
Sign up to save your podcasts
Or


El petróleo está volviendo a ser el termómetro de los mercados sobre el riesgo de escalada militar en Oriente Medio tras los ataques directos entre Israel e Irán, y que cobra mayor relevancia global si cabe en estos momentos por su efecto potencial sobre la inflación y las políticas monetarias.
Pero, en tanto que el conflicto no afecte al suministro de energía, más allá de la prima de riesgo geopolítica que incorpora el barril de Brent, lo que parece probable es que éste seguirá por encima de los 80$ en los próximos trimestres como consecuencia del estrecho y frágil equilibrio entre oferta y demanda y por los bajos inventarios.
Los mercados mundiales podrían estar iniciando una fase correctiva, con recortes en las bolsas y repuntes de los diferenciales crediticios. Aunque los medios se apresurarán a buscar los desencadenantes entre las noticias recientes, ahora no parece haber novedades reales que explique un eventual giro de la tendencia sino que obedecería a factores meramente técnicos, con los habitualmente minusvalorados fondos cortoplacistas moviendo los hilos entre bambalinas con sus algoritmos, y acelerando los movimientos al alza y a la baja.
Las tendencias alcistas prolongadas en las bolsas suelen estar respaldadas por un relato sobre potentes cambios de ciclo o sobre transformaciones estructurales.
La actual estuvo inicialmente impulsada por la expectativa de una relajación de las políticas monetarias, y a la que se unió hace un año la disrupción de la Inteligencia Artificial (IA), que no solo ha disparado las cotizaciones de los gigantes tecnológicos, sino que alumbra la esperanza de una era de mayor crecimiento.
Se trata de un escenario factible pero frágil e incierto, que tardará en todo caso un tiempo en asentarse, y que pasará por las naturales fases de optimismo y escepticismo.
Sorprendentemente, sin noticias relevantes y en apenas una semana, la onza de oro ha pasado de 2.040$ a 2.180$. Las estadísticas de operaciones con fondos y derivados apuntan a que el oro se haya incorporado a la dinámica especulativa que está disparando los precios de las criptomonedas. Esperamos que esta espuria correlación con el Bitcoin se acabe disipando pero, por el momento, puede haberse convertido en un activo más volátil de lo deseable.
Una notable peculiaridad en los mercados financieros en los últimos 15 meses ha sido la relativa estabilidad de las cotizaciones de las divisas del mundo desarrollado, a pesar de los vaivenes en las expectativas sobre el crecimiento económico y las políticas monetarias, y de la volatilidad en las bolsas. Pero ahora hay varias razones para pensar en un cambio de las dinámicas imperantes, que deberían de provocar una gradual y moderada depreciación del USD, a la vez que aumenta la volatilidad en los tipos de cambio.
Finalmente los mercados han reajustado sus expectativas sobre a partir de cuándo y a qué ritmo los bancos centrales recortarán sus tipos. Esto ha elevado las curvas de rentabilidades de la deuda pública, especialmente en los plazos cortos, dando otra oportunidad a los inversores que aún mantengan una proporción muy elevada de su renta fija en activos monetarios para alargar los vencimientos y así capturar los atractivos tipos actuales durante dos o tres años, aunque los bancos centrales los vayan recortando.
El World Gold Council publicó hace poco las estadísticas de oferta y demanda del metal amarillo a cierre de 2023, que muestran la consolidación de las dinámicas que sostienen su cotización alrededor de los 2.000$ por onza y que si, como parece, se prolongan este año podrían seguir impulsando su precio y reforzando su papel como activo diversificador en las carteras financieras. Algo que es especialmente relevante en el actual entorno de tensiones geopolíticas y socioeconómicas y en un año de super-ciclo electoral.
Nuestra apuesta por la bolsa japonesa desde abril de 2023 ha dado sus frutos, y creemos que continuará funcionando bien este año ya que las empresas niponas seguirán contando con esas ventajas competitivas de una divisa muy barata y de los bajos costes de financiación, mientras el regulador bursátil sigue promoviendo múltiples cambios en la gestión de las compañías y se han elevado para que los particulares inviertan más en los mercados financieros.
Sin embargo, es posible que aumente la volatilidad si el Banco de Japón ajusta su política monetaria y se revaloriza el yen. Aun así, recomendamos seguir invertidos en fondos de acciones japonesas con la divisa descubierta, y que aquellos que todavía sigan fuera de este mercado aprovechen esa eventual corrección para tomar posiciones.
Las eléctricas cotizadas en Europa se han desplomado de media un 10% en las seis primeras semanas del año, presionadas desde octubre por dos factores -los tipos y el precio de la electricidad-, que en momentos se han contrarrestado, pero que ahora están operando ambos en sentido negativo. Los contratos de suministro para dentro de un año se han hundido casi un 40%, provocando una rebaja generalizada de las previsiones de ingresos y de beneficios.
Este panorama poco alentador tiene dos ventajas: los riesgos adicionales a la baja parecen acotados y ya está descontado en las deprimidas cotizaciones actuales. Por esto recomendamos sobreponderar este sector, especialmente en Europa, con preferencia por las eléctricas integradas
Aunque un enfriamiento de las expectativas de prontos recortes de los tipos de los bancos centrales haya frenado el descenso de los Euribor a los distintos plazos, este proceso continuará en los próximos meses.
Prevemos que el Euribor a 12 meses ronde el 3,0% dentro de un año, y podría acabar 2025 en el entorno del 2,5%. Esta senda sin duda quitaría presión al mercado inmobiliario, pero no significa que haya finalizado el ajuste de los precios en los segmentos comerciales, ni que no sea necesario un descanso en el mercado residencial español.
From the publisher's feed