El Mapa Secreto

El Mapa Secreto

By Radio Gladys PalmeraMusic
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El Mapa Secreto episodes

  • Así se formó The Band
    Los cinco músicos
    que consiguieron destilar la esencia de los sonidos del Sur de los Estados
    Unidos.

    Se
    acaba de traducir Testimony, la
    autobiografía de Robbie Robertson. El libro, sacado en España por Neo Person,
    llega hasta el final del concierto que Martin Scorsese retrató en El último vals. Más de la mitad del
    (extenso) tomo está dedicado a los años anteriores al estreno de The Band, con Music from Big Pink.

    Se
    cubre minuciosamente el periodo 1960-1967, cuando se van juntando los cinco
    músicos trashumantes –cuatro canadienses más un estadounidense- que se educan girando
    con el rockero Ronnie Hawkins y Bob Dylan, sin olvidar sus trabajos como
    músicos de estudio detrás de John Hammond, The Barbarians ¡y Tiny Tim!.

    Bajo
    el nombre de Levon and the Hawks, graban mucho, aunque solo se editan singles
    (uno de ellos, bajo el nombre de Canadian Squires).  Pero queda bastante por descubrir: desde hace años, se anuncia una caja colosal –ocho
    CDs más un DVD- de Levon and the Hawks bajo 
    el nombre de From Bacon Fat to
    Judgement Day.

    Hasta
    la publicación de esa hipotética caja, aquí recogemos asombrosas muestras de su
    evolución. ¿Qué encontramos aquí? La creciente seguridad de Richard Manuel como
    vocalista, la acidez guitarrera de Robertson, su evolución de discípulos del
    blues hacía una música más universalista, la liberación que supuso el encuentro
    con un Dylan arrebatado… 
    56 min
  • Latin Funk
    Audaces
    experimentos que injertaban funk y rock en la música latina. No fueron bien
    recibidos.

    Me han preguntado, no, me han
    re-cri-mi-na-do que El Mapa Secreto no incluya música latina. En ese momento,
    debo explicar algo que resulta obvio: en esta bendita emisora hay especialistas
    de altísimo nivel, que cubren esa música mucho mejor de lo que yo podría. Punto.

    Pero hoy me apetecía rescatar un
    subgénero poco apreciado: el latin funk
    o las aproximaciones al funk que brotaron del medio musical hispano,
    generalmente durante los años setenta. Hemos evitado lo obvio, como las
    versiones de éxitos funk que facturaba Henry
    Brown, el afroamericano de Harlem que grababa como Pucho. Suenan versiones, claro, pero llegan por la dirección
    contraria: músicos latinos picados por el virus del funk, el soul, el rock.

    Nos quedamos con una serie de
    experimentos llamativos, generalmente protagonizados por grupos que se
    distinguían claramente de las orquestas latinas habituales. Y no hablo
    únicamente de los pelos o la ausencia de uniformes. Se trata del sonido: aparte
    de la percusión, llevaban batería; permitían desmelenarse a la guitarra
    eléctrica; cantaban frecuentemente en inglés. Y, ay, no se comieron un rosco,
    aunque tuvieran buenos padrinos (el productor de Macondo era el brasileño Sergio Mendes). Igualmente, hay que
    reconocer que salieron con portadas
    bastante feas.

    También hemos añadido potentes
    grabaciones de congueros como Mongo Santamaría, Willie Bobo o Armando Peraza.
    Estos normalmente eran artistas de sellos gringos y sus discos estaban pensados para el público anglo. Los
    productores eran, respectivamente, William
    Allen, Gary McFarland o Wayne Henderson, expertos en realizar crossover de jazzeros al gran público.

    Como el funk era un estilo contagioso,
    hemos aprovechado para rescatar discos caribeños que reflejan su onda
    expansiva. Pero que no podían reconocer esa etiqueta por motivos políticos,
    como ocurría con Pello El Afrokan en la Cuba sovietizada, o por
    disidencia ideológica (el puertorriqueño Rafael
    Cortijo discurría precisamente sobre la dependencia cultural y económica).
    Sin olvidar la picardía de Wganda Kenya,
    que en realidad eran músicos colombianos bajo la dirección de Julio Estrada, más conocido entre los
    salseros como Fruko.

    Imagen: Eddie Palmieri. 
    56 min
  • Discos con trampa
    ¡Estas músicas
    tienen truco!

    En algún caso, hay detrás patrañas muy elaboradas para justificar
    caprichos como el del quimérico Jeremy Taylor, que toca temas de Miles Davis en reggae. También hay provocaciones,
    como las versiones deshuesadas de éxitos pop realizadas por esos subversivos de
    Nueva York llamados Sex Mob.
    Cosas de la
    deslocalización. Aquí suena música que 
    nadie diría que viene de Praga, Helsinki o Hawai. Ah perdón,  borren ese último lugar: a pesar de las referencias hawaianas, lo de Big
    Kahuna tiene origen californiano. 

    El programa
    contiene sorpresas. Sorpresas agradables, como Björk atacando con picardía un tema mexicano. Sorpresas lamentables: el
    gran Willie Colón firmando como propia
    una canción plagiada ¡de Radio Futura!

    También se
    incluyen discos que salen de la zona de confort de sus intérpretes: el policíaco Andy Summers
    tocando una de las juguetonas composiciones de Thelonius Monk, el nigeriano
    Tony Allen reencarnándose en el baterista Art Blakey. Sean bienvenidos a la era
    de las identidades flexibles. 
    56 min
  • In Memorian Holger Czukay
    A principios de septiembre, murió Holger Czukay cerca de Colonia, en lo que era el antiguo estudio de Can, grupo del que fue miembro fundador como bajista. Murió solo (se acababa de quedar viudo) pero quiero pensar que con la satisfacción del deber cumplido.

    Disculpen si esa última frase suena estúpida. Quiero decir: hoy vivimos en un mundo muy parecido al soñado por Czukay. Tenemos acceso a todas las músicas del mundo, esas que él captaba afanosamente con un receptor de onda corta.  Una vez grabadas en cinta magnética, usaba la cuchilla y la cinta adhesiva para  seleccionar los fragmentos prometedores. Alrededor de ellos, a modo de collage sonoro, creaba nueva música, con enorme poder evocador (Persian love, 1979).

    De forma artesanal, Holger descubrió el sampler. Otros se llevaron la gloria pero pocos tuvieron su espíritu juguetón. Y su ética de trabajo: usaba aparatos antiguos, que modificaba según sus necesidades. Multiinstrumentista, era capaz de grabar en completa soledad, aunque también disfrutaba de la interacción con almas gemelas, como Jah Wobble o Jaki Liebezeit.

    Las grabaciones incluidas aquí se hicieron durante los 80, años de vacas gordas, cuando (milagrosamente) logró contratos generosos con Electrola –la EMI alemana- y Virgin Records. Usó los presupuestos de grabación para ocurrencias inauditas, como trabajar con una orquesta militar de la PRL (República Democrática de Polonia) en una trepidante versión de El Este es rojo, el himno nacional chino. Como él mismo había nacido en tierras que hoy son polacas, se permitió usar la voz de un “compatriota”, Karol Wojtyla, al que escuchamos en  toda su magnificencia papal en Blessed Easter.

    Holger Czukay facturaba música vanguardista, técnicamente hablando, pero poética, risueña y hasta humorística. Como sugería Michka Assayas, “parecía un cruce entre Albert Einstein y Groucho Marx”. Exacto.
    56 min
  • Alquimia Pop
    Un
    repaso al luminoso cancionero de Chip Taylor.

    Lo que conviene saber: Chip Taylor es el
    nombre profesional de James Wesley Voight, neoyorquino de 1940. Para más datos,
    se trata del hermano del actor Jon Voight
    (una de las pocas figuras de Hollywood que manifestó su apoyo a Donald Trump). Así que Chip Taylor
    también es tío de Angelina Jolie.

    (Una pausa para digerirlo.)

    Podemos afirmar que la familia Voight
    tiene sus manías, por decirlo suavemente. Vean el caso de Chip. Fue cantante
    juvenil a finales de los  cincuenta y
    principios de los sesenta, hasta que decidió que el dinero estaba en componer y
    se dedicó al oficio con brillantes resultados. Firmó docenas de éxitos pero
    figura en la Historia del Pop (con mayúsculas) gracias esencialmente a Wild
    thing, himno lúbrico del rock garajero, y Angel of the morning, insólito
    retrato de la liberación sexual desde el punto de vista femenino.

    Pero Taylor tenía el gen Voight y no
    podía quedarse quieto. A finales de los setenta se alejó de la música para
    convertirse en tahúr profesional y apostador hípico (“hay gente pa’ tó”, que
    decía el torero). Ya entrados los años noventa, estabilizado económicamente, le
    volvió a picar el gusanillo y se dedicó de nuevo a cantar y componer,
    facturando docena y media de discos hermosos: para que sus lanzamientos estuvieran a su gusto, incluso
    formó su propia compañía, Train Wreck Records. Con todo, diríamos que Chip parece el miembro más sensato de la
    familia Voight.

    Este MAPA SECRETO recoge algunas de sus
    canciones más memorables, en las versiones que triunfaron y en las sentidas
    recreaciones posteriores del propio Chip Taylor. Una variación sobre el juego
    de Original y Versión. El programa está dedicado a Juan de Pablos, otro admirador
    de Chip Taylor, con el ferviente deseo de su pronta recuperación.
    56 min
  • Chicadelia
    La
    desconocida psicodelia de Chicago.
    Aquí utilizamos Chicadelia como un acrónimo de Chicago
    psychedelia. Sí, allí también hubo una escena psicodélica que adquirió
    características propias. Estamos hablando de la Ciudad de los Vientos: el clima
    no invita a juntarse a retozar en los parques; hasta la arquitectura recuerda
    que allí domina el  imperativo
    capitalista. Así que la psicodelia de Chicago fue más bien una creación de
    estudio,  donde coincidían músicos,
    cantantes, arregladores y productores altamente cualificados.
    Casi todos negros, por cierto. A finales
    de los 70, las bandas blancas de Chicago se inclinaban más por las formaciones
    amplias, con metales (y aquí se incluye el ejemplo de Archie Whitewater, con
    sus nueve músicos). Pero productores como Richard Evans, Curtis Mayfield,
    Charles Stepney o Marshall Chess sabían que convenía renovar el sonido
    dominante en la ciudad. Y los aires que llegaban desde Londres o San Francisco
    suponían libertad para probar audacias técnicas y musicales.
    Así que Muddy Waters, Howlin’ Wolf o Bo
    Diddley grabaron discos teóricamente “psicodélicos”, para escándalo de los
    puristas. Al ser la Chicadelia un
    movimiento de arriba abajo, no había tanto énfasis en la autoexpresión: se
    grababan imaginativas versiones de Jimi Hendrix, Cream, los Tempations. ¿La
    aportación de los chicaguenses? Los dedos de prodigiosos instrumentistas, los
    trucos de estudio, las suculentas orquestaciones…
    El pináculo de la Chicadelia fue el colectivo Rotary Connection, donde descubrimos la
    gloriosa voz de Minnie Riperton. Pero la licencia para experimentar también se
    contagió a figuras como Ramsey Lewis, Etta James, Solomon Burke o incluso a
    Woody Herman, histórico líder de big band.
    Son discos con alto nivel de producción que, en años recientes, han revelado
    sus poderes y son extremadamente valorados por los crate diggers y los sampleadores. Disfruten sin complejos.
    56 min
  • Estás escuchando Radio Resistencia
    Por si no conocen The man in the high castle, la novela de Philip K. Dick, aquí va un
    resumen del telón de fondo. Estamos en 1962, en un mundo donde el Eje ha ganado
    la Segunda Guerra Mundial. La costa este de Estados Unidos está ocupada por el
    Tercer Reich, mientras que la costa del Pacífico ha caído bajo el dominio
    japonés; en medio, hay una caótica zona neutral. Japón y Alemania son aliados
    pero se  miran con hostilidad; en sus
    respectivos territorios, se enfrentan a rebeldes estadounidenses, que son
    aplastados sin contemplaciones.

    Una novela ucrónica que ahora es la base
    de una serie televisiva de Amazon. De los productores de The man in the high castle  surgió la idea del disco que hoy ocupa nuestro
    tiempo: encargaron a los productores Danger Mouse y Sam Cohen que elaboraran un
    álbum con artistas actuales haciendo canciones anteriores a 1962.

    Atención: Resistance Radio no es la banda sonora de El hombre en el castillo, que recurre a grabaciones de época.
    Digamos que se trata de un capricho, una ocurrencia paralela: la música que
    podría sonar en la (hipotética) emisora
    clandestina de la resistencia. De hecho, para rizar el rizo, se pueden escuchar
    sus “emisiones” en https://resistanceradio.com/. Por cierto: la
    página web causó polémica entre fans de Donald Trump, que se dieron aludidos
    por las menciones a una América racista y represiva.

    El encanto de Resistance Radio (el álbum) consiste
    en escuchar ese cancionero  -que incluye
    maravillas poco conocidas- recreadas con respetuosa autenticidad por músicos
    contemporáneos. En la parte vocal se juntan estrellas (Beck, Norah Jones,
    Michael Kiwanuka, Karen O)  con figuras
    en ascenso, como Kevin Morby, Big Search o Maybird. Atrévanse a entrar en los
    universos paralelos de Philip K. Dick. Sí, exacto: el inspirador de Blade runner, Total recall, Minority report… 
    56 min
  • 100 años de John Lee Hooker
    En 2017, la multinacional Universal está conmemorando “el centenario del nacimiento de John Lee Hooker.” Conviene avisar que John Lee seguramente vino al mundo en 1912 pero, vale, no vamos a protestar: cualquier motivo es bueno para celebrar la grandeza del presente bluesman.

    Inauguramos el programa con los Doors, para recordar lo alargada que es la sombra de Hooker: una música enraizada en la fértil tierra negra del Mississippi que se reconfigura en la industrial ciudad de Detroit y se convirtió en una bestia imbatible llamada boogie, que alborotó  (¡y alborota!) los escenarios del rock.


    Aunque parecía un primitivo, John Lee demostró ser un músico hábil y flexible: en sus manos, el blues se convertía en plastilina que se alargaba a voluntad. Funcionaba perfectamente como solista, marcando el ritmo con el pie; hasta experimentaba en el estudio. Se adaptó al formato de combo eléctrico y facturó una obra inmensa, apropiándose con desparpajo de hallazgos ajenos (como se hacía allí abajo, en el delta) y creando el personaje del bluesman lúbrico, ligón y bebedor, escéptico y sufrido.
    56 min
  • Cuando los Beatles eran negros
    Recuerden: los Beatles desembarcaron en Estados Unidos
    declarando su pasión por los bluesmen, los grupos de Motown, los vocalistas de
    soul. Lo hicieron públicamente, ante periodistas que ni siquiera sabían de qué
    les estaban hablando (“¿Muddy Waters? ¿En qué Estado está eso?”).  Para su deleite, a los pocos meses, algunos
    de sus ídolos americanos se pusieron a
    grabar sus canciones. Y aquello se convertiría en una avalancha.

    Esto ofrece hoy el programa: oro negro beatle. Temas de Lennon-McCartney o
    George Harrison pero recreados en jazz, soul, incluso en música latina. No
    todos los intérpretes son negros, técnicamente hablando, pero todos suenan
    negros.

    Están los gigantes habituales –Aretha,
    Wilson, Stevie, Ella- pero nos hemos esforzado en rescatar discos menos obvios
    de Ramsey Lewis, Roy Resmond, Jimmy Ponder, Black Heat. Confiemos que los
    oyentes de RGP en 2017 puedan disfrutarlo tanto como, en su tiempo, lo hicieron
    John, Paul, George y Ringo.
    56 min
  • Esplendor Jamaicano
    13
    JOYAS INCANDESCENTES DEL “ROOTS REGGAE”

    El
    programa se aproxima hoy a una poco conocida edad de oro de la música popular del siglo XX: la era del roots reggae, que creció
    espectacularmente según avanzaban los años 70.

    Recordemos:
    con el lanzamiento  triunfal de Bob
    Marley, Jamaica comenzó a recibir inversión foránea en el sector musical. Mejoraron los estudios y se trataban
    las grabaciones con mayor mimo: aunque la insaciable demanda local se atendía
    con singles, para la exportación se
    necesitaban elepés cuidados. El talento
    parecía inagotable: miles de cantantes impresionantes, que funcionaban en
    grupos vocales o como solistas.

    Lo
    extraordinario: en contra de lo ocurrido con fenómenos similares en otros
    países, la música jamaicana  no se reblandeció para facilitar su
    difusión internacional. Todo lo contrario: aunque los rastas eran una minoría
    en la isla, sus creencias dominaban los mensajes de los discos de éxito. Se
    cantaba a la ital food  (“Roast fish and cornbread”) pero también se
    mantenía vivo el recuerdo de los
    horrores de la esclavitud.

    Bajo
    su lenguaje patois, el reggae estaba altamente politizado, con denuncias de
    crímenes de Estado  (“Green Valle
    killing”) o la violencia institucional (“Police and thieves”). Los rastafaris
    seguían apasionadamente las guerras de liberación en África, se amenazaba a
    Babilonia (el sistema, diríamos aquí).

    Y
    todo esto coincidía con una experimentación
    imparable, aceptada gozosamente por unos caribeños amantes de las
    novedades. Se asumían conceptos rompedores como el dub (manipulación veleidosa de las mezclas) y el toaster o dee-jay (seguramente, el precedente más directo del rap).  Al ser una música esencialmente de estudio,
    los instrumentistas competían con los productores -hoy damos especial atención a
    Lee Perry y Augustus Pablo- y desarrollaban conceptos rítmicos como lo que denominaban rockers, muy presente en esta selección.

    Resumiendo:
    estamos ante el glorioso resultado de un cruce de circunstancias aparentemente
    contradictorias. Jamaica era, es un país
    muy pobre; su industria musical era, lógicamente, endeble. Pero estaba
    abierta a productores/artistas independientes que hacían las cuentas y veían
    que resultaba rentable lanzar un disco, aunque quizás solo se vendieran
    inicialmente 500 copias. Una pesadilla para los coleccionistas pero, no teman,
    este MAPA SECRETO está pensado para melómanos
    en general.
     
    56 min

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