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Habitualmente, el posicionamiento de los inversores especulativos y de los inversores más guiados por fundamentales se mueve en sintonía. No es el caso ahora, con los fondos sistemáticos movidos por algoritmos en el nivel de exposición a la renta variable más alto del último lustro, pero los inversores discrecionales cerca de la neutralidad. Esto apunta a que las bolsas podrían tomarse un descanso, pero que habría mucho dinero a la espera de una corrección para añadir posiciones, lo que reduce el riesgo de una tendencia bajista prolongada.
La subida de los tipos a muy largo plazo se ha convertido últimamente en un factor dominante en los mercados. Los temores a que desencadene una crisis de deuda parecen exagerados, pero no hay que obviar sus efectos sobre la valoración de los activos corporativos e inmobiliarios. Un motivo más para mantener una estrategia de cierta prudencia, también en los bonos gubernamentales.
En esta edición se resumen los diagnósticos y previsiones que sustentan nuestra estrategia de inversión prudente, tras un verano tranquilo en los mercados pero en el que se han acentuado algunas de las disonancias en las expectativas sobre la economía, política monetaria y valoraciones en EEUU.
En esta edición se comenta cómo, si la Fed cediera a la presión política y rebajara precipitadamente sus tipos, podrían desatarse unos efectos contraproducentes que se extenderían las economías y los mercados de todo el mundo, dadas las complejas interdependencias en el sistema financiero global.
La clave de una estrategia exitosa a largo plazo es exigir a cada inversión una prima de rentabilidad que compense suficientemente los distintos inconvenientes y riesgos asumidos. Respecto a la certidumbre e inmediatez de los rendimientos de las Letras del Tesoro, se han de ir añadiendo primas (de iliquidez, temporal, de crédito y de renta variable) conforme entren en juego factores que provoquen oscilaciones en la cotización y en la valoración de cada activo. Pero si la incertidumbre no está adecuadamente incorporada en los precios -como creemos que sucede ahora en la renta variable de EEUU-, la evolución puede ser decepcionante y aconsejar prudencia táctica.
El fuerte rebote de las bolsas de Latinoamérica en lo que va de año viene más explicado por el giro en el posicionamiento inversor que por una genuina mejora de los fundamentales económicos, políticos y empresariales, que siguen siendo relativamente desfavorables, justifican el descuento con el que cotizan, limitan el potencial alcista desde los niveles actuales y que, en nuestra opinión, hacen claramente preferibles las bolsas de Asia.
Es complicado hacer previsiones financieras con tantas incertidumbres geoeconómicas, y con el índice mundial de acciones en USD en máximos históricos. Pero si el verano pasado estuvo marcado por el breve tsunami desencadenado por la fuerte apreciación del JPY, el de este año podría estarlo por el posicionamiento bajista extremo en el USD.
Los tres últimos meses han sido un magnífico ejemplo en las bolsas de las dinámicas de psicología de masas y de cambios bruscos en las expectativas y en el relato que mueve los mercados. Con los índices casi en los mismos niveles de valoración y complacencia, cuando es evidente que se han deteriorado las perspectivas geoeconómicas, hemos decidido adoptar ahora una estrategia más cauta tras haber aprovechado el desplome de abril para añadir posiciones.
Los mercados están manteniendo la calma en la guerra abierta entre Israel e Irán, asumiendo que será un conflicto limitado en el tiempo y en cuanto a sus repercusiones. Probablemente estén en lo cierto, pero no es descartable una escalada que podría tener graves consecuencias, en un momento además de gran inestabilidad geoeconómica y en ciernes de los impactos de las políticas de la Administración Trump. Con la complicación añadida para los inversores de que haya cambiado el régimen de correlaciones habitual, lo que resta poder diversificador tanto a la deuda pública como al USD.
Los bonos convertibles no son una clase de activo que contemplemos por separado en nuestra estrategia de inversión porque son un híbrido entre emisiones corporativas ordinarias y sus acciones, además con una serie de peculiaridades que hacen preferible una inversión desagregada, mejor diversificada y que permita ajustar el peso de la renta variable y los sesgos crediticios o bursátiles.
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