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Las grandes novedades en la revolución de la Inteligencia Artificial se siguen sucediendo a velocidad de vértigo. Mientras irrumpen los agentes de IA y prosigue la “carrera armamentística” para entrenar modelos con capacidades cada vez más asombrosas, la explosión de los costes en computación y energía está dando paso a la proliferación de plataformas capaces de optimizarlos con el uso de modelos más eficientes -a menudo chinos- que pueden alterar la estructura del mercado y la rentabilidad y las valoraciones de las tecnológicas.
La expectativa de que la Reserva Federal endurezca su política monetaria ha fortalecido el USD, acentuando su sobrevaloración y dando otra oportunidad para venderlo o incrementar las coberturas, porque vemos probable que reanude su senda de gradual depreciación cuando se vislumbre que ésta no se instalará en el 4,0% sino que además podría estar en disposición de recortar tipos el año que viene.
Las tecnológicas están también irrumpiendo en la renta fija. La masiva necesidad de financiación para centros de datos y capacidad de computación ampliará el universo de emisores y creará un nuevo segmento en el crédito, pero comienza acausar cierto “efecto expulsión” que probablemente presionará al alza los diferenciales de todos los sectores e incluso podría encarecer las emisiones de deuda pública. Es otro factor más que aconseja no asumir grandes riesgos de duración y de calidad, primando la generación de retornos predecibles en plazos cortos e intermedios.
El acuerdo interino entre EEUU e Irán parece alejar el escenario más adverso, reduciendo el riesgo de una crisis energética más aguda y de un endurecimiento considerable de las políticas monetarias. Pero esto no significa que las perspectivas sean más positivas que antes de la guerra. Pasado el alivio inicial, los persistentes precios elevados de la energía y distintas megatendencias harán que los mercados sigan bifurcados, enfocados en la IA, en los beneficiarios de los “cuellos de botella” y en las salidas a bolsa de nuevos gigantes tecnológicos, con muchos otros sectores rezagados.
La prolongada interrupción de suministros desde el Golfo Pérsico que eleva los precios de la energía ha hecho inevitable que el BCE suba tipos el 11 de junio, y que probablemente lo vuelva a hacer este verano, aunque enfatizando su dependencia de los datos económicos. En cualquier caso, hay muchos factores que harán que este ciclo de subidas sea mucho más comedido que en 2022 y 2023, sin un encarecimiento inasumible de la financiación de los hogares y las empresas ni graves impactos en los mercados financieros e inmobiliarios. Y al estar ya descontado, da otra oportunidad para “poner a trabajar” la liquidez y para acumular posiciones en los sectores bursátiles más lastrados.
La Reserva Federal tiene nuevo presidente, sin que esté claro aún si actuará como “halcón” o como “paloma”. Los cambios que pretende en la métrica de inflación, en la comunicación de la política monetaria futura y en el tamaño y composición del balance posiblemente no conduzcan a un tipo de interés muy inferior al requerido, pero sí podrían traducirse en mayor volatilidad de la renta fija, en una curva con más pendiente y en un USD algo más débil, restando aún más atractivo a la deuda a largo plazo.
La fiebre del oro todavía no ha terminado. Continúa comportándose como un activo de riesgo, correlacionado con las bolsas en lugar de actuar como refugio. Sigue prevaleciendo la actividad especulativa, con una demanda inversora que desplaza a la joyería y las compras institucionales. Pero podría estar iniciando una larga transición de vuelta al régimen tradicional. Hasta entonces, habiendo aumentado el “coste de oportunidad” frente a la renta fija, es preferible esperar a que el precio del oro se asiente antes de incorporarlo o reforzar posiciones para diversificar estructuralmente las carteras.
Singular Bank acaba de publicar un nuevo informe de Perspectivas Inmobiliarias en España, en el que explica por qué no se vislumbra un final próximo a las dinámicas que impulsan este ciclo. A pesar del repunte de los costes de financiación, la demanda excede a la oferta en la gran mayoría de segmentos y localidades, la economía y la renta disponible siguen creciendo, las métricas de accesibilidad no están tan tensionadas como se pueda creer y se está aún lejos de una burbuja. Prevé que continúen las subidas de precios en 2026 y 2027, aunque a un ritmo más moderado.
La composición y evolución de las bolsas mundiales está cada vez más desligada de la estructura y dinámicas económicas. El mejor ejemplo es Asia Emergente, cuyos índices agregados están disparados, aunque sus economías sean las más afectadas por la disrupción de suministros desde el Golfo Pérsico. El boom de los semiconductores en Corea del Sur y Taiwán está disparando sus bolsas sin que estén sobrevaloradas al prolongarse el super-ciclo desatado por la Inteligencia Artificial. Este sector sigue siendo el más atractivo de toda la cadena de valor tecnológica, y debe suponer una parte relevante de las carteras.
Mientras EEUU e Irán se empeñan en una estrategia de desgaste que no conduce a un desbloqueo rápido del estrecho de Ormuz, los mercados siguen minusvalorando las consecuencias potenciales de una crisis energética prolongada. Cada día parece más clara la analogía con esa rana que si cae en agua hirviendo salta inmediatamente, pero que si entra en un agua tibia que se lleva lentamente a ebullición no percibe el peligro y se acaba cociendo. Los indicadores que muestran ese aumento de temperatura están ya cerca de niveles preocupantes, y solo una pronta reanudación del suministro desde el Golfo Pérsico podría evitar que los inversores deban reevaluar el escenario base.
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