del liderazgo del partido conservador del Reino Unido, en 1975, nos dio la clave. Unequal puede significar desigual, pero también diferente. Su unequal perseguía la desigualdad, volver a situar la relación capital-trabajo en un estado anterior a 1945, pero nos fue presentado como una amable diferencia. Mientras que los malvados socialistas conspiraban para homogeneizarnos, el capitalismo garantizaba nuestra diversidad. Enriquecerse bajo un sistema de explotación del trabajo empezó a verse como algo positivo. Gracias a la trampa que da título al libro, las desigualdades sociales empezaron a leerse como diferencias positivas que nacían del esfuerzo individual. Sin embargo, el verdadero cambio llegó un par de décadas más tarde, no a través de Thatcher y Reagan, sino paradójicamente a manos de sus supuestos antídotos, Clinton y Blair. No destripemos toda la historia, pero el uso perverso del actual big data ya se llevó a cabo, por otro medios, a mitad de los noventa. Y el debate no es si estas técnicas de análisis e influencia electoral son o no efectivas, sino que, como la magia negra, su poder reside en quien cree en ellas…
    Si la primera parte del libro es un viaje por el tiempo, la segunda lo es por el espacio, por nuestro aquí y ahora, donde ese cambio al que hacíamos referencia ya es moneda común. Todos necesitamos competir en el mercado de la diversidad desde que, atrapados en la fantasmagoría de lo aspiracional, buscamos desesperadamente exagerar nuestras diferencias con el vecino. Nuestra relación con la política ha pasado de ser colectiva y de clase a individualista e identitaria: ya no actuamos de acuerdo a quien somos, sino que adquirimos un producto político de acuerdo a quien creemos ser.
    Los humans of late capitalism vivimos en un mundo despiadado, pero también pueril. Quizá, describiendo este mercado de la diversidad, es donde las cotas de tragicomedia alcanzan su mayor nivel. Se echarán algunas risas leyendo La trampa, eso seguro, a costa de la clase media aspiracional y sus agobiantes y competitivos estilos de vida, descubrirán por qué los hippies, creyendo construir un mundo mejor, dieron paso a los yuppies, qué es una meatmare o por qué las recetas de cocina basadas en Juego de tronos pueden destruir su pareja. La mejor descripción del mercado de la diversidad ya había sido formulada, por cierto, antes de este libro en Modern Family.
    Este no es un libro contra la diversidad real, ni mucho menos contra los grupos que la conforman. Las políticas de la representación de la identidad son necesarias, pero deben ser repensadas en un entorno muy diferente del que nacieron. Este libro se enfrenta también a esa izquierda osificada que, en un esperable movimiento de péndulo, reparte carnés de posmoderno siendo a su vez trágicamente posmoderna. Explicaremos que la contraposición entre luchas materiales e identitarias es absurda y contraproducente, tanto como apostar todo a cambios promovidos desde lo simbólico. Intentaremos aclarar también cómo el socioliberalismo ha sobreexplotado la diversidad en su propio beneficio o cómo la derecha, en su vertiente liberal y ultra, cada vez más similares, utiliza la diversidad como arma mediante lo políticamente incorrecto, pero también como parapeto, camuflándose tras ella. ¿Sabían ustedes que los hombres homosexuales alemanes son uno de los grupos sociales que vota cada vez más a la extrema derecha?
    La trampa de la diversidad no es una guía de comportamiento, como esos artículos de las revistas de tendencias que nos dicen cómo se debe vivir. No es un análisis económico, un estudio sobre la composición de la clase trabajadora y sus nuevas formas laborales, no es un libro acerca del feminismo o sobre la lucha de los inmigrantes. Es un libro que aboga por una nueva coherencia para todo ellos. que tratará de explicar que no todo lo que parece política lo es, que afirmará la idea de que nuestras ideologías actuales, aun pensándose liberadoras, en muchas facetas trabajan silenciosamente en contra de los objetivos de quienes las enarbolan. La trampa será posiblemente un libro polémico, sin duda iconoclasta, ya que cargará, como la Brigada Ligera, contra los nuevos sacerdotes del activismo y eso que una vez se llamó izquierda, aquellos empeñados en buscar, más que lo que nos une, lo que nos separa. Esperemos que la carga obtenga mejores resultados, para quien les escribe, que los cosechados en Balaclava.
    Ha llegado, pues, el momento de tener unas palabras con La trampa de la diversidad.
    23 min
  • Clara Ramas San Miguel-La fórmula trinitaria: interés, renta del suelo y salario en EL CAPITAL de Karl Marx
    Clara Ramas San Miguel: "El capitalismo es un reino de fantasmas"
    Es la gran promesa de la filosofía española y acaba de sacar su primer libro donde asegura que casi todo lo que nos han contado de Marx... es falso
    Imaginen un reality show filosófico, una suerte de isla de los famosos en la que se los abandonara a su suerte con la única compañía de 'El Capital' de Marx. Ganaría el que lograra leerse la Biblia marxista hasta el final mientras bebe agua de lluvia y mastica saltamontes. Y recuerden que es probablemente uno de los libros de los que más se ha hablado en la historia y que menos se han leído... Los intrépidos concursantes que se atrevieran a semejante aventura, ¿qué encontrarían allí? A poco cultos que fueran -lo que parece improbable- esperarían hallar una obra económica, un tratado revolucionario, quizás incluso una teoría general de la historia. Y de pronto, a medida que se adentraran en sus páginas bajo el sol del trópico -y del tópico-, empezarían a darse cuenta de que casi todo lo que les habían contado de Marx es falso. "Hemos sido engañados, Hulio". Es lo que afirma Clara Ramas San Miguel (Madrid, 1986) en su libro 'Fetiche y mistificación capitalistas: la crítica de la economía política de Marx' (Siglo XXI).
    Clara Ramas San Miguel es la gran promesa joven de la filosofía española. Doctora europea e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, su actividad e intereses sorprenden. Porque si ya puede resultar sospechoso el apetito por la filosofía entre la gente joven en tiempos de arrinconamiento de las humanidades y de salvaje pérdida de concentración, si esa curiosidad se dirige a la revisitación de aspectos del pensador alemán que se encuentran entre los más arcanos de su obra, la cosa ya parece estrafalaria. Y sin embargo, el trabajo de Ramas San Miguel, su originalísima lectura de la tradición autocrítica de la modernidad que encarna la obra tardía de Marx, brinda claves fundamentales para entender no ya el mundo decimonónico de los telares de vapor y el hollín omnipresente de Londres sino nuestra propia actualidad digital y populista.
    P. Arrancas el libro con la sensación de perplejidad que provoca el primer encuentro con la obra madura de Marx pues no es en absoluto lo que parece. ¿Cómo fueron tus primeros "encuentros en la tercera fase" con 'El Capital'?
    R. De hecho me interesaban más Nietzsche o Heidegger. Pero entonces empecé a leer 'El Capital' en un seminario en la facultad con mis compañeros y me sorprendió la viveza del texto. Por un lado aquello era muy abstracto, durísimo. Althusser decía que las primeras cien páginas de 'El Capital' son "un infierno" y, de hecho, recomendaba saltárselas. Pero allí yo encontré una construcción intelectual muy poderosa, como cuando descubres por primera vez la ley de la gravedad. Marx pone un ejemplo muy bonito cuando explica el valor como abstracción real, es tan chocante, según él, como si al lado de los elefantes, las jirafas o los rinocerontes, nos encontráramos con "el animal en sí", la metafísica hecha carne.
    P. Althusser repudiaba el alma hegeliana de Marx y recomendaba saltarse precisamente las primeras páginas de 'El Capital'. Y ahora llegas tú y defiendes que ahí está precisamente la clave de bóveda para entenderlo.
    R. De hecho, al principio de mis investigaciones yo también enfatizaba la ruptura de Marx con Hegel pero, conforme fui avanzando, comprobé que la herencia de Hegel en Marx es muy fuerte. El método de Marx, como él defiende que la teoría se relaciona con su objeto, no se entiende sin Hegel. Y Marx fue muy crítico tanto con quienes intentaban usar a Hegel como una especie de manual idealista aplicado a cualquier material para explicar toda la realidad sin necesidad de economía, ciencia, nada, como de quienes le trataban como a "un perro muerto". Y de ese Hegel se sirve Marx para explicar nuestro mundo abstracto frente al empirismo más burdo.
    P. Pese al relato clásico, en Marx no hay nada parecido a un 'materialismo histórico', una teoría de la historia.
    R. Es cierto, nada de eso está en Marx, es una invención de Engels, un sucedáneo neohegeliano. Hay afirmaciones marginales al respecto en algunas obras pero en el gran proyecto de Marx, en la crítica de la economía política, no pretende estudiar la historia de la humanidad sino el capitalismo. No hay ninguna filosofía de la historia.
    P. Vamos al asunto central. El fetichismo de la mercancía y la mistificación serían los dos conceptos claves de la crítica de Marx. ¿Ejemplos para dummies?
    R. Es más sencillo de lo que parece. Tanto el fetichismo como la mistificación son dos formas de apariencia, dos manera de señalar algo que está tergiversado, invertido, que no es, en definitiva, lo que parece. Para Marx, el fetichismo de la mercancía es esa apariencia en la que el trabajo, una relación social, se manifiesta como una cosa, una mercancía. Se podría decir, ¿y qué? ¿de qué nos sirven estas sutilezas metafísicas? Pues son muy importantes porque al estar todo mediado por mercancías en el capital se pierden los vínculos colectivos y sociales, en definitiva humanos. El ejemplo que pone Marx de mistificación es el salario. Los economistas clásicos afirman que el salario es un pago por la cantidad de trabajo pero Marx lo niega: lo que paga el salario en realidad no son las horas trabajadas sino la fuerza de trabajo, la capacidad de trabajar. En definitiva, el capitalismo no es transparente, no nos permite entender que es lo que de verdad está pasando, lo vela, lo oculta.
    P. La sociedad burguesa capitalista es una sociedad invertida y encantada, la imagen que muestra es una fantasmagoría. Sigues aquí, me parece, una larga tradición del pensamiento occidental -del mundo de las ideas de Platón al velo de Maya de Schopenhauer, pasando por los gnósticos, que nos alerta de que lo que vemos es en realidad una imagen falsificada de la auténtica realidad. De pronto Marx ya no es un científico, ya no es un "Galileo de la historia"...
    R. Son buenas intuiciones esas. ¿Cómo es posible que Marx se arranque, en mitad de su análisis, con estas metáforas casi literarias, empiece a hablar de fantasmas o de mesas que se ponen a bailar? Y ese es el punto clave, Marx está poniendo un espejo a la sociedad capitalista y burguesa para tratar de desenmascararla, para decirla: "mira, esto es lo que tú eres de verdad". Así golpea al capitalismo con sus propias armas. El término "fetiche" es un término que se utiliza en antropología, que viene desde el colonialismo y que los pensadores europeos e ilustrados siempre han utilizado para despreciar culturas que se consideraban primitivas. Fetichistas son aquellas sociedades que creen en objetos que tienen vida propia, que creen en fantasmas mientras que los occidentales hijos de la Ilustración somos racionales, pragmáticos, ajenos a la superstición. Y entonces Marx llega y grita ¡no!, en el corazón mismo de tu economía supuestamente racional lo que hay es un fetiche religioso, lo que hay es un fantasma. El capitalismo es un reino de fantasmas.
    P. Pero, ¿no inventan de alguna forma todas las culturas, capitalistas o no, fantasmas para explicarse a sí mismas?
    R. Ninguna ha estado tan ciega respecto a la dominación y la violencia que está en su corazón mismo como la sociedad mercantil capitalista.
    P. Marx no parece en tu interpretación tanto un revolucionario político como un develador metafísico.
    R. Marx fue un centauro con una parte de agitador político que duró hasta el final de su vida a la que ya otras tradiciones han mostrado suficiente atención. A mí me interesa más la otra parte de estudioso, como cuando decide abandonar la Internacional para acabar de una vez 'El capital'.
    P. Pero no lo acabó. ¿Por qué? La escuela liberal que representa por ejemplo en España Antonio Escohotado defiende que Marx no concluyó 'El Capital' porque se dio cuenta de que la ley del valor era errónea, la determinación de los precios podía determinarse de manera mucho mejor y más clara no atendiendo a la cantidad de trabajo cristalizada en las mercancías sino a su utilidad marginal. Es decir, esta cerveza no cuesta dos euros por el trabajo empleado en producirla sino por su capacidad para satisfacer mi sed a un precio razonable…
    R. Desde luego, no por ese motivo. Esas lecturas son nefastas y absurdas, esa obsesión por la cuantificación y las fórmulas... Los manuscritos de los libros dos y tres de 'El Capital' están inacabados pero en ellos Max lo deja completamente claro: no está estudiando la determinación concreta y empírica de cómo la oferta y la demanda afectan a los precios. Marx no pretende decir por qué esto cuesta lo que cuesta. No, su problema es estudiar la ley del valor, la estructura económica que rige la sociedad moderna. Y ningún movimiento de los mercados puede confirma o refutar eso. Porque no va de eso. Es absurdo. Marx asegura que hasta un niño pequeño puede entender eso... aunque también es verdad que cuando Marx utiliza ese coletilla... ¡no hay dios que lo entienda! Jajaja.
    P. Para terminar me gustaría preguntarte a propósito del reciente artículo que publicaste en El Confidencial junto a Guillermo Fernández sobre el auge del populismo de extrema derecha en Europa como un carcinoma maligno que amenaza tanto a la antigua derecha liberal como a la izquierda roja verde y morada de las diferencias. Pero que sin embargo coincide más con esta última en su antiglobalismo y en su estatalismo. ¿El populismo de extrema derecha es el gemelo maligno de la izquierda?
    R. Lo que ocurre es que en el mundo hay una separación cada vez más grande: el poder institucional sigue hablando con un lenguaje y con unas lógicas que la gente percibe que ya no responden a sus problemas reales. Y entonces tienden a acudir a algún tipo de relato que ofrezca una promesa de comunidad que ahora le falta. Esto no tiene por qué identificarse necesariamente con un signo reaccionario, con esa nueva extrema derecha populista que mencionas. Hay que pelearlo. Todo grupo se constituye frente a un 'afuera'. Si ese 'afuera' es el más débil, o el más pobre, o el migrante o el refugiado, eso es muy distinto a si el otro es la élite bancaria y económica que nos está aplastando a todos. Lo que mueve a la gente de fondo puede ser lo mismo pero los responsables de que ocurra lo primero y no lo segundo son las fuerzas políticas que dejan precisamente ese espacio vacío. Sí, la gente reclama un discurso que apela a una mayor regulación. Y si el discurso liberal sigue diciendo que todo eso es reaccionario, va a tener un problema.
    P: De hecho el liberalismo no anda muy boyante, al contrario, vive horas bajas...
    R: Sí. Pienso por ejemplo en Francia y en Melenchon. Igual ahora la bandera de Francia, la bandera de tu país, agrupa más que el puño o la Internacional. La disputa hoy es construir algún tipo de vínculo comunitario pero sin caer en una identidad cerrada y excluyente. Ese es el desafío de un populismo republicano hoy.
    1 hr 24 min
  • Lorena Acosta Iglesias. 'Los límites de lo humano'
    Lorena Acosta Iglesias.
    "Del 2 al 5 de noviembre de 2015 nos reunimos en la Universidad Complutense de Madrid para celebrar el VII Congreso de Jóvenes Investigadores en Filosofía, organizado por la Asociación Tales. El congreso de este año, que llevó por título "Los límites de lo humano", congregó a investigadores en filosofía de distintas ramas y diferentes lugares de España, así como de otras naciones como Italia, Portugal, México o Chile.
    En esta mesa nuestro compañero Isaías Ramos Gil modera las intervenciones de María José Gómez, Fernando González y Lorena Acosta Iglesias."
    22 min
  • "Libros recomendados: ojo con el arte. 22. Jacques Rancière" Fernando Castro Flórez
    Fernando Castro Flórez
    Publicado el 5 abr. 2018
    Comentario de "Tiempos modernos. Ensayos sobre la temporalidad en el arte y la política" (Ed. Shangrila, 2018).
    Ranciere, Jacques
    Tiempos modernos. Ensayos sobre la temporalidad en el arte y la política
    Entre la actividad y la inactividad, un estado de equilibrio. Como la ola, entre el avance hacia la playa y el retroceso hacia el mar. Un estado que derrota la tiranía de la trama basada en la conexión causal, con su distribución horizontal de temporalidades que divide a los hombres entre los privilegiados que gozan del conocimiento y el ocio (los hombres que tienen tiempo) y los condenados al mundo restrictivo y repetitivo del trabajo (los hombres que no tienen tiempo), para abrirse a una distribución vertical de temporalidades de raigambre igualitaria, hecha de múltiples eventos sensoriales de idéntico rango. Es la apertura democrática de la ficción literaria moderna, de la danza como paradigma del puro movimiento sensible, de un cine que enlaza a Dziga Vertov con John Ford y Pedro Costa, de los movimientos sociales que se apoderan del espacio público para fugarse tanto del tiempo de la eterna reproducción del presente como del tiempo de la declinación y la catástrofe, ese diagnóstico bifronte que clausura y sepulta los “grandes relatos” de la modernidad. En cuatro conferencias que condensan de manera sistemática y rigurosa su política de la estética, Jacques Rancière abre la vía (o el desvío) hacia posibles momentos de emancipación. Como la América que narraba Emerson, la modernidad no ha muerto; todavía no ha empezado. Busca, todavía, la temporalidad literalmente extra-ordinaria que le haga justicia.
    26 min
  • "Libros recomendados: ojo con el arte. 21. Mark Fisher: lo raro y lo espeluznante". Fernando Castro Flórez
    Fernando Castro Flórez
    Publicado el 31 mar. 2018
    Comentario de "Lo raro y lo espeluznante" de Mark Fisher (Ed. Alpha Decay, Barcelona, 2018.
    Es llamativo cómo hoy en día la ideología es tan visible y tan incomprendida, tan presente que se intenta que esté ausente. La ideología y su forma en objetos de consumo cultural, popular pero en el sentido “pop”, es decir mediado por la industria de la cultura de masas, es la materia con la que trabajó Mark Fisher (1968-2017), quien los interrogó en primera persona pues los conceptos son generales pero los objetos, y nuestra relación con ellos, puede ser tenazmente singular.
    Es increíble la cantidad de libros editados recopilando textos de Mark Fisher en castellano, alguien que solo fue, aparentemente, un periodista musical. Artífice de K-Punk, uno de los blogs más interesantes desde su puesta en marcha en 2003, saludado por Simon Reynolds como “un magazine de un solo hombre superior a todas las publicaciones de Gran Bretaña” e incluso piropeado por Slavoj Zizek.
    Sus escritos pueden rastrearse en publicaciones como Wire, Fact, Sight and Sound o New Statesman. Conferenciante con seguidores. Su silencio —Fisher se suicidó en junio del año pasado— nos deja algo más perdidos de lo habitual en esto de juntar letras sobre algo tan abstracto como el sonido que retumba entre las paredes de tu mente.
    EL PÓRTICO ESPECTRAL
    Fisher se dedicaba a interrogar subjetivamente música, películas, libros y programas políticos con una audacia intelectual poco vista hoy día. El estuco del estilo, es decir, su forma externa, su apariencia, así como su recepción eran el espíritu a sondear. Como la paradoja de que la canción favorita del ex primer ministro británico, David Cameron, sea “The Eton rifles”, una descripción del clasismo de la élite británica contenida en este clásico de los Jam, recogido en Los fantasmas de mi vida (Caja Negra, 2018).
    Ese producto social terminado que son esos artefactos, el cual escaneaba con sus ciclópeos sentidos, filtrándolo todo por una subjetividad sustentada en una espectacular erudición. Una cultura que saltaba de los seriales a Lacan, del taller de efectos sonoros de la BBC a las perspectivas de futuro de la juventud en Inglaterra, interceptado todo ello con la sensibilidad de alguien que sabía ponerse en el lugar de los demás. Y sí, un odio de clase que le sirvió para que leer a Deleuze no le dejara idiota perdido. Como bien lo describe Peio Aguirre, crítico cultural y prologuista de Realismo capitalista (Caja Negra, 2016), “su carácter militante por una cultura de izquierdas le llevó a religar en el mismo cuerpo un espíritu vanguardista, modernista, y una simpatía por la cultura de masas. Fisher se refirió alguna vez a esta alianza como pulp modernism”.
    Fisher fue un intelectual organico, él no era independiente de la vida social, lo contrario del intelectual clásico. Sospechaba que en todos esos productos culturales había algo latente, que no se expresaba o no sabía hacerlo. Miraba, escuchaba y leía, teniendo claro que entre los diferentes modos de producción de una sociedad hay uno cuya tarea es la producción de las propias formas de subjetividad. Ese fue el eje del volumen colectivo seleccionado por él en Jacksonismo. Michael Jackson como síntoma (Caja Negra, 2014).
    EL ESPACIO INTERIOR DEL PRODUCTO
    Como buen aficionado a la ciencia ficción, sabía que el género no son predicciones de carácter científico, sino parábolas que servían para explicar lo que pasaba. Aquí y ahora. Aunque esa no fuese la intención del autor en la obra.
    En Realismo capitalista supo ver que aquello que se nos vende como un inexorable único camino era el contraataque de unas élites que comprendieron que su oponente solo sabía decir no. No vale con ser anticapitalista, tienes que tener un plan, una alternativa que ofrecer. Si no, el oponente seguirá transformando tus deseos inconcretos en pesadillas de explotación laboral descargadas desde una app de economía colaborativa.
    La ideología y las clases sociales, dos elementos que el capitalismo quiere borrar, a pesar de su persistencia material, fueron su alfa y omega. La escritora y columnista de El Salto Belén Gopegui lo explica de forma diáfana. “Mark Fisher fue, sigue siendo a través de sus textos, un gran crítico cultural. En Realismo capitalista explicó por qué la tarea de la ideología capitalista ‘no es convencernos de algo (esa sería la tarea de la propaganda) sino ocultar el hecho de que las operaciones del capital no dependen de algún tipo de creencia subjetivamente compartida’. Libre de la pose de lo académico, y de tantas otras, podía mirar el mundo descartando cualquier plantilla previa, mirarlo para aprender a leerlo y, casi a la vez, enseñarnos cómo lo hacía. Cuando Fisher pregunta ‘¿qué es ese tercer espacio que Starbucks ofrece, un espacio que no es el hogar ni el trabajo, sino una prefiguración degradada del comunismo?’, podemos tomarnos la pregunta en serio”.
    Ese sigue siendo está presente en el volumen Lo raro, lo espeluznante (Alpha Decay, 2018), sobre la percepción de la memoria cultural de esos artefactos producidos en masa o ediciones limitadas. Una espeluznante evocación que describía en un artículo sobre The Caretaker y su disco Theoretically pure anterograde amnesia , en el que las fiestas del mañana sufren el deterioro por un deseo que nunca llegará, incluso imposibilitando el presente. La plasmación del falso recuerdo del replicante en el que nos hallamos actualmente.
    Aunque yo sea un marxista ortodoxo, con algo de cintura, y Fisher un crítico cultural jaleado por adeptos a la metacrítica, no voy a discutir contigo, Mark. Y no por mor de un respeto al colega desaparecido sino porque, habiéndome acercado a sus textos con ganas de revancha contra el listillo fan de Deleuze, me encontré con alguien, que como recuerda Peio Aguirre, “fue también un profesor querido por los estudiantes en la Universidad de Goldsmiths, en Londres. Alguien para quien la inercia y la parálisis solo podían tener una única respuesta: la creación, la producción”.
    Y que trabajó, continúa Aguirre, siempre con “un sentimiento de comunidad en red con otros autores con los que dialoga: el aceleracionista Nick Land; la ensayista Sadie Plant; el escritor y cineasta Kodwo Eshun; el conocido crítico musical Simon Reynolds, Nina Power, Owen Hatherley, etc. Pero, además, ese intento de hacer totalidad, de pasar de la crítica inmanente de la cultura a una elaboración superior —de Wire a Realismo capitalista— no se explica sin un componente imprescindible: sentimiento y conciencia de clase”. Lo repito, su molde era el del intelectual orgánico.
    Un compromiso diseñado con un verbo excitado y sináptico, ese dios que tiembla según Apollinaire. Y esculpido en un estilo descriptivo heredero de la new wave de la ciencia ficción de los años 60, que va desde J.G. Ballard a las ucronías de Norman Spinrad o Harlan Ellison hasta la gamberrada analítica del Stanislaw Lem de Vacío perfecto. Lo cual le convierte en uno de esos espectros imprescindibles para entender qué está sucediendo.
    17 min
  • CONFERENCIA MAGISTRAL - ANTONIO VALDECANTOS
    Departamento Historia Filosofía, Estética y Teoría Conocimiento, Facultad Filosofía, UCM
    Publicado el 20 sept. 2017
    Antonio Valdecantos Alcaide (Madrid, 1 de octubre de 1964) es un filósofo, ensayista y profesor español.
    Cursó el bachillerato en su ciudad de origen (en el instituto Cervantes) y la licenciatura en Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid, en la que enseñó entre 1992 y 1996 como profesor ayudante. Fue también becario de investigación en el Instituto de Filosofía del CSIC e investigador visitante en el Archivo Leibniz, de Hannover, y en la New School for Social Research, de Nueva York. En la última década del siglo XX trabajó en su tesis doctoral, que presentó en 1994 en la UAM, bajo la dirección de Javier Muguerza, con el título El mito del contexto. Tres argumentos sobre el ideal contextualista en la filosofía moral contemporánea, y comenzó un programa de desmantelamiento de los supuestos filosóficos de la idea moderna de moral, dentro de un marco de racionalismo trágico que se expresó en su libro Contra el relativismo, de 1999.1?
    En el decenio posterior, su teoría de la moral tomó perfiles menos compatibles con los modelos habituales,2? lo que le hizo revisar algunas tesis de los años precedentes y reunir materiales nuevos en sus libros Apología del arrepentido, de 2006, y La moral como anomalía, de 2007. En 2008 publicó La fábrica del bien, un largo ensayo en que se sistematizaba su programa teórico.3? En 2011 aparece otro libro extenso, La clac y el apuntador, donde a las tesis de los años anteriores se une el intento de una escritura ensayística no acomodada a los formatos oficiales de la actividad investigadora.4? La crisis económica iniciada en 2008 (precedida por las reformas universitarias de esa década, contra las que militó pugnazmente)5? lo lleva al ejercicio de la crítica institucional y cultural6? (que se muestra en los libros El saldo del espíritu, de 2014, y Misión del ágrafo, de 2016) y a la elaboración de una teoría de la modernidad tardía expuesta en La excepción permanente, de 2014, en Filosofía de la caducidad, de 2015, y, sobre todo, en Teoría del súbdito, de 2016.
    A partir de 1996 enseña en la Universidad Carlos III de Madrid, de la que es catedrático desde 2008, tras habilitarse el año anterior con una investigación sobre Moral y política de la vergüenza, y donde se ha encargado de cursos y seminarios de filosofía política y moral, de historia de la filosofía, de corrientes actuales de la filosofía, de historia de los conceptos, de retórica y teoría crítica y de teoría del conocimiento y de la acción.
    Libros
    Teoría del súbdito, Herder, Barcelona, 2016, 394 pp.7?
    La ironía en pintura, Espacio Valverde, Madrid, 2016, 19 pp.
    Misión del ágrafo, La Uña Rota, Segovia, 2016, 157 pp.8?9?10?11?12?13?14?15?16?
    Filosofía de la caducidad, Plaza y Valdés, Madrid, 2015, 186 pp.17?
    La excepción permanente. O la construcción totalitaria del tiempo, Díaz & Pons, Madrid, 2014, 160 pp.18?19?20?21?22?23?
    El saldo del espíritu. Capitalismo, cultura y valores, Herder, Barcelona, 2014, 264 pp.24?25?26?27?
    La clac y el apuntador. Materiales sobre la verdad, la justicia y el tiempo, Abada, Madrid, 2011, 375 pp.28?
    La fábrica del bien. Ensayo sobre la invención de la moral, Síntesis, Madrid, 2008, 387 pp.29?
    La moral como anomalía, Herder, Barcelona, 2007, 308 pp.30?31?32?
    Apología del arrepentido y otros ensayos de teoría moral, Mínimo Tránsito/Antonio Machado Libros, Madrid, 2006, 355 pp.33?34?35?
    Contra el relativismo, Visor Dis, Madrid, 1999, 154 pp.36?37?38?39?40?
    Ex illis es. Un trabajo dramático sobre el "Retablo de las maravillas" de Cervantes, Publicaciones del Instituto de Bachillerato "Cervantes", Madrid, 1982, 30 pp.
    1 hr 38 min
  • La transicion conferencia Gregorio Morán
    Poder y Manipulación
    Publicado el 8 dic. 2017
    Brillante conferencia de Gregorio Morán, probablemente el periodista que más sabe acerca de la transición española, que destaca por su independencia de manipulaciones del poder político, mediático, intelectuales, historiadores ... etc, que han tergiversado la realidad para ofrecernos una transición modélica, unos, y una aberración, el mal de todos los males, otros.
    Nadie mejor que Gregorio Morán para conocer de verdad lo que ocurrió en ese tiempo, ya décadas lejano pero que todavía tiene una influencia muy grande en lo que ocurre hoy día.
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    1 hr 57 min
  • Cara a cara entre Pablo Iglesias y Gregorio Morán
    Unión Ciudadana
    Publicado el 8 jul. 2017
    "Cuando inicié esta historia del PCE se trataba de algo semejante a tomarle la tensión a un enfermo grave. Hoy tengo la impresión de que no es otra cosa que la autopsia de un cadáver.»
    Así comenzaba un libro singular que, hace justo ahora tres décadas, veía la luz en la recordada colección «Espejo de España», de Editorial Planeta. Dedicado «A los militantes anónimos que murieron por la libertad y que no tienen tumba, ni familia, ni partido que los recuerde», su autor era un antiguo comunista que había conocido el exilio en sus propias carnes. El título de aquel libro era Miseria y grandeza del Partido Comunista de España (1939-1985). Un libro hoy mítico, clave para una comprensión cabal de la historia española de los últimos tres cuartos de siglo y que ahora, en una nueva edición revisada y actualizada, vuelve felizmente a las librerías.
    Sobre la figura del autor, el periodista ovetense Gregorio Morán (1947), maestro de periodistas y verdadero enfant terrible de la cultura y la política españolas de los últimos cuarenta años, poco cabe añadir que no sea de público dominio. Tanto desde su tribuna semanal en el diario La Vanguardia como en sus libros, que constituyen auténticos tours de force y magnos «ajustes de cuentas» –en el mejor de los sentidos– con la intelectualidad y con la historia contemporánea españolas, Morán ha revisitado una y otra vez los hitos de nuestro pasado inmediato para arrojar una luz descarnada sobre los grandes y –aparentemente– férreos e inamovibles consensos de la cultura española, ofreciendo de los mismos una imagen, si no tan favorecida como la oficial, indudablemente sí más justa.
    Fruto del trabajo de toda una vida, esta nueva edición corregida de la obra «Miseria y grandeza del PCE» es, sin duda, todo un hito editorial. No solo se trata de una obra liminar en los estudios de historia de España, sino que es todo un legado personal y biográfico del autor, que formó parte activa de la propia"
    1 hr 19 min
  • El deterioro de los medios de comunicación - Gregorio Morán
    Gregorio Morán (Oviedo, 1947) es un periodista y escritor español, autor de diversos libros relacionados con la Transición y la dictadura en España, entre ellos dos biografías del político Adolfo Suárez, y colaborador en diversas publicaciones periódicas, como Mundo Obrero, Cambio 16 o La Vanguardia, entre otras.
    51 min

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