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La publicación de los resultados del tercer trimestre está ya muy avanzada, con las ventas, márgenes y beneficios superando algo lo previsto y sin grandes sorpresas. Aun así, parece inevitable, en nuestro escenario base de mayor desaceleración de la economía mundial, es que las optimistas expectativas del consenso para 2024 deberán ser rebajadas, lo que supondrá otro lastre para que las bolsas puedan reanudar una tendencia alcista sostenida.
El índice de inmobiliarias cotizadas se ha desplomado un 50% desde finales de 2021, está con un descuento próximo al 36% respecto al valor tasado de sus activos y paga un dividendo medio de casi el 5%. A simple vista, uno debería estar invirtiendo ya en este sector, en anticipación de un posible rebote cuando se relajen los tipos de interés a medio y largo plazo. Pero nuestro análisis nos lleva a concluir que probablemente sea prematuro, ya que nos encontramos aún a medio camino en el ajuste del valor de mercado de los inmuebles al nuevo entorno de tipos de
Los propios bancos centrales están siendo también perjudicados por sus subidas de los tipos de interés. Sus enormes carteras de bonos, adquiridas en los sucesivos programas de Expansión Cuantitativa, acumulan ahora inmensas pérdidas latentes que, contablemente, hacen que tengan fondos propios negativos. Cualquier otra sociedad debería ampliar capital o liquidarse, pero los “fabricantes de dinero” pueden sortear el embrollo. Este editorial comenta cuáles podrían ser las significativas consecuencias para sus políticas monetarias a medio plazo, para las finanzas públicas e incluso para los beneficios de la banca comercial.
Además del Chat GPT, la Inteligencia Artificial, la disrupción del GLP-1 también está provocando fuertes subidas de las farmacéuticas que lo fabrican, sino caídas de compañías que podrían resultar perjudicadas. El mercado potencial para estos medicamentos es inmenso, ante la plaga global de obesidad. Pero, por el momento, solo una minoría tiene capacidad económica para afrontar sostenidamente su coste y hará falta una rebaja sustancial de los precios para generalizar su uso y que sea cubierto por los sistemas sanitarios públicos y por las aseguradoras. Entre tanto, es preferible una exposición diversificada a la megatendencia de los cambios demográficos y en los hábitos de consumo.
El sector asegurador se revaloriza este año mucho menos que el bancario. Pero, con unas valoraciones que siguen deprimidas y unas dinámicas de negocio algo más favorables que en los últimos años, creemos que la sobreponderación que mantenemos en las financieras no debe circunscribirse a la banca, sino incluir a los seguros. Está siendo capaz de repercutir la inflación, su solvencia es robusta y está aumentando la remuneración a sus accionistas. Además, debería de ser menos vulnerable en un entorno de endurecimiento de las condiciones de financiación que podría disparar la morosidad.
Las barreras arancelarias y regulatorias y las tensiones geopolíticas aumentan las presiones para diversificar o relocalizar la fabricación de los suministros críticos. La reconfiguración de las cadenas de suministro genera amenazas y oportunidades para los inversores.
Con las dinámicas actuales en los mercados de hidrocarburos, no solo estamos abocados a precios de equilibrio de la energía cada vez altos, sino que los precarios balances entre oferta y demanda y las tensiones geopolíticas los hacen muy volátiles, con frecuentes amagos de crisis energética. Como inversores, debemos contemplar la energía no solo como una fuente de potenciales retornos, sino como una cobertura ante eventos que podrían complicar más el panorama económico y empresarial. Seguimos considerando atractiva la inversión en las petroleras cotizadas, que prolongan su capacidad para generar elevados retornos y dividendos.
El sector automovilístico probablemente sea el paradigma de negocio afectado por la confluencia de transformaciones estructurales y de cambios de paradigma. Las revoluciones tecnológica y energética, la regulación para contener el cambio climático, nuevos hábitos de consumo, el aumento de costes y las tensiones geopolíticas se conjugan creando el mejor ejemplo de “entorno VUCA”, volátil, incierto, complejo y ambiguo.
A pesar de este panorama, conviene tener este sector en el radar, ya que las valoraciones están suficientemente deprimidas como para buscar oportunidades.
Después de varios falsos avisos de recesión, muchos inversores parecen haber abrazado el mantra del “aterrizaje suave”, en el que los bancos centrales serán capaces de aplacar la inflación sin detener el crecimiento. Pero debemos seguir construyendo las carteras de forma que sean resilientes en un escenario de desaceleración económica que gana probabilidad cuanto más tiempo se prolongue el encarecimiento de la financiación. La subida de los intereses de la renta fija facilita esta tarea. Creemos que es un buen momento para alargar los vencimientos de los activos monetarios, así como de la deuda pública estadounidense.
Si uno se fija solo en los grandes índices bursátiles, que están poco más o menos a los mismos niveles que a finales de junio, puede llevarse la falsa impresión de que no ha pasado nada relevante en los mercados financieros este verano. Sin embargo, dos grandes amenazas para la continuación del ciclo económico y de la tendencia alcista de la renta variable-el encarecimiento de la financiación y los problemas estructurales de China- han dado nuevas señales preocupantes, respaldando el diagnóstico de una mejor rentabilidad-riesgo en los bonos que en las acciones, que explica nuestra cauta estrategia de inversión.
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