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La conferencia anual de UBS en Londres reunió a banqueros centrales, gobiernos y organismos internacionales y expertos en multitud de áreas. En todos los debates emergía la misma conclusión de que estamos inmersos en una etapa de profundas transformaciones que alteran los paradigmas económicos y financieros de las últimas décadas. Varias sesiones se centraron en la política monetaria, en las que quedó claro que no bastará un mero descenso de la inflación sino una moderación de las presiones salariales para que terminen las subidas de tipos. También se profundizó en la crisis energética, de carácter estructural y que prolongará el escenario de precios muy altos y volátiles que resta competitividad a Europa. Varios expertos explicaron por qué la guerra en Ucrania podría prolongarse años y, aun así, las perspectivas sobre Europa son relativamente constructivas gracias a las medidas para atenuar los impactos sobre hogares y empresas de la carestía de la energía, el poder transformador de los fondos europeos NGEU, y los avances en cooperación militar, energética y fiscal.
La mayoría de las empresas cotizadas en EEUU y Europa ya ha publicado sus resultados del tercer trimestre, en los que se van definiendo con claridad algunas tendencias que probablemente se acentúen el año que viene, en el que esperamos que los beneficios sean bastante inferiores a los previstos ahora por los analistas, aunque no tan negativos como algunos auguran
¿Significa esto que estamos abocados a un colapso de los beneficios en 2023 que se sume a la presión sobre los múltiplos que ejercen las subidas de tipos de interés?
Tras avanzar en la subida de los tipos de interés, el BCE ha comenzado la compleja tarea de retirar parte de la inmensa liquidez que inyectó en las sucesivas crisis, para que no se convierta en otra fuerza inflacionista ni distorsione la transmisión de la política monetaria a la economía y a los mercados. Esto elevará algo la rentabilidad de los activos monetarios, las curvas de deuda, las primas de riesgo soberanas y los diferenciales crediticios. También mermará algo el efecto positivo sobre los márgenes bancarios de las subidas de tipos.
En las dos próximas semanas se dirimirán los dos procesos electorales más relevantes de este año. El 30 de octubre se celebra la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, y el 8 de noviembre las elecciones de mitad de mandato en EEUU. ¿En qué medida pueden estos resultados afectar a los mercados? Roberto Scholtes lo analiza en “El Editorial de Singular”.
Las turbulencias vividas en el Reino Unido estas semanas son una muestra de lo contraproducentes que pueden acabar siendo algunas medidas gubernamentales. ¿Qué lecciones pueden obtener los inversores de todo lo sucedido? Roberto Scholtes, Jefe de Estrategia de Singular Bank, nos da las claves en el podcast semanal.
Los efectos directos de las subidas de los tipos de interés son de sobra conocidos. Unos costes de financiación más elevados hacen que las compañías frenen sus inversiones y que los hogares tengan más incentivos para ahorrar en lugar de gastar, mientras que el mercado inmobiliario se enfría por el mayor coste de las hipotecas. El resultado habitualmente es una ralentización del crecimiento económico. Por su parte, unos tipos más altos hacen caer los precios de los bonos, deprimen las valoraciones de equilibrio de los activos empresariales y reales, y reducen el apetito por el riesgo en los mercados financieros. Pero hay otros efectos colaterales relevantes sobre las economías y los mercados. El más evidente es la divergencia entre las divisas por el desigual endurecimiento de las políticas monetarias. El dólar estadounidense se ha apreciado de media un 25% frente a sus socios comerciales desde junio de 2021.
Coincide esta primera edición con un cambio de régimen en la economía y los mercados financieros, que el tiempo dirá si se consolida como un cambio de paradigma. Me refiero al brusco endurecimiento de las políticas monetarias al constatarse que la alta inflación se extiende, y que amenaza con desatar una espiral salarial que la haría aún más persistente. Tiempo habrá para comentar cómo esto está cambiando el orden de las cosas en los mercados financieros, con muchos segmentos de renta fija erigiéndose como serias alternativas a las acciones y a los activos reales, deprimiendo los múltiplos de equilibrio de las empresas y, en definitiva, poniendo en jaque el mantra de que es preferible invertir como accionista que como bonista.
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