Vivimos bajo un sistema de creencias en el cual solo existen dos categorías de género: varón o mujer y donde la heterosexualidad se presenta como único modelo válido de relación sexoafectiva y de parentesco. Este sistema binario excluye a las personas que tienen identidades de género y orientaciones sexuales diversas, como lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales e intersexuales entre otros, generando distintas formas de discriminación, estigmatización y violencia, que afectan su integridad y calidad de vida.