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Era cuestión de tiempo. Conforme la Inteligencia Artificial logra capacidades más avanzadas y prácticas, el mercado ha pasado de una larga fase de euforia general sobre todo lo relacionado con ella a discriminar agresivamente entre potenciales ganadores y perdedores, cebándose con ciertos subsectores de software y de servicios profesionales. El castigo parece en muchos casos excesivo, pero los inversores han decidido poner la carga de la prueba sobre unas compañías que continuarán machacadas hasta que demuestren fehacientemente que estarán entre los ganadores, así que conviene tener paciencia antes de lanzarse a pescar en este rio revuelto.
La súbita depreciación del USD y la revalorización meteórica de los metales preciosos han reavivado el debate sobre si EEUU está perdiendo su posición preminente en el sistema financiero global, e incluso sobre el riesgo de una crisis de monedas fiduciarias. Sin embargo, las variables que denotarían una aceleración de esas tendencias se mantienen estables, apuntando a que se tratan de movimientos de naturaleza técnica y no de un cambio de régimen.
Ecos del verano de 2024. El yen japonés se ha depreciado sustancialmente en los 8 últimos meses, en gran medida por los flujos inversores que venden o se financian en esa moneda para invertir en bonos que pagan más intereses.
Cuanto mayores son las posiciones especulativas y su infravaloración, mayor es el riesgo de una súbita reversión que provoque turbulencias en los mercados. La diferencia esta vez es que el movimiento está siendo acompañado (y realimentado) por un alza de las rentabilidades de los bonos nipones, que incluso ha desatado el temor a una crisis de deuda. Hay sin embargo varios factores que lo hacen improbable y que incluso deberían de propiciar una recuperación parcial de esa divisa y de sus bonos, lo que lastraría un tiempo su bolsa.
En estos tiempos tan convulsos resulta útil apoyarse en el concepto de “la señal y el ruido” para discernir la probabilidad e impacto de determinados escenarios económicos o geopolíticos. La clave ahora es tener identificadas las prioridades de la Administración Trump, que ayudan a entender sus acciones recientes, anticipar las siguientes y a fijar la atención en las dinámicas que podrían hacerle cambiar el rumbo.
El listado de riesgos geoeconómicos potencialmente muy negativos es inusualmente amplio y será probablemente lo que determine el rumbo de los mercados en 2026 pero, aunque no lleguen a materializarse, conviene estar también atentos a ciertas dinámicas internas de los mercados que los podrían lastrar o desinflar.
Comienza un año de gran reconfiguración geoeconómica y tecnológica, pero que podría ser también de relativa transición en los mercados financieros, con retornos más modestos que en 2025, y que requerirá de ajustes tácticos para aprovechar los vaivenes y las rotaciones sectoriales y temáticas que posiblemente caracterizarán a 2026. Al margen de los sobresaltos ocasionales provocados por eventos geopolíticos, se pueden resumir en una decena las dinámicas que marcarán el comportamiento de los mercados este año y que permiten identificar oportunidades de inversión.
En 2025 la revalorización de las acciones mundiales que ha vuelto a superar ampliamente las expectativas más optimistas. Sin embargo, las subidas han estado de nuevo muy concentradas en unos pocos sectores y valores, haciendo difícil seguir la estela de los índices generales, a lo que se une una depreciación del USD que ha mermado significativamente los retornos en EEUU y en los mercados emergentes.
Hay varias dinámicas ahora que se parecen a las de finales de los años ’90, que desembocaron en la burbuja de las TMT que explotó en el 2000, aunque son más asimilables a las del arranque de 1999 que al final de la fiesta.
En la era de la abundancia de contenidos audiovisuales, la pugna por adquirir Warner Bros. muestra cómo está mutando el valor de los catálogos y de las marcas irreplicables. Además de alterar la estructura del mercado y de relegar aún más a los operadores europeos, es un indicio de cómo el bajo coste del capital de las tecnológicas estadounidenses puede llevarlas a sobrepagar y a acometer inversiones que no serán fáciles de rentabilizar.
Las grandes casas de análisis están publicando sus documentos de perspectivas para 2026 y, siguiendo la tradición, la mayoría proyecta subidas de los índices bursátiles próximas al 10%. Hay unanimidad en anticipar un robusto crecimiento de los beneficios, pero muchos obvian justificar por qué creen que los múltiplos se sostendrán en EEUU en los altos niveles actuales, o directamente anticipan una burbuja. En nuestra opinión, el escenario más probable es que una moderación de las valoraciones contrarreste parte del aumento de los beneficios y que los retornos totales sean más modestos.
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