Solemos asociar las listas de espera con objetos de lujo extremo o superdeportivos de edición limitada. Sin embargo, la historia del automóvil nos revela una realidad muy distinta: en muchas ocasiones, el coche más deseado no ha sido el que más corre, sino aquel que simplemente no se podía fabricar al ritmo que la sociedad lo necesitaba. Desde la necesidad más básica de movilidad hasta el consumo impulsivo, hoy recorremos las historias de aquellos vehículos que agotaron la paciencia de generaciones enteras.
La estafa del sueño alemán: El KdF-Wagen (1938)
Antes de que el mundo lo conociera como el Volkswagen Escarabajo, nació como el KdF-Wagen. El gobierno nazi ideó un sistema de ahorro mediante el cual los obreros pegaban sellos de 5 marcos en una cartilla semanal. La promesa era sencilla: al completar el pago de 990 marcos, recibirían su vehículo.
Utilidad social frente al dinero: Citroën 2CV (1948)
Tras la Segunda Guerra Mundial, Francia necesitaba moverse. El Citroën 2CV, despreciado inicialmente por la prensa, se convirtió en un éxito absoluto entre la población rural. La lista de espera alcanzó los seis años, pero lo fascinante fue el criterio de entrega. Pierre-Jules Boulanger, director de Citroën, instauró una selección ética: se dio prioridad absoluta a parteras, veterinarios, médicos rurales y agricultores.
El Rastrojero: Orgullo e ingenio argentino (1952)
En Argentina, la falta de divisas para importar vehículos llevó a la creación del Rastrojero. Fabricado por la estatal IAME utilizando motores de tractores sobrantes de Estados Unidos, este vehículo se convirtió en el símbolo del trabajo en la Pampa. Su dureza y fiabilidad generaron una demanda tan masiva que las listas de espera se contaban por años.
El SEAT 600 y la picaresca española (1957)
El 600 fue el motor de la libertad para España, pero la fábrica de la Zona Franca en Barcelona no podía seguir el ritmo del país. Para entrar en la lista de espera, que superaba los dos años, había que adelantar una fianza de 20.000 pesetas. Esto dio lugar a un fenómeno muy particular: el mercado secundario de "turnos". Quienes recibían la notificación de entrega y no podían o no querían el coche, vendían su derecho a compra a precios desorbitados.
El Ford Mustang y la histeria americana (1964)
En Estados Unidos, el lanzamiento del Mustang no generó una lista de espera convencional, sino una auténtica fiebre colectiva. Ford esperaba vender 100.000 unidades en un año; vendieron 22.000 el primer día. Los concesionarios vivieron escenas de caos absoluto, con clientes durmiendo dentro de los coches de exposición para evitar que otros se los llevaran.
El Trabant 601: Una vida entera esperando (1964)
En la República Democrática Alemana, la economía planificada llevó el concepto de espera al extremo del absurdo. El Trabant, con su carrocería de duroplast y motor de dos tiempos, tenía una lista de espera de entre 12 y 17 años. Esto creó una economía invertida: un Trabant usado costaba el doble que uno nuevo, simplemente porque el usado estaba disponible de inmediato.
Crisis del petróleo y el Honda Civic (1973)
Cuando la crisis del petróleo de 1973 golpeó a Occidente, los enormes motores V8 americanos se volvieron insostenibles. Honda apareció con el Civic, un coche que "gastaba como un mechero". La demanda fue tal que los concesionarios en EE.UU. introdujeron los "Market Adjustments": sobreprecios de hasta el 40% que los clientes pagaban sin rechistar con tal de no seguir arruinándose en las gasolineras.
Mercedes-Benz W123: El taxi que no se devaluaba (1976)
El antecesor del Clase E fue víctima de su propia excelencia. Su reputación de indestructible hizo que la lista de espera oficial en Alemania llegara a los tres años. Al igual que ocurrió con el Trabant, pero en un mercado libre, los ejemplares con un año de uso se vendían más caros que los nuevos en el concesionario.
La lotería nacional del Nissan Figaro (1991)
En el Japón de la burbuja económica, Nissan lanzó el Figaro, un pequeño descapotable de diseño retro. La previsión era de 8.000 unidades, pero recibieron 300.000 solicitudes. Ante la imposibilidad de gestionar una lista de espera de décadas, la marca optó por una solución salomónica: sortear el derecho a compra.
Toyota Land Cruiser 300: El reto del siglo XXI (2021)
Incluso hoy, con toda nuestra capacidad industrial, el deseo sigue superando a la oferta. El lanzamiento del Land Cruiser 300, sumado a la crisis de microchips, provocó esperas de cuatro años.