El Reino Unido es el país que probablemente mejor ejemplifica las dinámicas económicas, financieras y empresariales que viven ahora las economías avanzadas. Con uno de los mercados laborales más tensionados y numerosas rigideces en la oferta, su banco central es de los que más está endureciendo su política monetaria. Se encarece la financiación de los hogares y de las empresas, con lo que se frena la demanda interna y se enfría el mercado inmobiliario. Además, la demanda externa pierde impulso, a lo que no ayuda la apreciación de su moneda. Y, por si fuera poco, las turbulencias en el gobierno, que alcanzaron su punto culminante en septiembre, hacen que la política fiscal sea menos predecible.
Este panorama tan complejo, que tardará en estabilizarse, puede que no anime a invertir en activos británicos. Pero, precisamente en estas aguas tan revueltas, van surgiendo algunas oportunidades que merece la pena tener en el radar para cuando las condiciones sean más propicias para aumentar la exposición al crédito corporativo, a la renta variable o a divisas distintas del dólar estadounidense.