
Sign up to save your podcasts
Or


La próxima semana se celebrará en la ciudad rusa de Kazán la cumbre anual de los BRICS. Entre los muchos anuncios esperados, hay uno que vuelve a rondar los mercados por sus potenciales implicaciones: el lanzamiento de una moneda común que ponga en jaque el dominio del dólar estadounidense. Y aunque sea un proyecto inviable, sí que trasluce unas dinámicas subyacentes que ejercerán una moderada presión a la baja sobre el USD, seguirán impulsando al oro y, lo que es más importante, obligará a EEUU a remunerar mejor su deuda.
Hay ciertas semejanzas en cómo los mercados han recibido la batería de medidas monetarias y fiscales en China con la que siguió al decisivo discurso de Mario Draghi en julio de 2012. Sin embargo, al igual que en la crisis del euro, se trata de políticas de “contención de daños” que no son capaces de revertir las dinámicas fundamentales. Esto significa que, lo sucedido no altera el curso previsto de desaceleración estructural del ritmo de crecimiento de la economía china. Así que la gran pregunta ahora es si el rebote bursátil puede tener continuidad.
Ha tenido mucho eco la noticia de que la prima de riesgo de Francia ha alcanzado a la de España, en unos 80 puntos básicos (p.b.) debido a su parálisis legislativa que dificulta reconducir su senda fiscal. Pero, por simbólica que sea esta señal, las implicaciones económicas y financieras parecen por el momento limitadas, a la espera del dictamen de las agencias de calificación crediticia este otoño.
La corrección en bolsa de las grandes tecnológicas estadounidenses no parece el inicio de una nueva fase en la que pierdan brillo y tomen el relevo otros sectores, sino un eclipse temporal. Las estimaciones de beneficios se siguen revisando al alza, su crecimiento irá normalizando las valoraciones y el posicionamiento inversor se ha relajado.
Más incluso que el movimiento de ida y vuelta en los índices bursátiles, que la intensa rotación sectorial o que la fuerte recuperación del yen, el giro más significativo en los mercados desde junio ha sido el nuevo movimiento pendular en las expectativas sobre las políticas monetarias, ahora que se asume que la inflación ha dejado de ser un problema y que el mayor riesgo es un “aterrizaje brusco” de la economía. Esto ha dejado una víctima colateral a la que merece la pena volver a prestar atención, aunque parezca paradójico: la deuda pública ligada al Índice de Precios al Consumo.
El verano está siendo un periodo de ajustes en los mercados financieros. Algunos, como los recortes en las tecnológicas, no han sido muy sorprendentes después de sus subidas explosivas y con unas expectativas tan elevadas. Otros, como el desplome de las curvas de tipos, son probablemente una sobrerreacción ante un enfriamiento de las perspectivas económicas y una moderación de la inflación que no han sido tan dramáticos como para que ahora se descuente un giro radical de las políticas monetarias.
Como no consideramos que este verano se hayan producido cambios sustanciales en los fundamentales económicos y empresariales ni en los riesgos geopolíticos, creemos que han surgido algunas oportunidades concretas, pero que conviene seguir moviéndose con cautela y paciencia.
Durante unos meses nos hemos resistido a la tentación de tomar beneficios en la renta variable, manteniendo una exposición neutral apoyada en la previsión de descenso de las curvas de tipos y a la vista de la evolución positiva de los resultados empresariales, impulsados por el despliegue de la Inteligencia Artificial. Recientemente hemos decidido adoptar una posición tácticamente más prudente, para un verano que quizás sea más volátil por motivos políticos, por sorpresas negativas en los datos económicos, o simplemente por una corrección técnica tras una subida muy concentrada en las tecnológicas.
Los mercados están empezando a cotizar los posibles resultados de las elecciones legislativas y presidencial en EEUU el 5 de noviembre. Más allá de los movimientos sectoriales en las bolsas, ha pasado más desapercibido un repunte de la prima temporal de la deuda del Tesoro, que podría ser el anticipo de una potencial reacción en cadena por una política fiscal prolongadamente laxa, que tendría consecuencias en los mercados financieros de todo el mundo.
El Reino Unido inicia una nueva era política con la abrumadora mayoría del Partido Laborista en la Cámara de los Comunes. Pero probablemente no cambiarán las grandes dinámicas económicas y empresariales ni el curso de sus activos financieros que, en general, nos parecen tan atractivos (pero no más) que los de la Eurozona.
Mientras que no se vislumbre el final del ciclo y con la perspectiva de tipos a la baja, cabe esperar que los inversores mantengan el apetito por el riesgo y que se sostengan los múltiplos. Esto permitiría que la renta variable genere retornos en línea con el aumento de los beneficios por acción. Todos los segmentos de renta fija deberían de generar rentabilidades positivas en los próximos 6-12 meses, aunque mayores ya en los bonos a medio-largo plazo que en los activos monetarios. Sin embargo, consideramos que los mercados están minusvalorando los riesgos geopolíticos y las consecuencias de la desconfiguración del orden mundial. Por esto, en tanto que no se produzca una corrección bursátil significativa o una caída más rápida de
From the publisher's feed