Hoy en Garaje Hermético desgranamos una de esas proezas técnicas que solo una marca con la audacia de Volkswagen podía llevar a la producción en serie. Hablamos de una sigla que hoy resuena con reverencia entre los entusiastas, pero que en su momento fue sinónimo de quebraderos de cabeza, facturas desorbitadas y más de una lágrima: el Compresor G. ¿Fue una genialidad de la ingeniería alemana o, por el contrario, un desastre en términos de fiabilidad?
El contexto: La era del Turbo y la búsqueda de la inmediatez. Para comprender la génesis del Compresor G, debemos remontarnos a principios de los años 80. La industria automotriz vivía un auténtico romance con el turbocompresor, impulsada por los éxitos de la Fórmula 1 y el impacto de iconos como el Porsche 911 Turbo.
Sin embargo, esta tecnología adolecía de un "pecado capital": el notorio "turbo lag". Ese desesperante lapso entre que el conductor pisaba el acelerador y las turbinas tomaban velocidad para entregar la potencia.
Los ingenieros de Volkswagen, bajo la dirección del Dr. Ernst Fiala, tenían una visión diferente. Anhelaban las prestaciones de un turbo, pero con la respuesta instantánea de un motor atmosférico de gran cilindrada. Querían que sus compactos deportivos, como el Polo o el Golf, ofrecieran par motor desde el ralentí, eliminando ese comportamiento "binario" de "ahora nada, ahora todo".
El Rescate de un Diseño Centenario: Léon Creux y la Espiral Olvidada.
La búsqueda llevó a Volkswagen a los archivos de patentes, donde redescubrieron un diseño de 1905 del ingeniero francés Léon Creux: un compresor de desplazamiento rotativo con forma de espiral. Sobre el papel, era la solución ideal: intrínsecamente más silencioso y térmicamente más eficiente que los compresores Roots utilizados por Mercedes o Lancia, prometía una entrega de potencia absolutamente lineal.
La gran barrera para Monsieur Creux en 1905 fue la ausencia de la metalurgia necesaria para fabricar un componente con la precisión requerida. Ochenta años después, Volkswagen decidió que contaban con la tecnología para materializarlo. Un acto de audacia técnica, quizás incluso de soberbia, que sin duda dejaría una huella imborrable.
Anatomía de una Joya: Cómo Funciona el Compresor G.
El nombre "G" proviene de la forma en espiral de sus piezas internas. Olvidemos las turbinas que giran a 200.000 rpm impulsadas por los gases de escape. El Compresor G es un compresor volumétrico, movido por una correa conectada directamente al cigüeñal del motor.
Consta de dos espirales de aluminio fundido que encajan con una precisión de micras. Una es fija (la carcasa) y la otra es móvil (el desplazador).
Al moverse orbitalmente, las espirales crean cámaras de aire que se desplazan hacia el centro. A medida que estas cámaras avanzan, su volumen se reduce, comprimiendo el aire antes de enviarlo al colector de admisión. La eficiencia térmica era notable: al no estar en contacto directo con los gases de escape, el aire de admisión se calentaba menos, permitiendo relaciones de compresión más altas y un excelente rendimiento termodinámico.
La Paradoja de los Caballos Invisibles: Una Experiencia de Conducción Única.
Conducir un Golf G60 de 160 CV en su época era una experiencia desconcertante. El cronómetro lo confirmaba: era más rápido que un Golf GTI 16v de 139 CV. Pero la sensación al volante era otra. ¿Por qué parecía que "faltaban caballos"?
La clave residía en su curva de par. Estamos acostumbrados a una señal física de potencia en un deportivo: el tirón a altas vueltas de un motor multiválvulas o la "patada" del turbo. El G60, en cambio, ofrecía una aceleración constante, plana, sin picos ni dramatismo.
Además, el compresor es un "parásito". Para generar presión, "roba" energía al motor a través de la correa. A altas revoluciones, esta pérdida podía alcanzar los 20 CV, restándole esa "alegría" en la zona alta del cuentavueltas que sí ofrecían los motores atmosféricos puros.
-Volkswagen apostó fuerte por el compresor G, extendiendo su aplicación a varios modelos:
-Polo G40 (1987-1994): Con espirales de 40 mm y un motor 1.3, fue el experimento inicial.
-Golf G60 y Corrado G60 (1988-1993): Aquí las espirales aumentaron a 60 mm, asociadas al motor 1.8 de ocho válvulas.
-Golf Rallye: Un intento de Volkswagen de dominar los rallyes, con tracción total Syncro y estética agresiva.
-Passat G60 Syncro: Un verdadero "unicornio", una berlina discreta con tracción total y 160 CV.
El Talón de Aquiles: ¿Por Qué Estallaban las Espirales?
Si el sistema era tan refinado, ¿por qué Volkswagen lo abandonó tan abruptamente a mediados de los 90? La respuesta radicaba en el mantenimiento. Volkswagen comercializó estos coches como si fueran Golf normales, lo cual era un error. El Compresor G era una pieza de "alta cirugía" que exigía un cuidado exquisito.